Última actualización 02/03/2011@11:08:44 GMT+1
Cuando me propusieron ir a cazar a Masailandia vino a mi memoria la expedición narrada por Ernest Hemingway en su libro “Las Verdes Colinas de África”, publicado en 1935 y a mi entender uno de los más bellos relatos de caza escrito por un auténtico cazador. Las primeras referencias me las proporcionó un compañero del Safari Club Internacional y estaban referidas principalmente a la caza del búfalo de montaña, ilustradas por un magnífico DVD, pero asimimo con información escrita explicando el territorio de caza y conteniendo también una lista de animales de llanura que podían obtenerse en la zona.
José Madrazo
Animado por los magníficos paisajes y lances del video, traté de obtener más información sobre el lugar y con enorme sorpresa descubrí que se trataba del mismo e idéntico territorio donde se desarrolla la cacería del literato norteamericano. Esto aumentó extraordinariamente mi interés y, en contacto directo con los concesionarios de la caza en Mto Wa Mbu, que así se denomina ese espacio cinegético, contraté una cacería para septiembre de 2010 en busca de las especies de sabana y de montaña que a la sazón me interesaban.
Como preparación para la cacería decidí releer el libro y comprobé que la zona descrita no era otra que la de Mto Wa Mbu, si bien escrito con alguna diferencia ortográfica, la Montaña de Lossimingor y la llanura al norte del Lago Manyara, exactamente el área de caza que me ofrecía el organizador, “Wild Africa” es su nombre, con lo que me entró un ansia desmedida de repetir los pasos del escritor y revivir en cierto modo su experiencia unos ochenta años más tarde. Podría constatar la descripción de los sitios y comprobar los cambios que habían ocurrido. ¡Formidable! Un aliciente inesperado para un safari en busca de especies cuya cacería llevaba tiempo considerando.
Al igual que Hemingway llegué a la zona en coche desde Arusha, donde había pernoctado en el famoso hotel “New Arusha”, situado en el centro de la ciudad, en la plaza donde se erige el monumento conmemorativo de la equidistancia entre El Cairo y Ciudad del Cabo, y en el que se alojaron famosos personajes y cineastas, como el Baron Von Blixen o John Wayne, durante la producción de la película “Hatari”.
Este hotel, de gran sabor colonial y larga historia, ha sido pieza fundamental en la historia de la ciudad desde la época de la construcción del ferrocarril para unir Mombasa con Arusha, que tan vívidamente describió Patterson en su famoso libro “Los Devoradores de Tsavo”, narrando la historia de los leones devoradores de hombres que trabajaban en la obra de la línea férrea, y que fue llevada al cine recientemente. El hotel, que data de 1894, fue restaurado posteriormente en 1927 por Kenyon Painter, amigo personal del cazador y presidente de EE.UU. Theodore Roosevelt, pero conservando el aire que uno asocia a los safaris de la antigua África Oriental Británica.
Vino a recogerme en el hotel quien iba a ser mi guía en el safari, mi “white hunter” como todavía se les llama por allí, Elemer Jankovitch, de parentela anglo-húngaro-portuguesa, educado en Inglaterra y España, que dominaba a la perfección tanto el inglés como el español. Estudio su bachillerato en un internado en Inglaterra, país en el que finalizó sus estudios universitarios de Derecho, que previamente había comenzado en la Universidad de Sevilla, dedicándose a la caza profesional después de haber trabajado por un tiempo en la City londinense. Una vocación tardía pero en la que estaba cosechando grandes éxitos y satisfacción personales.
Me acompañó por Arusha para hacer algunas compras, entre ellas el libro de Hemingway en inglés y un adecuado mapa de Tanzania, y a continuación salimos en coche hacia Mto Wa Mbu y el campamento principal de esta orgánica. Nos sumergimos en el caos circulatorio para salir de Arusha y seguimos por carretera asfaltada y denso tránsito hasta la desviación al Parque Nacional de Taranguire, que dejamos a la izquierda y continuamos después con tráfico algo mas fluido, pero igualmente cruzándonos o adelantando todoterrenos y furgonetas, con turistas yendo o viniendo de los parques de Ngorongoro y Lago Manyara.
Debo señalar que la zona de caza conocida actualmente como “Mto Wa Mbu Game Controlled Area” ocupa una planicie situada entre los parques naturales del Cráter del Ngorongoro, del Lago Manyara y de Taranguire, discurriendo por ella las migraciones de animales salvajes, constantes, entre los tres parques y, ocasionalmente, deteniéndose algunos transeúntes en la Montaña de Lossimingor o Essimingor, que con sus 2.200 metros de altitud, se yergue casi en el centro de la llanura y sirve de refugio o zona de pastos, por días o temporadas, a búfalos, elefantes, elanos, etc. y a sus predadores, como el león y el leopardo.
La enorme planicie, a la entrada del “Rift Valley”, actualmente está literalmente ocupada por miles de pobladores Masai y decenas de miles de cabezas de ganado, cosa que en tiempo de Hemingway no ocurría. Hoy día ya no existen las enormes extensiones de yerbazal y cañaverales, que alcanzaban alturas de tres y más metros según describe con maestría el autor americano. La superpoblación de ganado doméstico, debido a la construcción de charcas artificiales que conservan, casi constantemente, el agua para abrevar los ganados y mantienen permanentemente sobre el terreno a los antiguos nómadas, ha ocasionado la desertización del territorio y en casos la desaparición y en otros la escasez de la fauna salvaje.
La cacería de Heminguay. El safari relatado por Hemingway da noticia de algún asentamiento Masai y de los poblados de Mto Wa Mbu y Selela (de donde era uno de los “trackers” que me acompañaron), pero nada más. Ocasionalmente vieron ganado doméstico y en la comarca pudo obtener nuestro héroe cazador nueve animales, entre ellos un león, un búfalo, dos reduncas, dos gacelas de Grant, un oryx (especies todas que se encuentran todavía hoy en la zona) y un rinoceronte (extinto actualmente). En territorios próximos tuvo oportunidad de obtener otro oryx, dos kudus y un sable. En total trece animales, entre el 1 y 17 de Febrero, de ocho especies diferentes, que en la época parecía ser buen resultado para un safari de tan solo diecisiete días.
Es cierto que casi cada día se desplazaban en automóvil para acercarse a “salinas” o abrevaderos, pero la mayor parte del tiempo cazaban a pie desde el campamento, que era desplazado cada tres o cuatro días para proseguir la cacería en otras zonas. Me llama la atención que no parecía importarles hacer aguardos en bebederos y disparar emboscados a los animales indefensos que llegaban a beber, cuando esta práctica estaba muy desprestigiada entre los cazadores deportivos de la antigua “British East Africa” (Uganda, Tanganyka y Kenia).
Hoy se caza normalmente desde un solo campamento y se utiliza diariamente el coche, aunque generalmente los disparos se hacen después de un rececho a pie. En mi caso utilicé tres campamentos en los catorce días que duró el safari, y conseguí catorce animales de doce especies diferentes. Sólo puedo hablar bien de mi experiencia y destacar la profesionalidad del guía Elemer Jankovich y de los “trackers”, especialmente de Julius, que me acompañó durante toda la cacería. No fue así en el caso de Elemer, que tuvo que ausentarse para asistir al funeral y entierro de su padre en Budapest. Sentí doblemente tal pérdida, totalmente inesperada, por mi amigo Elemer y por tener que continuar el safari con la guía de otro “PH”. En este caso debo llamarle “PH” y no “White Hunter”, por tratarse de un africano, que si bien se esforzó en todo momento para coadyuvar a conseguir mi objetivo, el trato y la diferencia cultural hizo que las agradables andanzas y conversaciones diarias, durante y después de la cacería, se convirtieran prácticamente en aburridas jornadas donde mi soledad era abrumadora.
En la primera parte del safari, con la guía de Elemer, cacé la llanura Masai, obteniendo la mitad de las especies, y en la Montaña de Lossimingor pasé la segunda mitad cazando desde dos campamentos, todo ello a pie pues no es accesible a los autos, las especies que sólo se hallan actualmente en ella, como fueron Kudu (East African), Eland de Patterson, “Bushbuck” (East African) y “Chanler’s Mountain Reedbuck”. Alguno por haber desaparecido del llano por la presión demográfica y ganadera, y otros por ser animales de montaña.
Un safari muy montañoso. La segunda parte del safari fue, físicamente, mucho mas exigente que la primera pues toda ella fue realizada a pie, en la montaña que tiene 2.200 metros de altitud, con pendientes muy fuertes, cubierta de vegetación exuberante, yerbazales muy difíciles de caminar y bosques impenetrables, donde para progresar sólo podías utilizar los senderos abiertos por la salvajina. No puedo decir que hiciera frío por el día, con el sol arreando fuerte tenías que buscar la sombra, pero de noche la temperatura descendía hasta -1ºC, se helaban los charcos, y la niebla – con la consiguiente humedad ambiental – descendía al anochecer y no desaparecía hasta las diez de la mañana del día siguiente, cuando ya pegaba el sol.
En mi safari obtuve casi todas las especies que tenía en licencia y además disfruté en la montaña viendo búfalos, elefantes y una leona, a distancias donde pude disparar de haber estado interesado. De entre todos los animales abatidos sólo voy a narrar el rececho de uno de ellos, el del “East African Greater Kudu”, reproduciendo mis notas de campo.
Un rececho interesante. Amaneció con mucha niebla y salimos caminando desde el campamento –a pesar de ella– a las 8,00 como ayer. A eso de las 9,00 levantó la bruma y vimos un bushbuck, en el bosque muy tupido, al que casi tengo oportunidad de disparar cuando se hizo visible al pasar entre dos arbustos abajo de la ladera, con unos100 metros de desnivel y una distancia de 250 metros. No me dio tiempo y escapó tapándose. Más tarde vimos otros dos más chicos en la espesura del mismo bosque, según descendíamos para salir a zona sin arbolado y de menor pendiente.
A eso de las 11,00 nos paramos a otear (yo busqué la sombra pues hacía un calor terrible) y descubrieron cuatro hembras de “East African Greater Kudu”. Regresaban de sus lugares de comer, en busca de encames para protegerse del calor. Decidimos esperar a la sombra del último árbol del bosque, descansando y comiendo el taco, mientras alguno de los hombres seguía al rachisol observando la zona. A las 14,00 apareció un macho de “E.A. Greater Kudu”, que daba la impresión de estar buscando a las hembras. Las encontró y todos desaparecieron de la vista durante un rato. Cuando volvimos a verlos eran las 15,00 y decidimos hacerle la entrada. Fue una aproximación larga y penosa, con sol de justicia, en fuerte pendiente hacia abajo y sin nada con que taparte de vistas. Abría la marcha Julius, seguía yo y cerraba Labu, pues dejamos a L’Maiba y Kepha arriba observando. Sobre nuestras “posaderas”, haciendo tijera con las piernas fuimos avanzando por distintos “game tracks” con la protección de la hierba, de unos 50 ó 60 cm de altura, de forma que prácticamente quedábamos protegidos de vistas. Iniciamos la aproximación a una distancia de 485 metros, excesiva para disparar, y nos metimos en casi media hora a 265 metros del macho, que en pie estaba inmóvil a la sombra de un árbol. Estaba en una colina de gran pendiente, más o menos en altura paralela conmigo, que estaba en otra. Sentado en el suelo, con el trípode muy abierto, apoyé mi rifle y le coloqué un balazo de 180 grains en su costado derecho, a la altura de la segunda raya blanca. Sonó el típico “zopp”, pero no cayó y salió corriendo hacia abajo, desapareciendo por el Oeste dando la vuelta a la colina. Fuimos para allá y pronto encontramos sangre, que seguimos. Se nos unieron Kepha y L’Maiba para pistear y al momento (en unos 15 minutos desde el disparo) lo encontró Julius patas arriba, enganchado en un par de arbolitos que frenaron su caída por la pendiente. El tiro le atravesó, penetrando por el costado derecho, a la altura de la 7ª u 8ª costilla, y salida por el izquierdo, con probable rotura de hígado, pero sin alcanzar por tanto corazón o pulmón.
Con mucha dificultad por la fuerte pendiente, lo colocaron para la foto de arriba a abajo. Cuando intentamos fotografiarlo desde abajo, para tomar la ladera y el cielo en el horizonte, comenzó a resbalarse y tuvimos que desistir. Volvió a rodar hasta detenerse en otro arbusto, y allí le sacaron la cabeza y le dejaron rodar pendiente abajo. Lejos todavía del llano, Labu y yo dejamos a los hombres desollándolo y a la espera de otros porteadores a quienes llamaron para que vinieran del campamento principal. Decidimos no regresar al campamento de montaña y evitar tres o cuatro horas de subida penosa y a las 17,45 emprendimos el regreso a pie al campamento principal al que llegamos a las 20,30, de noche y reventados. Todo el camino cargado con mi rifle y él con su 416 Rigbi por si acaso.
Ducha, dos cervezas y cena. Éxtasis y gloria. A dormir después de ocho horas y media de trabajo en un lugar que te parece fenomenal. No hay mejor lugar en el mundo que cualquier campamento después de una jornada semejante. ¡Viva el campamento y abajo la montaña!
En la mañana me agarré varias garrapatas que subían por mi pantalón, pero mis polainas las echaron por fuera y pude verlas. No así con las pulgas, que me han breado a picotazos. Por la noche tuve que tomar “Urbason” para mitigar el picor de las innumerables picaduras que me abrasaban.”
En suma mi experiencia ha sido muy satisfactoria pues ha permitido conjuntar mi gran afición por la caza, con un seguimiento sobre el terreno de las andanzas del gran escritor y apasionado defensor de nuestro deporte, E. Hemingway, constatando los cambios que la acción humana ha introducido en los bellos escenarios de la llanura Masai.
TROFEOS OBTENIDOS POR HEMINGWAY
SEGÚN SU LIBRO
ESPECIE LUGAR / AREA
Reedbuck Lossimingor Flatts
Rinoceronte Lossimingor Flatts
Reedbuck Lossimingor Flatts
Gacela Grant Lossimingor Flatts
León Lossimingor Flatts
Búfalo Selela
Aves varias Lago Manyara
Oryx Mto Wa Mbu
Gacela Grant Mto Wa Mbu
Oryx Babati
Kudu (2) Desconocido
Sable Desconocido