Hemeroteca :: 01/03/2007
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Entrevista destacada

Fernando de Andrada-Vanderwilde Presidente de la Fundación de Amigos del Águila Imperial

Última actualización 01/03/2007@00:00:00 GMT+1
Fernando de Andrada-Vanderwilde lidera, como presidente, la Fundación de Amigos del Águila Imperial. Se trata de una fundación de carácter nacional que agrupa a propietarios privados con clara vocación conservacionista y cooperante con las administraciones medioambientales en defensa y expansión de esta especie amenazada. Asimismo defiende los derechos de sus miembros a seguir desarrollando una gestión privada –silvícola, ganadera y cinegética– que ha demostrado su contribución a la conservación de especies emblemáticas como las imperiales.
¿Piensa ser políticamente
correcto en esta entrevista?
Mal empezamos, porque voy a ser sólo correcto. Aunque lo “políticamente correcto” no significa en realidad "política", quiero entrar en este concepto: abominamos de ciertas políticas porque por su culpa ocurren cosas irreparables en la conservación. El medio ambiente no debe ser autonómico, las especies no entienden de mojones ni lindes administrativas. Debe haber una estrategia –no política– de carácter nacional para defender el medio natural, y en ella contar siempre con la propiedad rural, grande o pequeña, como pilar esencial. Además la administración debería ser un implacable recaudador con los que contaminan en beneficio propio y muy generosa con los que conservamos, con los que “limpiamos”, porque esa limpieza es muy costosa. Esto hay que verlo como una especie de junta de compensación.

¿Cuándo nace la Fundación de Amigos del Águila Imperial y con qué objetivos?
Nacimos en Doñana en una reunión de propietarios de fincas con nidos de imperiales o con áreas de expansión de la especie, que propició SEO/ Birdlife en junio de 2002, y como continuación a un taller sobre la imperial en Monfragüe, al que me llevó vuestro colaborador y directivo de SEO Javier Hidalgo, hoy día también patrono de nuestra Fundación.

Tuvimos una reunión en las instalaciones del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, donde me propusieron, casi con alevosía, para presidente de un “Club de Amigos del Águila Imperial”, y acepté encantado por lo que suponía de reto ante esta maravillosa especie.

Después de comer en el Palacio fuimos a hacer bird watching a un nido que conseguimos ver, o mejor adivinar, en un pino como a 1.500 metros, cuando yo estaba acostumbrado a ver mis nidos a 200, y casi contar las plumas de los pollos con unos sencillos prismáticos de campo. Un poco frustrante pero los propios guías de la expedición ya eran muy críticos con la situación de Doñana en comparación con tiempos mejores, precisamente cuando el Coto era de propiedad privada.

Luego vino una reunión en Sanlúcar, donde constituimos una junta ejecutiva, que derivó a un patronato cuando decidimos pasar a ser fundación, sobre todo por nuestro cuerpo social y por operatividad frente a sus intereses.

Nos lo hemos pasado muy bien, entre amigos, estos años amasando la idea y trabajando en su creación, aunque con su crecimiento, ha crecido también la responsabilidad y la dedicación.

¿Qué se exige para pertenecer a la Fundación?
Difícil de contestar, porque si digo propietarios de grandes fincas o con nidos, áreas de campeo, dispersión, etc., dejamos muy cojo el concepto. Creo que basta con ser buena persona y honrado, no oportunista, y tener un importante y sensato lado ecólogo para entender problemas como la importancia del medio natural como base de la supervivencia humana que deseamos y que tenemos la obligación de dejar a nuestros nietos, y todo ello encajado en un necesario y equilibrado desarrollo económico. Es decir, me atrevo a decir que cabe mucha gente, con o sin tierras, si de verdad se sienten “amigos del águila imperial” y de esta idea.

Si hablamos de euros, se trata de cantidades poco relevantes para los socios, aunque también hay, como en otras fundaciones, patronos, entidades colaboradoras o mecenas del tipo que sea.

Si sumáramos las hectáreas de los socios, ¿de qué extensión estamos hablando?
Nunca hemos sido partidarios de pedir un censo porque nos parece una indiscreción y una ingerencia innecesaria, pero podríamos estar hablando de unas 250.000 has, pero pienso que podemos llegar al doble cuando tengamos más estructura y se nos conozca mejor.

¿Y qué porcentaje de la población de imperiales “españolas” vive, se reproduce y se alimenta en esta extensión?
Tampoco tenemos cifras exactas por idénticas razones. Hay propietarios que todavía presumen de tener en el anonimato sus nidos, pero podía valer la cifra de un 30-35 por ciento del total de los nidos actuales, es decir, del orden de 60.

¿En qué estado se encuentra el águila imperial en nuestro país?
Mejorando sin duda; recordemos los 30-40 nidos censados por Valverde y Gourdet hace 40 años y los 220 de que se habla actualmente.

En estos momentos, que una finca tenga una imperial, ¿es una suerte o un problema?
Las dos cosas. Una suerte porque evidencia un buen estado de conservación de la finca en la que vive y eso es motivo de satisfacción para su propietario. Pero también es un problema por la creciente ingerencia de los “conservadores políticos”, que puede hacer inviable la gestión tradicional y devaluar, incluso para vender, una propiedad. Este gravísimo problema, a meditar, incide directamente como amenaza en los planes de conservación del águila imperial y hasta invalida los efectos de su aplicación.

Hay que considerar de una vez ventajas para fincas singulares con estas especies, clasificarlas como una especie de “Patrimonio Histórico-Natural” y equipararlas a las que tienen los edificios así conceptuados: preferencia de ayudas y programas especiales para ellas, exenciones fiscales, etc. Convertirlas de verdad en atractivas para sus propietarios por mantener las imperiales, independientemente del precepto legal.
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