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Última actualización 02/03/2011@11:09:06 GMT+1
Antonio Pérez Henares


Me lo trajeron un perrillo canelo y un podenco blanco de la rehala de Benjamín. Los dos solos lo latieron por toda la cresta de la pinada hasta llegar al puntal .
Su ladrido atravesó, continuo y tenaz, durante largos minutos, muy largos, el espacio y después hubo un momento que pareció perderse. Pero los dos perros , perseverantes, volvieron a dar con la pista. El viejo jabalí se había rebajado a media cuesta y entre las matas intentaba, volviendo en dirección contraria, escabullirse de los perros y de los puestos donde lo aguardaban los cazadores armados. Pero el ladrido de alerta me tensó la vista y lo descubrí pasar entre la maleza. Lo seguí con el arma y cuando por un momento se destapo en un mínimo claro, apreté el gatillo. El gran jabalí cayó, se giro sobre si mismo y luego, tronchado, levantó, la enorme cabeza, con la boca abierta hasta casi desencajarse y me di cuenta de las temibles defensas que exhibía. Cayó a trompicones por la costera, aun intentando huir, y fui a rematarlo tan sólo a diez pasos de donde estaba apostado. Era el jabalí de mi vida, ese que cuando entra por una vez se nos acaba marchando de cualquier manera. Pero yo lo había cazado.

El perro canelo y su compañero, el podenco blanco, no tardaron en presentarse ante el cochino que tan firme y valientemente había acosado. Lo olieron, me miraron y se marcharon a seguir con su faena. No me dejaron ni darles las gracias. El lance fue en la sierra del Cuenca, muy cerca del puerto de Cabrejas y yo no podía fallarle a esa collera. En abierto, sin cerca alguna en kilómetros y sierras. Un viejo señor del bosque de los que señorean con sus navajas el monte solos.

Los cazadores y los jugadores, por eso que algo de azar hay también en lo nuestro, hablamos de rachas. Y este 2010 la tuve yo buena con los cochinos y los marranos muy mala conmigo. Porque ese mismo día, amen del “jabalí de mi vida” había poco antes había despenado a una enorme jabalina de más de cien kilos de peso. Posiblemente, y sin posible, las dos mayores piezas que de esa especie he cobrado nunca. Pero es que uno había empezado el año y terminado la temporada anterior con aquel gran primer trofeo de Negredo, que comparto con mi primo Fran, y en la primera de este año casi lo había superado en la Bujeda, dos monterías de Carlos Álvarez en Guadalajara. Que no se yo si la familia Álvarez, su padre y sus hermanos, ya van a dejarme cazar con ellos. Que será que si, porque son amigos y vecinos.

Lo que yo temo es que se ha acabado el año. Mi año de gracia con los jabalíes. Claro que hay quien dice que amen de suerte a lo mejor y después de tantos años es que a lo mejor ya he ido aprendiendo algo.


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