Tico Medina
Última actualización 26/05/2011@11:53:40 GMT+1
La vida es una cacería, más que una jornada de caza. Que se lo digan si no de ese enviado especial, vestido con las cremalleras del guerrero, que se acerca al libio, que apunta al cielo envuelta la cabeza sin casco en una bandera verde (es de Gadafi, claro) y le pregunta:
– ¿Y tú?
– Yo soy cazador de cazas, de los que no están con el coronel y de los que vienen de fuera.
Cazador de cazas. Atento a los pájaros de acero, que arrojan metralla y muerte. Insisto, la vida es una pura aventura de caza, unos a otros, ahora más que nunca. Unos son pieza, los otros cazadores.
Humala, cazador de votos en Perú, como todos, hasta ayer cazaba individuos del Sendero en las montañas de Arequipa. Le recuerdo de teniente y que en los ratos libres se iba a cazar los pequeños ocelotes de la jungla. “Lo hago, dicen que dijo, para tener siempre listo el dedo en el gatillo y el ojo en la espesura”.
Messi y Cristiano son cazadores de gol, siempre el pie en el balón y el ojo por delante, en la espera.
“Ojeando” Hojeando. Yo, más que ojear, que ya no está el cuerpo ni para eso, sí me apunto a hojear, de hoja, que los medios de prensa están llenos de momentos cinegético:
El Príncipe Carlos de Gales se quedó con las ganas de tirar a las perdices. Vino al sur, a la finca de su amigo el Duque de Wellington, a verlas volar, rasantes. No hay constancia de que afilara el tiro. Ni en la mesa, en escabeche, porque ahora se ha hecho vegetariano. En tiempos, o sea, ayer mismo, fue un gran cazador, sobre todo del zorro en sus lindes. Lo que sí sé, es que la Duquesa de Cornualles, su esposa, que no ha querido ser princesa de Gales para no quitarle el resplandor a Diana, que jamás cazó, es una muy buena cazadora. Se pasó su juventud, muchos días en el bosque buscando la presa y encontró, aunque esté feo señalar, la mejor, y que perdone su Alteza Real el Príncipe, que colgó la colección impresionante de escopetas el mismo día que se apuntó a la causa ecologista.
Me causa sensación el titular de hoy mismo de un periódico de la mañana de escala nacional. “El País”, vamos: “Los lobos bajan a Barcelona”. Y yo me pregunto, ¿pero no estaban ahí ya, en todos sitios?
Como en todas partes, menos mal que el Padre Ángel, cazador de voluntades para ayudar a los que nada tienen, Príncipe de Asturias en la cooperación, que a veces me manda un mail desde lejísimos y que tiene el teléfono personal del Papa en su móvil, me comenta vía celeste: “El hombre no es el lobo del hombre. Además, el lobo es una buena persona”.
Hombre, claro. En la garganta de la secretaria de Igualdad española, un colmillo de jabalí, formidable, hecho collar resultón. Se lleva mucho, muchísimo.
Continuamos en la política con el “ojeo” hojeo de los medios:
Escribe la Vela-Zanetti, en la buena revista de “El Mundo”: “Cospedal, la segunda del PP, tiene hablando y siendo una cierta tendencia a lo cinegético. Siempre como si fuera o viniera de una montería”.
Es natural. La política es una cacería. Ahora todo el mundo caza votos, no hay más que asomarse al panorama.
LA VIDA, UNA PURA AVENTURA DE CAZA. También hay cazadores del paro, de ideas, de modelos de moda, de meteoritos... Como un astrónomo amigo mío, todo el día observando, que se pasaba las noches en vela, mientras que la esposa, la pobre, suspiraba en el piso de abajo: “Es que en el cielo hay un espectáculo de caza constante”.
Sí, es un campo de batalla, como el de Libia.
La moda de la caza también está presente en la pasarela, cada día más. La prueba, este titular de un diario norteamericano: “Las panteras reclaman su sitio en los grandes desfiles de moda”.
Decirles que espero, pero ya, reunir unas monedas para hacerme inmediatamente con esos dos nuevos libros, con media vida dentro, de nuestro Mariano Aguayo, cada día mejor siendo y escribiendo.
Y desde mi testero anoten pensamiento final recogido por las cuatro esquinas de la vida que llevamos y que va y dice: “El faisán es fácil de cazar, pero es duro de pelar”.
Y también, para rematar la faena, aunque no me gusta nada lo de rematar, ahí va esta frase del cocinero Santamaría, que se nos fue y que le daba gran importancia a la cocina de la caza: “Nacemos para ir al cementerio, como los elefantes”.
Lo que pasa, maestro, es que esa leyenda ya no es cierta. Los elefantes pierden la vida allí donde la encuentren. Menos mal, como los hombres, cazadores de vida, que es lo que somos.
Y hasta el taco que viene, que ya será casi verano, mientras Patxi Andión, gran cazador y gran perrero, canta su última canción... cazador de grandes piezas, cazador de palabras, de historias.
Como la vida misma. Como la caza misma.