Una eficaz herramienta biológica al servicio de los cazadores
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| Rapaz saliendo de posadero. |
Última actualización 01/07/2011@12:37:27 GMT+1
Algunos individuos solo ven a las rapaces como competidoras que se comen la caza de su coto. sin embargo, desconocen que pueden ayudarnos a controlar la superpoblación de algunas especies. en este artículo se detalla uno de los métodos de control de daños que tiene como protagonistas a estas aves.
Juan José Muñoz Rodríguez
Los humanos, desde antaño, hemos sentido fascinación por las rapaces cazadoras, su majestuosidad, su belleza y su velocidad. Tan libres como el viento, de visión inigualable y garras certeras. En la historia de la vida, el hombre y las rapaces han cruzado sus destinos en numerosas ocasiones, unas veces en episodios felices, como en el caso de la cetrería, y lamentablemente también en otros episodios tristes, como el del veneno.
En este artículo les hablaré de otra visión positiva de las rapaces como herramienta biológica al servicio de los sufridos cazadores.
Sólo con leer la prensa podemos asustarnos con las pérdidas que ocasiona el conejo en determinadas comarcas agrícolas. Daños sobre cereal, viña, olivar, frutales y hortícola. Pérdidas millonarias que en muchos casos deben abonar los cazadores por culpa de una injusta Ley.
Por mi trabajo como técnico, he tenido que asistir a asambleas de cazadores sobre daños agrícolas y, cuando la directiva del coto comenta a los socios que hay que subir la cuota en 500, 800 o 2.000 euros para pagar a los agricultores, el revuelo que se forma es enorme: quejas, tristeza, lamentos e incluso muchos socios tienen que borrarse después de cuidar ese coto durante años.
Los agricultores, con frecuencia y de forma errónea, echan la culpa a los cazadores de los daños y de la supuesta abundancia de conejos. Sin embargo, esto no es así. Los conejos son animales silvestres autóctonos que con pleno derecho viven en el campo. Además, cazar conejos no solo no aumenta el número de éstos (más bien al contrario). Cazar es el único medio legal para poder controlarlos y reducir los daños. La Ley debería estar de parte de los cazadores y no como desgraciadamente ocurre hoy en día.
REDUCIR DAÑOS. En otros artículos publicados en esta revista, ya he comentado que los daños mayoritariamente se deben a la escasez de alimento como consecuencia de la agricultura tan agresiva o por la sensibilidad del cultivo, es el caso por ejemplo que se da cuando unos pocos conejos atacan a una viña que está brotando en primavera.
Por el contrario, son raros los supuestos reales de superpoblación. Erróneamente, la gente utiliza este término para referirse a una madriguera aislada en un talud con veinte o treinta conejos en total. Lo que suele ocurrir es que estos pocos conejos son muy activos y llaman la atención por estar siempre fuera de la madriguera buscando el escaso alimento, hambrientos y royendo todo que parezca comestible a su alcance.
En la mayoría de los casos, los daños se reducen con un aporte de alimento y agua en las épocas de escasez. Utilizando conocimientos técnicos y del terreno, esta alimentación suplementaria es posible y reduce considerablemente los daños, resultando mucho más barata que pagar a los agricultores.
Si se da el caso de densidades elevadas, además del aporte alimenticio, conviene adecuar técnicamente el plan de caza del coto (jornadas, cazadores, hurones, zonas y métodos de caza).
Existen otra serie de medidas más específicas, como el uso de rapaces que explicaré a continuación, pero la conclusión es que estos problemas de daños agrícolas, con actuaciones adecuadas, en general tienen remedio o son controlables.
Hasta ahora hay muy pocas experiencias contrastadas o investigaciones sobre el control de daños agrícolas en España. Pienso que la Federación de Caza y los cazadores deberían apoyar o realizar este tipo de investigaciones por la parte que les interesa. En mi opinión, habría que ofrecer un asesoramiento técnico eficaz a las numerosas sociedades de cazadores que están sufriendo este grave problema.
USO DE RAPACES. Algunos individuos de escasas miras solo ven a las rapaces como competidoras que se comen las perdices, liebres o conejos de su coto. Sin embargo, no quieren ver sus efectos beneficiosos, como por ejemplo su contribución en la reducción del contagio de una epidemia al comerse eficazmente a los animales enfermos o debilitados. Tampoco tienen en cuenta que el búho real o el águila real son capaces de eliminar, por ejemplo, una camada de gatillos cimarrones, futuros depredadores insaciables. No quieren ver que las rapaces diurnas disminuyen de forma notable la población de córvidos del coto y ni siquiera reconocen que estas aves limpian nuestros campos de cadáveres putrefactos de animales.
No intentaré convencer a esta gente que no quiere reconocer la importancia de cada ser vivo y de la biodiversidad en el mantenimiento del equilibrio ecológico del ecosistema. La naturaleza es un motor formado por muchas piezas y si queremos que funcione bien no debemos dejar que se eliminen por los intereses económicos particulares de unos cuantos, llámense agricultores, alimañeros u organizadores. La moneda tiene siempre dos caras, por más que algunos se empeñen en ver solo el lado negativo de los animales silvestres.
Les contaré una anécdota ilustrativa: En una ocasión visité unas viñas manchegas cerca de una gran madriguera de conejos. Encontré varios viñedos totalmente comidos, pero cuál fue mi sorpresa cuando ví otra viña cercana que estaba casi intacta. Cuando pregunté al agricultor cómo había conseguido protegerla, este sabio hombre del campo me dijo: “Tengo contratado un vigilante jurado nocturno en mi viña y gratis”
Yo enseguida lo comprendí: este hombre había colocado unos cuantos postes de madera de forma estratégica como posaderos para los búhos y, como pude comprobar posteriormente, su viña era frecuentada por esta ave y otras rapaces de manera habitual. Los conejos no son tontos y suelen alimentarse donde no se los comen.
Técnicamente, esto podría llamarse mejora de hábitat para las rapaces en paisajes esteparios, llanos y desarbolados.
NO DEBE PERMITIRSE. Cuando uno frecuenta el campo, lamentablemente puede presenciar actuaciones donde la gente se toma la justicia por su mano, que nunca se deberían permitir, en las que es peor el remedio que la enfermedad. Comentaré algunos ejemplos de esto.
Un día, revisando unos bebederos de un coto con daños agrícolas, empezamos a encontrar animales muertos de toda índole alrededor del bebedero (perdices, conejos, perros, rapaces, córvidos, etc.) y cuando investigamos en la zona, encontramos pisadas humanas junto al bebedero y unas garrafas de productos fitosanitarios, utilizadas por un agricultor desalmado para tan nefasto fin.
En otra ocasión, los agricultores, con el dinero recibido por los cazadores por los daños agrícolas, se entretuvieron en contratar durante 15 días una retroexcavadora, que sistemáticamente destruyó todas y cada una de las madrigueras existentes en el coto, arrasando para siempre cientos de hectáreas de un hábitat tan necesario para las especies silvestres en estos desiertos agrícolas modernos.
Que un agricultor destruya hábitats con retroexcavadora o tractor, envenene con fitosanitarios voluntaria o involuntariamente, o que un ganadero arrase o desertice una finca por sobrecarga de ganado son acciones gravísimas de destrucción total de ecosistemas sobre las que, en mi opinión, el Seprona y las autoridades no se toman el interés que deberían.
Por último, me gustaría pedir a los representantes de los cazadores y a la Federación que también reivindiquen públicamente y de forma prioritaria este tipo de hechos si queremos que nuestros hijos hereden algo de naturaleza el día de mañana.