El color rojo intenso de picos y patas indica calidad y salud
Última actualización 01/04/2007@00:00:00 GMT+1
A nuestras perdices no les hace falta, como a nosotros, ropa de diseñadores famosos, coches de lujo o grandes mansiones para proporcionar a sus congéneres información constante sobre su calidad o su estatus social: les basta con cantar bien fuerte –lo cual depende de los niveles de testosterona– y mostrar la intensidad del rojo en sus picos y patas, que depende de la cantidad de carotenoides.
Si en la anterior entrega de “Ojeo a la investigación” nos hacíamos eco de un importante hallazgo científico relacionado con la reproducción de nuestros ciervos, este mes lo hacemos de otro descubrimiento, no menos interesante, relacionado con nuestra especie reina de la caza menor: la perdiz roja.
Este estudio posee una gran relevancia en el campo de la ecología evolutiva, el comportamiento animal y la ornitología, ya que ha conseguido integrar dos líneas de investigación que hasta ahora se desarrollaban de forma independiente. Por un lado, era conocido que los niveles de testosterona en aves y en otros vertebrados son responsables del desarrollo de un gran número de caracteres sexuales secundarios –como el canto, las ceremonias de cortejo y el comportamiento agresivo– que funcionan como señales fiables de la calidad del individuo en los procesos de elección de pareja y de competición sexual.
Por otro lado, también era conocido que el desarrollo de coloraciones rojas, anaranjadas o amarillas, tan extendido en vertebrados, depende en la mayoría de los casos de la presencia de unos pigmentos conocidos como carotenoides. Tal es el caso, por ejemplo, de las patas, pico y anillo ocular de la patirroja. De forma parecida a lo que sucede con el canto y las ceremonias de cortejo, la coloración también funciona como una señal de la calidad del individuo, y es utilizada por las hembras para seleccionar pareja y por los machos para estimar la calidad competitiva de sus rivales.