cabecera
Hemeroteca :: Edición del 01/12/2011 | Salir de la hemeroteca
3/40

El asombroso instinto de Aquiles

Última actualización 25/11/2011@14:24:55 GMT+1
El autor se adentra en el lenguaje de los canes narrando una curioso hecho que le sucede con su perro Aquiles cuando viajan en coche y se aproximan a ciertos destinos conocidos por el animal.

Francisco Cuenca Anaya

Ortega, en el tantas veces citado prólogo al libro del Conde de Yebes “Veinte años de caza mayor”, realza el significado del perro en la caza, cómo su aparición en el escenario cinegético le da vida: ¡Ya está ahí, ya está ahí la jauría: baba densa, jadeo, coral de encías, y los arcos de los rabos inquietos fustigando el paisaje. Más adelante distingue entre aullido, mero gesto espontáneo, como lo es el grito en el hombre, y ladrido, semejante a la palabra, que se emite voluntariamente: Pues bien; el ladrar es ya un elemental decir. Cuando el extraño pasa a la vera de la alquería, el perro ladra, no porque le duela nada, sino porque quiere “decir” a su amo que un desconocido anda cerca… Véase hasta que punto es certero y admirable el modismo castizo con que nuestros monteros populares denominan el ladrido de la jauría: le dicen “la dicha”. El cazador veterano llega a aprender el rico “vocabulario” y la sutil gramática de este casi-lenguaje canino.

Pero el ladrido no es el único vehículo mediante el cual el perro expresa alegría, tristeza, desasosiego, éxitos, fracasos, sumisión, rebeldía, amores, odios, celos, se sirve también de orejas, rabo, morro, de todo su cuerpo. De la literatura que conozco el libro de Thomas Mann “Señor y perro” contiene un rico inventario de las formas en que este animal manifiesta sus sentimientos; son casi cien páginas dedicadas a la relación, en las más variadas circunstancias, entre el señor y Bauschman, su perro.

Cuando leo libros o artículos sobre la caza de la perdiz con reclamo me llama la atención el análisis que hacen los autores de los distintos cantos del perdigón (alguno señala hasta veinte), su significado. En el mundo del perro mucho se ha escrito de la “dicha”, pero quizás no todo sobre la forma de expresar sus relaciones con la caza, con sus congéneres, con nosotros. Algo podría aportar, como cazador veterano y como persona que ha convivido, en el sentido pleno de la palabra, muchos años con ellos: diez con Pepa, doce con Tula, catorce con Aquiles. Hoy me limitaré a contar algo que me parece digno de contarse.

UN CASO SORPRENDENTE. Como antecedente diré que vivo en Sevilla y viajo habitualmente a otros lugares; a Valdeherreros Bajo, una finca del término de Calzada de Calatrava, en la que cazo desde hace muchos años; a Villarrodrigo, mi pueblo; a Villafranca de los Caballeros, el de mi mujer; y a Cádiz, donde tengo un piso próximo a la hermosa playa de La Victoria. En estos viajes me acompaña siempre Aquiles, acomodado en el maletero del coche, un todoterreno. Lo que quiero contar, porque me parece notable, es su comportamiento al aproximarnos a alguno de esos destinos.

Previamente mencionaré lo que el perro encontrará en cada uno de esos sitios. En Sevilla dispone de una habitación, donde duerme, aunque circula libremente por toda la casa; lo saco a la calle tres o cuatro veces al día, durante unos quince minutos cada salida. Vamos con frecuencia a Villafranca y Villarrodrigo, estancias cortas, por regla general, de un par de días. Allí, dentro de la vivienda, su régimen es el mismo de Sevilla; fuera mejora, pues no le falta algún paseo de larga duración por caminos rurales, más atractivos para él, creo yo (para mí lo son) que los de las calles y plazas de Sevilla.

Los viajes a Cádiz son pocos, no más de ocho o diez al año, y las estancias breves, aproximadamente de dos a siete de la tarde; parte de ese tiempo Aquiles permanece solo (no le gusta) aunque también anda unos minutos por el paseo marítimo.

A Valdeherreros vamos con frecuencia durante la temporada de caza, y también fuera de ella; aunque es arriesgado interpretar los sentimientos de los demás, no me parece dudoso que el perro disfruta allí, donde le he matado unos mil ochocientos conejos, liebres, aunque hace años que no les tiramos, y me ha cobrado muchas palomas, tórtolas y perdices; tampoco lo pasa mal en época de veda, lo dejo corretear por la finca, salvo en los meses de abril, mayo y junio, en los que podría hacer daño a los huevos o crías de perdices.

INSTINTO ANIMAL. Y tras este largo preámbulo llego al meollo de lo que quiero contar, y es que el perro, cuando el coche se aproxima a cualquiera de esos sitios, se levanta, muestra signos que parecen de inquietud y emite ladridos entrecortados sobre el fondo de una especie de quejido; duran estas expresiones hasta que llegamos; si voy a Villarrodrigo desde Sevilla comienzan cuando dejo la carretera Córdoba–Valencia y tomo la del pueblo, que dista nueve kilómetros, y si viajo desde La Mancha, al llegar al último pueblo de Albacete, Bienservida; si es a Villafranca, se impacienta en Herencia; si a Sevilla, en el cruce de la autopista del Sur con la SE-30; si es a Cádiz, desde el puente Ramón de Carranza; y cuando es a Valdeherreros, a la altura del kilómetro 215 de la autovía, de donde parte la carretera de Calzada: 28 kilómetros de concierto.

Así pues, Aquiles detecta el final del trayecto, cualquiera que sea éste, y se expresa de manera idéntica. Aquí surge una de mis dudas, no entiendo por qué reacciona igual cuando se aproxima a Cádiz que cuando lo hace a Valdeherreros; este coto debe ser su paraíso, pero en Cádiz ¿qué se le ha perdido?
Tampoco sé de qué órgano se vale para detectar la proximidad de los distintos sitios. Parece razonable pensar que sea de alguno de los sentidos conocidos, en particular la vista, pero no es así, porque su comportamiento es el mismo de día o de noche, con sol o con niebla; recientemente se ha inaugurado una circunvalación de Herencia, y si en la ruta de Villafranca antes ladraba al llegar al pueblo, ahora lo hace a la mitad del nuevo camino. Menos que la vista servirían el oido o el olfato para explicar lo que comento.

Termino este artículo con un ruego dirigido a los lectores que sepan de perros; es el de que me digan si encuentran explicación a la conducta de Aquiles o si conocen algún caso parecido; mi correo electrónico es franciscocuencaanaya@hotmail.com.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (2)   No(0)
3/40
Comparte esta noticia  Compartir en Wikio Compartir en Del.icio.us Compartir en Digg Compartir en Technorati Compartir en Yahoo Compartir en Google Bookmarks Compartir en Fresqui Compartir en MySpace Compartir en Meneame compartir en Tuenti Compartir en Facebook compartir en Twitter

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de TrofeoCaza.com
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.