Rehala del marqués de Valdueza
Última actualización 01/04/2007@00:00:00 GMT+1
Fruto de 70 años de selección meditada, la rehala de Alonso Álvarez de Toledo y Urquijo se ha convertido en un referente de la montería española que ha servido de base a gran parte de las recovas de Castilla-La Mancha y Extremadura.
No en vano, el marqués de Villanueva de Valdueza ha conseguido marcar tanto los caracteres de sus perros que ha llegado a crear una raza de perro de montería: El perro Valdueza.
Si en esta primera etapa de “Soltando Colleras” decidí traerles a estos renglones algunas de las rehalas de nuestro país que se destacan por estar constituidas por una determinada raza o tipo de perros, no podía ni debía dar descanso a esta sección sin darle el merecido homenaje a una recova que es “santo y seña” de las rehalas españolas, pues tan sólo con nombrarla huele a monte y montería.
La rehala del marqués de Valdueza fue fundada por Alonso Álvarez de Toledo y Cabeza de Vaca, padre del actual propietario, en los años 40, siendo por entonces copropietario de la misma Julio Prado Valdés y el perrero Gregorio Privado.
Tras pasar la propiedad en exclusividad al marqués de Valdueza, entra en 1951 como perrero un jovencísimo Pedro Castro, conocido en el mundo de la montería como “Periquillo Valdueza”, uno de los perreros con mas talento y afición que ha conocido la montería española.
El conocimiento, la perseverancia y el buen criterio de Alonso, junto con el buen hacer de “Periquillo”, hacen que la rehala experimente una notabilísima mejoría y consiga la base de lo que posteriormente será el perro Valdueza.
Se realizan cruces entre mastines “castellanos” –perros más recortados que el mastín español, de hocico más corto pero de buena cabeza–, con podencos compañeros berrendos en colorao, pelicerdeños y con ojos zarcos, dando unos perros de gran fortaleza y resistencia, bien aplomados y con buenas dotes cazadoras.
En 1955, la rehala se instala en Piedrabuena (Ciudad Real), lugar donde actualmente reside, y durante los siguientes años se sigue trabajando sobre la línea de mastín con podenco buscando la hegemonía estética sin descuidar la funcionalidad, siempre con la supervisión directa del marqués de Valdueza pero con las apreciaciones y buenos consejos de “Periquillo”.
Así, perros como Taramales, Olivero o Carasucia se cruzan con perras como Feria o Paloma, fijando raza.
A principios de los años 80, Alonso Álvarez de Toledo y Urquijo, hijo del desaparecido fundador de la rehala, se hace cargo de la misma, comenzando una nueva etapa que llevará a la recova a su consagración como “raza montera”.
Alonso intenta imprimirle a la rehala más dicha y tesón y apuesta definitivamente por mejorar la estética, homogeneizando la capa y apostando por ese pelo blanco encerado que define al perro Valdueza.
Para ello introduce sangre de grifón de Nivernés, adquiriendo un semental en el país galo al que pusieron por nombre Fransuá.