Última actualización 25/01/2012@13:08:35 GMT+1
Hoy la caza es una actividad lúdica porque en su práctica no nos jugamos la supervivencia pero sin embargo cazamos “como si así fuera”, con el mismo interés, pasión, atención e inversión en energía física e intelectual.
Ramón J. Soria Breña
Al jugar somos humanos. Sin juego, tristes máquinas productivas. Los psicólogos comienzan a descubrir que el juego para los niños es algo más que un impulso de humanos inmaduros, jugar nos vuelve sociales, inteligentes, felices, seguros, intrépidos, curiosos, desenvueltos, activos, capaces, sanos. Sirve de poco o de menos todo eso de la estimulación precoz infantil, sirve de nada empujar a los niños a la loca carrera de los aprendizajes formales. Sugieren que lo más importante, necesario y positivo para que sean niños y futuros adultos sensatos, activos y felices es dejarles jugar y jugar y jugar.
Pero lo más asombroso y provocador de las investigaciones sobre la importancia del juego en la salud psíquica es que esta capacidad y necesidad de jugar en los humanos no se agota en la infancia. Los adultos que no juegan sufren depresiones, neurosis, psicosis… en resumen: no son muy felices. Además los adultos que no juegan lo que suelen hacer es jugar con su vida, jugar “en serio” y eso tampoco vale, porque quien juega con su vida como si la vida fuera un juego tendrá algunos problemas. Carreras de coches por las calles, ludopatías, deportes de sofá y colesterol, juego sucio en las relaciones personales… Jugar es algo muy serio.
Homo ludens no es por lo tanto un cultismo de antropólogos sino una necesidad como mamíferos y también como humanos. El juego tiene sus reglas, sus incógnitas, sus desafíos, la posibilidad de ganar o de perder, sus compañeros de juego, sus retos físicos e intelectuales y, sobre todo, la posibilidad de volver a empezar no tiene consecuencias permanentes en nuestra vida porque es “sólo un juego”. Juegos clásicos, deportes, videojuegos… dejan a un lado la “vida en serio” y nos meten de nuevo en la infancia, nos liberan de la angustia del logro, de las decisiones que sí tienen consecuencias, de las actividades productivas necesarias. Jugar tiene un valor liberador, terapéutico y relajante tanto para nuestro cuerpo como para nuestra mente.
Hoy la caza tiene un fuerte componente lúdico liberada ya de sus consecuencias ancestrales más serias, cuando hace miles de años fracasar en la caza era morir de inanición o que murieran los nuestros. Hoy la caza es una actividad lúdica porque en su práctica no nos jugamos la supervivencia pero sin embargo cazamos “como si así fuera”, con el mismo interés, pasión, atención e inversión en energía física e intelectual. Nos hemos puesto además unas reglas y restricciones importantes para que el juego no sea fácil. Al fin y al cabo una parte importante del juego en los cachorros de los mamíferos carnívoros tiene como objetivo el entrenamiento para la caza que será una actividad imprescindible en la vida adulta. Y algo queda de esa vida pasada en nuestro cerebro de homínidos del siglo XXI. Para el sapiens de hace 10.000 años cazar no era ningún juego pero si para nosotros, por fin, y disfrutamos igual volviendo a casa con tres perdices y dos conejos que volviendo “bolos”, más o menos. Unas veces se gana, otras se pierde… (para algunos no, tal vez estos cazadores se estén tomando la caza demasiado en serio).
Tal vez la caza sea un juego un poco distinto. Si ganamos o si perdemos, si tenemos éxito en forma de piezas cazadas o no, no es lo más importante, consideramos que lo importante en este juego es salir al campo con la cuadrilla, caminar por el monte, acertar o fallar algún tiro, compartir el taco y los lances. Sabemos bien que “lo importante es participar”. Cazar es el juego más antiguo y los primeros juguetes encontrados eran pequeños arcos inocuos que imaginamos fabricaban los padres cazadores a sus hijos pequeños para que jugasen a cazar. Ha sido tiempo de fiestas y regalos, días de casas llenas de juegos y juguetes para los niños, pero también muchos adultos han tenido junto al árbol de Navidad unos regalos que no eran ni una corbata, ni una colonia sino objetos para practicar sus deportes y aficiones favoritas entre los que seguro que hubo juguetes para cazar.
Un niño que juega será un adulto sano. Un adulto que juega será un hombre feliz.