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Hemeroteca :: Edición del 01/02/2012 | Salir de la hemeroteca
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Tico Medina

Última actualización 25/01/2012@13:18:37 GMT+1
Me explico, aunque no tendría que hacerlo porque este titular responde a la realidad más absoluta. Vas a una fiesta, pues ahí están los cuernos. Digo en las joyas que acompañan los escotes de las damas, en las muñecas de los caballeros, porque los pelos de elefante han dado paso a lo que son los colmillos grandes de animales en los pañuelos de escenas de caza, a ser posible de seda. En las casas, en los lienzos ingleses cinegéticos, en los desfiles de moda, cada día hay más, me refiero a los que se ven en las maniquíes.
Sé que ahora las series de fotos de las mejores modelos del mundo exigen decoraciones de viejos palacios con grandes cosechadores de trofeos. Por ejemplo, el ciervo, que de muchas puntas es el rey de los retratos. También se usa la piel de la cebra, verdadera a ser posible, aunque, si no, vale una vaca con pijama, es viable. Y desde luego, los enormes búfalos, los ñus incluso, hasta las paredes de pequeños trofeos del corzo son de primera, primerísima. Siempre recordaré aquel interior de los enanos de oro, los corzos insisto, en aquella casa de nuestro Jaime de Foxá, cuyo premio ostento con dignidad y orgullo al mismo tiempo, y que no llevo colgado porque es una medalla del buen bronce, que pesa mucho para mis viejos huesos y además es grande para escapulario.

Lo de los cuernos, aunque es tan viejo como el mundo, que fue Eva la que le engañó a Adán con la manzana, también los ponían los primeros humanoides, que lo acabo de ver en la tele en una fascinante serie de “La 2”. Los otros ya se ven en los programas rosas habituales y no voy a dar más pistas. Cuando cazaban los “abuelitos”, primero comían, y después, se colgaban los trofeos al pecho, se atravesaban las orejas o se los colgaban de la nariz. Un amigo mío me cuenta siempre el trofeo de aquel hijo de Rockefeller que se fue a la Papuasia de misionero y desapareció para siempre. Eso sí, fue descubierto por unos periodistas, solo en su tibia, colgado del cuello de un jefe de Nueva Guinea.

GRACIAS, DON RAFAEL. Cambio el tercio, mis sufridos lectores. Gracias, Don Rafael. Nadal es un cazador avezado de eso que se llama “por el procedimiento de la muerte súbita”, que es una forma de cazar en el tenis de forma habitual. Gracias otra vez, campeón, porque tu trofeo de la quinta ensaladera es también para toda España, sea o no cazadora. Eso sí, como he dicho en algún sitio, ahora, dados los tiempos que corren, lo importante estará en llenarla de ensalada.

Claro que todo está cambiando mucho. Mi hijo Ignacio, que es el que hace “Callejeros Viajeros” en la tele, con Frank de la Jungla, el cazador que no caza porque siempre suelta la presa, me dice que el equipo de “Callejeros Viajeros” acaba de regresar de la selva amazónica, donde no cazo noticia hace tanto tiempo. Que, por cierto, pasa que es un primor, y que ahora los indios, pelados como los frailes, ya no cazan como en los viejos tiempos, con lanzas manchadas de curare, sino que lo único que cazan son turistas, pero para que el trofeo sea un dólar arrugado, un brasileño, o incluso el ya sufrido euro que, en este tiempo que vivimos y fuera de la zona, es un trofeo, disminuido.

Más de este diciembre que se nos fue. Hay semáforos cazadores, más cazadores todavía que antes, de tres colores de piel: rojo, verde y amarillo, como siempre, pero estos nuevos son más implacables. Te cazan en el coche nada más dar el acelerón de salida, lo que hago público, como se dice en los viejos papeles, para general conocimiento.

CAZADOR DE CORAZONES. Han visto en la noche, sobre todo, o de día, camuflado para no ser reconocido por la masa, a Jorge Javier Vázquez, cazador de corazones en “Sálvame”, un genio en verdad, paseando un hermoso galgo por los alrededores de su casa de campo. Preguntado si es que era cazador, el presentador ha asegurado que lo hace porque pertenece a la asociación de los defensores de los galgos frente a la muerte indigna de los que los ahorcan. Desde que he sabido esto, mi palabra de honor que admiro más y mejor a Jorge Javier, al que respeto mucho, porque, sobre todo, escribe extraordinariamente.

Es el tiempo en lo que se refiere a cazar la pieza en el plato, del pato azulón y de la becada, que ninguno de los dos necesita mas promoción. Cada día manda más la caza en la cocina, eso sí, bien aderezada. Fíjense que incluso Josemi, el de la tele, tan exquisito siempre, tan valiente, afirma en su sección semanal y por escrito que ha comido un faisán, irrepetible de sabor, bueno, un faisán buenísimo, creo que en casa de los Cobos, en Sevilla,
Pero la verdad es que todo el mundo caza. Leo que “el oso es el mejor cazador de focas del mundo”, porque necesita, como poco, sesenta anuales, sesenta escribo, para tener fuerza suficiente en sus órganos vitales para tener descendencia. Precioso el articulo que sobre los ñus escribe en “El País” de los domingos Ray Loriga.

FELIZ AÑO NUEVO. Y termino. No me atrevo a decir remato. Muchas felicidades en este nuevo año, que a ver si cazamos alguna buena noticia. Eso sí, sin dejar de contarles que un buen amigo mío ha añadido a su belén de este año, aparte de que el mundo ya de por sí es un belén, la figura de un cazador con su escopeta, de dos cañones, al hombro. Está calentándose las manos con los pastores. Ayer no, pero hoy sí. Todo responde a la más pura actualidad. Nos vemos el año que viene, el doce, no diré que a la misma hora pero sí en el mismo sitio. Y las más efusivas gracias al genio Capote, que me ha regalado un precioso dibujo suyo con una perdiz, el que me gustaba, y ya lo he mandado enmarcar, eso sí, maestro, en madera de olivo.
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