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XLIII Campeonato de España de Caza Menor con Perro

Última actualización 25/01/2012@13:25:15 GMT+1
El pasado 10 de diciembre 22 cazadores se dieron cita en el coto de Daroca para enfrentarse a unas escasas y bravas piezas de caza en un entorno duro y exigente. Todo hacía presagiar una final reñida que finalmente decidió la perra de Francisco Manuel Mateos al cobrarle dos perdices y sumarlas a las cuatro que abatió el cazador valenciano.

Antonio LÓPEZ ESPADA
Lola es una braca alemana propiedad del compañero de caza de Francisco. Acompañó al cazador valenciano porque su perra estaba convaleciente. Este hecho podría haberse convertido en un hándicap, pero nada más lejos de la realidad, ya que Lola se convirtió en la artífice de que Francisco, Paquito, como le llaman los suyos, completara la percha de cuatro perdices que abatió con la escopeta con otras dos que ella capturó sin que mediaran disparos. Ésta fue la clave para que el valenciano sumara más puntos que Pedro Gustavo Hernández, el cazador canario, que llegó nueve minutos antes que él con cuatro perdices, o que el joven Mikel Iturralde, tercer clasificado con también cuatro perdices abatidas. En la plaza del Ayuntamiento de Daroca se preparó todo para la llegada de los cazadores. Allí se colocó la pizarra en la cual se irían escribiendo las piezas que los cazadores fueran cobrando y que los jueces debían comunicar por medio de emisoras. Éste es un tema delicado desde hace años, ya que muy pocos jueces cumplen con su obligación y la pizarra se mantiene desangelada durante las horas que dura la final. A mediodía tan sólo conocíamos las evoluciones de siete cazadores.

Aprovechamos esas horas “muertas” para visitar el cazadero. Un amable y simpático Carlos Alonso, presidente del Club Deportivo de Cazadores El Jabalí, de Daroca, hace de guía de lujo, llevándonos por todos los rincones del cazadero y explicándonos las querencias de la caza. Durante el trayecto, le entrevistamos:

Pregunta. Carlos, ¿cómo son los terrenos donde están cazando los 22 campeones?
RESPuESTA.Encontrarán dos zonas de caza muy distintas, una está compuesta por barrancos y laderas en la que hay campos de almendro, viñas, espinos, perdidos, que cuentan con mucha querencia por encontrar mucha defensa esencialmente la perdiz. También podrán cazar en otra zona en la que domina el pinar en la parte central y encinas rodeándolo, donde pueden encontrar perdiz, liebre y zorros. En total, más de tres mil hectáreas que no se han cazado esta temporada.

P. ¿Qué densidad de caza le ofrece el coto a los cazadores?
R. La reina de la caza menor aquí es la perdiz, es muy brava, nunca hemos repoblado. No es fácil de cazar por los terrenos que hemos comentado y porque sobreviven año tras año gracias a esa bravura. Cuando te ven llegar, apeonan hasta la otra cara de la ladera y salen volando y ni las ves, a veces sólo oyes cuando arrancan en vuelo, pasan dos barrancos y te despides de ellas. También hay liebre, y conejo, pero no es una zona propicia para cazar conejo porque la densa vegetación les cobija demasiado y resulta tremendamente difícil sacarles de ahí.

P. ¿Cómo ves a Jesús, vuestro campeón?
R. Muy bien, se ha preparado muy bien, lleva seis meses cuidando el aspecto físico, moviéndose por la parte que hemos dejado libre del coto. Es un gran tirador y tiene una perra con la que está muy compenetrado, hacen un gran equipo.

LLEGADA DE LOS CAZADORES. Sorprendiendo a propios y a extraños, Oliva entró en el control de la prueba en segundo lugar, sólo tras el gallego Benito Alba, que, desmoralizado, dejó de cazar a las 13.50 horas, tras haber tirado a una perdiz lejana y haber visto pocas más. El cazador local tenía aún casi cincuenta minutos por delante para intentar abatir más piezas, pero reconoció a los suyos que había perdido toda esperanza de poner más perdices a tiro. Con tres y un conejo quedaba apeado del podio. Poco después, nos explicaba que descolgó otras dos perdices con sus disparos, pero no pudo cobrarlas. Una de ellas cayó “seca”, como él mismo sostiene, pero la salida del bando durante el lance despistó a la perra y, cuando encontró el lugar donde la perdiz dejó sus plumas al chocar contra el suelo, el pájaro ya no estaba allí. El asturiano José Pardo entregó una perdiz y una becada que su setter inglés le puso delante de la escopeta.

EL PODIO SE CONFIGURA. A las 14:30 llegaban el cazador tinerfeño Pedro Gustavo Hernández y su juez. El jurado, como hizo con todos los jueces que acompañaron a los cazadores, le interrogó para saber si había notado alguna incidencia durante la prueba. La respuesta fue clara, el juez dijo, textualmente, que había visto a un participante cazando sin llevar puesto el chaleco reflectante. Los tres integrantes del jurado permanecieron en silencio ante la denuncia del juez, pero la polémica quedó servida. No sólo lo vió Samuel Oliva, el juez de Pedro, sino que nosotros fuimos testigos, como queda reflejado en la fotografía de apertura de estas páginas. Pero sigamos con el devenir de la prueba. Ocho minutos después llegaba Mikel Iturralde, un cazador vasco de tan sólo 19 años que consiguió cuatro perdices que, a la postre, le permitieron subirse al tercer cajón del podio.

Muy aplaudida fue la llegada de Francisco Manuel Mateo, no en vano hasta allí se desplazaron dos autobuses para apoyar al valenciano. Las perdices destacaban atadas en la parte frontal del chaleco de Paco. Fue desatándolas una a una hasta contar seis. El juez explicaba al jurado que había matado cuatro con la escopeta y que Lola había cobrado las otras dos. Lo más llamativo es que una de las cobradas por la perra la había soltado un águila segundos antes delante de unos perplejos cazador y juez. Uno a uno, el resto de cazadores fue entregando las piezas cobradas, pero ninguno se acercó a la puntuación de Paco, lo que le convertía en el nuevo campeón nacional de la modalidad.

En sus propias palabras: “A la tercera fue la vencida”, tras quedar en cuarto lugar en Castillejo y sexto en Alpera. Francisco reconoció que la final había sido muy dura. Le preguntamos cuál cree que ha sido la clave de su victoria. “He cazado en la parte más cercana al término de Horcajo a primera hora y allí he tenido varios lances, aunque he fallado cuatro perdices a primera hora. En esa zona he cobrado tres perdices. A media mañana decidí ir a otra zona del cazadero, a cinco kilómetros, porque sabía que por allí había un bando, y he cobrado otras tres perdices. Las he encontrado sueltas, ya habían separado el bando”.

En cuanto a la labor de la perra, Francisco destaca su gran calidad: “La perra es estupenda. A primera hora, tocaba los rastros, pero las perdices salían muy largas. A las once ha hecho una muestra a una perdiz que ha salido por delante a peón, la he dejado volar y la he matado larga. La perra la ha cobrado perfectamente. A los cinco minutos ha empezado a guiar durante muchos metros, unos 150, y en un campo de almendros ha salido la perdiz por delante y la he conseguido matar también”. Sin duda, Paquito y Lola forman un equipo letal ante perdices tan difíciles como las de este exigente cazadero.

También hablamos con el subcampeón, Pedro Gustavo Hernández, tinerfeño y acompañado de Cira, una braca alemana de cinco años que, según nos comentó, encontró un cazadero precioso, pero con poca perdiz y muy brava. Esto le supuso verlas arrancar lejos a primera hora, lo que le llevó a dejar alguna herida que no pudo cobrar. A partir de ahí fue cazando una a una hasta llegar a cuatro. Pedro reconoce: “Estoy acostumbrado a la perdiz moruna, y en las islas las cazamos casi todas a muestra de perro porque cuando las obligas a volar dos veces, puedes acercarte más a ellas. Esto es otra historia, más difícil y exigente”.

LA INTRAHISTORIA. Juan Antonio Ribas y su pointer llegaron al control los penúltimos. La cara del cazador balear lo decía todo. Su juez, al ser preguntado si se había producido alguna incidencia durante el transcurso de la prueba, comunicó a la mesa de jueces que Juan Antonio había abatido una codorniz. La organización había dejado claro que sólo se podía disparar sobre perdiz, conejo, liebre, becada y zorro. El balear reconoció su fallo y aceptó de buen grado su descalificación, pero un campeonato nacional de caza menor con perro no debería dejar fuera de su lista de animales cazables a una especie que requiere tanta destreza por parte del perro para localizarla, mostrarla y hacerlo para que la escopeta la abata, más aún tratándose de fechas casi invernales para un ave que apenas se queda en nuestro suelo a pasar las estaciones de frío. Pero la mayor polémica llegó cuando se dio a conocer que había una reclamación porque el ganador había cazado sin llevar el chaleco reflectante. El jurado se tomó su tiempo y sabemos por miembros de éste que no fue fácil llegar a una decisión y que se discutió muchísimo durante la deliberación. El Reglamento de la prueba lo deja claro. En su artículo 8.- Del cazador, apartado g) nombra como requisito: Portar durante la prueba los distintivos que la organización determine”. Y precisa al final del artículo que “Serán eliminados los competidores que no cumplan estos requisitos. Queda claro que el chaleco es un distintivo, y más aún que la organización lo determinó. Pero el jurado desestimó la reclamación y mantuvo la clasificación como había quedado. Hemos hablado con Manuel Luque, delegado nacional de Caza Menor con Perro de la RFEC, para que nos explique los criterios que sigue la Federación. Su respuesta ha sido poco clarificadora: “Si durante el transcurso de la prueba se rompe, no llevarlo no afecta al transcurso de la caza ni a la clasificación final”. No puedo imaginar con qué crédito van a exigir en la siguiente final que los cazadores se pongan el chaleco reflectante, o con qué cara les mirarán cuando lo hagan si el hecho de no llevarlo no se sanciona. También hemos preguntado al principal afectado, el subcampeón, y nos ha dicho, haciendo gala de una gran deportividad, que no le hubiera parecido bien que le quitaran el campeonato a alguien que se lo ha ganado en el campo, pero que llevar chaleco reflectante te hace más visible y eso puede afectar en la caza.
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