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La sorprendente importancia de algunos minerales

Última actualización 25/01/2012@13:36:42 GMT+1
La cuerna es el hueso más resistente, casi irrompible. Esta es la historia de cómo un caso excepcional generalizado de cuernas rotas y la búsqueda de su causa, carencia de un mineral traza, finalizó sugiriendo una causa para la osteoporosis y degeneración cerebral en ancianos. El presente artículo ha sido traducido a siete idiomas, de momento, y publicado o en vías de publicación en diferentes revistas de todo el mundo.

Tomás LANDETE-CASTILLEJOS,
Laureano GALLEGO y Andrés GARCÍA
Investigadores del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) de la Universidad de Castilla-La Mancha y el CSIC, en Albacete. Más información sobre sus investigaciones en cuernas aplicadas a la gestión cinegética se puede revisar en la página web www.venadogen.com de la empresa tecnológica creada por ellos.

Las cuernas de venado, además de un trofeo deseado, son una de las estructuras más increíbles de los animales. Son el único hueso que crece fuera del cuerpo, y esto significa que es de fácil acceso para estudiar la biología del hueso. Una característica que tarde o temprano las convertiría en útiles para estudios médicos. No sólo eso, crecen y caen cada año. Esto las hace muy costosas: se sabe desde el siglo XIX que constituyen del 1 al 5 por ciento del peso corporal, pero además nuestro grupo ha calculado que también implica alrededor del 20 por ciento del peso del esqueleto. La velocidad de crecimiento, salvo algún cáncer, es la mayor de cualquier tejido animal, de 1 a 4 centímetros por día. Esta velocidad es tan rápida que la alimentación no logra aportar la cantidad de minerales necesarios para la formación de la cuerna, de modo que un ciervo tiene que transferir ese 20 por ciento de su esqueleto óseo hacia las cuernas. Esto produce un proceso similar a la osteoporosis en los seres humanos, con la única diferencia de que es reversible: los ciervos sufren este proceso de osteoporosis durante el crecimiento de la cuerna (primavera y verano de cada año), y se recuperan más tarde a lo largo del otoño e invierno. De hecho, fue este hecho conocido de que los ciervos sufren un proceso de osteoporosis lo que nos dio un indicio de que podría haber posibles aplicaciones del estudio de la cuerna en la medicina humana.

Las cuernas son por lo tanto estructuras costosas, pero los beneficios sobrepasan el esfuerzo de hacerlas crecer. Si los ciervos desarrollan el mejor par de cuernas, su tamaño se relaciona con la dominancia, el peso corporal, la fertilidad, proporciona mayor acceso a los alimentos, a las hembras, etc. De alguna manera, un buen par de cuernas grandes es como el chico guapo que conduce un Ferrari. El ciervo demuestra que tiene todo por lo que puede pelear: alimentos, hembras, territorio y es además una señal de vigor y buen estado de salud. Como resultado, el hacer crecer una cuerna es como una carrera olímpica: todos los participantes corren por el oro, pero sólo el más rápido lo consigue. Como todos los ciervos hacen el máximo esfuerzo para producir la cuerna más grande, el esfuerzo del 100 por ciento de un macho sano con buena condición corporal no puede ser comparable al esfuerzo del 100 por ciento de un animal de calidad media o uno que está enfermo. La razón es muy sencilla: no puede conseguir la mejor comida, o no tiene el mejor conjunto de genes. Por lo tanto, pensamos que las cuernas deben indicar el esfuerzo fisiológico (y diferir en alguna característica respecto a las que pertenecen a individuos cansados en comparación con otros más capaces de realizar el esfuerzo). También deben reflejar la nutrición, el estado de salud o incluso la calidad del macho. En otras palabras, pensamos que podríamos utilizar las cuernas para conocer el estado de los animales, de forma similar a cuando nos hacemos un análisis de sangre, y los valores del análisis indican qué nos pasa. De hecho se evaluó la cuerna con el mismo enfoque: examinando desde la composición mineral a la calidad mecánica del material óseo, desde la histología a la mecánica estructural (la resistencia no se debe exclusivamente al material, pero sí al espesor de, por ejemplo, la pared de la cuerna, etc.).

CASI IRROMPIBLES. Algunos de los primeros resultados de nuestros estudios señalaron que las cuernas reflejan la alimentación que el animal ha tenido. Las diferencias en el contenido de cada mineral que tiene la dieta se refleja en la composición de las cuernas. No es una coincidencia exacta entre la cantidad de cada mineral ingerido y su proporción en la cornamenta, pero, al menos, las cuernas parecen reflejar una carencia, la falta o escasa disponibilidad de un mineral en la alimentación. Los animales no pueden crear minerales, por lo que si los alimentos que consumen carecen de ellos las cuernas también lo harán. Sin embargo, si hay más que suficiente en el alimento, el cuerpo de la mayoría de los animales es capaz de excretar el exceso de minerales. Por tanto, más allá de un determinado nivel, más consumo de un mineral no significa siempre más de ese mineral en la cuerna. En algunos casos, sin embargo, la presencia de un nivel tóxico de los minerales minoritarios en la dieta se muestra en las cuernas, como el caso del plomo. Por lo tanto, las cuernas no sólo parecen mostrar deficiencias en la mayoría de los minerales, sino que también muestran efectos tóxicos de algunos otros (por ejemplo, el flúor hace las cuernas frágiles y fáciles de romper). Como curiosidad, la técnica de usar la composición y otras propiedades de las cuernas para evaluar la dieta ha dado lugar a una empresa de base tecnológica (ver más información en www.venadogen.es).

Una de las características de las cuernas que las hacen especialmente interesantes para los expertos en mecánica ósea es que es el hueso más resistente. Las cuernas rara vez se rompen y en los pocos casos en que lo hacen (por lo general menos del 10 por ciento) lo hacen en las puntas. Es muy raro ver a cuernas rotas por la vara principal. Los huesos internos han evolucionado para ser rígidos y apoyar nuestro peso corporal o transmitir casi toda la energía de los músculos en movimiento en lugar de absorber la energía de deformación. Si tuviéramos huesos de goma, gastaríamos parte de la energía de nuestro bíceps en deformar los huesos del brazo, un desperdicio de energía. El precio de la rigidez del hueso es que con un impacto lateral se puede romper. Por el contrario, las cuernas están diseñadas para atacar y empujar contra un oponente, sin romperse. El resultado es un hueso sorprendentemente difícil de romper, casi irrompible, y también casi tan duro como los huesos internos. De hecho, nuestros resultados muestran que el material de cuerna es 7 veces más difícil de romper que el material de un fémur. Sin embargo, conserva el 90 por ciento de la rigidez de un hueso interno. Todavía estamos tratando de entender por qué no hemos evolucionado huesos que sean mecánicamente tan eficientes como las cuernas. Si tuviéramos este tipo de superhueso no habría nadie con una fractura de brazo o pierna en el hospital. Para cuando una persona tuviera rota una pierna con un fémur hecho de material similar a la cuerna, la persona estaría muerta como consecuencia del enorme impacto sufrido.

Después de aprender lo eficientes que son mecánicamente las cuernas y lo difícil que es romperlas, se puede entender lo sorprendidos que quedamos cuando varios gestores cinegéticos de toda España se nos acercaron comentando que la mayoría de las cuernas se había roto en 2005. Esto condujo a un estudio muy complicado que se convirtió en el primer paso hacia la comprensión de un problema muy diferente: la osteoporosis.

EFECTO NEGATIVO DEL FRÍO. Sabemos que los cazadores y gestores de caza pueden ser a veces muy exagerados. Sin embargo, la posibilidad de que un hueso casi irrompible se convirtiera en un hueso frágil parecía ser muy, muy, prometedor. Una de las razones es que la deficiencia de calcio no se puede culpar a este efecto: como se mencionó anteriormente, para crecer la cuerna moviliza el 20 por ciento del material óseo del esqueleto.

El primer paso fue centrarse en un solo lugar. Seleccionamos un coto de caza mayor de unas 1.000 hectáreas en Ciudad Real, donde el dueño ha registrado sistemáticamente durante años las variables climáticas y todas las medidas de cuerna que se puedan pensar. A partir de estos registros se encontró que el efecto era muy real: el 55 por ciento de las cuernas crecidas en 2005 se había roto en más de tres puntas, y el 33 por ciento estaban rotas por la vara principal, mientras que en las desarrolladas durante el 2004 sólo había un 9 por ciento de rotas en la vara principal. No sólo eso, los pesos de todas las cuernas obtenidas mostraron que las del 2005 eran un 30 por ciento más ligeras que las del año anterior.
¿Qué pasó en 2005? El evento excepcional más probable parece ser temperaturas frías. Si usted lector recuerda, en 2005 se sufrió en toda España una ola de frío como pocas: la temperatura mínima media de enero y febrero registrada en el coto fue -2,4 y -2,3 º C respectivamente, mientras que en 2004 fue 2,6 y 2,2 º C. Puede no parecer muy frío, pero la palabra clave es “excepcional”. Para llegar a una media tan baja, o bien la mayoría de los días se logró esta temperatura o unos pocos días tuvieron que ser mucho más fríos para compensar los días con temperatura superior a 0 º C. Quien recuerde ese año recordará que en los telediarios se hablaba de temperaturas que alcanzaban los -10 º C a -15 º C en casi toda España (y más bajas en los pueblos de sierra o en el norte de nuestro país). La granja de ciervos experimentales de la Universidad de Castilla-La Mancha está en Albacete, pero a pesar de sufrir incluso más frío que al sur de Ciudad Real, estas cuernas no se rompieron ni mostraron otros efectos como las de los ciervos del coto mencionado y de otros. El efecto por lo tanto, no parecía ejercerse sobre los animales, tenía que ser causado por la comida. En la granja, los ciervos no comen plantas, casi todo el alimento es pienso. Por otra parte, las cuernas empiezan a crecer en marzo (un mes después del periodo de frío), por lo que el efecto tampoco fue causado por la temperatura fría en las cuernas en crecimiento. Esto demuestra que el frío afectó a las plantas y éstas a la cuerna. Era un efecto sobre la dieta el que convirtió el hueso más resistente del mundo en un hueso frágil. Aunque en términos astronómicos febrero es invierno, en Andalucía y la zona del coto en cuestión, las plantas ya están brotando a finales de febrero. Parece que el frío congeló los brotes. Para simplificar, llamaremos al año 2005 invierno tardío frío (IF) y al invierno del 2004, invierno normal (IN)

MINERALES EN LA DIETA. En resumen, en 2005 tuvimos un efecto de las heladas a fines de invierno cuando las plantas estaban brotando. Un efecto en las cuernas que se ejerció a través de la alimentación ¿Qué pasó con las plantas? No hemos podido responder a esta cuestión, porque las cuernas se rompieron durante la berrea del 2005 y los desmogues se recogieron al año siguiente. Para cuando los gestores de toda España observaban atónitos lo que pasaba ya no había muestras de plantas que recoger. Sin embargo, sabemos por nuestros estudios que la alimentación se refleja en las cuernas ¿Podría ser este el caso de nuevo en cuernas del IF? Para evaluarlo, hemos examinado cuernas rotas en el año frío y cuernas intactas del invierno normal. Sin embargo, algunas cuernas se rompieron en el IN al igual que en años normales, y menos de la mitad estaban intactas en el IF. Con el fin de examinar el efecto del frío y no el efecto de ruptura usamos cuernas intactas y rotas cada año, y examinamos los efectos por separado.

La rotura o resistencia a la rotura se estudia usando conceptos mecánicos y ensayos de rotura. El concepto más importante quizá es entender que el comportamiento mecánico en la cuerna completa (u otra estructura) es de hecho debido a dos efectos claramente separados: la arquitectura y las propiedades del material en sí. Una barra sólida de, por ejemplo, 5 centímetros de diámetro de acero es más difícil de doblar que un tubo de 5 centímetros de acero, incluso si la calidad del acero es la misma. Este es el tipo de las diferencias producidas por la arquitectura. Cuernas y otros huesos son un tubo de hueso lleno de espuma de hueso. En este caso, el 55 por ciento del rendimiento mecánico se debe al espesor de la pared cortical y el diámetro (mayor diámetro, más resistencia). Las cuernas del IF tenían un grosor cortical de hasta 2 milímetros inferior al de cuernas del IN, lo que supone una pérdida del 30 por ciento de la pared cortical. En igualdad de condiciones, esto por sí solo podría explicar el 55 por ciento de las fracturas en el IF, pero las otras variables no eran iguales. La calidad mecánica de un material se prueba por medio de ensayos de impacto y/o flexión en barras de un tamaño estándar. En estas pruebas, las cuernas IF necesitaban un 27 por ciento menos de energía para romperse que las muestras de cuerna del IN. En conclusión, tanto los materiales como la arquitectura y el hueso se habían visto afectados por el cambio de dieta.
¿Qué pasa con la composición de la cuerna? Hubo una pequeña reducción en calcio del año estándar respecto al año frío (de 21 a 20 por ciento), un cambio aún más pequeño en el fósforo (del 10,1 al 9,8 por ciento), y unos pocos cambios en otros minerales (sodio, hierro y cobalto), pero el cambio más marcado fue en el silicio. El contenido de silicio en cuernas del año frío duplicaba al de las cuernas del año estándar. Cuando se realizó la búsqueda en la literatura sobre la fisiología de las plantas se encontró que las plantas elevan el contenido de silicio en respuesta a algún tipo de estrés: sequía, frío, calor, ataques de insectos, bacterias, o exceso de sodio y manganeso. Esto le sucede a todas las plantas, desde un pepino a una planta silvestre. El efecto más interesante para nosotros es que una vez toman el silicio, reducen el contenido de sodio o el manganeso, aún cuando el efecto desencadenante de la absorción de silicio sea otra causa de estrés y no el exceso de estos minerales.

Lo que encontramos fue que en las plantas del año frío el contenido de silicio de las cuernas era el doble que el del año estándar. Como resultado, las plantas redujeron la absorción de manganeso y el menor contenido en manganeso de la dieta se reflejó en la composición de las cuernas. Sin embargo, el efecto más interesante no es que las cuernas del año frío tuvieran menos manganeso, sino que las cuernas rotas de ambos años tenían mucho menos manganeso que las cuernas intactas. En resumen, si el silicio reflejaba el estrés por frío en las plantas, el menor contenido en manganeso estaba asociado a cuernas rotas de cualquier año. Esto parece ser corroborado por el hecho de que en los ciervos bien alimentados de la granja de la Universidad tenían cuernas grandes, pero cuyo material era más fácil de romper que el de cuernas de otra finca con deficiencias en minerales, pero con un mayor contenido en manganeso. Dos casos en los que el manganeso refuerza al material óseo. Como veremos más abajo, esto abrió la posibilidad de aplicarlo para entender la osteoporosis de otra forma, pero también tiene implicaciones en la gestión cinegética: la deficiencia del manganeso puede reducir un 30 por ciento el peso de las cuernas, luego su suplementación podría mejorarlas en casi un tercio.

CAMINO A LA ESPERANZA. Las cuernas han abierto lo que podría ser una nueva teoría sobre la osteoporosis: el hueso más duro en el mundo animal acabó convertido en un hueso frágil. La causa fue una deficiencia de manganeso en la alimentación, a pesar de que el contenido de calcio era adecuado porque las cuernas al crecer movilizan material óseo proveniente del esqueleto. De alguna manera, el manganeso parecía comportarse como un fijador para el calcio circulante procedente del esqueleto.
¿Qué pasaría si algo similar nos ocurriera a nosotros, los seres humanos, cuando llegamos a ancianos? Como un investigador de renombre en la biología ósea dijo: “el esqueleto no es algo que una vez crece se deja en el armario y se mantiene sin cambios”. Nuestros huesos están siendo constantemente destruidos y creados por nuestro cuerpo en un proceso llamado remodelación. No está claro el motivo de esto, o si hay varias causas, pero una de esas explicaciones podría ser que sirve para reparar microfisuras producidas en el uso diario del hueso. Esas microfisuras son importantes para la resistencia de los huesos, dado que, cuando una serie de microfracturas se combinan en una mayor, acaba y no se para el proceso se produce una fractura de todo el hueso. En el proceso de remodelación, el hueso se consume por las células y, de inmediato, la brecha se comienza a llenarse de nuevo. ¿Qué pasaría si durante este proceso el calcio no se puede fijar de nuevo? Bueno, el contenido en sangre de algunos minerales puede variar más o menos, pero no el calcio. Este es el mineral con el control más estricto en la sangre. Si la concentración disminuye, el cuerpo destruye material óseo y libera calcio en la sangre. Si aumenta el calcio en la sangre, o se crea hueso o se elimina en la orina.

UNA NUEVA TEORÍA. Si lo que encontramos en las cuernas sucede en los huesos internos, esto significaría que una reducción de manganeso en la sangre podría evitar que el calcio que se libera durante la remodelación se fije de nuevo en los huesos. Dado que el calcio no puede circular en la sangre en concentraciones elevadas, el que no se fije se elimina por la orina. Los huesos perderían calcio como resultado de la deficiencia de manganeso, pero la falta de calcio no sería la causa de la osteoporosis. El manganeso podría ser la causa.
¿Por qué una deficiencia de manganeso con la edad? Puede haber varias posibilidades pero pensamos que una era la más probable: el manganeso podría ser necesario en alguna otra parte del cuerpo, y es tomado de los huesos. ¿Qué puede ser más importante que nuestro esqueleto? Uno puede pensar en varias funciones, pero el funcionamiento del cerebro y el tejido nervioso es particularmente importante para el cuerpo. En condiciones de reposo, el 25 por ciento de la energía de nuestro cuerpo se utiliza por el cerebro (que sólo representa un 2 por ciento de nuestro peso). Si el manganeso es necesario para el cerebro, puede ser liberado del esqueleto donde es menos necesario. El funcionamiento del cerebro se mantendría, pero el costo sería la pérdida de calcio, un aumento de la porosidad y, al final, la osteoporosis. La osteoporosis puede matar, pero el mal funcionamiento del cerebro te mata mucho antes.

Sin embargo, las reservas de manganeso en el esqueleto con el tiempo se agotarán ¿Qué pasaría entonces? Si el manganeso (u otros minerales minoritarios cuya función es fijar el calcio o usados en la actividad cerebral) no se pueden suministrar para el funcionamiento del cerebro, este podría comenzar a fallar. Puede que esta teoría sea incompleta, o que otros minerales aparte del manganeso causen estos efectos, pero si es cierta explicaría tanto la osteoporosis como un empeoramiento degenerativo en el funcionamiento cerebral ¿Qué enfermedades? Varias enfermedades degenerativas del cerebro están asociadas con la edad, el Alzheimer y el Parkinson son las más conocidas.

DE LOS CIERVOS A LOS SERES HUMANOS. Las teorías científicas se prueban por sus predicciones. En nuestro caso, una de las predicciones es que el agotamiento de manganeso produce primero osteoporosis (ya que este mineral se agota en el esqueleto), luego, mal funcionamiento cerebral y, finalmente, la muerte. En otras palabras, no es que la osteoporosis y el mal funcionamiento del cerebro podrían aumentar con la edad, sino que la osteoporosis precederá a la degeneración del cerebro particularmente en pacientes osteoporóticos, pero no en otras personas de la misma edad que no sufren esta enfermedad.

Ir del estudio de ciervos a investigación médica con seres humanos no sólo es difícil, es casi imposible. Nuestro grupo del IREC (el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos) está formado por biólogos, veterinarios e ingenieros agrónomos. Esta no es la mejor tarjeta de visita para pedir un permiso al hospital para recoger datos para la investigación. Afortunadamente, teníamos relación con la dirección de enfermería de uno de los hospitales de tamaño medio más innovadores: Hellín. Uno de los criterios que se consideran meritorios para la calificación de un hospital es hacer investigación, por lo que la gerencia del mismo era especialmente sensible a cualquier propuesta. En nuestro caso, la idea no formaba parte de un proyecto de investigación médica financiado, de modo que el interés personal de la supervisora de área, Inmaculada Molina, y de Águeda Cuesta (Jefa del Servicio de Traumatología) para recopilar datos en su tiempo libre, fue esencial. También lo fue el del gerente del hospital, que despejó el camino para usar los datos (anónimos) del servicio de cirugía.

Necesitábamos tener un control de pacientes con osteoporosis para comparar. Sin embargo, no es bueno comparar los pacientes sometidos a reemplazo de cadera por osteoporosis con pacientes sanos examinados por una dolencia menor como la gripe en otro servicio médico. Por esta razón, se compararon dos tipos de pacientes sometidos a cirugía similar en el mismo servicio de traumatología: pacientes artríticos sometidos a reemplazo de rodilla o cadera frente a pacientes con osteoporosis. Mientras que los pacientes con osteoporosis tienen un hueso de mala calidad y un cartílago de buena calidad, los pacientes con osteoartritis tienen un cartílago de mala calidad y un hueso de buena calidad. Se incluyeron en el estudio los datos de dos años de prótesis de cadera y la rodilla: todos los operados en un hospital que da servicio a unos 50.000 habitantes. Este fue el período más largo posible que podía incluirse ya que los registros informáticos de pacientes operados con historial clínico, síntomas, período de estancia, costes, etc. se había implementado tan solo dos años antes. Lo más importante es que los mismos médicos registraron Alzheimer, Parkinson, etc., en ambos tipos de pacientes.

Cuando examinamos los datos, parecía increíble que encajaran tan bien en nuestras predicciones: el 40 por ciento de pacientes con osteoporosis de 50 a 95 años tenían algún tipo de enfermedad cerebral degenerativa (Alzheimer, enfermedad de Parkinson o demencia senil), mientras que ninguno de los pacientes con osteoartritis (de 50 años a 90 años) tenía enfermedades degenerativas del cerebro. ¡Era casi demasiado bueno para ser verdad!
Esta asociación, sin embargo, no era suficiente. Podría ser una coincidencia a pesar de haber sido predicho por nuestra hipótesis. Hacía falta evidencia publicada por otros grupos mostrando la relación entre el manganeso y estas enfermedades, o al menos la relación del manganeso con el funcionamiento del cerebro. Había varias líneas de evidencia, y cada una era mejor que la anterior.

La primera sólo relacionaba manganeso y una disfunción cerebral: epilepsia. Los epilépticos tienen niveles de manganeso más bajos de lo normal, pero la razón no parecía clara. La siguiente evidencia en realidad derivaba de nuestra teoría y está relacionada con la enfermedad de Alzheimer. Habíamos previsto que cuanto más intensa es la osteoporosis, mayor deficiencia en manganeso y más graves los síntomas o alta la probabilidad de sufrir Alzheimer. En los pacientes sólo hemos podido medir que cuanto más largo es el período con osteoporosis mayor es la probabilidad de Alzheimer. Los huesos humanos son difíciles de obtener, pero tenemos también problemas de muy poco personal agravados por la crisis (de 10 investigadores y técnicos a solo los 3 autores del artículo en un par de años) y los fondos con los que contamos son muy limitados. En ratas, sin embargo, un grupo de investigadores en los años 90 que no eran conscientes de la importancia de manganeso publicaron listas de concentraciones minerales en varios órganos de ratas con Alzheimer. Nosotros analizamos estadísticamente esos datos y comprobamos que cuanto más desarrollado está el Alzheimer en ratas, menor es la cantidad de manganeso en los huesos (y sólo en los huesos). Obviamente, estos científicos no esperaron hasta que las ratas desarrollaran Alzheimer. En su lugar provocaron Alzheimer intoxicándolas con aluminio (por cierto, mejor no comprar cacerolas o teteras de ese metal que aún se venden en algunos países). En resumen, lo que encontraron los investigadores fue que cuanto mayor es la ingestión de aluminio (es decir, más grave son los síntomas de Alzheimer), menores cantidades de manganeso en el hueso. Esto es lo que esperábamos encontrar en los datos del Hospital de Hellín si hubiéramos podido analizar los huesos humanos. La segunda evidencia fuerte y que apoya los datos clínicos vincula la enfermedad de Parkinson con el manganeso: el exceso de manganeso produce manganismo, una enfermedad muy similar a la de Parkinson. En el manganismo-Parkinson las células que alimentan a las neuronas, los astrocitos, acumulan manganeso y tienen una enzima específica y muy importante en estas células (glutamino sintetasa) que requiere manganeso para funcionar. En otras palabras, si no hay manganeso, la enzima no funciona bien, y esta parada en la bioquímica de la glutamino sintetasa se producirá sobre todo en el tejido nervioso. Pero lo más impresionante era la evidencia indirecta del estudio publicado con la osteoporosis: es bien conocido que la retirada de estrógenos que se produce durante la menopausia acelera la osteoporosis o al menos la pérdida masiva de material óseo: pues bien, es precisamente el estrógeno el que protege los astrocitos de la toxicidad del manganeso en el Parkinson por manganismo.

FUTURO PROMETEDOR. Hay muchos aspectos todavía por investigar en esta línea. Sólo podemos hacer una pequeña parte de ella y las perspectivas empeoran cada día por las limitaciones de financiación y de personal (ello a pesar de tener la segunda mejor granja experimental de ciervos del mundo tras la de Nueva Zelanda). En la parte relacionada con la neurobiología no nos corresponde a nosotros realizar ningún desarrollo, pero recientes revisiones sobre las teorías más conocidas sobre el Alzheimer, por ejemplo, ya incluyen toda una línea que considera el desequilibrio mineral, con excesos de hierro y cobre en el cerebro, como causante de la enfermedad. Nadie parece haberse fijado en el manganeso, pero nuestros estudios podrían llamar la atención sobre este mineral para corroborar o completar estas teorías.

En cualquier caso, una de las líneas más prometedoras de la investigación en cuerna es evaluar los factores que producen la rotura del trofeo de ciervo, para estudiar los cambios de minerales, y el mecanismo por el cual los factores que generan fractura afecta a las propiedades mecánicas y estructura microscópica. En el momento de ser escrito la enésima revisión de este artículo justo antes de su publicación, acaba de sernos aceptado un estudio que muestra que la porosidad de las cuernas es 5 veces mayor en ciervos con mala nutrición, y que esto afecta a las propiedades mecánicas. Incluso revela la importancia de algunos minerales como el potasio que apenas se consideran importantes en la biología del hueso hasta ahora. Es más, uno de los futuros estudios es evaluar un hueso interno del esqueleto del ciervo del que tenemos cierta evidencia de tener propiedades mecánicas como la cuerna, pero fisiológicamente estar vivo y húmedo como el resto, y no seco y muerto como la cuerna. En cierta forma es un “superhueso” y podría dar valiosísima información sobre qué le hace ser así de resistente.

También estamos buscando las diferencias en la composición mineral y propiedades mecánicas en huesos humanos, tratando de ver qué minerales son los más importantes para la resistencia mecánica (tal vez no es sólo el caso de manganeso). Otra parte de la investigación tendrá que llevarse a cabo por los equipos médicos o farmacéuticos en el nuestro o en otros países. Una de las líneas más prometedoras se refiere a una sustancia utilizada para tratar a pacientes con osteoartritis: sulfato de condroitina, un componente importante del cartílago. Este tratamiento no es en sí una hormona o producto químico, sino un suplemento alimenticio. El sulfato de condroitina es uno de los principales componentes del cartílago y la principal molécula orgánica que contienen manganeso en nuestros huesos. Su efecto es retener el agua en el cartílago de forma que esté bien hidratado y pueda sostener bien nuestro peso. Si nuestra teoría es verdadera, esto podría ser útil para retardar el proceso de la osteoporosis, y podría explicar por qué las personas mayores de 90 años de edad con osteoartritis en nuestros datos no desarrollaron Alzheimer o Parkinson. Si al leer esto usted está pensando en correr a la farmacia para conseguir estas pastillas, piense que comidas a base de orejas o manos de cerdo cocidas (o aletas de tiburón) tienen las mismas probabilidades de ser eficaces como las píldoras. Buena suerte.
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