Última actualización 24/05/2012@10:04:18 GMT+1
Eduardo Coca VitaComo una balda me cayó el editorial de abril y su doloroso mensaje. Ni la cautelosa charla de unos días antes con Juan Francisco permitía suponer que Ñudi dejaría de pilotarnos a todos los que, con más o menos dedicación y mayor o menor acierto, nos sentimos hacedores de la revista decana de la caza y la más prestigiosa del sector. Vaya noticia. Vaya sorpresa.
Dentro de la contrariedad que el hecho ha causado en cada uno de los ligados a Trofeo –sin excepción alguna, puedo jurarlo–, a mí me afecta especialmente. Porque, si bien ya escribía aquí durante la etapa de Juan Delibes, las puertas a una colaboración fija me las abrió Ñudi. Primero, como columnista cuatrimestral, y, tras superar la prueba, asignándome página mensual, para la que me otorgó libertad de nombre y contenido, sin un solo veto censor jerárquico después de once años de supervisión y sin fallar yo ni una sola vez en mi prestación de cada mes.
Fue también él quien me invitó a participar en ediciones conmemorativas. O en números con problemáticas singulares abiertas a puntos de vista plurales. En fin, Ñudi ha sido todo para mí en Trofeo, revista que, a su vez, ha supuesto todo para mí en la caza discurrida, pensada y escrita. Efectos debidos, sin duda, a un modo común de ver ambos el hecho natural de cazar y a una manera unísona de meditar sobre el hombre cazador, con grandes concomitancias y notable entendimiento en las llamadas y correos que nos cruzábamos cuando algún espontáneo se dirigía a la redacción opinando sobre mí o mis ideas, comentándome siempre Ignacio que una mentalidad como la mía era compartida por muchos lectores, que mi visón de la caza coincidía con la de otros muchos suscriptores. Es así cómo me tenía por el equilibrio que buscaba y quería para su publicación, un contrapeso al modernismo y al mercantilismo, tomando la mía como aportación tan necesaria que, de no estar yo para firmarla, habría que ir en busca de alguien con parecida rúbrica.
Ñudi, además, redacta como los ángeles. Y piensa como Dios. Sus editoriales eran cabales en el análisis de temas y acertados en la elección de campos. Sus dotes de dirección se completaban con sus calidades de entrevistador, reportero, narrador y cronista. Todo un jefe teórico y práctico, cazador de los buenos, pero también tirador fino y curioso fotógrafo. Un profesional con clase en el ejercicio diario de todas las manifestaciones del periodismo. Nadie es insustituible, pero algunos ponen difícil el relevo, y más todavía cuando adornan de humanidad su capacidad y aplicación. Es el caso de José Ignacio, que debe servir de ejemplo a su continuador en Trofeo y para que en él se miren y con él midan su esfuerzo los nuevos directivos de esta formidable obra periódica, tanto su cuarto director, Israel Hernández, como su subdirector de estreno, el curtido Juan Francisco París. De ninguno recelo o desconfío ni en valía ni en vocación, pero les propongo a los dos que sigan los pasos de Ñudi, pues poco habrán de enmendarle y solo será la suya una tarea de actualizar a mejor la obra legada y encontrada, aunque la aderecen, eso sí, del ímpetu ínsito en las ilusiones jóvenes o de estreno con lozana frescura.
¡Qué disgusto me he llevado, José Ignacio! Justamente cuando más convencido estaba de ser tu recuperación cosa hecha y estar a punto tu retorno a los mandos. Mi recuerdo emocionado y mi ofrecimiento incondicional, por poco que yo pueda darte ahora y nada hacer en tu enfermedad. Siempre me tendrás de amigo agradecido. Uno más de los que a cientos te queden, seguro estoy, entre los allegados y colegas de todo orden y la pléyade de personas relacionadas con Trofeo desde cualquier perspectiva que se mire la espléndida revista que modelaste para nuestra recreación y realización personal: leyéndola, consultándola o simplemente ojeándola para terminar coleccionándola. A todos nos palpita en el corazón tu sufrimiento y nos bulle en la cabeza tu situación. A mi abrazo para ti agrego por mi cuenta el de quienes estas líneas lean o de ellas reciban los ecos. Para quienes tanto nos apoyaste y nos diste a conocer, serás siempre ‘nuestro director’ en Trofeo Caza y Conservación, la aventura que se integra en nuestras vidas como tú participas desde abril último en la historia ilustrada de sus evocaciones, recuerdos y enseñanzas. ¡Ánimo, maestro! Te pido, te exijo voluntad de torero para las secuelas de esa imponente cornada que te dio el serio toro de la existencia cuando iba a por ti pero no pudo contigo.
Eduardo Coca Vita