Última actualización 01/01/2007@00:00:00 GMT+1
Al cierre de estas líneas, mediados de diciembre, las migratorias seguían brillando por su ausencia. Son las grandes ausentes en esta temporada de agua y temperaturas primaverales.
Pero vayamos por partes. En cuanto al zorzal, los últimos días de octubre y primeros de noviembre hubo una entrada espectacular, pero curiosamente el pájaro no se asentó en ningún lado y todavía la gente se pregunta dónde están todos esos zorzales que, más de noche que de día, llenaron de “chips” nuestro firmamento. Pero ahí quedó todo. También es verdad que hasta la primera semana de diciembre no ha empezado a hacer frío, que es lo que obliga a los más perezosos a visitarnos al helarse los suelos y no poder comer. Tampoco se han visto alirrojos. Yo creo que este año, no sé por qué razón, quizá por el exceso de frentes atlánticos, mucho zorzal común ha pasado al norte de África, que si no lo saben reúne un hábitat inmejorable y, lo más importante, nadie los tira. Puede ser una explicación a esos pájaros que pasaron y no están. Esta sospecha me la han confirmado unos amigos que estuvieron de jabalíes por Marruecos.
En cuanto a la becada, asistimos sin duda a uno de los peores años, como me ha confirmado el presidente del Club de Cazadores de Becadas. Han entrado pocas y son “viejas”, lo que quiere decir que han criado mal. Pero es que tampoco las hay en Francia. Sin embargo, curiosamente, se ven más que otros años en la mitad sur de la Península.
La paloma, que ha pasado en abundancia como todos los años, está en el sur de Portugal. Tiene bellota de alcornoque en abundancia, y como los portugueses la saben cuidar, no tiene necesidad de cruzar una frontera donde se le recibe a tiros.
Los patos migratorios tampoco han entrado aún, y como hay tanta agua por todos lados, los pocos que han llegado ni se ven.
Pero al margen de que este año las condiciones climáticas no sean las mejores para que las migratorias nos visiten y el cambio climático sea una realidad, gran culpa de la escasez la tenemos los cazadores. Seguimos sin saber cazar las migratorias. Seguimos con el dicho “ave de paso... escopetazo” y, como somos tantos y rebuscamos cualquier rincón querencioso, hace años que las migratorias no encuentran en España el “destino turístico” que desean.
Me cuenta un organizador extremeño que los primeros bandos de palomas que llegaron a Extremadura fueron recibidos en zonas de paso con salvas de doble cero, la mejor invitación para que se vayan a Portugal y no salgan hasta que tengan que volver a Europa.
Urge, como en Portugal o en Las Landas francesas, el establecimiento de grandes dormideros, declarados como tales, en los que no se pueda pegar un tiro ni molestar a las palomas. ¿Pero interesa esto cuando la montanera es un bien tan escaso y rentable?
Luego están los agravios comparativos. Mientras, por ejemplo, en Castilla-La Mancha se puede cazar el zorzal durante todos los días de la semana desde el 8 de octubre y sin cupo, en Andalucía sólo los jueves, sábados y domingos desde el 5 de noviembre y con un cupo de 25 zorzales.
Las migratorias deben gestionarse en conjunto, sin agravios, dejándoles grandes extensiones en las que pase el invierno con tranquilidad y desde luego cazándolas lo justo. ¿Qué está pasando en la actualidad, al margen de que lleguen en mayor o menor abundancia? Que sólo se divierte quien sabe –o puede, claro está– cazarlas con cabeza.