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Leyes históricas de caza

Los jurisconsultos romanos

Alonso Sánchez Gascón Abogado

A ojo de buen cubero, retrocedamos unos 2.000 años. Los romanos, que dominaban el mundo civilizado eran gente que cuidaba mucho la propiedad privada, desde el esclavo a las gallinas, pasando por la cosecha de aceite y por la caza. Por tanto, todas sus normas se encaminaban a la defensa de este fundamental derecho. Pocas leyes, muchas consultas a los abogados (jurisconsultos) de entonces y mucho sentido común.
Estos romanos fueron los que sentaron los principios por los que se rige nuestro actual (y desfasado) derecho caza.

1.- Sobre la propiedad.
  • Las piezas de caza no tienen dueño, por tanto, son del primero que las mata o captura.
  • Las piezas de caza no tienen dueño aunque se encuentren en grandes fincas cercadas, pues están en natural libertad.
  • Como no tienen dueño, el cazador puede entrar en una finca ajena a cazar, si bien el propietario de la finca, si lo ve, puede impedirle la entrada.
  • Las piezas de caza son propiedad de quien las posee, pero si huyen dejan de ser de su propiedad y ya puede cazarlas cualquiera. Se entiende que cobran la libertad cuando se pierden de vista o cuando sea difícil su persecución.
  • Sobre la propiedad de las piezas heridas existía controversia:
  • Para unos era ya propiedad del cazador desde el momento en que la hería de gravedad.
  • Para otros la propiedad era del cazador mientras la iba persiguiendo, pero si, aun herida, dejaba de perseguirla, ya era de cualquier otro que la capturase.
  • Sobre la propiedad de animales salvajes domesticados:
  • Son propiedad de quien los tiene bajo su dominio, siempre que mantengan la costumbre de volver con su dueño. Si huyen y no vuelven, ya carecen de dueño y son del primero que los mata o captura.

2.- Sobre los daños causados por la caza.
  • Si un oso huyó de su dueño y causó daños, no puede reclamarse al que fue su dueño, porque dejó de ser su dueño desde que el oso escapó.
  • Estaba prohibido tener perros, verracos, jabalíes, osos y leones en lugares próximos a los caminos. Por eso, si estos animales causaban algún daño a algún transeúnte el dueño debía pagar doscientos sueldos o lo que al juez le pareciere equitativo.

3.- Sobre fincas de caza.
  • La caza, decían los juristas, no es fruto de la finca, a no ser que el fruto de la finca sea precisamente la caza. En muchos de nuestros actuales cotos la caza es, precisamente, el único fruto de la finca (que ha sido acotada a esos únicos efectos).
  • Si los hubiera, pertenecen a la finca, como aperos propios, los cazadores y ojeadores (se entiende que esclavos), los perros y todas las demás cosas que son necesarias para la caza.
  • Si alguno hubiere comprado una finca cercada (de gran superficie), parecería que él poseía todos los animales silvestres que se hallaban en su interior, lo que es falso. Es decir, incluso en fincas cercadas, las piezas de caza no tenían dueño.

4.- Y, finalmente, el caso del jabalí que cayó en un lazo. Lo cuenta Próculo (…….) en sus Epístolas:
“Un jabalí cayó en el lazo que habías puesto para cazar; estando sujeto en el lazo, lo desligué y me lo llevé. ¿Se considera acaso que te quité tu jabalí? ¿Y si consideras que era tuyo, si yo lo hubiese dejado huir suelto a la selva, habría dejado en este caso de ser tuyo, o permanecería siendo tuyo?”.

Respuesta del jurisconsulto: “Veamos si hay diferencia entre que yo haya puesto el lazo en sitio público o en privado; y si lo puse en lugar privado, si lo puse en el que era mío, o lo puse en lugar privado, pero de otro; y si lo puse en el lugar de otro, si lo hice con su permiso o sin su permiso. Además de esto, si el jabalí estaba sujeto por el lazo de tal modo que él mismo no se podía desligar, o si luchando largo tiempo habría podido escapar del lazo. Opino –dice Próculo- que el resultado final es éste: Si el jabalí llegó a mi poder se hizo mío, pero si, siendo mío, lo hubieses dejado en libertad, por este hecho hubiese dejado de ser mío…
5.- Conclusión.

Nada nuevo, como puede apreciarse, si bien hoy frente a la historia y al Derecho romano cabe afirmar:
  • Las circunstancias han cambiado tanto que las piezas de caza deberían ser propiedad del titular del terreno en el que en cada momento se hallen. Y eso en contra de lo que dispone el Código Civil y todas las leyes de caza.
  • Deben tomar buena nota los políticos y las Administraciones públicas: La caza no es fruto de la finca, salvo que la caza sea el fruto de la finca. ¿Acaso en los cotos de caza dedicados exclusivamente a la caza, la caza no es, precisamente, el único fruto de la finca?

(Continuará…).

(Publicado en Trofeo Caza 510, noviembre 2012)
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