Caza menor
El extremeño Manuel González impide que Fernández Sierra
iguale a Tragacete
Última actualización 01/02/2007@00:00:00 GMT+1
Manuel González González ganó el XXXVIII Campeonato de España de Caza Menor con Perro después de abatir ocho perdices. De esta manera se convirtió en el tercer extremeño que se proclama campeón de España de esta modalidad, y truncó las esperanzas de Francisco Fernández Sierra, que acabó tercero, de igualar las cinco victorias consecutivas del mítico Ismael Tragacete. Rubén Fernández fue segundo.
Emoción. Esa es la palabra con la que se podría resumir el trigésimo octavo Campeonato de España de Caza Menor con Perro. Emoción antes, durante y después de la gran prueba. Y es que a pesar de que esta final fuese igual que las otras treinta y siete anteriores, tenía algo especial que nadie pasaba por alto. Francisco Fernández Sierra, tetracampeón de España, partía como favorito y era observado de reojo por todos sus rivales, conscientes de que podían asistir a uno de los momentos históricos del campeonato si el manchego revalidaba su triunfo. De haber sido así, Sierra habría igualado las cinco victorias consecutivas de Ismael Tragacete, el Michael Schumacher de la caza española.
Los términos leridanos de Talarn y Tremp habían sido los elegidos por la Federación para que las mejores escopetas de España se batieran el cobre en un terreno escarpado, con interminables barrancos repletos de piornos y con valles labrados, pequeños olivares y alguna viña. Rubén Fernández, otro de los grandes, también se perfilaba como uno de los favoritos y asistía a la competición arropado por sus seres más queridos. Tanto es así que la noche anterior, durante el sorteo de jueces, su hija pequeña, que no se separó de él ni un minuto, le preguntó con inocente curiosidad: “Papá, ¿quién ha ganado?”. Pero para dar respuesta a esa pregunta habría que esperar al día siguiente.
La salida
A primera hora de la mañana del 18 de noviembre, competidores y acompañantes se dieron cita en el control, situado en un cerro desde el que se podía observar gran parte del cazadero. Las miradas se cruzaban y las risas nerviosas se mezclaban con un ligero temblor animado también por el frío. Los cazadores, escasamente abrigados, aferraban a sus perros y recibían los últimos ánimos mientras esperaban que Andrés Gutiérrez, presidente de la Real Federación Española de Caza, diese el escopetazo de salida. Y lo dio. En ese momento, los dieciséis participantes con sus dieciséis jueces y sus dieciséis perros se lanzaron barranco abajo como alma que lleva el diablo en busca de las perdices, los conejos, las liebres, las becadas y los zorros. Sólo podrían abatir esas especies porque según la Federación eran las únicas puntuables. Como novedad, además de limitar las especies a abatir, la organización también canceló la bonificación por doblete al no ponerse de acuerdo en “la definición de doblete”.
Los primeros lances
Cinco minutos después de empezar la prueba, el primer bando de perdices alzó el vuelo y con él el primer traqueteo de escopetas de la mañana. Los espectadores observaban cómo la mayoría de los competidores se desperdigaban por un cazadero grande y duro como pocos. A pesar del amplio campo de visión que ofrecía el control, poco a poco la mayoría de los cazadores fueron desapareciendo entre la escarpada orografía del prepirineo leridano. Los disparos se sucedían de manera aislada pero continua, lo que hacía indicar que se estaban cobrando pájaros. En la lejanía, se podía observar cómo muchos de los participantes avanzaban a duras penas por un auténtico terreno “rompepiernas” mientras que otros optaban por la suavidad del valle. A pesar de lo accidentado del terreno, no hubo que lamentar lesiones.
Desde el control, organizadores y espectadores templaban los nervios con un buen taco y un vaso de vino mientras aguardaban a que los jueces fuesen notificando la captura de piezas. Tardaron en llegar. La primera pizarra con datos se mostró a las 10.30 horas y fue asombrosa. Rubén Fernández se desmarcaba del resto de competidores con cinco perdices. Le seguían con tres Fernández Sierra y José Luis Martínez (Comunidad Valenciana) y con dos el representante catalán, que también era uno de los favoritos por la “ventaja” que supone jugar en casa. Este primer panel reafirmaba las expectativas y colocaba a los dos favoritos a la cabeza de la clasificación.
El regreso
La Federación había establecido las 15 horas como hora de apertura del control, para que los cazadores pudieran regresar con la caza abatida. La incertidumbre era absoluta, ya que la pizarra mostrada a las 14 horas unos resultados bastante igualados con Rubén Fernández (La Rioja), Eugenio Sanfeliu (Cataluña) y Manuel González (Extremadura) empatados a seis perdices. En segunda posición, y con cinco pájaros, se encontraban Francisco Fernández Sierra (C. La Mancha), Alejandro Herranz (Castilla y León), Joaquín Gómez (Navarra), David Gimeno (Comunidad Valenciana), Julio Zori (C. La Mancha) y José M. Sánchez (Andalucía). Con estos resultados, y a sabiendas de que había más piezas abatidas que no habían podido ser comunicadas por la emisora, el regreso al control se convirtió para los espectadores en un auténtico espectáculo de nervios, esperanzas y temores. Cinco minutos antes de que se abriera el control, varios cazadores iniciaron una alocada carrera por entrar los primeros en él. Tanto es así que tuvieron que esperar a que el reloj marcara las tres para poder cruzar la puerta de entrada. El primero en hacerlo fue el castellanoleonés Roberto López Zamorano, con una patirroja. En segundo lugar entraba Rubén Fernández, que arrancó los aplausos del público al presentar sobre la mesa siete perdices. En tercera posición llegó el andaluz Manuel Jesús Mora, con una perdiz, y seguidamente (a las 15.01 horas) entraba Francisco Fernández Sierra, que vio cómo sus esperanzas de victoria se desvanecían al sacar siete pájaros. De esta forma, Rubén Fernández se sentaba a esperar la llegada de los demás cazadores como campeón provisional. Y lo fue durante veinte interminables minutos. A las 15.21 horas llegaba corriendo, sudoroso y cansado por el tremendo esfuerzo físico Manuel González González, el representante de Extremadura. Lo hizo entre los vítores y los aplausos de los suyos, a los que con el aliento entrecortado pudo decirles: “¡Ocho!”, mientras cruzaba la línea de llegada. Y ocho perdices fueron las culpables de que el campeonato viaje a Extremadura el año que viene. Nadie pudo alterar el podio provisional, ni si quiera Eugeni Sanfeliu, que llegó el último a falta de nueve minutos con seis pájaros.
La sombra de las perdices de granja
La polémica también estuvo presente en la final del campeonato cuando los cazadores regresaron después de perseguir durante toda la mañana a las “bravas perdices”. Y lo fue porque, como muchos manifestaron, no eran ni bravas, ni perdices. Según afirmó la Federación, el cazadero había sido gestionado desde febrero, cuando se repobló con perdiz. A lo largo de todo el verano, un empleado se encargó de repartir trigo por los caminos para que las hormigas acudiesen a recogerlo y de esta manera facilitar el alimento a los pollos.
De la misma manera, se les proporcionó agua y se realizó un control de alimañas para conseguir que la gran final dispusiera de perdiz autóctona suficiente. Pero la opinión de los cazadores fue bastante distinta. Abundancia hubo, pero no de perdiz nacida allí. Según manifestó el propio campeón, Manuel González, “cuando yo vine a ver el cazadero, en dos días sólo pude ver dos perdices, y a doce kilómetros”. El día de la final se abatieron 75. El propio Francisco Sierra manifestó al término de la prueba: “No he visto perdiz, y la poca que he visto tenía un comportamiento muy raro porque las volabas, se escondían y no había manera de sacarla. La perra tenía que meter la cabeza donde estaban para que salieran a volar”.
Rubén Fernández era más prudente en sus declaraciones y al ser preguntado por las perdices respondió: “Bueno... no son tan bravas como las de mi pueblo”. Además, el que también fuera campeón de España, Javier Fernández Marín (La Rioja), llevó al control una perdiz que había sido cazada por su perra Bella. Todo esto provocó el malestar de los participantes.
El enfado del campeón
Por otro lado, el campeón también manifestó su enfado con el presidente de la Federación Extremeña de Caza, Rafael Domínguez Jiménez, cuando éste le llamó para felicitarle a los pocos minutos de conocer su victoria. El campeón le recriminó la ausencia de apoyo recibida al decirle por teléfono: “Ni me llames ni me hables. No tenéis vergüenza ninguna. Me habéis dejado tirado. Yo sólo quería que hubiese venido alguien de la Federación que me representara. Era lo único que pedía, y no lo habéis hecho. Lo que pasa es que vosotros nunca habéis confiado en mí. Nunca me habéis ayudado en nada y ahora que gano os acordáis de mí. Soy pobre y no tengo un duro y he venido aquí, perdiendo días de trabajar, y vosotros, que lo tenéis todo pagado, no sois capaces de venir a representarme”. A pesar de este enfado, Manuel González celebró por todo lo alto su triunfo mientras sacaba su orgullo extremeño a relucir vitoreando a su tierra.
Una liebre de cinco kilos
Pocos cazadores de nuestro país pueden presumir de haber abatido una rabona de cinco kilogramos. El que sí puede hacerlo es Vicente Silvestre Ramos, uno de los representantes de la Comunidad Valenciana, que el día de la final llegó al control no sólo con una, si no con dos liebres pirenaicas. Esta especie sólo habita en los Pirineos, País Vasco y alguna zona de Navarra, por lo que es una gran desconocida para la mayoría de los cazadores españoles. Es la más grande de nuestro país, por lo que el pobre Vicente tuvo que sufrir lo suyo con dos de estos ejemplares a la espalda. Unos diez kilogramos en el chaleco con los que cargar por el accidentado cazadero de Talarn y Tremp. Julio Zori Pantoja (Castilla-La Mancha) también consiguió revolcar una, lo que le valió el cuarto puesto.