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Monterías

La seguridad: un derecho... y una obligación

Última actualización 01/02/2007@00:00:00 GMT+1
Llegó enero y con él un nuevo año cargado de buenos deseos e ilusionantes proyectos.

En la sierra, hablar de enero es hablar de jabalíes. Los fríos del invierno hacen de las solanas el encame perfecto para el rey de la sierra, y organizadores y monteros ponen su punto de mira en la especie más deseada de la caza mayor española.

Llegó enero y con él las monterías cochineras.

Comienza el pulso entre la astucia y el magisterio del viejo catedrático y la intuición y la extrema vigilancia del paciente montero en una lucha de titanes.

Llegó enero… Templen los pulsos y extremen la atención porque llegó la hora del jabalí.
En toda actividad cinegética en la que utilicemos armas de fuego, la prioridad absoluta debe ser el garantizar la seguridad de todos los que participan en la batida.

La montería ha despertado en los últimos años gran expectación entre los cazadores, especialmente entre aquellos aficionados que practican la caza menor y que han visto cómo las poblaciones jabalineras crecían en los montes de forma directamente proporcional a la disminución de especies de caza menor, como el conejo o la perdiz autóctona.

Y como es normal, hemos sido muchos los que decidimos en su día cambiar la paralela por el rifle y lanzarnos a la aventura de perseguir piezas de mayor envergadura mediante esperas, aguardos, recechos y cómo no, a través de la práctica de la modalidad reina de la caza mayor en nuestra Península: la inigualable montería española.

Miles de nuevos monteros irrumpimos en el mundo de la montería con la ilusión de conseguir las preciadas navajas del astuto jabalí, las majestuosas cuernas del elegante venado o los singulares trofeos del gamo y muflón, sin tener el conocimiento suficiente sobre los principios, modos y costumbres que desde siglos atrás definen a esta modalidad de caza .

A este desembarco de cazadores procedentes de la menor, con experiencia en la caza pero con unos hábitos, costumbres y modos de cazar que nada tienen que ver con la montería, se les unió otros dos grupos de “principiantes” de escasa o nula experiencia en la caza: aquéllos que arrastrados por la “moda” encontraron en la montería un motivo más de expansión, divertimento o reconocimiento social, y el grupo de jóvenes que año a año se suman al gremio de devotos de San Huberto buscando dar cuerpo y forma a esos sueños cinegéticos que desde la infancia han merodeado por sus mentes, quién sabe si a través de apasionadas historias oídas a sus mayores, quién sabe si por la lectura de los extraordinarios relatos monteros de nuestros clásicos venatorios.

De una forma u otra, nadie pone en duda la predisposición por hacer las cosas bien de todos ellos y la ilusión y el entusiasmo con el que debutan en el apasionante mundo de la montería..., pero no las tengo todas conmigo a la hora de enjuiciar si han cogido o no los referentes éticos adecuados para la puesta en práctica de este noble arte, y lo que es más grave, si desde los medios de comunicación, instituciones o monteros veteranos, que debieran de abanderar la defensa de las tradiciones, se ha sabido inculcar estos valores éticos y esos principios que garantizan la autenticidad y la supervivencia de una modalidad azotada por el mercantilismo y la obsesión por el trofeo.

La seguridad, lo primero
En otros “Rescoldos” ya he hablado de “incertidumbre” en el resultado, de respeto, de ética, de tradición, de lances..., principios y fundamentos en los que se basa nuestra montería. Pero no hay que olvidar que el primero de los principios que todos debemos cumplir en la sierra mientras monteamos es el de la seguridad.
¿Quién no ha escuchado alguna vez sobre su cabeza el frío silbido de una bala? ¿Quién no ha sufrido en su armada la acongojante compañía de un puesto doblado o incluso “triplicado” que termina desdoblándose o “destriplicándose” hasta llegar a tener al vecino echándote el aliento en el cogote? ¿Quién no ha visto a un montero disparar a una res y acto seguido meterse en el monte tras ella como si la vida le fuese en ello? ¿ Quién no ha visto desde su puesto al montero de turno pisteando la res por medio de la mancha en mitad de la batida? ¿Quién no ha visto al "especialista en armamento" desenfundar el rifle durante el desayuno y realizar toda clase de encares y manipulaciones ante el respetable? ¿Cuántos no hay que van camino de la armada con el rifle desenfundado y cargado... por si sale quizás un bicho? ¿Cuántos hay que tiran al viso con total tranquilidad o tiran al tarameo sin asegurase de quién o qué es lo que provoca el movimiento de monte? ¿Quién no ha visto desde su puesto cómo un montero se “mejoraba” y le cortaba las reses al compañero, exponiendo gravemente su vida y la del resto de compañeros por la avaricia de matar una res? ¿Cuántos hay que disparan sin pensárselo dos veces en un agarre?
Son demasiadas las negligencias y libertades que se toman algunos irresponsables en las monterías y que ponen en peligro la vida de cuantos participamos en la batida.

No quiero ser aguafiestas y mucho menos alarmista, aunque en este caso no me importaría lo más mínimo dramatizar la situación sin con ello consigo concienciar a quien por norma incumple las medidas de seguridad que jornada a jornada se le repiten durante el sorteo.

Todas imprudencias
Desgraciadamente ya son varios los casos de muertes que conozco en los años que llevo practicando la caza, y en todos ellos hay un denominador común: la imprudencia y el incumplimiento de las normas por parte del montero.

Sólo intento que todos hagamos un examen de conciencia y meditemos si no nos hemos visto alguna vez protagonizando algunas de las situaciones anteriormente expuestas... y sobre todo busco con este artículo el que hagamos de la seguridad una obsesión para que estas actuaciones se descasten de nuestros montes.

No debemos olvidar que en el monte hay decenas de personas que van batiendo la mancha, que hay cientos de perros cazando y que estamos rodeados de muchos compañeros que han acudido a la montería con la única y sana intención de pasar una jornada en la sierra sin que nadie le amargue el día.

La seguridad empieza por uno mismo. Si todos actuamos en conciencia y de forma responsable cumplimos las normas que el organizador nos recuerda durante el sorteo, la inseguridad dejaría de ser un problema y los accidentes en el monte desaparecerían de forma radical.

Ningún trofeo ni ninguna pieza, por muy espectacular o buena que sea, merece la pena si para abatirla ponemos en peligro nuestra vida o
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