Féliz Rodríguez de la Fuente
Última actualización 01/01/2006@00:00:00 GMT+1
A punto de terminar el año en el que se ha conmemorado el 25 aniversario de la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente, que rescató la cetrería del olvido y divulgó como nadie nuestra naturaleza, TROFEO también quiere rendir un merecido homenaje a este cazador cetrero que tan bien supo despertar entre los españoles una necesaria conciencia conservacionista.
Al escuchar el nombre de Félix Rodríguez de la Fuente es habitual que aflore en la mente la imagen del gran naturalista y divulgador que fue. Sin embargo rara vez reparamos en la determinante influencia que tuvo en su trayectoria su alma de cazador. Él mismo, en la obra que consideraba como “más querida” –El arte de la cetrería–, así se reconocía con las siguientes palabras:
“La cetrería no solamente es un diferenciado sistema de caza sino el arte que ha llevado al hombre a la más libre alianza con el animal. Por ello, hermano halconero, cuando una vez más, ave al puño, al amanecer, salgas a la caza de esa pieza que siempre parece la primera y, en verdad, puede ser la última, piensa que en tu emoción palpitan y perviven cien mil años de poderosos cazadores”.
Por otra parte, en este mismo texto y al igual que cualquier aficionado actual mínimamente conservacionista, como cazador rechazaba dar muerte a un animal mediante procedimientos ventajosos y poco deportivos.
Al igual que Ortega y Gasset, Félix quedó prendado de la magia de la caza con aves de presa. Nuestro gran filósofo y pensador en este campo se quedó en las palabras. Rodríguez de la Fuente emprendió la cruzada de recuperar este ancestral arte cinegético. Dejó escrito nuestro filósofo en 1942:
“...bien miradas sean acaso las aves de rapiña las figuras más imponentes de toda la biología. La cabeza del águila, chata y tan bien peinada, que es sólo base de palanca para el pico inexorable, ha sido siempre emblema de imperio. El ojo todo pupila del halcón es, por excelencia, el ojo venatorio, el ojo alerta. El pájaro de presa (azor, neblí o gerifalte) es, como suele ser el auténtico aristócrata, sombrío, duro y cazador.
Pero antes de que el hombre cazase con el ave de carne y hueso había ya inventado el pájaro mecánico. No es inverosímil, e iría muy bien con el régimen intelectual del hombre primerizo, que la flecha representase una metáfora materializada. Al ver el cazador al animal galopar inasequible pensó que un pájaro podría alcanzarlo con su ala ligera.
Como él no es pájaro ni tiene uno a mano (es sorprendente lo poco que el hombre más primitivo se ocupó de las aves), puso en una vara pico a una punta, y plumas a la otra; es decir, creó el volátil artificial, la flecha que vuela rauda por el espacio hacia el flanco del gran cérvido en fuga”.
La iniciación de Félix en la caza
Desde su más temprana infancia Félix estuvo familiarizado con la caza. Sin ir más lejos su primer maestro de ornitología, un zapatero de un pueblo burgalés, le adentró en la caza de la perdiz con reclamo y la captura de pajarillos con ballesta desde los ocho años.
Ya con esta edad vivió por su cuenta una experiencia que cambió su existencia: el encuentro con un halcón peregrino cazando un pato en el páramo. Este hecho podría haber supuesto un recuerdo de infancia sin más en la vida de un hombre cualquiera. Pero en Félix caló tan hondo que sacó la curiosidad y tenacidad suficiente para despertar el arte de la cetrería en España.
Como pequeño homenaje a esta escena que tantos otros cetreros hemos vivido con iguales o parecidos protagonistas, y que en suma sintetiza el origen mismo de la cetrería, transcribimos un párrafo del propio Félix en una de las múltiples entrevistas que le hicieron (Pérez, 1977):
“... Conté en mi casa lo que había visto y me enteré que era un halcón. Busqué en el diccionario su concepto y supe que en la Edad Media había sido domesticado por el hombre para cazar. Pensé que algún día conseguiría adiestrar a ese ser rápido y hermoso”.
Con el correr de los años Félix fue haciendo realidad su sueño de cazar con un ave de presa. En primavera de 1952, mientras hacía sus milicias universitarias en Monte La Reina, comienza su andadura cetrera criando dos cernícalos que llegan a volarle al puño. En marzo de 1953, junto a José Antonio Valverde –entonces director del Parque de Doñana– trampea su primer halcón: una zahareña de peregrino brookei que hacía su nido en el Castillo de Fuensaldaña (Valladolid):
“... Llegamos en tropel a lo alto... y nos paramos asombrados, porque allí mismo, casi a nuestros pies, se arrancó un halconazo que se alejó batiendo alas, sin un grito. ¡Una hembra con nido seguro! Y, efectivamente, entre el cascote, y cerca del borde demolido de almenas, encontramos la más bonita puesta que entró en mi colección de huevos...”.
Tras varios intentos fallidos, y larga espera para capturarla, continúa el relato:
“... Desalentados volvimos al hueco a la espera. Esta vez yo me puse abajo, sosteniendo el cordel, y Félix, que era campeón universitario de 400 metros, corrió hacia el pájaro cuando tiré del hilo. Un minuto después, Felisón tenía su halcón y yo mi puesta”. (Valverde, 1984).
Félix no sabía por dónde empezar. Había leído mucho, pero le faltaba el complemento práctico de boca de otros cetreros. De hecho, en el primer vuelo libre de “sacre” –Huerta del Rey, 17 de abril de 1953–, lo perdió.
Como muestra de la precaria situación en que se encontraba la cetrería en España, y su entusiasmo por adentrarse en este arte cinegético, sirva esta carta que escribía a principios de 1954 a la redacción de la decana revista Caza y Pesca:
“... Soy un entusiasta de la cetrería, a lo que ha contribuido en parte algunos artículos leídos en Caza y Pesca; entre otros, que recuerde ahora, los publicados en los números 105 y 106 (*), firmados por D. Carlos Allones. En la actualidad, y después de grandes dificultades, he conseguido capturar y adiestrar un halcón peregrino (Falco peregrinus) adulto, es decir zahareño, y un águila enana (Hieraëtus pennatus). Y ya en vísperas de sacarlos al campo, desearía conocer la autorizada opinión de ustedes en cuanto a la posibilidad legal de cazar con las aludidas rapaces, ya que en la vigente legislación no he encontrado precepto alguno sobre el particular. Si bien no ignoro que en otras naciones, donde tan noble arte está adquiriendo de nuevo auge y prestigio, los halconeros no solamente pueden utilizar dichas aves, sino que además gozan de cuantas facilidades precisan, como claramente se desprende de las publicaciones a que dio lugar el Congreso celebrado el pasado año en Werden (Prusia).
Ignoro si en nuestra nación practica alguien este arte de la cetrería, aunque creo que no; sin embargo, si ustedes saben de alguno les agradecería me indicasen su dirección para comunicarme con él, como hago con otros del extranjero, principalmente de Francia: señores Abel Boyer, secretario de la Asociación Nacional de Halconeros de Francia y autor de un magnífico tratado que poseo, regalo particular de Jean Demoulin, cuyo magnífico azor alcanzó un premio en Werden. Sería de desear que este tan noble deporte alcanzase en nuestra patria el rango que actualmente disfruta en los países aludidos...”.
(*) Estos artículos, “Todavía queda un halconero” y “Pequeña historia de dos águilas”, versan sobre las experiencias del cetrero inglés Capitán C.W.K. Knight.
El primer club de cetrería
En 1955 consiguió hacer su primer halcón, Doncella II, y su primer azor, Tundra, con la ayuda de Pascualillo, su fiel colaborador de Briviesca. Jaime de Foxá apoya a Félix en su cruzada, y le convence de que presente tres azores –Tundra, Doncella y Sira– en la Feria Internacional del Campo celebrada en Madrid. Con la participación del Dr. Vital Aza, endocrinólogo leonés, afincado en Madrid, profesor adjunto del Dr. Marañón, el primer club de cetrería comenzó su andadura que encuentra residencia para los pájaros en la Casa de Campo (Sierra, 1958). Como condición para pertenecer al club se estableció “poseer al menos un ave de rapiña”.
Aquel mismo año, Valverde, que organizaba un cursillo sobre ornitología en Aranzadi, propuso a Félix realizar una exhibición de vuelo con sus pájaros para complementar la teoría de las clases con escenas rara vez vistas por los ornitólogos. El lugar escogido fue el hipódromo de Lasarte (San Sebastián). Así se llevó a cabo –diciembre de 1955– la primera exhibición de cetrería del s. XX. Félix ofreció a los asistentes tres capturas de escape de conejo con Tundra y una cuchillada a un escape de paloma con Doncella II, que por cierto hubo de ser recuperada días después por asustarse y perderse tras la ovación del público.
Recuperando la cetrería española
En 1954 comienza su prolífica aportación como autor de textos de cetrería. A sus artículos publicados en la revista Caza y Pesca, se une en 1956 el publicado en la revista Montes, donde cuenta cómo con las siete aves de su equipo han cazado a lo largo de la temporada más de quinientas presas. Su neblí Doncella, del Centro de Cetrería de Burgos del Servicio Nacional de Pesca Fluvial y Caza, ha cobrado su ánade número 45 y su azor Tundra fue capaz de capturar 16 presas en una sola jornada. Sin embargo, el mayor logro fue que “el Centro de Cetrería cuenta ya con más de doscientos alumnos en toda España”.
En uno de sus artículos, Rodríguez de la Fuente relata los progresos de Manuel Navarro Brufal y Gonzalo Cervera en Aspe (Alicante); José María Blanc Bertrand en Barcelona; Miguel Onorato Jordán en Estepa (Sevilla), y Antonio Martínez en Larache (Marruecos).
Vital Aza y Félix Rodríguez de la Fuente organizan en junio de 1959 el I Curso Nacional de Cetrería (Dalda 1959; Julián 1959). Tuvo lugar en los salones del Jockey Club, junto al hipódromo de Madrid, estando el campo de vuelo en Leganés. Su inscripción, a título anecdótico, era de mil pesetas. En junio del año siguiente tuvo una segunda edición (Alfaro, 1960).
Otro hito en la cetrería española
En 1964 el Servicio Nacional de Pesca Fluvial y Caza publica el Boletín Técnico “Cetrería y aves de presa”. Esta obra marca un hito en la cetrería española, por diversas razones. Se presenta por primera vez en varios siglos el diario de caza de diversas aves cetreras, prueba evidente del renacimiento del arte. Se exponen, además, las características y objetivos de la recién construida Estación de Cetrería en la madrileña Casa de Campo. Esta estación fue creada con el objetivo primordial de “Evitar que el noble e histórico arte de cetrería desaparezca en España”.
Este mismo año, con la colaboración en su organización de Maximiliano Elegido, Jefe del Servicio Nacional de Caza, se celebran en la Alcarria las Jornadas Internacionales de Cetrería donde participan halcones de diecisiete países. Con su prima de peregrino Durandal gana el certamen –Medina, 1964– y lo que es más importante, va ganando popularidad. Aparece en portada de ABC y posteriormente, invitado por Jaime de Foxá –Jefe del Servicio Nacional de Pesca Fluvial y Caza–, comparece por primera vez en televisión. Su explicación sobre los pormenores de la cetrería, con este halcón al puño, caló hondo en los espectadores que pidieron masivamente su reaparición. Por primera vez un entrevistado pasaba a profesional del medio televisivo por solicitud del propio público.
Cazando en aeropuertos
Durante 1967 diferentes grupos de sisones habían colisionado en al menos 8 ocasiones con aviones de la base americana de Torrejón (Madrid). Los daños materiales –afortunadamente no humanos– ascendían a 100 millones de pesetas de entonces. El empleo de halcones en aeropuertos para ahuyentar bandos de aves, principalmente gaviotas, se conocía en otros países desde hacía dos décadas.
El teniente coronel A. Graham, director de la United Peregrine Society Inc. asesoró a los responsables de las fuerzas armadas estadounidenses para que fuera Félix el responsable de la iniciativa en España. Comienza a fraguarse la “Operación Baharí”, para la que Rodríguez de la Fuente necesita a alguien con verdadera experiencia con halcones para que, en sus propias palabras, “pudiera sobrellevar el peso de la operación” (1969).
Pidiendo referencias a su colega italiano el Dr. Ernesto Coppaloni, éste le recomienda al joven halconero romano Fulco Tosti di Valminuta, a quien Félix ya conocía por haber participado brillantemente en las jornadas internacionales de 1964.
En agosto de 1968 la “Operación Baharí” se pone en marcha. El maestro halconero Tosti y el sargento Collum, aportan con su experiencia y trabajo las bases para el éxito de la operación. A finales de 1969 se incorpora Mauricio López Roberts y finalmente Ernesto Junco (marzo 1970). El éxito fue total puesto que no volvió a producirse colisión alguna entre aviones y aves.
En 1970 se amplía esta operación, por encargo de la Subsecretaría de Aviación Civil, al aeropuerto de Madrid-Barajas, creándose la "Operación Baharí II”. Entran en escena el 15 de mayo Aurelio Pérez, Bernardo Gómez Cilleruelo y Jesús Brizuela. En agosto un Félix satisfecho con su equipo homenajea a sus halconeros en una comida en "la casiña del puente de los franceses", de Madrid. Durante apenas dos meses Baharí II cuenta con la magistral participación del halconero Sean Reaves, presidente del Irish Falconer Club, quien aporta su dilatada experiencia al ya ilustrado equipo.
Posteriormente (1972) se incorpora Jesús Rero Alvaro en el equipo de Barajas y al año siguiente Fernando López Herencia. Cuando se extiende el proyecto a un tercer aeropuerto en Morón de la frontera (Sevilla) en enero de 1972, Bernardo Gómez Cilleruelo emprende la labor yéndose allí. Posteriormente le releva Jesús Brizuela. En 1974 se cierra la halconera de Torrejón, acometiéndose ambos proyectos desde la halconera de Barajas (Ceballos, 2002).
La Operación Baharí sigue en pie. Dª Marcelle Parmentier ha sabido mantener el proyecto que inició su marido ampliándolo con un programa de reproducción en cautividad comenzado dos años antes de que faltara Félix. En una entrevista realizada en 1983, refiriéndose a su dedicación a la cetrería, respondía con estas palabras: “A veces me pregunto por qué me he metido en este lío. Pero cuando obtienes resultados, te sientes satisfecha. Y más, si lo haces, como yo, en memoria de Félix."
Años después, el colectivo cetrero español puede confirmar que la Sra. Parmentier mantiene vivo el proyecto cetrero emprendido por su marido en los aeropuertos, coordinando un estupendo equipo de halconeros (Ceballos, 2003).
Resulta interesante constatar que actualmente la gran mayoría de los aeropuertos de España mantienen equipos de halconeros para garantizar la seguridad de su tráfico aéreo.
Programas televisivos
En 1963 ya había participado en un cortometraje sobre cetrería titulado “Señores del espacio”. Dos años después colaboró con Paul Rickenback en “Alas y garras”, largometraje de 80 minutos destinado a salas comerciales.
A partir de 1970, el equipo de Félix Rodríguez de la Fuente trabaja en dos series televisivas: “Planeta azul” –153 programas emitidos entre octubre de 1970 y marzo de 1973– y “El Hombre y la Tierra” –92 capítulos realizados entre 1974 y 1979–. Es digno de mención que en toda la historia de la televisión española la serie “El Hombre y la Tierra” ha sido el espacio televisivo de mayor éxito. Incluso acrecentado en el extranjero, llegando a ser visto en 40 países por 800 millones de personas (Araújo, 1990).
Gran parte de las escenas de rapaces de otros muchos capítulos también correspondían a aves cetreras. Se conseguían así planos jamás filmados y una menor incidencia en ejemplares silvestres. Algún capítulo fue monográfico sobre cetrería, como “Taiga el azor”, “Operación zorro”, “Altanería I” y “Altanería II”. Pero no sólo los documentales se beneficiaron del arte cetrero del equipo de Félix. La película “El Cid”, rodada en España en los años setenta, es otra muestra de ello.
Uno de los muchos reconocimientos que tuvo en vida por su labor científica y divulgadora fue el regalo, por parte de una Universidad Americana, de una de las primeras parejas de gerifaltes nacida en Estados Unidos en cautividad.
Una vez finalizado el rodaje de la parte ibérica de la serie “El Hombre y la Tierra”, Félix encuentra salida a los animales empleados para ello en la creación de un “Safari-park” en Aldea del Fresno, en las inmediaciones de Madrid. Carlos Falcó, marqués de Griñón y Fernando Peralta, experto cetrero, supieron mantener vivo su recuerdo y desempeñar una labor pedagógica en uno de los primeros espectáculos con animales en acción de nuestro país y el primero con exhibición de aves de presa en libertad.
A finales de los sesenta, con Félix Rodríguez de la Fuente como miembro fundador, nace una organización conservacionista de importancia nacional: ADENA-WWF. Su primer presidente de honor fue el entonces príncipe S.A.R. D. Juan Carlos de Borbón. Incorporado a la Junta Directiva de ADENA, Félix fue su vicepresidente durante varios años. Su labor educativa en el Club de los Linces fue semilla que ha ido dando fruto en gran parte de los naturalistas de nuestro país. Promovió también una actividad de educación ambiental pionera en España en la Reserva de Aves Rapaces de Montejo de la Vega de la Serrezuela (Segovia).
Su obra “Enciclopedia Salvat de la Fauna”, prologada por el premio nobel Konrad Lorenz y traducida a trece idiomas, fue vendida en treinta países. Se calcula una edición total de medio millón de colecciones completas, o lo que es lo mismo, más de seis millones y medio de libros repartidos por todo el mundo. Este éxito editorial por un autor español tan sólo ha sido superado por Cervantes con “El Quijote"”.
Asimismo, Félix desempeñó una ingente labor como articulista. Aún siendo su voz su mayor atractivo, tuvo un gran éxito como autor de textos publicados en multitud de diarios y revistas.
Al proyecto “Fauna Ibérica y Europea”, iniciado en 1975, siguió la colección de 60 Cuadernos de Campo –editorial Marín, 1978/79– y una colección de libros sobre las filmaciones realizadas en Venezuela.
En 1980 comenzó el proyecto “La aventura de la vida” aunando zoología, antropología y crónica viajera, editada por Urbión en trece volúmenes.
Fue tan grande su popularidad como el vacío que nos dejó con su partida. Prueba de su profunda huella como divulgador, es la continua reposición y reedición de sus trabajos. Incluso se recurre a adaptaciones de su obra, como es el caso de la colección “Fauna Ibérica de Félix Rodríguez de la Fuente en 12 C.D. Rom” editada por el diario El Mundo durante 1999.
La caza en Félix, motor
para la conservación
A través de la caza con aves de presa, Félix Rodríguez de la Fuente descubrió su amor por las rapaces. Unido a su enorme capacidad de comunicación y tenacidad consiguió despertar en el pueblo español una sensibilidad hacia la naturaleza como nadie lo ha conseguido hasta hoy.
Los esfuerzos cetreros de Félix contribuyeron decisivamente a la protección de las rapaces por la Ley y, lo que es más importante, a darlas a conocer. Gracias a su perseverancia, la sociedad fue dejando de considerar a las rapaces como alimañas descubriendo en ellas seres que participan en el equilibrio biológico de forma evidente y beneficiosa para el hombre. Estas apreciaciones, encabezadas por el Dr. Félix Rodríguez de la Fuente y el Dr. Vital Aza mostradas en cada exhibición o cursillo de cetrería realizado desde los años 50, fueron las primeras iniciativas de educación ambiental acerca de las rapaces en nuestro país.
Otra gran aportación cetrera de Félix en materia de conservación fueron sus progresos en la cría en cautividad de aves de presa. La primera experiencia española conocida en lo que a cría de rapaces se refiere, databa de 1963. Vital Aza, pionero de la cetrería moderna en nuestro país, y autodidacta estudioso de las aves de presa, mantuvo en su domicilio a una hembra de halcón con su pollada, sustraídos de la naturaleza, para observar sus pautas de comportamiento. Por primera vez se constataba científicamente el instinto maternal del depredador peregrino.
Este experimento, coetáneo con la persecución de aves rapaces por ser consideradas alimañas, dice mucho a favor de los cetreros españoles. Iniciativas de estudio serio sobre aves rapaces, impulsadas por cetreros, comienzan a cambiar la actitud de la Administración sobre ellas, ganando a su vez el apoyo de la opinión pública.
En 1973, Durandal, halcón de Rodríguez de la Fuente, puso huevos en la cámara de cría, pero no estaban fecundados. El mismo año, en proyecto impulsado por Miguel Cuesta Pons, un búho real puso un huevo el 19 marzo que eclosiona felizmente el 21 abril.
Un grupo de pioneros comenzó en 1977 a intentar la cría en cautividad de halcones. Entre ellos se encontraban Ignacio Figaredo Alvargonzález y José María Fernández Romero. También son relevantes los estudios del veterinario y halconero Antonio Pérez Alonso-Geta.
En 1979, con la colaboración de Christian Saar, Félix Rodríguez de la Fuente consigue criar en cautividad. Así lo refiere en correspondencia privada con José Sánchez Martín, presidente de la Asociación Española de Cetrería (AEC):
Madrid, 29 de marzo de 1979
…Creo que este año conseguiré, finalmente, la reproducción en cautividad. El pasado sábado y domingo. El profesor Cristian Saar, de Berlín, ha estado inseminando conmigo a Doña Aldonza que está ahora haciendo la segunda puesta. El semen de Don Martín era muy rico y los espermatozoides se mostraron muy activos al examen microscópico. Invité a un representante del ICONA. Me enviaron al veterinario Antonio Pérez para presenciar la inseminación y redactar el oportuno informe oficial respecto a las particularidades de la misma porque en este tema quiero ser muy estricto y evitar cualquier tipo de suspicacia, en un experimento que puede resultar sumamente positivo para el futuro de la cetrería en España. Puede bastar con el dato de que el citado profesor Saar, magnífico halconero y buen amigo mío, consiguió el año pasado 15 pollos de una sola pareja de halcones, quitándole los huevos de la puesta e incubándoles artificialmente…
Madrid, 24 de mayo de 1979
…me alegra poder comunicarte que hemos tenido éxito finalmente en la reproducción en cautividad. Doña Aldonza, inseminada artificialmente con semen de un torzuelo alemán y de su compañero de tantos años, Don Martín, ha sacado dos preciosos pollos que nacieron el día 1 y el 3 de mayo respectivamente. En este momento, perfectamente cebados por sus padres, se están desarrollando con toda normalidad. El secretario de la Junta, Antonio Pérez, asistió a las sesiones de inseminación artificial y comprobó la eclosión de los huevos, para levantar el acta oportuna de tan histórico e importante suceso. Pienso que en años próximos incrementaremos sustancialmente la producción de halcones en cautividad, con objeto de repoblar ó de proveer a los halconeros cualificados, que no tendrán ya que surtirse de especímenes salvajes…
En 1988, la asociación de criadores de la comunidad de Madrid consigue por primera vez en España la cría y reconocimiento C.I.T.E.S. de halcón peregrino. Nacen y se reconocen cinco pollos. Los esforzados criadores –todos ellos cetreros– son Manuel Escribano Bermejo, Domingo García Llano, Bernabé Gómez Mozún y Félix Sánchez Morán. Las dos hembras inseminadas, la mítica Cira y Mamá se convierten así en la esperanza del colectivo cetrero español.
Aprendida la técnica y habiendo hecho todo el proceso supervisado por la Administración, se abre un esperanzador horizonte para la pervivencia de la cetrería en España. Esta asociación madrileña es todo un ejemplo de colaboración con la Administración. Además de prestarse en todo momento al control de sus pájaros reproductores y criados, ha aportado sus conocimientos y experiencias para complementar la formación de los técnicos de la comunidad en materia de reproducción en cautividad.
En suma, España debe a la cetrería el que este hombre curioso y tenaz se acercara a la naturaleza, la conociera y posteriormente la divulgara con acierto.
Los cetreros y cazadores en general, tenemos el reto de mantener el talante conservacionista y respetuoso con la naturaleza mantenido por Félix en su cruzada cetrera. La conservación necesita de la caza. La caza necesita de la conservación.