Hemeroteca :: 01/01/2006
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Entrevistas

En el mismo acto se presentó la Asociación Nacional Contra los Incendios Forestales (ANCIF)

Última actualización 01/01/2006@00:00:00 GMT+1
La falta de una verdadera política forestal es causa de muchos incendios.

Esta fue una de las conclusiones que pudo escucharse en la charla que sobre este problema se celebró en la Escuela de Ingenieros Técnicos Forestales.
El pasado 19 de octubre se celebró en la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Forestal de Madrid una charla-debate sobre los incendios forestales, presentándose en el mismo acto la Asociación Nacional contra los Incendios Forestales (ANCIF), cuya pretensión principal será proteger y asesorar legalmente a los propietarios rurales tanto en la prevención de los incendios como en los problemas que puedan surgir después de producirse.

En esta charla-debate que trataba sobre causas y efectos de los incendios, prevención, los delitos y faltas que llevan consigo y el pago de daños, hubo cinco ponentes.

El primero en hablar fue Félix Romero, certificador forestal, que dijo que todavía no se sabían las causas del 40 por ciento de los incendios que se producen, y que era esencial conocerlas para intentar prevenirlos. También manifestó que el 96 por ciento de los incendios estaban provocados, directa o indirectamente, por las personas.

Para Romero, la lucha contra los incendios tendría que basarse en tres pilares: conocer las causas para poder prevenirlas; reducir la vulnerabilidad –mayor limpieza– del monte y mejorar las técnicas de extinción. En definitiva, debía de producirse un mayor equilibrio entre la inversión destinada a la prevención y a la extinción.

También se quejó de que los planes forestales estuvieran muy ligados a las legislaturas políticas, cuatro años, lo que hacía imposible diseñar unos planes sólidos y duraderos para luchar contra el fuego.

Demandó también mayor coordinación, principalmente entre autonomías y el estado; se quejó que de nada valían unas penas tremendas por quemar el monte si no se hacían cumplir y sobre todo si se dilataban en el tiempo las causas judiciales, y terminó pidiendo una visión estatal y global del problema que estuviese basada en la prevención, extinción y castigos ejemplares a los que quemaban el monte con premeditación.

El turno fue después para Carlos del Álamo, ingeniero de montes que conocía perfectamente el problema de los incendios cuando le tocó ser durante un tiempo consejero de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia
Del Álamo echó toda la culpa de los incendios a las personas que los provocan, al tiempo que pidió que el fuego se desdramatizara porque en definitiva era un fenómeno natural. Pero claro, para que eso pasara debería de haber una “cultura forestal” que no existe.

No se mostró muy partidario de la prevención, de que el incendio se “apagase en invierno”, porque a su parecer la limpieza del monte era inviable cuando, como dijo, “tenemos 25 millones de hectáreas de suelo forestal. Si alguien quiere quemar el monte, lo va a quemar”.

Por eso para él la solución estaba en saber por qué la gente quema el monte. “Si no sabemos las causas no podemos aplicar las terapias”, dijo, y recordó que el monte rentable no ardía ni aquellos en los que estaba implicada la población rural. “Al monte hay que quitarle sus conflictos, la razón última del incendio, además de ordenarlo correctamente”.

Alonso Sánchez Gascón, promotor de esta charla, expuso las contradicciones de las leyes a la hora de la responsabilidad de los daños que un incendio pueda causar.

Sánchez Gascón afirmó que la responsabilidad del daño estaba en quien lo hacía, pero se preguntó qué pasa si a alguien no le dejan hacer lo que tiene que hacer para evitar ese daño, que en el caso de los incendios sería hacer cortaderos, limpiar el monte espeso, construir balsas, etc. Y esto es precisamente lo que pasa porque hoy cualquier propietario necesita la autorización de la administración para hacer cualquier cosa en su finca. Por tanto, según Sánchez Gascón, el propietario puede hacer muy poco para prevenir los incendios.

Siguiendo con esta argumentación, sería la administración la responsable de muchos incendios y de los daños que ocasione si denegó una serie de actuaciones propuestas por el propietario de la finca quemada. Pero para que la administración fuese condenada como responsable de los daños, Sánchez Gascón recomendó a los propietarios rústicos que guarden todas las peticiones hechas a la administración para prevenir los indendios y que hayan sido denegadas.

Por último, Sánchez Gascón se quejó de que la administración no pedía consejo a la gente que tenía mucho que decir en este asunto y que las leyes forestales eran más políticas que técnicas.

Antonio Pérez Henares habló de la prensa y los incendios. Comenzó siendo tan sincero como crudo al decir que el incendio interesaba a la prensa cuando se convertía en catástrofe. “¿Por qué?, porque así somos los humanos”.

Dijo después que los incendios eran la peor pérdida de riqueza para un estado, por lo que habría que poner todos los medios para que no ocurrieran.

Afirmó que la mayor aportación que podría hacer la prensa era educar a una sociedad urbana sobre lo que es de verdad el campo y la naturaleza, desterrar esa idea romántica de que la naturaleza es intocable y de que no tenemos derecho a tocarla, “como si los hombres no formáramos parte de ella”.

Para Pérez Henares, esta mentalidad urbana del no tocar impide que la gente realice esos trabajos de mantenimiento del monte y que a los agricultores, técnicos, ganaderos, etc, no se les haga ni caso.

Propuso también otras ideas para luchar contra los incendios como ampliar la cobertura de telefonía móvil a lugares más recónditos, crear un centro nacional que unifique y coordine la prevención y la extinción y denunciar a los pirómanos ante la opinión pública.

Isabel Cano, abogada, que estuvo en el debate como representante de la sociedad civil, fue la encargada de presentar oficialmente la Asociación Nacional Contra los Incendios Forestales (ANCIF), cuya finalidad es luchar contra los incendios forestales, principalmente en la prevención de los mismos, y sus socios potenciales serán propietarios, arrendatarios y usufructuarios de fincas rústicas.

Cano denunció la soledad e indefensión de los propietarios rurales frente a una administración que “no les ayuda a prevenir los incendios porque les prohíbe, generalmente por la vía del silencio administrativo, cualquier actuación en sus territorios –cortafuego, charcas, limpieza de monte, etc.– que sin duda ayudan a prevenir estos siniestros”. También acusó a la administración de ser en parte responsable de muchos incendios al no controlar las quemas en vertederos, causa de muchos incendios, y no inspeccionar ni controlar la situación de los montes.

ANCIF Buscará fondos y subvenciones para que a los propietarios de fincas se les ayude a hacer cortaderos, charcas, pantanillos y se les dote de material para luchar contra los incendios; elaborará trabajos de investigación para buscar las causas de los mismos; firmará acuerdos con otras entidades y asociaciones para luchar contra el enemigo común y celebrará cursos, charlas y seminarios que fomente una cultura forestal que apenas existe. Sus actividades a corto plazo serán la elaboración de un manual de buenas prácticas forestales y un código de leyes sobre incendios forestales.

La cuota de ANCIF es de 60 euros al año y su sede está en la c/ Marqués de Urquijo, 34; 4º Izq. 28008 Madrid. Telf. 91542 98 00.
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