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Certificación cinegética

Última actualización 01/02/2006@00:00:00 GMT+1
La certificación cinegética suena con fuerza e incluso tiene varios promotores. Si el mes pasado publicábamos un resumen de la reunión que sobre el tema mantuvieron investigadores cinegéticos y varios representantes del mundo de la caza, cuyas conclusiones se incluyen en este artículo, ahora damos a conocer este otro proyecto de certificación, muy avanzado y apadrinado por una prestigiosa empresa multinacional especializada en la certificación y control de calidad. En estos momentos se están finalizando los procedimientos precisos para España, pero... ¿cuál es su hoja de ruta?
Finalmente, damos a conocer un segundo proyecto de certificación de la Fundación Gypaetus.
Certificar la calidad de un determinado espacio cinegético es empeñar el propio prestigio, el prestigio de quien certifica y garantizar que el manejo cinegético de ese espacio respeta todos los principios ecológicos, económicos y sociales que conducen a la plena sostenibilidad.

Con la certificación se pretende responder al conflicto “caza sí, caza no” mediante la respuesta “caza cómo”. Caza de calidad, compatible con el medio, la economía y la sociedad. Los beneficios esperables de esta certificación, siempre voluntaria, son de tipo:
1. Ecológico: probar que la práctica de la caza es compatible con la conservación; es decir: que se practica de acuerdo con las potencialidades y limitaciones propias del medio natural.

2. Económico: revaloriza patrimonialmente los cotos certificados; mejora la venta de cacerías por parte de las orgánicas; mejora las garantías ante los cazadores de los comercializadores de cacerías y acciones... No serían ajenas posibles subvenciones.

3. Social: mejora la imagen pública de la caza y de sus gestores; garantiza que todos los recursos cinegéticos se utilizan adecuadamente y sin conflictos con otros usuarios del medio natural; prueba que se practican todas las jornadas potenciales de caza posibles en el espacio certificado –uso turístico y social–, y que se genera todo el empleo potencial posible, en cantidad y calidad –guardería, gestión y mejoras–.

El proyecto piloto de certificación se iniciará en España. El prestigio venatorio de nuestra nación y de sus cazadores, así como el desarrollo tecnológico logrado por sus investigadores cinegéticos, lo permiten. En el futuro esta certificación podrá extenderse a otros países.

¿Quién puede certificar?
Certificará, lógicamente, quien tenga la autoridad y el prestigio necesario para hacerlo: idealmente entidades independientes, especializadas en certificación de calidad, sin intereses directos en la caza y con alto prestigio.

La certificación debe realizarse siempre a través de auditores, a las órdenes directas de la entidad certificadora y plenamente independientes de terceros. Los auditores serán siempre titulados habilitados para la ordenación y la gestión de la caza, y formados como auditores en calidad cinegética. Existirán dos niveles de auditores, “Junior” –en formación– y “Senior” –expertos–.

Por tanto la certificación debe ser una labor de alto nivel, a cargo de auditores profesionales de elevada cualificación, fuertemente protegidos ante presiones externas e intensamente formados, reciclados y controlados en bien del prestigio de la entidad certificadora y del mismo sistema de calidad.

Fases del procedimiento
Pre-certificación. La limitación esencial para la emisión de un certificado de calidad cinegética ha sido hasta ahora la inexistencia de un procedimiento de cálculo, normalizado y aplicable a todo tipo de espacios, para la evaluación y cálculo de resistencia de las estructuras cinegéticas sometidas a esfuerzo de aprovechamiento. Finalmente, el déficit tecnológico en materia de ingeniería de la fauna. Hoy, mediante nuestras investigaciones, este “Cálculo de Estructuras Biológicas” ha sido ya desarrollado, comprobado, informatizado y registrado. Existe por tanto la tecnología precisa, desarrollada en forma de programa de cálculo.

En fase de pre-certificación, el programa hará una calificación inicial a partir del proyecto de ordenación cinegética –el plan técnico– cuando exista, que normalmente existe, o de datos originales de la auditoría en su ausencia. Datos siempre establecidos, completados o interpretados por el auditor-junior de la certificadora correspondiente.

El imprescindible “Formulario de Toma de Datos” ha sido publicado por la Universidad Politécnica de Madrid. El Formulario reúne los datos precisos para el funcionamiento del Programa de “Cálculo de Estructuras Biológicas”.

Los criterios e indicadores de calificación a seguir en la pre-certificación, contenidos en la salida del Programa de Cálculo, evalúan:
1. Plan de caza.

2. Plan de cestión.

3. Plan de fomento
4. Plan de aplicación, control y seguimiento.


El programa emite inicialmente una calificación global para el actual manejo cinegético de 0 a 10. Si esta calificación es igual o mayor que 5, podría abordarse por parte de la entidad certificadora el proceso de certificación definitivo. Si es menor, se detendrá el proceso de certificación, pues es muy probable tener que emitir una no-certificación. Debe por tanto revisarse el proyecto de ordenación actual al presentar severas deficiencias técnicas. En realidad, la pre-certificación está haciendo una “paralela técnica”, normalizada, sobre la “ordenación cinegética” actual. ¡También Hacienda nos manda “paralelas”! ¿Haría falta esta pre-certificación, esta normalización, si los planes técnicos de caza se hubieran hecho adecuadamente y se hubieran inspeccionado racionalmente?

Criterios e indicadores
de calidad cinegética

Ambos, “criterios” e “indicadores”, deben ser analíticos y claramente cuantificables, y deben poder evaluarse y comprobarse después por medio de los adecuados “verificadores”.

Nuestro Proyecto de Certificación de la Calidad Cinegética contiene un total de cuatro criterios y dieciocho indicadores. Dos de los criterios –plan de caza y plan de aplicación, control y seguimiento– los calificamos como “criterios de estado”, y miden el actual estado de las poblaciones y de las presiones de caza; los otros dos –plan de gestión y plan de fomento–, los definimos como “criterios de progreso”, pues evalúan el hecho de que las poblaciones progresen en una dirección correcta.

Criterio 1. Plan de caza
Reúne las intervenciones de uso y de aprovechamiento, con resultado económico previsiblemente positivo. Tiene como objetivo el equilibrio de las poblaciones animales y su estado sanitario. Se mide a través de sus indicadores correspondientes. Para nosotros el indicador de “presión de caza” es la llave que garantiza un correcto funcionamiento del sistema de certificación.

El indicador de “presión de caza” debe poder ser cuantificado de forma objetiva y normalizada. Si no existe un método que la evalúe, como ha pasado hasta hoy, difícilmente puede hablarse de certificación cinegética. Esta es la aportación central del programa de “Cálculo de Estructuras Biológicas”. La cuestión clave inicial sería: ¿Se está cazando bien? ¿Las poblaciones resisten el esfuerzo cinegético al que están siendo sometidas?

Criterio 2. Plan de gestión
Agrupa las intervenciones de gestión en sentido estricto. Denominamos así a las de mejoras que se efectúen en lugares, en momentos, en cuantías o con técnicas de carácter excepcional –no comunes o que precisen de autorizaciones administrativas especiales para su ejecución–, o bien sobre áreas segregadas o “fuera de ordenación”, y especialmente sobre infraestructuras patrimoniales. Se incluyen en él, además, todas las inversiones en actuaciones o infraestructuras de funcionamiento destinadas a abaratar los aprovechamientos, o a mejorar las condiciones de ejecución y comercialización de éstos. Destacan siempre en él las intervenciones –aprovechamientos o no– de carácter extraordinario, como los imprevisibles e imprevistos de ordenación. También las relacionadas con la seguridad de los usuarios y recursos –prevención, incendios, plagas, etc.–, y con las condiciones laborales y de seguridad y salud de los trabajadores.

Criterio 3. Plan de Fomento
Reúne las intervenciones dirigidas a la mejora de las condiciones productivas y de calidad de estación, es decir, de la potencialidad y seguridad productiva, estacional y poblacional del hábitat y de sus poblaciones. Proporciona y mide a través de sus indicadores y verificadores las mejoras que se proponen tanto sobre el hábitat –agua, alimentación, siembras...–, como sobre las especies. Se añaden también las mejoras en materia de gestión administrativa, guardería, personal técnico y auxiliar, etc. También las previsiones económicas precisas para cubrir otros costes y eventualidades, especialmente riesgos –seguros– y daños –previsión e indemnizaciones–, costes de titularidad, gestión e imprevistos.

Criterio 4. Plan de aplicación,

control y seguimiento
Abarca la aplicación, control y seguimiento de la ordenación mediante sus sucesivas revisiones; de los planes especiales –usos, gestión y fomento– mediante los sucesivos planes anuales de intervención; de los planes anuales mediante las memorias de ejecución de los aprovechamientos, y del impacto ambiental del manejo, con especial atención a sus efectos sobre la biodiversidad.

Certificación final
En la fase de certificación final se revisarán todos los antecedentes existentes y se controlará la gestión efectivamente seguida. En este proceso clave posterior, a cargo ya de un auditor-senior de la certificadora, se deberá verificar entre otros contenidos:
1. Los datos inventariales inicialmente declarados, con especial incidencia y atención al estado de conservación de los sotobosques leñosos y del ecosistema global en general –calidad y biodiversidad–, y a la viabilidad ecológica, social y económica del proyecto de manejo establecido.

2. El pleno respeto a las directrices existentes en materia de especies y espacios protegidos que afecten a la zona en certificación. En ausencia o provisionalidad de las mismas, comprobar la toma de medidas cautelares efectivas. Comprobar la inexistencia de denuncias y reclamaciones firmes en esta materia.

3. La correcta integración con el entorno social, especialmente con agricultores y ganaderos, y con otros usos y usuarios, como los recreativo-turísticos y otros. Especial atención a los riesgos de accidentes producidos por la fauna, especialmente en carreteras. Comprobar la inexistencia de denuncias o reclamaciones firmes en estos sentidos.

4. La existencia de todos los medios de uso, gestión y fomento precisos para la aplicación del plan; el correcto nivel de mantenimiento en los medios materiales y, en el caso de los medios humanos, de su correcta formación, contratación y otras condiciones laborales. Ausencia de conflictos o reclamaciones en este sentido.

5. Las medidas de seguridad previstas para y durante la ejecución de las cacerías.

6. La ausencia de impactos negativos notables de las infraestructuras cinegéticas, así como las condiciones de calidad, uso y conservación de las mismas.

El “cualizaca”
No se trata de que un auditor, por experto que sea, evalúe de forma discrecional una serie de cuestiones que considere relevantes a título personal. El auditor tan sólo comprueba y testifica el cumplimiento, o no, de los verificadores establecidos en su “cualicaza”, el libro-guía de auditoría previamente establecido por la entidad certificadora.

En realidad la certificadora, al comprometer su nombre, tan sólo lo hace en afirmar que el espacio certificado cumple con las condiciones establecidas en ese libro-guía.

No garantiza pues otras cosas ajenas al mismo, aunque sí se encarga, a través de sus investigadores, de mejorar continuamente su normativa de control de calidad. Nada nuevo bajo el sol. Ninguna otra cosa se hace en otras certificaciones de calidad: PEFC, FSC...

Calificación final o definitiva
Los criterios e indicadores corresponderán a los establecidos en el formulario del programa. Los mismos que han servido de base a la pre-certificación, pero esta vez, previa inspección detallada de los mismos, a través del control de sus verificadores, efectuada con el enfoque y prioridades indicadas, y debidamente complementadas en los aspectos ajenos al cálculo.

Serán calificados y certificados por la entidad certificadora los espacios cinegéticos que, tras la auditoría correspondiente, reciban finalmente una calificación de 7 a 10. En caso contrario, las deficiencias subsanables detectadas –objeciones–, deberán corregirse en el plazo de un año hasta alcanzar dicha cifra. Mientras tanto la certificación quedará en suspenso.

Las deficiencias menores que se observen, hasta alcanzar la calificación máxima de 10, serán objeto de “observaciones” que, en su caso, deberán corregirse a lo largo del periodo que establezca el auditor, con límite en el periodo de certificación: cinco años. La calificación 10 merecerá una “certificación especial de excelencia”.

Los espacios certificados y sus gestores recibirán el correspondiente “diploma de calidad” y podrán lucir el anagrama de la certificación de calidad cinegética sobre el terreno y en sus documentos a todos los fines de su interés. ¿Qué otra cosa se hace hoy con los diferentes niveles de calidad de las denominaciones de origen del cerdo ibérico de montanera? ¿Acaso ese sello de calidad no ha prestigiado y relanzado el mercado con enormes ventajas ecológicas, económicas y sociales? ¡Pues aún así siempre habrá “cazandangas” que se opongan a lograr idéntica dignificación en la caza! También quienes vendían no importa qué como “jamón ibérico de bellota” se opusieron, pero el progreso es imparable. La caza también puede ser de 5 jotas ¡y de ninguna!.

Existirá un control y seguimiento posterior para comprobar que las condiciones previstas se cumplen efectivamente –auditor/junior–. Por parte de la certificadora se establecerán los oportunos mecanismos de reclamación y denuncia ante posibles fallos en la aplicación del procedimiento, por ejemplo por reclamación de los cazadores usuarios.

A los cinco años o, en su caso, en coincidencia con la revisión del plan de caza, se procederá a revisar toda la certificación y su calificación, pudiendo corregirse ambas al alza o a la baja.

Costes
No puede valer más el collar que el perro, puesto que estamos esencialmente en el mercado libre. Las ventajas económicas de la certificación –además de las ecológicas y de las sociales– deben ser superiores a los costes, si queremos que el sistema funcione. No se trata ahora de un coste más, sino de una oportunidad comercial, una mejora voluntaria a utilizar o no.

La informatización de la fase más costosa y compleja, la pre-certificación, permite una economía muy elevada. Su tecnificación garantiza su eficacia e incuestionabilidad. Los estudios y presupuestos efectuados reflejan que los costes previsibles son plenamente asumibles por los gestores cinegéticos en el mercado actual. Además, de los mismos habría que descontar los costes de revisión del plan de caza y de emisión de las obligatorias memorias anuales, porque éstos se incluyen, como hemos visto, en el proceso certificador.
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