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Monterías y batidas

Última actualización 01/02/2006@00:00:00 GMT+1
El jabalí, sobre todo en la mayoría de las comunidades del sur, está salvando una temporada marcada por la mala calidad de los trofeos de venado como consecuencia de la falta de alimentación natural.
El milagro del agua cambió en poco tiempo los agostados campos de octubre por el verde intenso de los nuevos pastos y ya, ni por asomo, se parecen las manchas a lo que eran incluso ya bien empezada la temporada. Sin embargo, el mal que ha propiciado la sequía que padecimos en toda España sigue estando presente en las monterías celebradas en los meses de noviembre y diciembre, y lamentablemente lo estará en lo que queda de año.

El venado, ni siquiera en los casos donde los alimentaron con mimo y esfuerzo, pero de forma artificial, ha podido superar la escasez de agua que se traduce en falta de alimentación natural. Como consecuencia su trofeo se ha visto afectado de una manera u otra en forma de desperfectos en las puntas y luchaderas. Y es que, aunque su alimentación se refuerce con pienso, sin la humedad necesaria para que estos animales puedan alimentarse con pasto natural, sus cuernas se vuelven más “cristalinas” y se parten con mayor facilidad. Por esta razón y salvo contadas excepciones de fincas muy concretas en la que no les faltó la alimentación adecuada, la tónica general está siendo cobrar muchos venados, a veces grandes, pero con desperfectos en las cuernas que de no haberlos tenido hubieran colmado las expectativas de muchos monteros.

Pero la emoción no falta
Las citas más importantes y caras están no obstante salvando la temporada gracias a que en en estas monterías también se abaten muflones y gamos y, éstos trofeos, combinados con los del socorrido jabalí, están logrando contentar a sus clientes, que por otro lado son conscientes de la dificultad que conlleva pedir este año buenos resultados en trofeos de venado.

Por otra parte, en las citas más económicas, el jabalí también sigue estando ahí, como viene siendo habitual por fortuna desde hace años. Y es que a los macarenos la sequía no les afecta tanto, al contrario, rara es la montería donde no se cobren guarros homologables y otros cochinos que hacen que las manchas vibren, y nunca mejor dicho, con los emocionantes y continuos lances que provocan. Así por lo menos está siendo en la mitad sur y centro de España, e incluso en algunas organizadas algo más al norte. Así tenemos referencias de monterías en las que se han llegado a cobrar más de 120 cochinos, más de la mitad “con boca”, caso de “Las Minillas” organizada por Cabezas Servicios de Caza los días 19 y 20 de noviembre.

Es curioso, pero no ocurre lo mismo en los cazaderos del norte peninsular, donde la tónica general es justamente la contraria: los guarros van a la baja en calidad y cantidad. Seguramente, como apuntaba en el número anterior de TROFEO (427, correspondiente a Diciembre) y ratifica en éste Rafael Muñiz en su crónica sobre las monterías del Norte, los guarros están soportando en muchas zonas una presión cinegética muy importante, mayor de la capacidad de cría que tienen hábitats muy diferentes a los del sur.

Perreros por vocación y a la fuerza
Por último apuntar que en algunos casos concretos hemos detectado quejas de organizadores sobre los perreros, a los que tildan de “poco profesionales y aficionados a la caza”, en el sentido de que es difícil conseguir en algunas zonas rehalas y perreros que cacen bien. La verdad es que los perreros muchas veces pagan el pato de los malos resultados sin tener la culpa, que no es otra que la falta de caza o la mala organización, pero también lo que dentro del “gremio” existen personas que, bien porque no tienen otra opción y necesitan ganarse un dinero como rehalero o bien porque, como en todo los colectivos, hay personas sin escrúpulos y muchos lo único que quieren es cobrar. Y lo peor no es sólo eso, es que encima suelen traer malos perros, de modo que el desastre está doblemente asegurado. Quizás el problema radique en que se organizan más cacerías que rehalas o quizás que se no se paga el trabajo como se merece, pues no hay que dejar de reconocer que mantener una rehala de calidad todo el año cuesta mucho dinero y que los desplazamientos y el propio transporte es muy caro. Sea como sea lo cierto es que este problema existe y así lo reconoce incluso la Asociación Española de Rehalas (AER), si bien para su presidente, José Luis Domínguez, no afecta a ninguno de sus asociados.
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