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Veterinaria

Última actualización 01/02/2006@00:00:00 GMT+1
Los cazadores tienen muy asumido la necesidad de vacunar a los cachorros, si quieren sacar la camada adelante sin contratiempo. Pero realizar una buena vacunación no siempre es compatible con un buen desarrollo mental del cachorro.
El periodo de vacunas de un cachorro es muy importante desde el punto de vista sanitario. Durante esta etapa, que dura más o menos hasta los tres meses, le estamos dando la protección frente a enfermedades que sin duda le matarían. El moquillo, la hepatitis, la parvovirosis o la leptospirosis, son enfermedades muy graves con una alta mortandad que sólo tienen un tratamiento efectivo: la prevención a través de las vacunas.

Para que estas vacunas sean efectivas hay que seguir unas pautas, lo que se llama el protocolo de vacunación, que más o menos consiste en aplicar las vacunas con un orden y tiempos concretos. El protocolo más frecuente consiste en poner una vacuna a los dos meses de edad del cachorro –8 semanas– y otra a los tres meses –12 semanas–. Para cachorros de alto riesgo –aquellos criados en perreras, residencias, sociedades protectoras, es decir con alto riesgo de estar expuestos a enfermedades– la pauta se amplía comenzando con vacunas que llamamos puppys –para cachorros muy pequeños– a las 6 semanas, para continuar con la pauta habitual a las 8 y 12 semanas.

Las variables de la vacunación
A los veterinarios, y mucho más a los dueños, nos gustaría terminar lo antes posible el periodo de vacunas, pero por desgracia esto no es posible. La última vacuna debe coincidir con los tres meses de edad del cachorro.

Tres son las variables que actúan en la pauta de vacunación: la vacuna, la enfermedad y el propio cachorro. La vacuna es la variable más exacta de todas, ya que se fabrican en laboratorios con altos controles de calidad y homogeneidad. En segundo lugar, la enfermedad que con variaciones más o menos regulares a lo largo del tiempo, es también bastante estable y predecible. Lo más impredecible es el cachorro, ya que tanto por la imposibilidad de saber los anticuerpos transmitidos por la madre a través del calostro –que bloquean la efectividad de la vacuna–, como por conocer el momento de la maduración del sistema inmunitario del propio cachorro –el que tiene que responder a la vacuna y crear los anticuerpos que le defenderán–, no podemos saber con exactitud el momento idóneo para que la vacuna sea lo más efectiva. No obstante, los tres meses se toman como referencia para que los anticuerpos maternos hayan desaparecido y el sistema inmunitario del cachorro sea lo suficientemente maduro para dar una respuesta válida a la vacuna.

Durante este periodo de tiempo, es conveniente que el cachorro esté aislado de otros perros para evitar el contagio de estas enfermedades hasta poner la última vacuna, que como venimos indicando, es a los tres meses. Pero ello nos lleva a un nuevo problema, por todo lo que supone de manejo, es decir, hay que tener una perrera aislada en el caso de un criadero, o no se puede sacar el cachorro a la calle en el caso de un particular.

Pero además de la incomodidad que esto supone para el dueño, tiene el problema añadido de que los cachorros que no entran en contacto con otros perros en esta etapa del desarrollo, desde el punto de vista psicológico, no llegan a ser adultos normales. Ello es debido a que durante la etapa de las vacunas, es decir desde las 6 hasta las 12 semanas, se produce lo que llamamos la sociabilización, es decir, el cachorro en esta etapa establece los vínculos con el mundo exterior, y estos vínculos van a ser permanentes. Por tanto, cuantas más cosas vea en esta etapa, mucho mejor para la maduración de su carácter. Si ve pocas cosas, de mayor es posible que sea un perro tímido y asustadizo, acusando un problema que llamamos “síndrome de perrera”. Si le mantenemos en una perrera o no le sacamos a la calle, el cachorro no estará suficientemente expuesto a nuevas situaciones.

Compatibilizar
¿Cómo podemos compatibilizar la vacunación y una correcta sociabilización del cachorro?, ¿cómo podemos tener un cachorro sano y un futuro adulto equilibrado? La manera de hacerlo variará según el manejo del cachorro.

Si el cachorrito va a una familia que vive en un piso en una ciudad, es conveniente que permanezca con sus hermanos y su madre hasta las 8 ó 9 semanas. En este periodo se sociabilizará con respecto a otros perros con sus hermanos y madre, para después sociabilizarse hacia las personas con su nueva familia.

En el caso de una perrera grande o una rehala, es aconsejable tener un recinto para este fin en una zona aislada y cuanto más alejada del grueso del resto de perros mejor. Es conveniente llevar a la perra gestante a esta zona lo antes posible, una vez diagnosticada la gestación, y hacer un “blanqueo” de la madre, es decir un control de posibles enfermedades –coccidios, giardias, campilobacter– y una desparasitación completa. Los cachorros no saldrán de esta zona hasta, como mínimo, terminar las vacunaciones.

La mejor forma de criar cachorros, no obstante, es en pequeños núcleos de cría aislados. En un pueblo, en un pequeño terreno o chalet, teniendo un número no muy alto de perros y sanitariamente controlados. De esta manera se compatibiliza una baja probabilidad de contagio de enfermedades y una muy buena sociabilización.
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