Macarena Luque Martín
Una joven y apasionada perdigonera
Última actualización 01/03/2006@00:00:00 GMT+1
Esta joven y guapa perdigonera de 22 años vive la caza de la perdiz con reclamo con una pasión inaudita, ha escrito un libro sobre esta modalidad y lleva la gestión cinegética de la finca familiar.
Conocí a Macarena primero a través de una carta al director, que publicamos recientemente, en la que sólo quería dejar constancia de su tremenda afición. Luego hablamos varias veces por teléfono, prometiéndole una entrevista porque, si bien puede haber aficionados al reclamo tan jóvenes como ella, al ser también mujer, haber escrito un libro sobre esta modalidad y llevar la gestión cinegética de una preciosa finca familiar, se convertía en un interesante personaje periodístico-cinegético. Y no defraudó en absoluto.
Habría que decir que tiene 22 primaveras, una madurez superior las chicas de su edad, un conocimiento “cuquillero” asombroso, es discreta y muy educada –todavía no he logrado que me tutee– y practica esta modalidad de caza con tanta pasión como respeto por sus reglas más ortodoxas.
Con ella recorrí durante toda una mañana la finca, denominada Cortijo Alcaicería, sita en el término granadino de Alhama de Granada, en la que hace realidad su pasión por el reclamo y gestiona con tanto conocimiento como entrega. Quizá por eso el coto posee una envidiable abundancia de perdices autóctonas, así como también conejos, tan escasos en la comarca.
¿A qué crees que obedece esta tremenda
afición a la perdiz con reclamo?
Desde muy pequeñita, con ocho años, me iba de caza con mi padre, que es muy cazador y un gran aficionado al reclamo. En el puesto, recuerdo que me sentaba delante de él, entre su piernas, envuelta en una manta. Por otro lado siempre he estado rodeada de cazadores, de modo que la afición me ha ido calando hasta convertirse en una pasión tan necesaria como el mismo aire que respiro. Tenía 9 años cuando disfruté de mi primer puesto en solitario.
¿Y cómo fue?
Bueno, un desastre. No sé si por la emoción, la poca experiencia o posiblemente las dos cosas a la vez, pero fue un fiasco. Recuerdo que mi único interés, antes que disfrutar del puesto, era abatir una pieza. Llevaba un pollo avileño para probar cuya jaula mi padre colgó junto a un profundo surco de un arado. Fue quitarle la sayuela y empezar a cantar hasta que atrajo a un viejo macho. Le tiré y supuse que le maté, pero cayó en el surco y no lo veía. Y como eran tantas las ganas por abatir mi primera perdiz, no pude soportar la incertidumbre, salí del puesto, lo cobré y me volví a esconder. Cuando me encontré con mi padre y le conté con toda mi emoción lo que había hecho, tuve que aguantar sus reproches, desde luego merecidos, porque aquella acción estropeó para siempre a aquel pájaro. Lo aguanté hasta su muerte, porque cantaba mucho, pero cuando veía venir a las perdices se callaba y se hacía invisible en el fondo de la jaula. Fue en ese momento cuando me prometí cumplir todas las normas que debemos cumplir los cuquilleros para hacer cada día mejor a nuestros reclamos.
Entonces tu maestro fue tu padre.
Sí, mi padre, Alejandro Manuel Luque Ruiz, y también José Guerrero, un buen amigo de Ventas de Zafarraya, ya fallecido, que recordaré siempre. Era un gran amigo de mi padre que pasaba con nosotros mucho tiempo y que fue para mí casi un segundo padre.
¿Qué dice tu padre de que su única hija sea tan aficionada? Me figuro que estará muy orgulloso.
Creo que sí, pero el gran culpable de mi afición es él por haberme dado a probar esta droga. Yo tengo otro hermano al que también le gusta mucho la caza, pero sobre todo la mayor, las monterías y los recechos, pero yo me he decantado más hacia los gustos de mi padre, que es un grandísimo cazador de conejos con podencos y un reclamista excepcional. Creo que él está orgulloso y yo estoy orgullosa de que él disfrute viéndome disfrutar con el reclamo.
¿No te gustan otras modalidades de caza?
Bueno sí, he estado en alguna montería, he hecho algún rececho y he cazado la perdiz en mano. Reconozco que cada modalidad tiene su embrujo, pero el reclamo es lo que realmente me apasiona.
¿Qué hay que hacer para tener un buen reclamo?
Que el reclamo sea bueno va a depender mucho del propio reclamo, y en este sentido hay lugares con mucha fama, aunque un pájaro bueno puede proceder de cualquier sitio. Influye también la forma de cazarlo, el sitio en el que cacemos. Cada reclamo tiene su sitio, su puesto y su tiempo.
Pero a grandes rasgos, ¿existen unas normas básicas?
Algunas hay: un disparo debido en un momento idóneo, si está o no recibiendo, aunque también hay pájaros que reciben muy bajito o no reciben.
¿Cuántos reclamos tienes en este momento y de dónde proceden?
Tengo 39 más cuatro pollos que están aún en el terrero. La mayoría, por no decir todos, vinieron de polllos de Castilla y León, de Ávila, Salamanca, Valladolid... Son pájaros fuertes, pero muy suaves recibiendo. De esta zona también tengo un par de pollos, pero por lo que sea los pájaros de por aquí no salen buenos, aunque como he dicho un buen pájaro sale de cualquier lado, como las liebres.
¿Qué opinas de los reclamos de granja?
Gustos hay como colores. Normalmente, los pájaros de granja suelen ser fuertes y no malos: un cuchicheo más fuerte, una llamada más larga... Yo no los quiero; donde se ponga una llamada de pájaro de campo... ese recibo, esa nobleza. El pájaro de granja lo mismo sube que baja escalones en su aprendizaje. De pollo y de primer celo es cuando se le puede tirar más pájaros. Al tercer celo lo mismo se ponen fuertes, pero al cuarto se vienen abajo. Sin embargo, un reclamo de campo, hasta el segundo o tercer celo, no rompe, y si no se estropea, va cada vez a más, manteniendo el nivel, o incrementándolo, hasta su muerte.
¿Por qué se estropea un pájaro?
Por un tiro que no le ha gustado, por un águila que se le tire... Los pájaros tienen muchas rarezas. Como dice un amigo mío, tiene la cabeza muy pequeñita y muy pocos sesos, y por tanto no se les puede pedir más de lo que pueden dar.
Tendrás reclamos de todas las edades;
mejor dicho, de todos los celos.
El más viejo que tengo es de diez celos, un pájaro tan suave como noble al que le he tirado muchas perdices y ya le da igual que no le mates el pájaro de campo a la distancia debida. Él ya sabe lo que tiene que hacer: llamar, recibir... y así siempre. De diez celos para abajo, los demás, aunque muchos no sé aún lo que darán de sí.
¿Les pones nombres a los reclamos,
como hacen muchos cuquilleros?
Sí, a los más destacados: El Farina, El Cabrero, Manolo Escobar, El Fari... El resto los tengo numerados para identificarlos y hacer, en mi libreta de reclamo, las pertinentes anotaciones sobre sus actuaciones: lo que ha hecho en cada puesto, qué día, qué tipo de puesto era... Tengo que hacerlo así porque con tantos reclamos me despisto.
¿Qué le dirías a esa gente, muchos de ellos cazadores,
que critican la caza de la perdiz con reclamo?
Yo respeto a todos los cazadores y todas las modalidades porque no soy nadie para criticar los gustos de cada uno, pero les diría que, antes de atacarnos, intenten conocer esta modalidad, el primer paso para respetarla. La perdiz con reclamo tiene algo muy especial que engancha como la droga más dura. Los verdaderos aficionados, durante los 40 días que suele durar el celo, también nos encelamos como nuestros reclamos. Pediría a quienes nos critican el mismo respeto que siento yo por cualquier otra modalidad practicada con honestidad. Yo soy cazadora de reclamo y a lo mejor me tiro una temporada sin matar una perdiz porque no entra en plaza como debe entrar, porque no hay celo o por cualquier otra circunstancia. Por ejemplo, la pasada temporada pasó eso, que no entraban por falta de celo y no maté ninguna perdiz.
Ya sé que es una pregunta complicada, pero querría conocer tus impresiones: para el mantenimiento de un población de perdices, ¿qué es mejor, cazarlas en mano y/o al salto o con reclamo?
En esta finca, dónde sólo se caza con reclamo, cuesta más matar al pájaro valiente, al destacado del bando, mientras que en mano se matan valientes y cobardes. Creo, por una cuestión de números, porque se matan menos, que con la perdiz con reclamo se hace menos daño a la población perdicera que cazándola en mano. Para cazar muchas perdices salvajes con reclamo hay que tener un pájaro excepcional y que el campo esté encelado.
¿Cuál es el mayor embrujo de esta modalidad?
No sabría explicarlo. Son tantos los matices, los encantos y los misterios... Cada momento o etapa de la caza de la perdiz con reclamo tiene su embrujo: elegir un buen pollo, la enseñanza de ese reclamo, matarle la primera perdiz. Cada etapa tiene un no sé qué y nunca terminas de aprender, de sorprenderte y de ilusionarte.
¿Cuál es tu puesto preferido?
Los tres puestos me gustan y todos tienen su encanto, pero me quedo con el de alba; es el que más emoción me proporciona porque el campo se despierta y despereza, cantan los pájaros y vuelan las perdices desde sus encames.
¿Por qué se te ocurrió escribir
un libro de la perdiz con reclamo?
Desde muy pequeña, desde que empecé a practicar esta modalidad, he cogido apuntes de todas las cacerías –la hora, el sitio, qué hacía el pájaro, qué el campo, si tiraba o no, etc.– y hace tres años, a partir de toda esa información y otras muchas experiencias vividas, me propuse escribir este librito titulado “El reclamo: amor y embrujo”. Es un resumen, una síntesis de cuanto hay que saber para iniciarse en la caza del reclamo, de lo básico. Es cortito pero me ha hecho mucha ilusión.
Lo que cuentas, ¿es básicamente cosecha
propia o has recurrido constantemente a los clásicos?
Los aficionados que hayan escrito un libro comprobarán que muchas cosas ya las dijeron otros: cómo se dispara, cómo hacer el puesto, etc.. Mi librito es todo cosecha propia: he contado lo que he vivido, lo que me ha pasado, lo que yo he hecho. Cuento mis experiencias y saberes.
¿Para quién está escrito?
Principalmente para mis amigos, pues sólo edité cien ejemplares, y sólo pretende que que se practique bien la caza de la perdiz con reclamo, sobre todo los nuevos aficionados. Da una visión muy general y didáctica de lo que es el reclamo, desde cómo elegir un buen reclamo hasta las enfermedades.
¿Te gusta salir, tienes novio?
Me gusta salir de vez en cuando, pero por ahora no tengo novio, mis “novios” son los reclamos. Pero todo llegará.
Cuéntame un lance inolvidable
La primera vez que, no queriéndolo hacer, hice una carambola. A mí no me gusta matar una collera de perdices de un solo tiro; me gusta matar normalmente el macho, porque luego el pájaro tendrá que trabajar muchísimo para meter a la hembra en plaza. Mucha gente lo hace al revés, que es lo fácil.
Volviendo a mi lance, hice un puesto muy bonito con un pájaro muy bueno de mi padre y me entró la collera. Mi pájaro estaba de pelea con el macho y yo estaba ansiosa por tirárselo, pero en el momento de hacerlo, la hembra salió por detrás del tantillo y me quedé con los dos. No busqué esa carambola, pero fue un accidente y mi pájaro recibió estupendamente, por eso me gustó.
¿Y algún día aciago?
En el sentido de que los pájaros no me canten y me sienta defraudada, pocos, porque yo con mis reclamos tengo mucha paciencia. Es más, no suelto ningún pájaro al año porque no me haya cantado, sino que los aguanto dos, tres y hasta cuatro celos porque un pájaro puede parecer malo pero un día le da por romper y puede ser el mejor del mundo. Por eso yo tengo mucha paciencia con ellos.
¿No te ha pasado ninguna cosa rara, ningún percance?
Pues sí, cazando el reclamo viví el peor suceso de mi vida. Me había metido en uno de los puestos de palets que existen en la finca, que como ha visto están revestidos de plástico negro y forrado luego con maleza, principalmente aulagas. Ya estaba dentro con pájaro y escopeta y comencé a acondicionar el puesto y la tronera, que no me venía bien porque soy zurda. Decido abrir una nueva tronera a mi izquierda y no se me ocurre otra cosa que, con un encendedor que siempre llevaba, quemar un poco el plástico. Comenzaron a caer gotitas de plástico encendido en las aulagas y claro, en pocos segundos el puesto se convirtió en un auténtico infierno de humo y fuego. Mi obsesión era salvar al pájaro, de modo que le arranqué la sayuela y lo tiré fuera, rodando la jaula unos metros. Luego –todo ocurrió en décimas de segundo– cogí la escopeta y, desesperada, le di una fuerte patada al puesto y logré salir de allí. Aquello ocurrió cuando yo tenía diez años y la tremenda experiencia me apartó un tiempo del reclamo pues me daba pánico encerrarme en un puesto, pero lo fui superando y ahora no tengo ningún problema, pero eso sí, ya no llevo ningún encendedor al puesto.
Sé que en más de una ocasión hablaste por teléfono con Doña Elisa Bellido, la “Abuela perdiz”, ya fallecida. ¿Qué recuerdos tienes de ella?
Esa paciencia que tengo con los reclamos se lo debo en parte a ella. Me decía que esta cacería era muy difícil, que había muchos aficionados que no lo eran realmente, pero sobre todo que tuviese mucha paciencia con los reclamos, y es verdad. Muchas veces me acuerdo de ella con mucho cariño.
¿Qué le das de comer
a tus reclamos?
Durante los 365 días del año comen lo mismo, un revuelto que les hago yo con pipas de girasol, cañamón, alpiste, vitaminas, trigo valenciano y pienso compuesto. Y no me gusta en el tiempo de celo suplementarle con magdalenas o almendras. También tienen siempre la misma agua, y no me gusta mucho echarle verde por el tema de las caguetillas blancas y de los insecticidas que les echan a la hierba.
¿Tienes algún truco a la hora de la muda?
No, les echo tierra roja y el pájaro toma un color muy bonito. La verdad es que hace muchos años que no se me muere ningún pájaro en la muda.
¿Conoces a otras mujeres cuquilleras?
Sí, conozco a un grupo de amigas, de Córdoba, que se reúnen para cazar el reclamo. El año pasado las invité y vinieron, pero cayó una nevada histórica y las pobres no pudieron cazar.
Tú que conoces cuquilleros y cuquilleras, ¿qué diferencias ves entre hombres y mujeres a la hora de practicar el reclamo?
Primero habría que asegurarse de que unos y otras son verdaderos aficionados. En cuanto a la pregunta, yo conozco cazadores que si no les canta el reclamo, se deshacen de él a la mínima, y eso no se lo he visto hacer a ninguna mujer. Puede que seamos más sensibles y tengamos más paciencia.