Historia y uso del calibre más popular
Última actualización 01/04/2006@00:00:00 GMT+1
Pese a su origen castrense, esta munición norteamericana es la que más se utiliza con fines cinegéticos y particularmente en España es la más popular. De hecho, se puede decir que no existe fabricante de rifles semiautomáticos o de cerrojo, e incluso de otros tipos de armas, que no comercialice rifles de este calibre, ni tampoco hay fabricante de munición que no la cargue.
Tal y como estaban haciendo los demás ejércitos, a partir de 1892 Estados Unidos comenzó a utilizar armas militares portátiles de “pequeño” calibre, concretamente un fusil de cerrojo Krag-Jorgensen que disparaba el cartucho .30-40 Krag. Este fusil y nuevo cartucho, aunque fue un adelanto notable en comparación con los fusiles monotiro calibre .45-70 que había usado el ejército hasta entonces –los Springfield Trap Door–, no dio el resultado apetecido. Por ejemplo, en la Guerra de Cuba se mostraron poco eficaces, especialmente cuando se enfrentaban a tropas españolas armadas con los flamantes Mauser mod. 93, calibre 7 mm. Mauser, recién estrenados en nuestro Ejército.
Como consecuencia, los norteamericanos decidieron modernizarse y crearon en 1903 una munición de pólvora sin humo más potente y basada a la que estaban adoptando otros países en armas similares, caso del citado 7 mm. Mauser (7x57) y del 8 mm. Mauser (8x57J), que habían adoptado los alemanes. La nueva cartuchería norteamericana la disparaba el fusil de cerrojo Springfield modelo 1903 y cargaba una bala calibre .30 de punta roma y de 200 grains que desarrollaba una velocidad inicial de 700 metros por segundo, lo que suponía una mejora con respecto a la anterior munición. Sin embargo el nuevo cartucho –conocido con el nombre de .30-03–, tampoco convenció, por lo que fue mejorado tres años después siguiendo nuevamente la tendencia de las municiones militares de la época, que comenzaban a cargarse con balas puntiaguadas pues éstas conseguían mayores alcances efectivos. Por todo ello, se acordó cambiar la bala del .30-03 por un proyectil ojival agudo de 150 grains y se acortó su vaina en 1,8 mm: así nació el Ball Cartridge, caliber .30, Model 1906, denominación que en la práctica se acortó a .30-06 Springfield o, simplemente, a .30-06.
La segunda cifra (06) es pues el año de introducción en el siglo XX, .30 su calibre –equivalente a 7,62 mm.– y Springfield el nombre del primer fusil de cerrojo para el que fue creado. Por supuesto, más tarde lo utilizaron otros muchos fusiles, incluso semiautomáticos, así como ametralladoras, y el cartucho se cargó con numerosos tipos de balas ordinarias y especiales, ya que esta munición estuvo en servicio en el ejército norteamericano hasta que, a partir de 1954, comenzó a ser desplazada por el .308 Winchester –con la denominación T-65 y, posteriormente, 7,62 x 51Nato–. No obstante, en versión militar continuó utilizándose hasta 1961 y se calcula que sólo en Estados Unidos hay catalogados más de 350 tipos militares diferentes.
Primeras armas deportivas
Cuando apareció la versión militar no tardó ser valorada muy positivamente por los cazadores y los fabricantes de armas deportivas. Uno de los primeros rifles en dispararlo fue el Winchester modelo 1895 que, pese a ser un arma de palanca, no poseía cargador tubular y, en consecuencia, podía almacenar cartuchos con balas terminadas en punta. Nótese que en esta época no existían muchas opciones en armas de repetición diferentes a las de palanca o de corredera, ni en Estados Unidos ni en ningún sitio, pues el sistema de repetición por cerrojo acababa de ser puesto a punto y lo usaban las armas militares.
Hasta 1921 no lo emplea el rifle de cerrojo Remington Mod. 30. Cuatro años después lo adopta el Winchester mod. 54, también de cerrojo, y hacia 1928 lo recamaran los Savage mod. 40 y 45 Super Sporter, siendo poco a poco a partir de los años 30 utilizado por la totalidad de los fabricantes de armas de EE.UU y del resto del mundo. Hoy no sólo lo utilizan modelos de cerrojo sino también rifles de corredera –Remington 7600–, de palanca –Browning BLR– y todos los fabricantes de armas semiautomáticas, así como muchas armas de cañones basculantes y monotiros de cañón fijo, de modo que prácticamente se puede decir que no existe ningún fabricante de armas deportivas potentes que no ofrezca este calibre.
Más útil en el campo deportivo
Aunque como hemos dicho, el .30-06 se basa en los cartuchos militares europeos 7 mm. y 8 mm. Mauser, que también fueron utilizados como cartuchería deportiva más tarde –aunque sin tanto éxito– y se puede decir que ambos pueden competir con el .30-06 en uso militar, en el campo deportivo, sin embargo, el .30-06 es una munición notablemente más útil que los citados cartuchos europeos. Y es que es el campo deportivo, más incluso que el militar, en el que más útil se ha revelado esta munición.
He escuchado decir que el .30-06 es tan famoso porque es norteamericano, a diferencia de los cartuchos alemanes de 7 mm. y 8 mm., y sinceramente creo que es cierto sólo en parte ya que no hubiera sido posible crear una munición tan versátil con los cartuchos europeos por mucho interés que hubieran puesto en conseguirlo los norteamericanos.
Ello se debe a que el .30-06 emplea una vaina de mayor capacidad –mide 63 milímetros en vez de 57– con un cuello largo, lo que hace posible que se cargue, utilizando la pólvora adecuada en vivacidad y dosificación, con un elevado número de proyectiles diferentes en longitud y peso, y lo mejor de todo, la presión siempre se mantiene en valores aceptables con una precisión muy alta. Así, puede cargar y estabiliza balas de entre 100 y 220 grains, pasando por los pesos intermedios de 110; 125; 130; 147; 150; 165; 168; 170, 180 y 200 grains. Y a los cazadores de un país como Estados Unidos, en el que se cazan animales de muy variada talla, un calibre capaz de disparar a distancias muy considerables –sobre todo para la época en la que comenzó a utilizarse y comparado con las municiones para armas de palanca– tantos tipos de proyectiles, les vino como anillo al dedo y lo desarrollaron y potenciaron al máximo. Pero siempre por la razón principal de que el diseño de la munición lo permitía, dándose además la circunstancia, indudablemente positiva para su popularidad en el país, de que además era un cartucho norteamericano. Han existido muchos, muchísimos otros cartuchos norteamericanos, que no han progresado.
Con estos pesos de balas los cazadores de la época podían cobrar animales como un coyote con la bala de 100 grains o un oso con la de 220. Por si fuera poco, la casa Remington en 1977añadió a esta gama de cargas una nueva e ingeniosa opción más: un bala subcalibrada calibre .22 de 55 grains que toma las estrías gracias a que va encerrada en un sabot, y que aún continúa fabricando. El cartucho, que se denomina .30-06 Acelerators y más tarde se fabricó en los calibres .308 Win. y .30-30 Win., tiene un punto de impacto muy diferente al de la munición de peso medio, pero con un visor especialmente regulado para esta carga se puede convertir cualquier .30-06 en un potentísimo rifle para caza varmint, ya que la bala alcanza una velocidad de 1.243 metros por segundo (2757julios), por lo que supera calibres “alimañeros” tan veloces como el .22-250 Rem. y .220 Swift, con bala del mismo peso.
Posibilidades infinitas
en cartuchos y armas
Precisamente, Remington es el fabricante que vende en España más cargas diferentes del .30-06, unas 17 en total y algunas muy curiosas. Así, además de la mencionada, también introdujo el año pasado una nueva munición sin retroceso de este calibre: la Remington Managed-Recoil, cargada con proyectil Core Lokt, de 125 grains, lo que sin duda es muy interesante para ciertas personas que por su edad o cualquier otra razón son sensibles al retroceso. La munición de bajo retroceso Remington se hace también los calibres .270 Win.; .300 Win. Mag.; .308 Win. y 7 mm. Remington Magnum
Y como Remington, todos los fabricantes de munición venden esta cartuchería en España, siendo raro el que sólo ofrece un modelo y más normal que ofrezcan varios, cuando no más de media docena. Así, destacan Winchester, con unos 14 tipos, Federal con 12 (en EE.UU Federal produce más del triple), Norma con 9, etcétera.
Y es que es tal la popularidad alcanzada en nuestro país por este calibre, que del .30-06 se venden más rifles que de ningún otro, tanto semiautomáticos como de cerrojo.
La razón de su popularidad en España la explica el hecho de que aquí, como en los EE.UU., el cazador español, por lo general, también desea utilizar un arma que sirva para todo, algo que cumplen especialmente las armas que disparan este cartucho, lo que no significa que el .30-06, como munición, sea la más apropiada para ambos usos. Y es que el .30-06, al no necesitar cañones muy largos para rendir correctamente –56 centímetros e incluso con algo menos es suficiente–, permite construir rifles muy ligeros y manejables que, provistos de una acción suave, se pueden utilizar cómodamente tanto para cazar en rececho como en montería. Igualmente, el mercado, para aquellos cazadores especializados en el rececho o en la montería, ofrece modelos específicos más ligeros o con mecanismos más apropiados para cada una de estas modalidades, como son los semiautomáticos, puesto que todas las marcas de rifles distribuyen armas de este calibre en España.
Uso del .30-06 en España
Lo primero que hay que tener claro es que los pesos de proyectil adecuados para España son los de 150, 180 y los intermedios entre 150 y 180, y que básicamente hay tres tipos de proyectiles diferentes por su forma: los que tienen la punta redondeada –los menos–; los que tienen punta aguda y base plana y los que tienen punta aguda y base en forma de cola de bote.
Además, hay que tener en cuenta que de cada uno de estos pesos y formas de bala se comercializan numerosas variantes que básicamente persiguen dos objetivos: favorecer la expansión o bien retardarla para que aumente la penetración. Este efecto de menor o mayor expansión lo consiguen los fabricantes por diferentes métodos: así, soldando el núcleo de plomo a la camisa o tabicando el núcleo con estructuras internas en forma de H, etcétera, impiden la rápida expansión, y añadiendo inserciones plásticas en la punta, haciendo que parte del núcleo –punta– se introduzca en forma de cuña en la base o simplemente disminuyendo el espesor del blindaje y no soldándolo al núcleo, se produzca una rápida expansión.
El .30-06 no es un calibre de montería por lo que, salvo excepciones, los proyectiles con los que se carga están pensados para cazar a distancia. Con los más ligeros y expansivos, se cazan las piezas más débiles y pequeñas y con los más pesados y menos expansivos las presas más grandes y pesadas.
También hay que saber que cuando se tira cerca sobre una presa determinada –por ejemplo, un jabalí o un venado– con una bala diseñada para expandir mucho, o bien el proyectil es más ligero de lo aconsejable, la bala expande más de lo previsto y no penetra lo suficiente, provocando heridas superficiales capaces de parar o provocarle la muerte en el acto al animal. Igualmente, cuando se usa a larga distancia sobre la misma presa una bala diseñada para expandir y penetrar bien a corta distancia, o una bala que pese más de lo aconsejable, ésta penetra aún más de lo que penetraría a corta distancia, porque no expande nada por falta de velocidad y se comporta como si fuera una munición blindada.
Así pues y resumiendo, para utilizar correctamente este calibre –y en general cualquier otro– antes de disparar hay que saber qué bala vamos a tirar: si es muy expansiva, y si es así no hacerlo a corta distancia, o si no lo es, evitar utilizarla en rececho. También tendremos en cuenta su peso, pues es posible conseguir en las armerías balas de menor peso del aconsejable (125) y también de mayor peso –200 ó 220 grains–, y estos pesos extremos de proyectiles no se deben utilizar en los animales españoles porque han sido creados para cazar piezas mucho más pequeñas o mucho más grandes. Bueno, existe la excepción de la bala de 125 grains del modelo de bajo retroceso de Remington Managed-Recoil, pues aunque es ligera, la velocidad inicial que desarrolla este cartucho es algo menor, de modo que se compensa el efecto de sobre expansión. Es decir la bala se comporta como si fuera más pesada.
Como norma general, en montería no debería emplearse para cazar con el .30-06 balas más pesadas de 180 grains ni más ligeras de 165, y siempre evitando disparar las que sean muy expansivas, como la Ballistic Tip y similares, aunque sean de los pesos mencionados.
El rececho, desde el venado hasta el corzo, es el mejor campo de aplicación de este calibre que incluso también permite abordar las especies de montaña, sobre todo si no pretendemos tirar mucho más lejos de 200 metros, ya que para disparar a mayor distancia existen calibres más adecuados. En rececho las balas de 150-165 grains dan los mejores resultados, salvo que indique lo contrario el fabricante de la munición, porque si utilizamos un proyectil más pesado, sobre todo cuando el tiro es a considerable distancia –más de150 metros, por ejemplo– puede expandir menos de lo aconsejable y herir al animal. En esta modalidad, hay que evitar especialmente el uso de proyectiles poco expansivos, aunque tengan el peso adecuado.
Elección según
forma y diseño
La forma del proyectil tiene mucha importancia también porque contribuye a que éste mantenga en vuelo una velocidad alta o bien se vea más frenado por el aire y alcance el blanco con menor velocidad. Por ello, los de punta redondeada o poco aguda son los menos apropiados para cazar lejos, y los mejor es utilizarlos en montería o en un aguardo porque hasta unos 100 metros la velocidad es muy alta y el poder de detención también, más que el de los proyectiles de diseño interno similar pero de punta aguda.
Para tiros más largos dan mejores resultados los de punta aguda porque pierden menos velocidad y por tanto describen un vuelo menos parabólico.
Los modelos con punta aguda que en vez de base plana la tienen terminada en forma de cola de bote –Boat-Tail–, son aún más útiles para tirar a distancia porque pierden menos velocidad a mediada que avanzan y como consecuencia impactan en el blanco con más fuerza aún. La cola de bote, por otro lado, potencia también la precisión.
Corolario
El .30-06 es uno de los calibres más útiles que se pueden utilizar en España porque con él se puede cobrar todas nuestras piezas de caza mayor. No tiene mucho retroceso y las armas que lo disparan suelen ser rifles muy manejables que se pueden utilizar con comodidad tanto desde el puesto de montería como en rececho. Sin embargo, para utilizar bien este calibre, y en general cualquier otro, es imprescindible que el cazador conozca qué bala está disparando, lo que hoy día en España no es difícil porque todas las marcas de municiones editan catálogos a los que incluso se puede acceder por internet, cuando no en las propias cajas de munición se incluyen valiosas informaciones sobre el tipo y peso de bala que cargan los cartuchos. Y es que, debido a la gran cantidad de modelos de bala que puede montar el cartucho, su uso correcto no es tan fácil como parece y, aunque curiosamente siempre se recomienda a las personas que empiezan, y yo mismo lo he hecho en ocasiones porque no sé que otro puedo recomendar que “sirva para todo”, lo cierto es cada vez que lo hago me da remordimientos porque pienso que no es el calibre más adecuado para principiantes.