Ojeo a la investigación
Última actualización 01/04/2006@00:00:00 GMT+1
Varios científicos del IREC realizaron, en el periodo 1986-2000, un estudio en el Sistema Ibérico para estudiar qué factores habían influido más en la expansión natural del corzo. Al final, comprobaron que los corzos aumentaron más en paisajes mosaicos y sobre todo donde la pluviometría era mayor.
Aunque se trata del más pequeño de nuestros cérvidos, el corzo es sin duda el que mayores pasiones desata. Adorado por unos y odiado por otros, ha sufrido en su evolución numerosos altibajos.
Desde que hace unos 700.000 años –época de la que datan los primeros fósiles del corzo actual–, los ancestros del género Capreolus campeaban por el mundo, el corzo ha ido expandiéndose o rarificándose en función de los cambios de clima y hábitat, mostrando siempre una gran capacidad de adaptación.
En el último siglo, en la Península, llegó a su casi completa desaparición, quedando relegado a reductos muy concretos de nuestra geografía, para después recuperarse de forma espectacular.
Este fenómeno se ha estudiado con detalle en el Sistema Ibérico, donde la distribución del corzo a mediados del siglo XIX se limitaba a algunas zonas montañosas. A mediados del siglo XX la situación era aún peor, conservando sólo un tercio de su distribución anterior. Sin embargo, el corzo ha multiplicado su presencia por diez en los últimos 50 años. Los estudiosos de la especie parecen coincidir en las causas, barajadas como desencadenantes, de esta expansión. Entre las principales, se encuentran el abandono del campo, el aumento de las repoblaciones forestales y una mayor protección de la especie.
Pelayo Acevedo, Miguel Delibes-Mateos, Marco Antonio Escudero, Joaquín Vicente, Javier Marco y Christian Gortázar dan un paso más. Han analizado de una manera científica la influencia que la climatología, la estructura del paisaje y la actividad humana han tenido en el proceso de expansión del corzo en el Sistema Ibérico durante los años 1986-2000. Este interesante estudio –publicado en Journal of Biogeography (32: 1671-1680; 2005)– pone de manifiesto la importancia de los factores ambientales en el proceso.
Para estudiar el proceso de expansión se basaron en datos aportados por los agentes medioambientales del Gobierno de Aragón, dividiendo la recolonización en tres fechas: 1986-1990, 1991-1995 y 1996-2000. Además, cuantificaron la abundancia de corzos en las zonas recién colonizadas, utilizando para ello indicios indirectos de presencia de la especie, como los excrementos. A partir de estos datos y con la ayuda de Sistemas de Información Geográfica analizaron una serie de variables (climatológicas, de proximidad a los núcleos de origen, abundancia relativa de las poblaciones, estructura del paisaje, topográficas y relativas a la actividad humana –presencia de núcleos poblacionales y carreteras–) para ver cuáles han sido las que más han influido en el proceso de dispersión.
Como era esperable, el corzo coloniza antes los territorios próximos a aquellos que ocupaba en la época en la que su distribución era reducida y que actúan como “núcleos de origen” de la expansión. Los factores ambientales que más relevancia han mostrado en este proceso han sido el régimen de precipitaciones y la estructura del paisaje. Independientemente de la proximidad al núcleo de origen, el número medio de días que llueve al año ha resultado ser el factor que mayor influencia ha tenido en el proceso. Las zonas de colonización más tempranas han presentado un mayor número de días de lluvia que las colonizadas más recientemente. A pesar de ello, se observa cómo los corzos han sido capaces de ocupar áreas áridas en las que los recursos en la época estival son muy limitados, encontrando corzos en zonas con menos de 324 litros de precipitación anual. Por otro lado, conforme ha transcurrido la expansión, los corzos han ido ocupando lugares más abiertos y menos forestales, con mayor proporción de terreno agrícola –cultivos cerealistas intensivos– y menor diversidad paisajística. Este fenómeno recuerda lo observado en otros lugares de Europa.
Se ha puesto de manifiesto cómo, tanto las precipitaciones como el hábitat parcheado –que favorecen la presencia de refugio y alimento– han resultado ser los dos aspectos de mayor importancia en el proceso de expansión. También se ha visto cómo a medida que transcurre este proceso, la especie ha ido ocupando zonas con condiciones menos favorables, demostrando su elevada capacidad adaptativa. Estas zonas de reciente colonización, pese a no tener capacidad ambiental para sustentar elevadas abundancias poblacionales, son de gran interés debido que pueden actuar como corredores de dispersión que unan zonas potencialmente adecuadas para la especie. No obstante, incluso en las zonas a priori menos favorables, se podría favorecer la presencia del corzo mediante manejos que aumenten la disponibilidad de alimento, agua y refugio. Con ello se conseguiría un aumento de las densidades que permitiría poder explotar este recurso tan importante.