cabecera
Hemeroteca :: Edición del 01/04/2006 | Salir de la hemeroteca
26/35

Caza mayor Rececho de un macho montés en los Puertos de Tortosa-Beceite

Última actualización 01/04/2006@00:00:00 GMT+1
En los alrededores de la Reserva Nacional de Tortosa-Beceite, un buen número de cotos privados cuentan con una excelente población de cabras monteses. Esta es la crónica de un rececho reciente en un lugar tremendamente bello con vistas al Mediterráneo.
Teresa mostraba síntomas de cansancio, aunque la satisfacción se reflejaba en su mirada. Después de más de ocho horas de rececho con desigual suerte, Julio, su marido, había conseguido el objetivo de su viaje: abatir un precioso macho montés de Puertos de Tortosa-Beceite.

Todo había comenzado unos meses antes cuando Julio se interesó por los recechos en esta zona limítrofe con la Reserva Nacional de Tortosa-Beceite. A partir de ahí intercambiamos algunas informaciones y fijamos una fecha.

La pareja llegaba vía Lleida, gracias a ese AVE que no lo es tanto, aunque sí muy cómodo. Un coche de alquiler, una horita de viaje y se me plantan en mi pueblo: Bot, pequeño y entrañable municipio a las faldas de los puertos de Tortosa-Beceite, con menos de ochocientas almas, algunas cabras más o menos y muchas menos perdices que otrora.

Diana a las 6.30 horas, reunión para desayunar a las 7.00, y tras poner algo en el cuerpo salimos hacia lo desconocido, hacia lo que en ese día nos iba a deparar la diosa Diana, San Huberto y tantos otros como San Blas, patrón de Bot.

El día iba amaneciendo, sin prisas, casi con un poco de pereza. No se veía nube alguna y el viento del norte –nuestro cierzo– aguijoneaba de vez en cuando nuestras orejas. Según había explicado a mis ya nuevos amigos, nos dirigíamos hacia una zona donde en los últimos días había observado un grupo de machos representativos, zona que se caracterizaba por haber sufrido un incendio hacía unos ocho años. Ahora rebrotaban con mucha más fuerza todas y cada una de sus especies vegetales, pero especialmente la coscoja, excelente manjar para “nuestros” machos.

Los primeros machos
Después de unos minutos de viaje hicimos nuestra primera parada. Mientras Julio comenzaba a montar su rifle del .270, yo comencé a otear el horizonte y todos los barrancos que teníamos a nuestros pies. Prismáticos en mano, pasar y volver a pasar por los mismos recovecos en busca de nuestros afamados machos, aunque la verdad, en esos momentos aún nos faltaba un poco de luz. Pero como si nada, mucha paciencia, que a éstos “se les caza con el culo”. Y bueno, como el que la sigue la consigue, en nuestra segunda parada localizamos el grupo de animales y después de montar el scope y regalarnos unos minutos con tan notable espectáculo, comenzamos a elaborar la táctica pera entrarles hasta una distancia razonable sin ser vistos.

Lo habíamos decido, dado el elevado número de animales que observábamos, incluidas hembras y cabritos: esperaríamos a que el grupo “se bajara” un poco de altitud y se encajonara más dentro del barranco que teníamos enfrente. De tal manera y gracias a la pala de piedra que teníamos delante, intentaríamos ponernos a tiro. Eso, claro, con permiso del aire y suponiendo que no se movieran del sitio en el que esperábamos encontrarles; toda una aventura.

Era el momento esperado, estábamos en pleno “baile” y había que bailar. Nos aligeramos un poco de ropa y, sin prisas pero sin pausas, comenzamos a descender un barranco con denso bosque bajo lleno de enebros y restos de pinos fruto de un pasado incendio.

El grupo lo formábamos Julio, Teresa, Javier del Ventdelplà y servidor. No sin esfuerzo comenzamos a ganar altura para después, ladeando diversas ondulaciones del terreno que antes no veíamos, llegar ante el esperado punto de asomada. Entonces, y previo aviso al resto del grupo, me adelanté unos metros para intentar localizar al grupo..., ¡pero no estaba! Parecía que se los había comido la tierra, la adrenalina me ahogaba y el corazón me retumbaba en los oídos. Volví a asomarme y entonces los vi.

El grupo se había desplazado hacia nuestra derecha e iniciaban un desplazamiento ascendente, lento pero constante. Presto, comuniqué la situación a Julio e iniciamos una ruta paralela y ascendente por la cuerda en la que estábamos a fin de ganar altura y poder realizar un disparo aceptable. Así lo hicimos y al poco tiempo conseguimos llegar, medio a gatas, a un punto sin retorno, ya que, o lo intentábamos en ese momento o las distancias empezaban a ser más que considerables.

Le montamos la “cama” a Julio y éste empieza a preparar su disparo. Era aproximadamente mediodía y los animales se habían escorado tanto que los rayos de sol impedían ver con nitidez el blanco, incluso perderlo por el contraluz. Había que intentarlo y así lo hicimos. Julio descerrojó por dos veces su .270 a 300 y 325 metros respectivamente… Casi, pero no.

A por un nuevo lance
Desanduvimos lo andado y al coche. Y sin cejar en nuestro objetivo cambiamos de zona. Nos desplazamos unos veinte kilómetros que nos costaron aproximadamente unos cincuenta minutos. Ahora cazaríamos a unos 800-1000 metros de altitud, en una zona de dos amplias solanas donde se aquerencian mucho los animales en días de frío y sol, colindante a la Reserva Nacional: les Solanes d´En Grilló.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (1)   No(0)
26/35
Comparte esta noticia  Compartir en Wikio Compartir en Del.icio.us Compartir en Digg Compartir en Technorati Compartir en Yahoo Compartir en Google Bookmarks Compartir en Fresqui Compartir en MySpace Compartir en Meneame compartir en Tuenti Compartir en Facebook compartir en Twitter

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de TrofeoCaza.com
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.