Perros de caza
Veterinaria
Última actualización 01/04/2006@00:00:00 GMT+1
Equivocarse al elegir perro de caza conlleva un problema doble: adquirir un animal que no sirve para cazar en la modalidad que practicamos y del que, por otro lado, costará mucho deshacerse debido a los lazos sentimentales que se suelen establecer con estos animales. Este artículo trata los puntos que se deben tener en cuenta para que la elección sea un éxito.
Tengo amigos que viven en el extranjero que, cuando vienen a España, se sorprenden de la variedad de productos que pueden encontrar en las tiendas. El simple hecho de comprar una barra de pan abre una enorme variedad de posibilidades dónde elegir.
Algo similar ocurre con los perros de caza en la actualidad. Tenemos un buen número de razas disponibles para cazar, y basta comprar una revista especializada o entrar en internet, para no tardar en localizar alguna camada del perro que estamos soñando tener.
Pero cuando hay mucho donde elegir, también se pueden cometer errores y por ello se requiere más información de cada uno de los productos para saber que lo que elegimos se ajusta realmente a nuestras necesidades. Esto es mucho más cierto cuando se trata de un animal –un perro en este caso– ya que no existen dos ejemplares iguales y que van a convivir con nosotros durante muchos años. Además, con los perros se suelen establecer lazos sentimentales bastante fuertes y tener que deshacernos de un animal porque no se adapta a nuestro tipo de caza, terreno o edad, siempre supone un problema.
Especialistas o polivalentes
Empezando por la utilidad de cada una de las razas que podemos utilizar, la primera pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Queremos un perro para una función concreta o preferimos que nos valga un poco para todo?
Por supuesto, un especialista suele cumplir su función a la perfección. Así un labrador, especialista en cobro, lo hace a la perfección desde que tiene apenas unos meses, pero, aunque he visto labradores que eran buenos cazadores e incluso paraban la pieza, no llegaban a la altura de otros perros en lo que se refiere a la caza propiamente dicha. Si elegimos un epagneul bretón, una raza bastante polivalente, puede que no cobre igual que un labrador, pero nos puede hacer un buen juego tanto con el pelo como con la pluma, y suelen ser más que aceptables para el cobro. Por lo tanto, si yo cazase sobre todo en puesto fijo –palomas, zorzales, patos, etcétera–, mi elección sería un labrador; si lo hiciera habitualmente en mano, tanto el pelo como la pluma y en terrenos variados, un epagneul me resultaría más útil, por poner dos ejemplos muy generales.
Caza mayor o menor
También debe ser una de las primeras cuestiones que debemos plantearnos, ya que los perros para caza mayor tienen ciertas particularidades muy orientadas a su aprovechamiento en este tipo de caza, entre ellas su mayor porte: son generalmente más grandes, ya que recorren mayores distancias y requieren más resistencia y mayor independencia en el manejo porque se mueven por grandes extensiones de terreno en busca de la caza, fuera del control del propietario. Tradicionalmente han existido tres tipos de perros para la caza mayor: los perros de rastro –sabuesos–, los perros de acoso –podencos– y los perros de agarre –alanos–-. Las rehalas están formadas por variaciones y mezclas de estos tres tipos de perros básicos, añadiendo otras variables con razas como el mastín ligero –un magnífico cazador, por cierto– o el galgo. Estos perros de caza mayor se utilizan casi exclusivamente para este fin, y su función y más concretamente la de la rehala, esta perfectamente regulada y plasmada, incluso en la ley.
Si lo que necesitamos es utilizar un perro en caza mayor y menor, debemos saber que algunas razas lo pueden hacer bien. Así los griffones korthals, o los bracos alemanes de pelo duro (deutsch drahthaar) e incluso los bracos alemanes de pelos corto (deutsch kurzhaar), pueden ser polivalentes en este aspecto. Por eso, en Europa no es raro entrenarlos como perros de sangre para la recuperación de piezas de caza mayor. En nuestro país no está muy extendida esta utilización, pero con el aumento de la caza mayor, y muy especialmente con la caza del corzo a rececho, estas razas podrían ser útiles.
Pelo o pluma
Durante muchos años tuve dos excelentes perros que me acompañaban constantemente. Uno era un epagneul bretón y la otra una perra fox-terrier. Cuando se cruzaba cualquier pájaro mientras que viajábamos en el coche, el epagneul literalmente se quedaba de muestra, mientras que la terrier no se interesaba lo más mínimo. Si lo que se cruzaba por el camino era un conejo o una liebre, la terrier se estampaba contra la luna del cristal mientras intentaba entre chillidos saltar del coche. El epagneul permanecía impasible.
Con este ejemplo he querido ilustrar la gran selección que se ha hecho en cuanto al pelo y la pluma, teniendo perros muy especializados en uno y otro campo. Teckel, fox terrier y jagd terrier están muy especializados en la caza de pelo, y se utilizan tanto en la caza menor –por ejemplo, en la del conejo–, como en la del jabalí, ya que a pesar de su pequeño tamaño poseen una enorme valentía que a veces raya en la insensatez. También se utilizan por esas mismas razones como perros alimañeros, que fue el origen primero de todas estas razas. Por supuesto, también pueden cazar la pluma, pero sienten un fuerte instinto por el pelo.
Algo similar, pero al contrario, ocurre con los perros de muestra, muy especializados en la caza de pluma. Sin lugar a dudas, el pointer es la máxima expresión de estos perros muy especializados, y con ellos se disfruta de la caza de vuelo plenamente, especialmente si aguanta la parada. También pueden cazar el conejo o la liebre, pero la plenitud del desarrollo de sus cualidades se da con las aves.