Caza internacional
Doce cacerías internacionales emblemáticas
que podría realizar en un año si le tocase la lotería
Última actualización 01/07/2006@00:00:00 GMT+1
Imagínese que un día le toca la Primitiva y de la noche a la mañana se convierte en archimillonario. Y como es cazador, se presenta ante un reconocido organizador de cacerías para pedirle que le prepare, sin reparar en gastos, un excelente programa de caza internacional para no aburrirse en todo el año.
Esto es lo que le ocurrió a Manolín, un sencillo hombre de pueblo que, aunque sólo existe en la imaginación del autor, resulta perfectamente verosímil.
Esta excusa literaria es utilizada en esta ocasión para dar una idea de algunas de las cacerías internacionales más emblemáticas y los aspectos que habría que tener en cuenta.
La diaria peña del mus –y de caza– de vez en cuando, no todos los días, se atrevía a jugar un decimito en la lotería, aunque en esa ocasión se apostaron una ronda en la Primitiva.
Manuel Crespo, “Manolín”, fue de los que perdió, y al día siguiente cada uno de los cuatro tenía su resguardo individual pagados por Manolín y su compañero. Los números los había elegido de modo aleatorio la máquina expedidora. Manolín, en plan de coña, les dijo, cuando repartió los boletos: “para ti una buena chica; para ti, mi compi, 31 sin pares; para ti dos reyes con un caballo, y para mí, que soy la mano, un “solomillo”, tres reyes y un as; sólo me va a tocar a mí”.
Él sólo hubiera ganado de mano unas pocas piedras, apenas un amarraco, con un solomillo de mano, eso lo sabían todos los parroquianos habituales del bar del pueblo. Era el más torpe con las cartas, pero un lince con la escopeta para revolcar conejos, levantar rabonas e ilustrar la percha muy de vez en cuando con una de las pocas patirrojas que quedaban en el término municipal.
Él, Manolín, con treinta castañas cumplidas, era el único soltero de la peña. En el pueblo no había casi donde elegir una moza adecuada. Se había enamoriscado de una guapa eslava y le propuso matrimonio. Pero cuando ésta, en un día libre de sus quehaceres, conoció la modesta vivienda, con madre dentro, y la escasa agricultura del novio, abandonó la zona. Ella no había dejado las frías llanuras natales para encerrarse en un triste villorrio mesetario con un patán sin dinero y con suegra; aspiraba a mucho más.
Un hortelano aficionado a la caza
Huérfano de padre muy joven, apenas había ido a la escuela unos años, pero los suficientes para saber leer, escribir y hacer cuentas; desde casi un niño se había afanado en la dura huerta y en las escasas fanegas de cereal que la rodeaban. Cavar la huerta, saber de campo y de la caza local, eran sus mejores virtudes, aparte de ser un ejemplo por cómo se ocupaba de su madre.
Volvió a perder al mus, y además hasta su compañero hizo mofa de la mala mano que había tenido con la Primitiva: no había acertado con ningún número de los amigos. Para suerte la de un pavo desconocido, único acertante, al que le habían caído casi 60 millones de euros. “Ése no tendrá que cavar nunca una huerta, como haces tú, Manolín”, se mofaban los amigos. Por si acaso se apuntó los números que figuraban en el periódico del bar en la palma de la mano. Pero se le borraron después de tener agarrada la azada durante cuatro horas.
Al día siguiente los amigos le preguntaron por su boleto, pero él les dijo que no lo había mirado. Tuvo unas cartas de escándalo, ganó la partida él solo con las suyas y los amigotes le dijeron: “Coge otra vez los números que con la chorrina que has tenido seguro que te llevas los sesenta kilos”.
Esa tarde no cogió ni pico, ni pala, ni azadón. Se fue a la capital a consultar con un abogado, hijo del pueblo, que de vez en cuando entraba en la partida de caza. Éste, cuando conoció el asunto, pensó que a él también le habían tocado parte de los sesenta kilos de euros.
Le aconsejó que se fuera al pueblo, cogiera a su madre y la sacara de allí. Reservó una suite de dos camas en un hotel de cinco estrellas en la más rutilante localidad de vacaciones en la playa, con cargo a su tarjeta de crédito.
A su madre le dijo esa noche que les había tocado un viaje en la playa de la Caja Rural y que se irían mañana, que hiciera la maleta. Ella insistía en que fuera solo, pero él acabó el asunto diciendo: “Si padre no te pudo llevar a conocer el mar, yo te voy a llevar aunque sea atada”.
En la puerta del abogado aparcaron el R-7 de cuarta mano, y los tres, junto con el chófer del Mercedes alquilado, pusieron rumbo a la costa.
Manolín nunca volvió al pueblo; a su madre, enferma de pena, la enterró en una lujosa tumba en un cementerio de la costa, al lado del fastuoso chalet adquirido; el abogado se instaló en la misma localidad dedicado en exclusiva al manejo de la fortuna de su benefactor. Era un hombre honesto y medraba al igual que la fortuna de Manolín, que echaba de menos su mus, su huerta y su escopeta, no a la guapa eslava ya que de éstas disponía a su antojo, y sin necesidad de ser profesionales. Era un rico más de la zona, de origen desconocido y sin historia.
La propuesta cinegética
Pero a los pocos meses, sin madre y sin raíces, era un pobre rico. El abogado se dio cuenta de la situación y pensó: si se me muere de pena, como la madre, aviado estoy; si a éste le gusta la caza, le voy a dar gusto.
Ni corto ni perezoso llamó a un colega, rico de toda la vida, que entendía de asuntos de caza, y le comentó su problema y éste le facilitó un número de teléfono de la persona que él consideraba apropiada. El abogado, antes de desplazarse desde la costa, concertó una cita en un reconocido restaurante de la capital de la nación.
Nada más presentarse le expuso su problema: “Don Federico, organíceme un año de caza mayor por todo el mundo. No quiero que mi cliente deje de pegar tiros en un año y cazar todo lo que pueda cazarse con un rifle. No escatime usted que dineros haylos”, al tiempo que le pasaba por encima de la mesa un cheque conformado por una cantidad sonrojante. Pero Federico, que era un profesional, acaso el único del país con dedicación completa y conocimientos más que contrastados, rechazó el documento de pago e insistió que quería conocer personalmente a Don Manuel para informarle debidamente del proyecto.
El abogado reculó ante la propuesta pensando: “A ver si este listo con su labia me quita el chollo”. Pero Federico se adelantó a sus pensamientos, diciéndole: “Hay que tener un carácter especial para poder realizar lo que tengo en mente proponerles, y tengo que tener la seguridad de que se vaya a llevar a cabo, no quiero ser partícipe del fracaso de su cliente. Si no está de acuerdo, se sigue guardando el talón, paga la cuenta y se busca a otro”.
Consejos del profesional
Federico y Manolín se cayeron bien desde el principio. Los dos, a su manera, eran hombres de campo, y congeniaron muy pronto.
– Mira Manolín –le decía Federico–, éste es el mejor proyecto de mi vida, pero no te voy a dar opción para que salga mal. Vas a pisar donde pisa el buey, en sitios que ya he pisado yo en varias ocasiones, pero esto no supone que sea todo fácil. En lo sencillo aprovecha la oportunidad, en lo complicado hinca la espalda como hacías en la huerta y cúrratelo.
–Pero Fede –el don Federico desapareció a los minutos del primer apretón de manos–, si yo jamás he salido de España, ni nunca me he subido a un avión.
– Pues tiene que haber una primera vez para todo –le contestó–; tampoco antes te había tocado la Primitiva, y has aprendido a vivir como un duque no arruinado. Para salir de España sólo necesitas sacar el pasaporte, como lo hacían los vecinos de tu pueblo en los años sesenta cuando iban a vendimiar a Francia; para coger un avión sólo tienes que subirte a él, como hacen los del Inserso. Tener miedo a volar es como tener miedo a tomar una Coca-Cola, lo hacen millones de personas todos los días. Los escasos accidentes aún salen en los periódicos; con mucha diferencia es más peligroso el coche que el avión, y si fuera tan arriesgado no se subirían los políticos con lo que les ha costado conseguir que les voten. Además vas a viajar como un obispo, en tu gran asiento de primera, con todas las comodidades y servicio a tu disposición. No te digo que las azafatas sean guapas, quizás lo fueron en su juventud, incluso puede ser que te atienda un auxiliar un poco mariposo. No te vas a perder en los aeropuertos, los carteles los ponen para que se orienten hasta los patrones de las pateras, y éstos sí que son lerdos. Tendrás incidencias de pérdidas de conexiones de vuelos y extravío momentáneo de maletas, pero te aguantas como cuando te dan malas cartas en el mus. Un momento después se baraja de nuevo, sólo has de tener paciencia, te darán una solución, sentar sienta más que mal, pero como no puedes hacer nada, te aguantas que es lo mejor y más razonable. Para que no te sorprendas, Manolín, en el mundo de la caza hay de todo como en la vida: hay agricultores que llegan a viejos y no se enteran, y también médicos, abogados y arquitectos. Los políticos, ni los nombramos: si se enteraran de lo que quiere el pueblo ganarían todas las elecciones. Tendrás profesionales muy buenos, buenos, regulares y malos, aunque como la caza tiene su puntito de suerte, puede ser que la fortuna le haga al malo ser bueno, y al revés. Pero te aconsejo que te lleves bien con todos, vas a pasar muchos días con cada uno, y el que se emperra en llevarse mal con su guía o cazador profesional desde el primer día, lo que de inmediato consigue es un ambiente muy poco cordial que fácilmente se verá reflejado en el resultado final. Tú aguanta hasta que se acabe la cacería, y una vez terminada me informas, que yo intentaré que, en la medida de mis fuerzas, esas personas no vuelvan a cazar con ninguno de los cazadores que yo envíe. Por regla general te diré que en África muchos profesionales son de sobresaliente, y casi todos consiguen el aprobado; en Asia son montañeros, gentes del lugar, y saben de las querencias y costumbres de los animales; en el Norte de América no es sencillo encontrar gente capaz que sean guías de caza, tendrás que aplicarte y, como hombre de campo con sentido común, buscarte las habichuelas; en Europa los guías entienden de caza y de la calidad de los trofeos; en Oceanía suelen ser buenos y fiables. Por norma general, en todos los destinos los profesionales de la caza saben más que el común de los cazadores, es mejor fiarte de ellos que desconfiar.
– Pero Fede –decía Manolín–, ¿cómo voy a poder distinguir la paja del trigo?, además yo seguro que soy más que bruto para intentar aprender idiomas. Entre tú y el abogado me vais a meter en un berenjenal muy gordo.
– Don Manuel, si quiere usted lo dejamos –terció el abogado, siempre atentísimo a los deseos de su paisano.
– Pero Manolín –insistió Federico–, atiende: eres asquerosamente rico, a ti el dinero no te lo cuentan, lo pesan. Tienes el privilegio de poder ir de caza durante un año completo por todo el mundo. No hace falta que distingas nada, que hables ningún idioma, si quieres entenderte con alguien lo harás si él también lo desea. Y por supuesto que va a ser una aventura, te pasará de todo, circunstancias que se darán sobre las que no te puedo poner en aviso, porque son imprevisibles. ¿Pero la alternativa es que te quedes sentado comprando más solares y siendo más rico, cuando sé que lo que te cuento te alegra las pajarillas de los ojos?
Se cierra el trato
– Vale, vale Fede, no te pongas así –contestó Manolín–, y si después de todo esto no le pego un tiro a un bote parado a diez metros, ¿cómo lo vamos a arreglar?
– Pues es una buena pregunta –dijo Federico. Coges esa espingarda que tienes por escopeta y que dices que todo lo que apuntas lo pones patas parriba, y te vas a cazar con ella. A capar se aprende capando, y lo sabes mejor que yo. Tirar medianamente bien con un rifle está al alcance de todo el mundo, sólo hay que fijarse un poco, ya te enseñaré, pero lo más importante es que no te traicione el corazón, el buen tirador es el que deja las emociones aparcadas en las décimas de segundo del disparo. Fallar lo hacemos todos, y unos más que otros, pero el tirador infalible es un mentiroso y un imbécil: un mentiroso porque no es verdad y un memo porque intenta convencer a los demás de su falsa infalibilidad. Es como el que mete todos los penaltis en el fútbol, vamos, que no existe, y además suele fallar en el momento más critico de su carrera. Lo mismo pasa en la caza, el que lo mata todo, falla en el momento cumbre y con el trofeo más importante; de técnica iba perfecto, pero le falló el corazón en el momento más inadecuado.
– Sabes Fede –comentó Manolín–, lo que me gusta de ti es que no tienes pelos en la lengua. Cuando seguro que conmigo vas a ganar una pasta, no me haces la pelota como me estoy acostumbrando a que me la hagan por todas partes. Eres más chulo que un ocho, macho.
– No te confundas –le corrigió Federico–, es distinto, hay que conocer la verdad y tener la valentía de decirla. Si no lo hiciera así, dentro de unos meses me dirías que te he engañado, y no te pienso dar esa oportunidad, como hasta la fecha no se la he dado a nadie en mi vida profesional. El dinero que consiga me lo habré ganado sin necesidad de hacerte la pelota, no es una propina que reciba de tu parte. Ahora que hablo de propinas, mucha gente de modo fariseo, como decía el cura de tu pueblo, se rasga las vestiduras con este tema, aunque son los primeros que se la dan a un secretario en un puesto de ojeo o de montería, o a un guarda después de hacer un rececho. ¿Qué es lo que pasa en la caza internacional con las propinas? Pues la única pega es que se da de golpe y al final de la cacería, y entonces parece una cantidad muy abultada. Si la fueran dando todos los días, como la dan en un restaurante o cuando se toman un café, no les supondría tanto desasosiego.
– No tengo ropa de caza, la que usaba me la dejé en el pueblo –protestó Manolín, ya más liado que una cuerda en el bolsillo por el verbo fácil de Federico–.
– De poco te iba a servir la chaqueta vieja y los pantalones remendados que te ponías. En esto, como en lo de las armas, te ayudaré, hay un tipo de armas idóneo para cada cacería, como lo hay para la vestimenta. Llevar la misma ropa o calzado haga frío, calor o llueva no tiene sentido en los tiempos que corren. Tú no usas unas botas de esquí como chanclas para la playa, ¿verdad?, pues en la caza lo mismo. El conocido algodón junto con la lana y los nuevos goretex, thinsulate, forros polares, son la base de la vestimenta de caza tanto en ropa como en calzado; acabarás Manolín con mayor número de prendas de caza que las que usas en tu vida ordinaria.
En tan sólo dos días el abogado recibió un e-mail con el siguiente texto:
Proyecto de caza internacional
para D. Manuel
Enero: África. Camerún. Sabana.
En este primer viaje el desplazamiento de avión no es muy largo. Madrid–París–Douala–Garoua.
En enero, la temperatura es agradable en la zona. Tendrá que pasar un control de llegada de fiebre amarilla, por lo que tendrá que vacunarse. También debería cumplir con las normas profilácticas antipalúdicas.
Los campamentos buenos, con un buen servicio, y con profesional nativo español.
Las áreas de caza tienen bastante caza, pero como estará limitado por las normas del país en cuanto a número le recomiendo, en primer lugar, intentar cazar eland de derby, cacería que se hace a la huella y es muy deportiva; en segundo lugar un búfalo occidental, ya que no tendrá opción en el resto de destinos. Los elefantes no suelen llevan mucho marfil, y los leones tienen poca melena. Del resto intente todo lo que pueda. Un resultado habitual con dos licencias le permitirá abatir doce animales. Como será su primer contacto en África, será el safari de referencia de su vida, pero estamos seguros que le saldrá muy bien.
Febrero: caza de exóticos en Estados Unidos
El viaje de avión no es muy complicado, pero más largo que el precedente de Camerún, hasta llegar a San Antonio. En este destino también le podrán atender en español. El alojamiento es de lujo con cuartos de baño con jacuzzi.
Se ve caza constantemente, le recomiendo en primer lugar los animales autóctonos de América, como bisonte, ciervo cola blanca, wapiti y pecari. Del resto puede hacer una selección de los que no va a encontrar en otros destinos, pero por norma se debería abstener de los africanos porque los va a encontrar en sucesivos safaris y en sus lugares de origen. No lleve armas, se evitará engorrosas complicaciones, ya que le pueden poner a disposición rifles excelentes. Aproveche una tarde para ir a la ciudad, hacerse una fotografía delante de El Álamo –el de las películas del oeste– y cenar mirando al río.
Marzo: caza mayor en Argentina
Seguimos sin problemas con el idioma, pero el viaje es considerablemente más largo hasta llegar a Bariloche después de hacer un Madrid-Buenos Aires.
También le recomendamos que no lleve armas: es un engorro entre solicitar permiso en el consulado de Argentina en España y la entrada en el aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires.
La cacería, por fechas, coincide con la época de celo de los venados. Le recomendamos que consiga un ejemplar por encima de 250 puntos CIC, que los hay; en muy pocos destinos los podrá encontrar como aquí. Podrá conseguir el resto de especies, y sobre todo insista con los jabalíes, ya que son muy grandes y le permitirán muchos lances.
Abril: África. Botswana
Es donde va a ver mayor número de animales salvajes. El Delta del Okavango es uno de los dos destinos mayoritarios turísticos de África; el otro es Serengeti-Ngorongoro.
Llegará en un cómodo vuelo Madrid-Johanesburgo y desde allí una conexión hasta Maun. El campamento se encuentra a unas dos horas en coche, y se puede considerar como un cinco estrellas como campamento en abierto.
No hay profesionales que hablen español, sólo inglés, pero son de primera fila; de hecho son los que cobran más en todo el continente por su trabajo.
Verá cientos de elefantes, miles de búfalos, conseguiría toda la lista de trofeos, incluyendo el mejor león de melena de toda África.
Es un lujazo de safari, y como irá en la apertura de la temporada, lo normal es que cace en seco, ya que el río aún no ha llegado desde Angola, y tendrá opción de elegir un gran ejemplar del mejor trofeo de caza del mundo: un elefante.
Le aconsejo que lleve sus armas, y no debe ser necesaria ningún tipo de medicación, acaso la profilaxis de la malaria.
Mayo: Alaska. América del Norte
En los años pares se cazan osos pardos –kodiak– en las islas y península de Alaska en primavera; en años impares en otoño. Como éste es un año par, le recomendamos que acudan a esta cacería en primavera.
Hemos dudado en ofrecerle una cacería de oso polar, pero los kodiak son aún más grandes que los polares, y por el tipo de cacería y sobre todo por la época, le sugerimos esta opción de oso kodiak.
Tendrá que llegar a Anchorage después de un largo viaje, y desde allí pegar un salto a su zona de caza para coger el barco. En esta modalidad de caza con barco, lo que se asegura es un alojamiento caliente y confortable después de una agotadora jornada de caza.
Lo habitual es que consiga un oso, y se quedará sobrecogido ante lo espectacular del tamaño de esta fiera.
Tiene que llevar su arma, y pasará muchos controles de aduana, pero no hay otra solución.
Mayo: corzos en Hungría
Como en la anterior cacería apenas podrá disparar más que en un par de ocasiones, le proponemos para el mismo mes esta divertida excursión de caza en Europa de corta duración y acceso fácil, sólo un trayecto de avión Madrid-Budapest.
Dispondrá de un intérprete en español, que le resolverá todas las incidencias desde su llegada a Hungría.
Lo habitual es que en seis días de caza supere la cifra de veinte corzos abatidos de diferente tamaño. Será un cómodo ejercicio de tiro, con un esmerado servicio y agradable alojamiento. Es muy sencillo llevar sus propias armas.
Junio: Sudáfrica
Otra vez a África, pero con la excepción del rinoceronte blanco para completar los “cinco grandes africanos”, el resto serán antílopes.
Lleve sus armas y bastante munición porque va a pegar muchos tiros, y el cómputo final de trofeos incluidos facocheros, sobrepasarán las cuatro decenas. Será el destino en el que consiga mayor número de piezas, pero si aún quiere pegar más tiros se le puede organizar unas batidas de springbuck: calcule unos 100 disparos diarios en esta especialidad.
De nuevo un sencillo Madrid-Johannesburgo y una conexión local aérea hasta destino.
Desde el aeropuerto local, en una hora llegará al lodge de caza, que es un cinco estrellas con jacuzzi en el baño, mirando a un precioso acantilado.
En más de una ocasión le van a decir que tire muy lejos, por encima de los trescientos metros; no se preocupe, las balas llegan a esa distancia sin mayores problemas.
No tiene que vacunarse de nada, ni medicarse para la malaria, no lo haga ni siquiera como precaución, ya que no le hace falta en absoluto.
Julio: Australia-Nueva Zelanda
Australia: búfalo y banteng
Oceanía son las antípodas para Europa, y concretamente Nueva Zelanda corresponde con la antípoda de España. Este es el viaje de avión más largo que se puede realizar. Para que le sea más llevadero, primero vamos a hacer una parada en Darwin para la caza en el norte de Australia.
No lleve armas, ya que se las ponen a su disposición, y es un poco complicada la introducción en el país.
El norte de Australia es un lugar muy salvaje, muy remoto, conseguirá los objetivos, más algunos guarros.
Los campamentos son de tipo africano de selva, bien acondicionados pero muy básicos.
Desde Darwin perderá un día hasta el nuevo destino. Aquí encontrará un agradable alojamiento y una caza muy sencilla y de corta duración que le permitirá completar la colección de animales introducidos en el Pacífico Sur.
Será como un paso intermedio entre los bosques del norte del país y las montañas de Nueva Zelanda, su próximo destino.
Nueva Zelanda: rebecos
Este va a ser el agradable postre de su largo viaje a Oceanía: la Isla del Sur. Es una maravilla de lugar, con sus bosques, sus pastizales y sus altas montañas de los Alpes.
Tendrá que cambiar la vestimenta de verano que traía de Australia por la de invierno, ya que el clima en las montañas es muy riguroso, con el termómetro muy por debajo de cero, y además muy húmedo.
Conseguirá excelentes trofeos, y le va a entusiasmar remontar el monte Cook en busca de los grandes rebecos, ver la pluviselva y disfrutar de la cordialidad de este rincón inglés en los mares del Sur.
Los alojamientos son correctos y el trato personal impecable.
Agosto: África. Tanzania
Éste es uno de los pesos pesados del programa. Va a estar en cazaderos míticos enfrentándose a los grandes africanos. Lo normal es que consiga los dos felinos, león y leopardo, varios búfalos, acaso un bonito elefante oriental y una completa colección de otras especies, junto con cocodrilo e hipopótamo. Aunque no espere grandes concentraciones de animales, hay la densidad natural que permite el hábitat de la zona.
Todo en abierto, todo salvaje, y con un resultado esperado que se acerque a la treintena de trofeos entre las especies del sur y del norte.
Necesitará tomar la profilaxis de la malaria, y si no lo ha hecho antes, vacunese del tétanos.
Lleve sus armas, aunque la gestión es un tanto complicada –se la podemos hacer nosotros–, ya que no hay disponibilidad ni de armas ni de municiones en destino.
Llegará en un vuelo no muy largo conexionado: desde España hasta una ciudad europea, y desde allí, hasta Dar es Salaam.
Si la cacería se acabase antes de los días de caza, puede aprovechar para descansar unos días en la vecina isla de Zanzíbar.
Los campamentos son los clásicos de selva, en tiendas de campaña, todo muy rústico pero eficiente y con un muy numeroso servicio a su disposición para hacerle la vida lo más agradable posible.
Septiembre: Yukón (Canadá)
Vía Vancouver, después de un largo viaje llegará a White Horse para coger una avioneta que le llevará al cazadero.
Si llevar armas a Estados Unidos es complicado, Canadá sin embargo es uno de los destinos más sencillos del mundo. Lleve las suyas sin dudar.
Cazar en Norteamérica es duro, ya que el resultado siempre está en el aire, y ésta es la cacería con más riesgo que le propongo de cara a conseguir los animales propuestos. Dicen que en las zonas muy buenas, el resultado es de un trofeo cada cinco días. Como usted lleva cinco trofeos, lo normal es que no supere los tres, pero hasta podría darse el caso de no conseguir ninguno.
Hasta la fecha lleva muchas cacerías con un éxito más que contrastado, pero el riesgo en el resultado es inherente a la caza. Se lo queremos hacer notar para que esté avisado de esta circunstancia. Cazando en Norteamérica, el tiempo meteorológico, la ley de caza y los animales se alían muchas veces contra la esperanza del cazador. Pero a pesar de todo esto, le recomiendo vivamente este destino. Cazar en esos parajes es grandioso.
Podrá disponer de caballos, o de una barca, pero en la mayoría de las ocasiones serán sus piernas las que le lleven delante de las piezas a abatir.
Acude en una excelente fecha para alce, sería el trofeo más sencillo. Conseguir el resto será un tanto complicado, pero lo lógico es que consiga alguno más. De todas maneras el alce de Alaska-Yukón es el trofeo de caza más impresionante de Norteamérica.
Vivirá en una cabina con un guía, que le servirá de todo: como cazador, cuidador de caballos, preparador de trofeos y cocinero. La cabaña cubrirá sus necesidades básicas de refugio y alimentación, y apenas su higiene personal.
Octubre: Austria
Esta cacería empieza con un sencillo Madrid-Viena. Disfrutará de un alojamiento magnífico y la cacería tendrá un gran resultado. La especie reina será un gran venado; si lo desea le podemos gestionar un ejemplar que hasta pudiera ser el récord del mundo de la especie.
Le recomendamos que consiga el resto de las especies, que abata más de un rebeco, y si le apetece le organizamos unas jornadas para que se traiga una docena de grandes jabalíes. Las armas se llevan sin problemas, y a la vez que se desplaza por Austria se pueden organizar visitas turísticas en las famosas ciudades del país.
Noviembre: el Marco Polo en Tadjikistán
Esta va a ser la única cacería del programa en Asia, y con seguridad la más complicada.
Va a tardar varios días hasta llegar al cazadero. Al estar situado por encima de los 4.000 metros de altitud, deberá seguir escrupulosamente los consejos que le proporcionaremos. Cualquier omisión puede suponerle un gran perjuicio en su salud. Va a estar en el Pamir, que se considera el “techo del mundo”, por eso le hacemos tomar tantas precauciones.
El alojamiento puede ser tan básico como una pequeña tienda de campaña sin ningún tipo de comodidad y con temperaturas nocturnas que lleguen a menos veinte grados centígrados. Los guías de caza, sin dudar, le van a mostrar varios argalis Marco Polo y tendrá opción de hacer un disparo por encima de los trescientos metros y conseguir su trofeo. Aunque allí le van a dejar un arma que está con el visor puesto a 500 metros.
Será una experiencia única y habrá conseguido uno de los trofeos más importantes de caza de todo el mundo.
Le sugerimos que cuando consiga su trofeo, abandone el área de caza y baje en altitud, a ningún humano le sientan bien esas alturas.
Diciembre: machos monteses en España
Ya no va a depender de presentarse en un aeropuerto. Le recogeremos en su domicilio, y en un cómodo todoterreno vamos a recorrer media España. Necesitará licencias autonómicas de Aragón, Andalucía y Castilla y León.
El alojamiento será siempre en establecimientos de la Red de Paradores Nacionales, cuya calidad es más que reconocida. El objetivo será conseguir las dos subespecies de macho montés, un animal que sólo se puede encontrar en España, pero cazaremos todas aquellas zonas emblemáticas en las que se encuentran.
En las distintas zonas tendremos información sobre la localización de ejemplares sobresalientes que serán sobre los que intentemos su caza. Podrá ser que más de uno de los machos pretendidos no sea fácil y que se necesiten varios días de caza.
Epílogo
El abogado se quedó impresionado por la rapidez en recibir la propuesta; también porque las cantidades que él había previsto se quedarían un tanto escasas. Además había que añadir los billetes en clase business para dos personas, ya que él tenía que acompañar a Don Manuel y servirle de intérprete, pero se tiró para adelante y aceptó el programa.
Federico, a su vez, se puso las pilas. Éste era el cliente del año, más bien del siglo, y se encargó de aconsejarle desde la compra de ropa interior hasta una surtida batería de rifles para todas las especialidades. En total fueron cinco armas: un .243 Winchester para corzos; un .300 Remington Ultra Magnum para caza de montaña y antílopes grandes; un .375 Holland&Holland para casi todo; un .458 Lott para “los grandes” de África, y un express .470 Nitro inglés muy bueno y muy caro que nunca utilizó.
Con cada rifle adquirido, Manolín se pasaba, con la compañía de Federico, un día entero probándolo, no dejando de disparar hasta que tuviera un perfecto conocimiento del arma y de sus características. Como no era lerdo con las armas, pronto aprendió su manejo y se convirtió en un más que aceptable tirador. Y como era joven y seguía fuerte, piernas no le faltaron para el maratón que realizó.
En total consiguió 292 animales de 187 especies distintas. Lo que más le gustó fue la caza en el rancho de América y el safari en Tanzania; lo primero por el número de variados trofeos y lo segundo por lo auténtico. Lo que menos, la cacería en Asia, ya que lo pasó fatal por la altura.
Llegaron las Navidades y Manolín se sintió solo, cogió su gran coche y se fue a la capital de su provincia. Instalado en el mejor hotel, llamó a sus tres amigos de la peña de caza y mus. Éstos estuvieron un poco reacios en acudir a la cita, pero al final aceptaron la convocatoria. Se emocionaron al ver al viejo amigo archimillonario, comieron como heliogábalos, se aburrieron ante las fotos de todos los animales extraños, hicieron que Manolín perdiera al mus, y antes de despedirse vino la pregunta clave: ¿Y de perdices qué?
Manolín se quedó un poco abochornado. A sus amigos no les impresionó su colección de trofeos. Ellos seguían a su querencia de conejos, liebres y sobre todo perdices. Debería hablar con Federico para ver que se le podía ocurrir para el próximo año, pero esta vez con la escopeta.