Palabra de cazador
Última actualización 01/08/2006@00:00:00 GMT+1
Nombre completo:
Joaquín Vázquez Parladé.Edad: 74 años.
Profesión: Perito agrícola y ex-cazador.
Lugar de nacimiento:
Sevilla.Dónde vive. En Sevilla.Donde caza: En mi casa con mi cabeza, que guarda recuerdos imperecederos.
Currículo cinegético:
Comencé cazando zapateros en los años 1935 y 1936 y me jubilé voluntariamente el año 1982.
Es autor de las siguientes obras: "El Fantasma" (Historia de un gran venado y su cazador) Ed. Guadalquivir. Sevilla, 1987 ; "Por Fin en el Yukón", Aldaba ediciones. Madrid, 1990; "Picolao, Guarda de Patos y Ánsares En La Marisma". Universidad de Sevilla. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1999; "Safari en Zambia". Ed. Guadalquivir. Sevilla, 2000; "De Doñana al Pirineo". Ediciones Al Andalus, Sevilla, 2006.
Su maestro venatorio.
Mi propio instinto, aunque siempre seguí el ejemplo de mi padre, que me impresionaba por lo mucho que monteaba sin tener coto, ya que lo convidaban solamente por su simpatía. Siempre me decía que había que ser muy educado, que jamás debía tirar las reses que iban claramente hacia el vecino y, por supuesto, que nunca me quejara del puesto que me habían dado.
Su primera pieza, lugar
y arma utilizada.
Un zapatero (no político) que flotaba sobre el agua mansa del Arroyo de Mudapelo. Tenía tres o cuatro años y el arma era un “escopetón” de muelle que disparaba un corcho amarrado con una guita larga al cañón y que se introducía a presión en el mismo.
Una raza de perro.
Springer Spaniel.
Su cazadero de toda la vida.
Las Nuevas, en la Marisma del Guadalquivir, para la caza menor; los cotos de Medina para las perdices; la Sierra de Andújar, en Jaén, para montear, y Benasque, en El Pirineo, para los sarrios.
Un momento cinegético
muy especial.
Cuando maté mi primera avutarda –15,5 kg.–, que pegó un gran zapatazo a mis pies. También cuando me hicieron novio en Las Jarillas con una cochina gordita que se bañaba en una charca que había detrás de mi puesto.
Defínase en pocas
palabras como cazador.
Aficionado impenitente, pero ahora arrepentido y queriéndole dar vida a todo lo que cacé para que otros lo disfruten tal como yo lo hice.
Su pieza reina de la
caza menor.
Los patos en “Las Nuevas”, ya irreconocible, y las perdices de El Pedroso (Medina Sidonia).
¿Y de la mayor?
Un buen rebeco en lo más hondo del Valle de Benasque y todos los venados que se puedan cobrar en una montería de Andújar.
Su modalidad
por antonomasia.
De caza menor, un aro en un lucio de la marisma. Para la mayor, el rececho del sarrio en El Pirineo.
Su arma preferida.
Para la menor una pareja de escopetas paralelas. Para la mayor un buen rifle express.
¿Y sus “herramientas”
habituales?
Eran varias. Para las monterías un rifle express .240 Holland & Holland y un Sako .338 Win. Mag. de cerrojo, con un anteojo de 2 a 4 aumentos. Para la menor dos parejas de escopetas: dos William Evans y dos Bury.
Un cazador que admire.
Son dos: Antonio Covarsí y el conde de Teba
Su máxima aspiración
cinegética.
Cobrar un elefante de 100 libras, que jamás conseguí.
¿A quién le daría, metafóricamente, un tiro de sal
en el trasero?
A cualquiera de los actuales orgánicos de monterías multitudinarias.
Una frase para los anticaza.
Que se vayan a tomar viento fresco, y que intenten cazar ellos mismos, que a lo mejor
se aficionan.
Otra para salir a hombros
entre cazadores.
Que amen a la naturaleza y a sus “habitantes”.
¿Dominó, mus o tute?
Un buen solitario conmigo mismo, ya que no soy jugador de cartas.
Su plato de caza preferido.
Un pato guisado por Victoria, la mujer de Antonio Clarita –guarda que fue de Las Nuevas– y la perdiz trufada con gelatina de oloroso que hace mi mujer.
¿Cualquier tiempo
pasado fue mejor?
Sí, para mí desde luego.
Qué destacaría con orgullo
del mundo de la caza.
Su cabezonería.
Qué haría desaparecer.
La masificación en la caza.
Como cazador, ¿cómo se siente
en la sociedad actual?
Puteado.
¿Hacia dónde camina la caza?
Parece que hacia un deporte de masas. Increíble.