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Ojeo a la investigación

Última actualización 01/09/2006@00:00:00 GMT+1
Algunos estudios como los reseñados en este artículo concluyen que el conejo se está recuperando en hábitats de buena calidad, con suelos blandos y poca presión de caza.
Desde sus orígenes en el sur de la península Ibérica, hace unos 2,5 millones de años, Oryctolagus cuniculus ha constituido una importante fuente proteica para sucesivas civilizaciones. El conejo ha evolucionado junto a una treintena de depredadores, muchos de ellos especializados en su caza, y actualmente amenazados. Por todo ello, nadie duda de la gran importancia que ha tenido y tiene este lagomorfo también para los aficionados a la caza menor. Los cambios en su hábitat, pero también dos enfermedades víricas –mixomatosis y enfermedad hemorrágica–, han diezmado las poblaciones de conejo a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. En la actualidad, aunque en algunas zonas los conejos no consiguen remontar, existen otras en las que podemos encontrar unas poblaciones aceptables y hasta se vuelve a hablar de plaga en determinados lugares de nuestra geografía.

En Aragón, gracias al seguimiento de las poblaciones cinegéticas promovido por el Gobierno regional, se ha podido disponer de una excelente información para estudiar la evolución del conejo en los últimos 15 años. Un primer estudio realizado en 2001 por Carlos Calvete, Rosa Estrada, Elena Angulo y Sonia Cabezas analizó los factores que determinan la mayor o menor abundancia de conejo en la provincia de Zaragoza. Se publicó en la revista Landscape Ecology (19, 2004) bajo el título Habitat factors related to wild rabbit conservation in an agricultural landscape (Factores de hábitat relacionados con la conservación del conejo en paisajes agrícolas).

Más recientemente, un segundo trabajo analiza las causas del incremento o declive de las poblaciones de conejo en Aragón. El artículo será publicado en la revista European Journal of Wildlife Research con el título Hunting for answers: rabbit population trends in northeastern Spain (Cazando respuestas: tendencias poblacionales del conejo en el noreste de España) y está firmado por Daryl Williams, Pelayo Acevedo, Christian Gortázar, Marco A. Escudero, José Luis Labarta, Javier Marco y Rafael Villafuerte.

Los datos del primer trabajo se obtuvieron a partir de recorridos a pie para la cuantificación de indicios de presencia, mientras que los del segundo fueron obtenidos a partir de los recorridos nocturnos con faro realizados por la guardería del Gobierno de Aragón en 60 localidades distribuidas por toda la comunidad entre 1992 y 2004; ¡todo un ejemplo!. Las abundancias y tendencias poblacionales así obtenidas se relacionaron, mediante distintas herramientas matemáticas, con factores ambientales y de manejo de las poblaciones de conejo. Éstos incluían la vegetación y usos agrícolas, la topografía, la dureza del suelo, el clima, la depredación y la presión de caza.

Los resultados obtenidos indican que hay más conejos en zonas más cálidas y de suelos blandos, sobre todo cuando la proximidad a linderos o manchas de matorral asegura la cobertura. Las poblaciones de conejo tienden a recuperarse significativamente en esos hábitats buenos, encontrándose de nuevo una fuerte correlación positiva con los agrosistemas cerealistas de baja altitud, caracterizados por suelos blandos, temperaturas altas y escasas precipitaciones. En cambio, los pocos conejos que sobreviven en ambientes desfavorables, generalmente a mayor altitud y con suelos duros, se mantienen estables o incluso siguen disminuyendo.

Independientemente de la calidad del hábitat, las poblaciones de conejo se recuperan mejor y son más abundantes donde la presión de caza es menor. Cabe destacar que, en contra de lo esperado, no se ha observado efecto de la abundancia de depredadores (zorro) en estas tendencias de las poblaciones de conejo. A tenor de los resultados, los cazadores, los gestores y las administraciones deberían tomar nota y empezar a cambiar algunas cosas. Si el conejo se está recuperando por sí mismo en áreas con “buena” calidad del hábitat –suelos blandos– y presión “baja” de caza, algunas acciones costosas y aventuradas, tales como el uso de vacunas transgénicas, podrían estar injustificadas. Además, reducir la presión cinegética puede favorecer la recuperación del conejo, aunque esa reducción no tiene por qué suponer una menor cantidad de conejos cazados, pero eso –otro descubrimiento de Rafael Villafuerte y sus colaboradores– será objeto de otro artículo.
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