Entrevista destacada
Luis de la Peña Fernández-Nespral, autor del
libro Rupicapra, dedicado a los rebecos y a la montaña
Última actualización 01/09/2006@00:00:00 GMT+1
Luis de la Peña es un joven pero experimentado cazador. A sus 33 años, acaba de escribir su tercer libro de caza, Rupicapra, dedicado en esta ocasión a sus dos grandes pasiones: el rebeco y la montaña.
Luis de la Peña es la imagen del cazador joven y entusiasta, que a sus 33 años vive y siente la caza con pasión y respeto, haciendo luego un ejercicio difícil y constante que es plasmar sus ideas y experiencias en papel, cosa nada baladí.
Escribe todos los meses en revistas de caza y aún le queda tiempo para preparar algún que otro libro como éste último, de reciente aparición, titulado Rupicapra, dedicado al rebeco y a la caza en la alta montaña. Para completar sus currículo, añadir que es abogado de profesión y miembro del Comité Ejecutivo del CIC, secretario de la Subdelegación Española y vocal de la Junta Nacional de Homologación de Trofeos de Caza.
¿Cuánto tiempo le dedica
a la caza del rebeco?
Todo el que puedo. Cazo los dos periodos en los que se puede cazar en España, es decir, primavera y otoño, y luego, si puedo, programo alguna salida a otros lugares del mundo.
Pero también practica otro tipo de caza, ¿no?
Sí, pero no mucho. Suelo ir a alguna montería, pero muy elegida, y a otro tipo de cacería de montaña, como carneros y cabras en el mundo. A mí me gusta cazar de todo, como a casi todos los cazadores. La caza en África, por ejemplo, es apasionante. Quiero decir que mi predilección es la caza de montaña, pero si me dices que nos vayamos a cazar un corcito, también me lo pasaré bomba.
En su libro Rupicapra, aparte de la caza,
la montaña juega un papel protagonista.
¿Es algo tan importante para usted?
Al cazador de montaña, como primer requisito, le tiene que gustar mucho la caza, pero por supuesto también, y mucho, la montaña. De hecho, practicar este tipo de caza y ser montañero significa disfrutar doblemente. En mi caso es así y muchas veces subo a la montaña sin rifle, por el simple hecho de subir un pico.
De hecho comenta en el libro que después de haber estado cazando en algún paraje ha vuelto sólo para subir a un alto o coronar algún pico.
Cierto. A veces, cuando cazas mucho en una misma zona, estás siempre viendo los mismos picos, pero no hace falta subir a ellos para cazar rebecos. Luego, acabada la temporada, siempre me llama la atención subir a alguna de estas crestas que formaban parte del magnífico paisaje y que ves constantemente en el fondo de las fotos que te haces con el trofeo abatido.
Y una vez que lo sube,
¿qué siente?
Yo digo que el montañismo y el alpinismo es algo así como la conquista de lo inútil, porque uno llega arriba y parece que no ha conseguido nada, aunque es una satisfacción muy íntima y personal. En ese momento uno se cree lo máximo, es una sensación irrepetible y no te cambiarías por nadie en el mundo. Es increíble.
Una buena parte de Rupicapra está dedicada a los cazaderos españoles de rebeco más emblemáticos, tanto en el Pirineo como en la cordillera Cantábrica, describiendo estos lugares con un gran conocimiento geográfico, incluido nombres. ¿Conoce tan bien estos lugares?
A mí me gusta cazar mucho en el mismo sitio porque casi lo llegas a considerar tu casa, es como si fueran tus montañas. Y cuando uno caza con esa sensación, es normal que aprenda el nombre de los accidentes geográficos y de la zona en general. Y a mí, personalmente, esa cultura geográfica del terreno de caza siempre me ha llamado la atención.
Me resulta curioso que un libro de caza, sobre todo en la primera parte, no dé tanta importancia al relato del lance y se centre más en la descripción de los lugares y en las sensaciones que siente allá arriba.
Esto está relacionado con lo que decíamos antes: la caza del sarrio es caza de montaña, y para cazar en montaña hay que ser algo montañero. Y me pareció más adecuado empezar haciendo más énfasis en el mundo de la montaña para luego pasar a la caza. La montaña es un mundo especial que hay que saber entender y que
engancha muchísimo.
¿No le interesa tanto el mundo del relato, del acto de la caza o del lance?
La verdad es que el lance cinegético es bonito, hay que contarlo. Éste es un libro de caza y sin eso estaría cojo, pero el lance sin un complemento a mí me resulta un poquito soso.
La filosofía de la caza
¿Qué es para usted la caza como idea?
Yo creo que hay tantas cazas como cazadores y cada uno entiende la caza de una manera. Es un sentimiento muy íntimo y muy personal de cada uno, y con la afición a la caza se nace, es algo que se lleva en los genes, naces cazador y mueres cazador, con las botas puestas. Aunque no estés estrictamente cazando, tu cabeza lo está. El que es cazador refleja una mentalidad, una vocación que uno lleva en la sangre, como un instinto, y eso te marca hasta en la ropa que vistes, la mujer con la que uno se casa, la manera de disfrutar el tiempo libre, la querencia por el campo, el tipo de coche, la casa en la que uno vive o desearía vivir... El mundo de la caza es bastante absorbente y marca al que lo siente de verdad. Ser cazador es un estilo de vida en sí mismo.
¿Sabría decirme realmente por qué caza?
Yo cazo porque es lo que más me gusta. Digamos que es la mejor manera que tengo de ocupar mis momentos libres. La caza te hace trasladarte a un mundo donde te olvidas, aunque sea por un rato, de las preocupaciones y de la rutina diaria. La caza te traslada al campo, a la montaña, donde a mí me gustaría estar siempre.
Volviendo un poco al libro, define
al rebeco como un animal extraño.
El rebeco, al estar en su hábitat no es muy raro, pero desde el punto de vista anatómico, y en general toda la familia de los rupicaprinos, es un animal un poco extraño, mitad cabra mitad antílope. En realidad es un antílope de montaña y eso hace que sea un animal un poquito particular. Y desde el punto de vista venatorio el rebeco es un animal de trofeo modesto, pero su caza es grandiosa.
Rebecos del mundo
Continuando con el libro, una vez que ha descrito los lugares de caza más importantes, entra en la caza de los rebecos por el mundo. ¿Sale mucho de nuestras fronteras detrás de ellos?
Me gustan y también lo hago cuando tengo oportunidad. Ahora estoy preparando, en noviembre de 2006, otra cacería en los Cárpatos, Rumania, pero en general la caza de rebecos en todo el mundo tiene un denominador común: la montaña y unos paisajes maravillosos, y cada montaña tiene su historia, su cultura, y cada cacería es tan bonita como la anterior. Me encanta cazar en los Alpes italianos, me encanta la cacería de los Cárpatos, pero cualquier cacería del rebeco es bonita en cualquiera de sus subespecies.
¿En qué lugares del mundo ha cazado rebeco?
En todos en los que vive, excepto en las montañas de Anatolia, en Turquía, donde pienso ir en breve. No se si es mi asignatura pendiente, porque de momento vuelvo a los Cárpatos. Tampoco lo tengo como la prioridad número uno, pero sí me gustaría ir por poder decir, con cierta satisfacción, que he podido cazar rebecos en todos los sitios donde están.
¿Tiene alguna intención de hacer algo con los rebecos de Nueva Zelanda o piensa que están “descolocados”?
El rebeco de Nueva Zelanda es un rebeco alpino transplantado a unas montañas en la que nunca existieron, y eso, en mi opinión, le quita cierto atractivo a la cacería. No obstante creo que se puede hacer una cacería en buena lid y eso hay que subrayarlo. Cazar rebecos en Nueva Zelanda tiene que ser tan interesante como hacerlo en cualquier otro lugar. Lo que me parece mal es hacerlo desde helicópteros o utilizando otros métodos similares. Eso es prostituir una cacería auténtica y nos lleva a reflexionar sobre por qué ciertos elementos ensombrecen o manchan la nobleza de nuestra afición.
Me imagino que no le gustan mucho las mallas
No, no mucho. Muchas veces me tachan, me encasillan como purista puro y duro, casi como si me estuvieran echando algo en cara. Personalmente con esa etiqueta me siento bastante cómodo porque a mi me gusta, sinceramente, la caza salvaje, la caza en buena lid, y todo lo que sea meter un animal entre alambradas… pues no me gusta. Prefiero cazar en abierto donde tengo la sensación psicológica de que estoy cazando algo verdaderamente salvaje, que es lo que me gusta. Una cosa tan simple como que un animal te vea y no se espante es algo antinatural y ajeno a la caza, y esto ocurre más frecuentemente en espacios cerrados. Reconozco que tengo una visión romántica de la caza y no creo que la cambie.
Purismo
¿Todas las actitudes caben en la caza mientras se cumpla la ley?
Yo creo que no, la caza es lo que es, independientemente de lo que diga una determinada normativa. Creo que la caza de cochinos, que está ahora un poco de moda, en cercones de 20 hectáreas, como se hacen en muchas partes de Europa, pues no es caza, por mucho que esté permitido. Será otra cosa, será tiro al cochino o como lo queramos llamar. Ni me meto, y lo digo con todo el respeto a la gente que le guste esto, pero yo creo que hay que distinguirlo.
Por cierto, al hilo de esto, la Junta de Homologación ya diferencia trofeos abatidos en fincas cerradas de los abatidos en fincas abiertas.
La Junta de Homologación de Trofeos de Caza ha tomado una medida acertadísima que creo va a favorecer mucho su imagen pública, que es distinguir los trofeos abatidos en terrenos abiertos, en sus clasificaciones y en sus catálogos, y los trofeos abatidos en terrenos cercados. De alguna manera se está valorando al animal salvaje frente al animal, digamos, semisalvaje.
Volvemos al libro, donde hace una descripción de todos los rebecos del mundo. ¿Cuántos hay?
No me los sé de memoria, pero creo que unos doce o trece.
¿Cree que los baremos de valoración del CIC se corresponden con la realidad de las subespecies que nos describe en su libro?
A efectos cinegético-científico existe una clasificación que yo recojo en el libro y que a mí me parece acertada. Pero esa clasificación no se corresponde con la valoración de trofeos. Creo que el CIC tendría que adaptar los baremos a las subespecies que existen. El rebeco mayor del mundo, el de los Cárpatos, no puede ser juzgado con el mismo rasero y bajo los mismos baremos que otros mucho más pequeños, en cuanto a trofeo, como el rebeco del Caúcaso o el rebeco de Anatolia. No se entiende que, a efectos de homologación, rebecos como los de Cárpatos o Anatolia jueguen en la misma liga. En España, como sabe, sí existe esa diferenciación a efectos de homologación porque el trofeo del rebeco del Pirinero es mucho más grande que el cantábrico.
¿Como definiría al rebeco?
Para mí, pata negra, lo máximo, mi caza favorita, mi pasión. Si tuviera que elegir en esta vida cazar solamente una cosa, cazaría rebecos, no me lo pensaría dos veces.
Ecologismo y caza
En Rupicapra entra a comentar temas sobre el ecologismo, ¿afectan estas ideas al mundo en general y a la caza en particular?
El ecologismo bien entendido es algo necesario, algo con lo que todos los cazadores, de alguna manera, estamos de acuerdo. Yo creo que el cazador es un gran naturalista y es un gran ecologista en el buen sentido de la palabra. El problema es que muchos colectivos ecologistas, o que se autodenominan así, han derivado hacia una aptitud o hacia unas posiciones que poco tienen que ver con la defensa de la naturaleza y mucho con distintos intereses o con una posición ideológica que, entre otras cosas, critica la caza como actividad tradicional, cuando es una de las actividades humanas más viejas del mundo que contribuye al desarrollo sostenible –hoy tan de moda– y que parece ser el principio más aceptado para gestionar los ecosistemas. La UICN, Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, probablemente la asociación conservacionista más prestigiosa del mundo, dice que la caza es necesaria como herramienta de gestión de la naturaleza. Es una organización seria, sin ataduras, sin ninguna derivación política que defiende, por ejemplo, la caza en los parques nacionales. Me parece una aberración que se prohíba la caza en los parques nacionales como si fuera una actividad incompatible con los usos y tradiciones de una determinada zona. En el Parque Nacional de Ordesa ha habido caza toda la vida, ¿por qué no se caza en ese valle si es tan tradicional o más tradicional aún que la ganadería o la agricultura? Es una actividad respetuosísima con el medio ambiente y generadora de recursos económicos.
La más respetuosa, pero también la más atacada y con peor imagen.
Yo creo que la más respetuosa, estoy totalmente de acuerdo, lo que pasa es que eso hay que explicarlo bien, porque es muy fácil hacer, y continuamente se hace, demagogia con la caza. Por eso yo creo que los cazadores nos tenemos que esforzar muchísimo en explicar nuestra actividad y sus bondades, que son muchas.
¿Piensa que parte de esta mala imagen
se puede deber al terror que nuestra
sociedad demuestra ante la palabra muerte?
Sí, probablemente sí. Y también porque se ha inventado, con bastante por cierto, una determinada imagen sociopolítica del cazador y de la caza, cuando la caza es una afición que puede tener cualquiera, desde el más modesto cazador hasta el más internacional que practique las cacerías más míticas. La afición a la caza es la misma, y el que caza un conejo en su pueblo no es peor cazador que el que caza un gran argali en Mongolia, y viceversa. Muchas veces tiene más mérito ese cazador de conejos por las dificultades particulares que afronta para conseguir cazar. La caza no se puede medir. Como decíamos al principio, es una pasión que algunos llevamos dentro y eso el ecologista radical y fundamentalista no lo entiende o no lo quiere entender.
Hace mucho hincapié en la definición
“deportiva” cuando se refiere a la caza,
¿considera que es una faceta esencial?
Tener que ponerle el adjetivo “deportivo” a la caza es algo redundante. La caza por sí sola debe ser deportiva y en buena lid, pero muchas veces no tenemos más remedio que recalcar eso de caza salvaje, caza deportiva, caza en buena lid en contraposición a otras mal llamadas cazas. A mí me parece muy bien que un señor tire perdices de jaula o cochinos en un cercón. Yo no critico tanto eso, lo que digo es que eso no es caza, y probablemente, al señor que lo practica, no le guste cazar un rebeco en Benasque.
Colaboras mensualmente en una revista
y ha escrito otros dos libros. ¿puede hablarnos
de ellos?
El primero, Entre dos Luces, era un libro más dedicado a la montería y que coincide con mi primera época de cazador, aunque ya había un primer relato de rebecos en el Pirineo. Pero sí recalca mi época montera. Reconozco que la montería me gusta y me atrae el mundillo que hay detrás de ella. Me divierte cazar con mis amigos y en un determinado ambiente. Creo que la versión de lujo, el “caviar montero”, es el ganchito entre cuatro o cinco amigos. La montería impersonal no me interesa.
En el segundo libro, Al Socaire, me concentro en cacerías españolas e internacionales. Es como un diario de caza ilustrado de una segunda época de cazador, en el que hago un recorrido por las cacerías que he hecho y, al final, incluyo un último apartado que se llama “Reflexiones sobre el mundo de la caza” en el que me desahogo hablando de las cercas, de la vanidad del cazador, de la deportividad y de todas esas cosas que, digamos, forman parte de la vertiente filosófica de la caza.
Por último, ¿trofeo o lance?
Todo verdadero cazador lo es de lance, aunque también a todos nos gusta un buen trofeo. Pero uno caza por cazar, por estar en el campo, por estar cazando, mucho más que por un trofeo. Creo que cualquier cazador está de acuer