Última actualización 01/09/2006@00:00:00 GMT+1
En verano, la falta de ejercicio, los picotazos de los insectos, las espigas y otras causas pueden lastimar e incluso deteriorar la salud de nuestro perro. En este artículo se tratan las precauciones que hay que adoptar para disfrutar sin problemas en media veda.
Uno de los mayores riesgos para los perros de caza durante el verano son las enfermedades transmitidas por parásitos externos. Los perros soportan sin problemas las picaduras de pulgas, garrapatas o mosquitos, que no pasan de ser una molestia incluso cuando éstos son abundantes. El gran problema de estos parásitos no son su picadura en sí, sino las enfermedades que trasmiten.
En toda la Península existe riesgo de contraer enfermedades trasmitidas por estos parásitos. La leishmania y filaria son endémicas en muchas zonas de nuestro país aumentando la prevalencia conforme nos desplazamos hacia el sureste. Son enfermedades trasmitidas por mosquitos, y deben evitarse por su gravedad y dificultad de tratamiento. Para la leishmania no existe ningún tratamiento preventivo eficiente. Debemos evitar que el mosquito transmisor, el flebotomo, pique al perro. Para ello le mantendremos en el interior de las casas o perreras por la noche, momento en el que los mosquitos se alimentan, utilizando repelentes para insectos en los habitáculos en los que estén los perros. En el mercado existe un collar antiparasitario denominado Scalibor, (Deltametrina) que “ayuda” a prevenir la picadura. Para prevenir la filaria –gusanos del corazón, otra enfermedad trasmitida por mosquitos– tenemos productos eficientes y específicos. El Cardotec' (Ivermectina) que se administra como prevención por vía oral o el Stronghold' (Selamectin) que se aplica de manera tópica en forma de pipetas.
En otras zonas, principalmente en la España húmeda del norte, el mayor problema es la babesiosis, enfermedad parasitaria sanguínea trasmitida por las garrapatas. En estas zonas debemos utilizar productos frente a estos parásitos como son los collares antiparasitario, el Preventic® –a base de amitraz– o pipetas como el Frontline' a base de fipronil.
El entrenamiento
El perro de caza es un atleta, y como tal necesita una preparación previa a la temporada de caza. Si el perro ha engordado durante el verano, si además tiene ya unos cuantos años y le puede la afición, hemos sumado las suficientes circunstancias para ser candidatos a tener un problema por el gran esfuerzo que realizará durante las primeras jornadas de caza.
Por ello conviene controlar la comida durante el verano para que el perro se mantenga en el peso idóneo, utilizando un pienso de mantenimiento y limitando la ración. Hay que tener en cuenta que, por la inactividad y las altas temperaturas, las necesidades energéticas de un perro durante esta época son muy bajas. Con menos de la mitad de la ración puede tener más que suficiente.
Hay que intentar que no pierda el tono muscular. En un atleta, los picos de máxima y mínima actividad no deben estar muy lejos, por lo que procuraremos algo de ejercicio durante la inactividad del estío. Un buen paseo de al menos 45 minutos dos o tres veces por semana, es más que suficiente para mantener una forma óptima.
¡Y mucho cuidado si durante los primeros días de caza hace mucho calor! El exceso de calor que genera el organismo del perro durante el ejercicio, especialmente en aquéllos con mucha afición, no puede ser eliminado si la temperatura exterior es alta, lo que puede llegar a provocar la muerte por sobrecalentamiento por lo que llamamos un golpe de calor.
Las almohadillas
Las lesiones en las patas es uno de los problemas más frecuentes. Estar inactivos durante el verano, y la dureza del suelo seco por el estío, hace que este tipo de problemas produzcan importantes cojeras, por lo que los perros llegan a dejar de cazar. Como más vale prevenir, es aconsejable introducir las patas en una “salmuera” –agua templada en la que se diluye sal gorda hasta la saturación– que aunque es un antiguo remedio casero, sigue siendo útil. La sal endurece las patas y actúa como un desinfectante natural en caso de que ya exista alguna lesión. También hay productos en el mercado que valen para este fin, y que combinan sustancias que endurecen, desinfectan y curan las almohadillas, como por ejemplo el ADO QUATRO, del laboratorio Calier, S.A..
Una vez lesionada la pata, si queremos seguir cazando, no queda más remedio que vendar la almohadilla durante la caza. Existen “zapatos” especiales de diferentes materiales, incluido el neopreno. Pero a mí no me han dado buen resultado porque o los pierden o los rompen. Por ello, suelo utilizar un poco de pomada y un vendaje con venda cohesiva, y refuerzo todo con cinta aislante. Les protege durante un buen rato hasta que empieza a romperse, por lo que de vez en cuando, durante la caza, reviso voy volviendo a vendar con cinta aislante para ir reforzándolo. No es muy cómodo, pero al menos el perro puede seguir cazando.
Espigas
Es otro de los problemas más frecuentes que vemos en perros que salen al monte durante el verano, especialmente en los de pelo largo. Diferentes tipos de gramíneas utilizan sistemas para “pegarse” al pelo de los animales y diseminar sus semillas. Estos ingeniosos sistemas de difundirse que tienen estas plantas, crean bastantes problemas a los perros de caza.
Tres son los lugares por donde suelen introducirse las espigas. El primero es entre los dedos, donde se clavan, se introducen y forman una característica tumefacción roja que supura y que llamamos “granuloma por cuerpo extraño”. Aunque no es un problema grave, provoca cojera e impide sacar al animal al campo. Debemos intentar extraer la espiga, aplicando un poco de anestesia local y usando unas pinzas, o de lo contrario el granuloma nos dará problemas durante tiempo.
Los oídos son otros puntos por donde las espigas suelen introducirse, creando mucho malestar y desazón al perro. Debemos recurrir al veterinario para que las extraiga, habitualmente bajo sedación o anestesia, ya que pueden dañarlos gravemente.
No obstante, el punto más delicado por donde se puede introducir una espiga es el ojo, ya que se suelen ocultar detrás del párpado dando una gran reacción e inflamación del ojo y de sus estructuras, con el inconveniente añadido de que además no ven bien. Lesionan rápidamente la córnea, provocando úlceras por el constante roce, por lo que es importante actuar con rapidez o de lo contrario el perro perderá el ojo.