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Última actualización 01/10/2006@00:00:00 GMT+1
El autor, a través de citas de conocidos
y legendarios cazadores extraídas de su libros,
intenta poner luz sobre la elección del calibre

adecuado en función de las piezas a abatir, “una de las asignaturas pendientes del cazador español”, para terminar revelando el calibre que, a su parecer, valdría para cazar casi todo en cualquier lugar del mundo.
En España hemos sido predominantemente cazadores de menor. La escasez de estas especies y el aumento de jabalíes y ciervos ha producido un vuelco hacia la modalidad de la caza mayor, y al inicio del conocimiento –lo cual es una nueva cultura– sobre el uso del rifle. Donde mayores dificultades observo en los nuevos aficionados es en la elección del calibre adecuado. Estas notas, a veces contradictorias, pretenden, paradójicamente, dar un poco de sosiego a quienes dudan sobre la capacidad del tipo de bala que han escogido, atreviéndome a asegurarles que, con la punta adecuada, cualquiera comprendido entre los 7 y los 9 mm., será propicio para la fauna española, incluso, con excepciones, algunos que están fuera de estas dimensiones. Pero dejemos que sean expertos cazadores con rifle quienes nos cuenten sus experiencias.

Advierte un dicho del salvaje Oeste: teme al hombre de una sola arma. Y un solo rifle era el que acompañaba a Wilfred Thesiger, viajero y explorador, que contaba en su obra “Los árabes de las Marismas” (1), que en sus recorridos por las marismas de Irak –hoy en día prácticamente desaparecidas por las tristes razones que todos conocemos– usaba un Rigby de cerrojo del calibre .275, hecho a medida. Los jabalíes eran sus piezas más frecuentes. Podía cobrar sólo en la estación de las aguas altas 205: “Era siempre una empresa emocionante, y a veces peligrosa, pero no los cacé sólo por deporte. Eran el enemigo natural de las gentes de las Marismas, y había tenido que coser a demasiados hombres ferozmente heridos por cerdos para sentir ninguna compunción al matarlos. Con todo me habría resultado odioso haberlos visto exterminados aquí, como lo han sido los leones. Sus figuras macizas y oscuras hozando por la tarde al borde de los cañaverales eran para mí una parte integrante del paisaje de las Marismas. Sin el riesgo constante de encontrarse con ellos, la vida en aquel lugar habría perdido mucha de su emoción”.

Tal vez piensen que el .275 Rigby (2) –equivalente al 7 x 57 Máuser– se queda corto para un gran jabalí. Incluso para un buen tirador. Es un excelente calibre, con una buena rasante y reconocida precisión, reglamentario en el ejército español durante largos años, hoy superado por la cartuchería moderna. A él no le dio problemas, hasta que llegó “el bicho gordo” y entonces: "Una tarde maté diez que caminaban delante de nosotros en fila india. Aquel día disparaba excepcionalmente bien y derribé al último cada vez con un solo tiro. Encontramos cuatro más. Cuando maté uno, los otros tres se congregaron a su alrededor mientras movía convulsivamente las patas en el suelo, y por alguna extraña razón permanecieron así hasta que le hube matado a ellos también.

Los dos siguientes que vimos eran verracos muy grandes y se quedaron observándonos a unos doscientos metros. Tahir y los otros giraron la canoa hacia un lado y se quedaron detrás de la misma. Yo, sentado en ella, disparé y le di al verraco mayor. Giró en redondo, salió al galope durante unos veinte metros, luego viró de repente y vino directo hacia nosotros con el otro, que le seguía a corta distancia. Disparé otra vez y oí el impacto de la bala, pero no vaciló. Luego otra vez, y aún seguía acercándose. Para entonces estaba ya muy, muy cerca. Disparé, y esta vez cayó. Cuatro tiros. Quedaba uno... Accioné el cerrojo y me volví para enfrentarme al otro jabalí que estaría encima de mí en dos saltos. Disparé mi último tiro y cayó, resbalando con el impulso justo hasta la embarcación. Recargué, pero ninguno de los dos se movió. Me incliné y toqué al verraco más cercano. El otro quedaba a unos treinta centímetros más allá de mi alcance. Había estado demasiado ocupado para sentir miedo. Pero la doble carga y la aparente ineficacia de mis disparos debieron de resultar muy alarmantes para mis cinco compañeros quienes iban desarmados, ya que la escopeta y la pistola se hallaban en el bote a mi lado. Me volví y me los encontré medio agachados, con las dagas en la mano.
– ¿Qué habríais hecho si se hubiera metido en la barca? – pregunté.
– Íbamos a saltar sobre él y matarlo con las dagas- respondió Amara.

Después de leer esto me temo que nuestros jabalíes se están volviendo un poco bobalicones con tanto cercón. De todas formas me planteo: si los ibéricos embistieran como los persas, ¿habría más monteros o menos?
Alberto Vázquez Figueroa escribió la novela “Marfil”(3), basándose en sus experiencias africanas como periodista y cazador de marfil –dicen que llegó a cobrar 17 elefantes–. El rifle del protagonista era un express Holland-Holland en calibre .375, el cual idealizaba y consideraba la mejor combinación arma-munición para el cazador de elefantes africano.

Con el mismo título “Marfil” (4), había publicado Tony Sánchez Ariño, pocos años antes, su primera y mejor obra, un soberbio tratado sobre la caza del elefante que ha vuelto hace poco a ser reeditado. Haciendo una reseña del calibre utilizado por los sesenta principales cazadores africanos, resulta que de 60, sólo 2 utilizaban el .375, mientras que el 416 Rigby, el favorito de Tony, era el preferido de 7, superado en número de usurarios únicamente por los 9 del .577 Nitro. Este estudio desmiente rotundamente lo afirmado por Vázquez Figueroa. Pero ¡Oh sorpresa!, cuando el autor habla de sus armas y calibres preferidos para la caza del elefante, escoge: B) Para terrenos boscosos empleo en sistema de repetición el .416 Rigby también con acción “Mauser-Magnum” y un “express”.465 Nitro Holland & Holland con modelo Royal, con expulsores automáticos.

A) Para terrenos despejados de buena visibilidad, el .375 Magnum, marca Holland & Holland, con acción especial “Mauser Magnum” y almacén de cuatro balas.

Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Que el cazador no domine adecuadamente varios tipos de rifles y calibres es comprensible debido a diferencias de peso, dimensiones, equilibrio y presión del disparador. Juan Francisco París describe perfectamente (5) los modernos modelos de rifles que pueden intercambiar cañones y acciones, con lo cual quedaría superada la panoplia de armas, que era lo más frecuente en los grandes aficionados.
“Tambores de África” (6), es la biografía novelada de Bror Blixen, el marido de la escritora Karen Blixen, la célebre autora de “Memorias de África”. Es curioso como se refiere en uno de los pasajes de la novela las armas y pertrechos de Denys Finch-Hatton: “Una. 350 Rigby, una .450 Holland & Holland y una gastada bolsa de caza. Nada del otro mundo, pero indicaba costumbre". El barón utilizaba para el elefante un express .450 H&H y un .600 Jeffrey.

Al llegar el matrimonio a Kenya, Bror regaló a Karen un rifle –aunque el traductor dice escopeta–, del calibre .256, con mira telescópica. Nuestra genial y sensible dama interrogó al donante con la clásica pregunta de si no le dolía matar animales tan bellos. Luego lo probó de forma, digamos, promiscua. El propio Bror relata: “Dejó de hacerme caso; disparaba desde distancias de cuatrocientos metros, disparaba contra todo: no sólo a cuadrúpedos sino también a buitres, loros, pájaros secretarios, avestruces. El cañón del fusil apuntaba a todo bicho viviente. Dejó salir bala tras bala contra un rebaño de cebras, disparó a una jirafa...". El resto del capítulo me parece exagerado y fuera de lugar. Creo que el autor, Lennart Hagerfors, utilizó este sangriento pasaje para exponer la compleja relación entre la pareja. Finalmente Bror Blixen, horrorizado, puso fin a la matanza.

Tampoco es de extrañar que después de estas experiencias Karen tomara la opción de no matar, como le ocurrió a Jorge de Pallejá tras unos tristes incidentes, pero antes nos dejó un hermoso libro, “Los búfalos del Okavango” (7). Muy bien escrito, explica, hablando de los calibres para África, la contradicción entre los dos que utilizó en sus safaris, un express Grener .475 nº 2, para búfalos y un “cerrojo” del .243 con el que cobró eland, kudu, sable, antílopes más pequeños y un leopardo. O sea, de una bala del tamaño de una banana, a otra que podría ser el pendiente de una dama. Dos ejemplos de pequeños calibres utilizados con éxito hasta el extremo de sus posibilidades.

Como este artículo está dirigido a quienes les gustan las armas de caza, vamos a aumentar el arco donde elegir. Una panoplia puede ser moderada como lo era la de Santiago Nasar, el protagonista de “Crónica de una muerte anunciada” (8): “En el monte llevaba al cinto una .357 Magnum, cuyas balas blindada, según el decía, podían partir un caballo por la cintura. En época de perdices llevaba también sus aperos de cetrería. En el armario tenía además un rifle .30.06 Mannlicher-Schönauer, un rifle .300 Holland & Holland Magnum, un .22 Hornet con mira telescópica de dos poderes, y una Winchester de repetición. Siempre dormía como durmió su padre, con el arma escondida dentro de la funda de la almohada, pero antes de abandonar la casa aquel día le sacó los proyectiles y la puso en la gaveta de la mesa de noche. "Nunca la dejaba cargada", me dijo su madre. Yo lo sabía, y sabía además que guardaba las armas en un lugar y escondía la munición en otro lugar muy apartado, de modo que nadie cediera ni por casualidad a la tentación de cargarlas dentro de la casa. Era una costumbre sabia impuesta por su padre desde una mañana en que una sirvienta sacudió la almohada para quitarle la funda, y la pistola se disparó al chocar contra el suelo, y la bala desbarató el armario del cuarto, atravesó la pared de la sala, pasó con un estruendo de guerra por el comedor de la casa vecina y convirtió en polvo de yeso a un santo de tamaño natural en el altar mayor de la iglesia, al otro extremo de la plaza. Santiago Nasar, que entonces era muy niño, no olvidó nunca la lección de aquel percance”.

Suponiendo que la Winchester de repetición fuese una escopeta, Santiago Nasar poseía las armas para cazar todos los animales de Sudamérica.
África es distinta. Existen animales que cargan contra el cazador para matarlo, antílopes como caballos y otros como liebres, tiros a pocos metros en la selva y otros en las llanuras con la luz africana confundiendo las distancias. Por eso el cazador blanco de Pallejá en “Los búfalos del Okavango” iba provisto de un express del .470, un Winchester .458 y otro del .375, un Máuser .300 Magnum, un Weatherby .257, un Winchester 243, un Remington .22 y una escopeta de caza Purdey del 12.

Otro autor muy distinto Nicholas Proffitt, en su novela “La frontera del Edén” (9), dota al protagonista, white hunter también, del siguiente equipo: un nitro express .470, un Holland & Holland .375 Magnum, un Weatherby .300, un Remington Mágnum de 7 mm, y una escopeta Holland & Holland de corto y largo alcance (sic). Las comparaciones son odiosas pero el equipo, como aquel que dice, es el mismo.
¿Les parece excesivo? ¿Realmente creen que son demasiadas armas para un safari? Luego les diré un secreto extraordinario: el calibre único, el válido para todo, que tiene rasante, poder de parada, precisión, y retroceso moderado para su categoría. Pero antes voy a presentarles a Osa Johnson, una persona a la que me hubiera gustado conocer. Una mujer valiente y enamorada que acompañó a su marido en los comienzos de la filmografía, y mientras él operaba, ella le defendía, rifle en mano, de los peligros que les acechaban, parando las cargas –lo he visto personalmente en las películas que filmaron– de rinocerontes y leones. Todo ello lo describe en su autobiografía “Casada con la aventura” (10). A lo que iba, ésta es la panoplia de armas que la señora Johnson consideraba adecuada para un safari de varios años de duración y que tenía por objeto realizar filmaciones, no cazar: 1 revólver Colt, calibre .38, otro del .45; 1 Ithaca americana, calibre 20, cañón recortado y otra del mismo calibre de doble cañón; 1 escopeta Winchester del 12, doble cañón; 1 rifle Winchester, acción de palanca del calibre .32; 1 Springfiel, calibre .303, acción Máuser; 1 Bland, calibre .275, acción Mannlicher; 3 Winchester, calibres .405, acción de palanca; 2 Jeffery, calibre .404, acción Máuser; 1 Rigby, calibre .505, acción Máuser; 3 express marca Bland, calibre .470. No me digan que no es para comérsela ¿No les hubiera gustado cazar con ella?
Lo prometido es deuda, así que voy a desvelarles el calibre único para andar por el mundo. Es el .338 Winchester Magnum; válido desde el corzo al búfalo. Aunque no crean que todo son parabienes, lean lo que opinaba el conde de Yebes en su diario de caza “El canto de la sierra” (11): “A placer lo tiré con el anteojo (estaba a 40 pasos). Dio el rebotazo metiéndose de nuevo en el monte, y yo, convencido de que lo había matado, cuando lo vi cruzar de nuevo al cortadero muy rápido y más lejos. Me quedé de una pieza. Registrado el tiro, encontré mucha sangre y por el rastro lo cobré a unos cien metros. Cualquiera entiende esto de los súper-rifles, sin pensamos que con tan fenomenal rifle y buen impacto, un venado puede correr como si tal cosa más de cien metros".

Su calibre preferido y al que elogiaba constantemente fue el .270 Winchester, primero en un rifle Remington y luego en un BSA, que le pareció aún mejor por ser más ligero. Lo denominaba el calibre “mágico” y lo usó, además de los recechos, con gran frecuencia en monterías... Del rifle Winchester de calibre .338 todo son comentarios negativos.

En el extremo opuesto encontramos a Jean-Pierre Menu, quien en su estudio "Dominar la caza con rifle" (12), afirma: “No conozco una munición mejor que valga para todo; con ella he abatido búfalos, matado leones y grizzlys. Todos los grandes antílopes y otros elanes han sucumbido bajo su disparo sin apelación. En Europa, su eficacia sobre los ciervos que son mis animales de caza favoritos, asombra a mis amigos. Pues la .338 tiene un punch impresionante además de una excelente trayectoria. Un animal que encaja su bala, acusará el tiro inevitablemente pues su potencia es suficiente para infligir un doble neumotórax a cualquier animal, exceptuando los paquidermos.

Sobre piezas ligeras, disparando balas duras que se expandirán poco, el diámetro del canal de penetración será suficiente para evitar cualquier problema.

El 338 es, como he dicho, un calibre polivalente, bueno para todo tanto en los Estados Unidos, como en Europa o en África aunque haya que ser prudente con los búfalos sobre los cuales una bala de 250 grains cumplirá con todo, su cometido. Por supuesto, aunque el 338 es un regalo de eficacia y de potencia que permite ángulos de tiro escabrosos o emplazamientos de bala poco convencionales, su contrapartida es un retroceso fuerte pero soportable con un arma relativamente ligera”.

Joaquín Vázquez Parladé, siempre utilizó armas de gran calidad como fueron un express Holland & Holland del .240, otro de la misma marca del super .30 (.300 H & H), y otro express superpuesto Franz Sodia del 7 x 65 R. Pero en sus memorias de caza “De Doñana al Pirineo” (13), confesaba: “Cuando tiré mejor fue con un barato Sako .338”. Lo llevó al Yukón, a África, y en España monteaba y practicó el rececho con total satisfacción.
¿Entonces? ¿Por qué el conde de Yebes obtuvo con el tan malos resultados con el Winchester de cerrojo?
José Luis Santaballa aclara el misterio al exponer en el libro que escribió al alimón con Vicente Roselló: “La caza de antílopes en el sur de África" (14): “De 8,5 mm. de calibre, el .338 W. Mg. Es uno de los cartuchos más eficaces de la munición deportiva del momento.

La mejor definición que se puede hacer de él es que tiene la trayectoria de un .30.06 Sprg. y la contundencia del .375 H&H. Mag. Pero disparando un proyectil de peso y calibre intermedio entre los de ambos. Es un cartucho que sirve para todo y con el que difícilmente se tendrá que pistear un animal al que se impacte, pues normalmente se le abatirá limpiamente.

En nuestro caso el proyectil mejor es el de 250 grains con el que no se nos escapará nada, cerca o lejos, grande o pequeño.

Su retroceso, que ciertamente no es escaso, depende del rifle en el que se dispare. Por ejemplo, en los Sako finlandeses es muy tolerable, mientras que en los Winchester, más ligeros, resulta más acusado”.

La conclusión es que hay que acertar no sólo en el calibre, sino también en la marca del rifle y en el tipo de bala.

El premio nobel de literatura Ernest Hemingway y el director de cine John Huston, navegaban en el barco Pilar, propiedad del escritor, en aguas de Cuba.

Huston intentaba acertar a un tronco que flotaba en el mar con un rifle del .22. El balanceo del barco y el movimiento de las olas sobre la madera le hicieron fallar cinco veces. Hemingway le aconsejó: “John, simplemente piensa: "¡Si no le atino esta vez, no volveré a joder nunca!". En el siguiente disparo, el tronco dio un salto fuera del agua. Podrán encontrar la anécdota en las memorias de John Huston "A libro abierto" (15).

Pierdan todos los complejos respecto al calibre que utilizan. El secreto del buen disparo es la buena puntería. Así que, cuando tengan que afinar, recuerden la anécdota anterior y se mentalizan antes de disparar pensando que al hacerlo... utilizan un rifle del calibre .22.
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