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Caza internacional Los cauquenes de la Patagonia Sur

Última actualización 01/10/2006@00:00:00 GMT+1
Los cauquenes son enormes y preciosos “gansos” que habitan en el sur de Chile y Argentina, lo que es la Patagonia y Tierra de fuego. El autor, experto en anátidas y cazador, nos cuenta muchas cosas interesantes sobre estas espectaculares aves que, sin embargo, no dan mucho juego a las escopetas.
Durante los primeros días de mayo de 2006 visitaba la Patagonia chilena con el propósito de llevar a cabo excursiones cinegéticas y de observación ornitológica.

Fundamentalmente, tenía la firme intención de contemplar in situ varias especies de Anseriformes, tales como cauquenes (Chloephaga spp.), silbón overo (Anas sibilatrix ), pato crestón (Lophonetta specularioides), quetros (Tachyeres spp.) y pato de anteojos (Anas specularis). Cumplí casi de sobra los objetivos propuestos, disfrutando de la contemplación de tan atractivos animales en su medio natural.

Ciertamente, los cauquenes son aves que cautivan por su belleza, por su notable envergadura, por su potente y majestuoso vuelo y, en ocasiones, por su confianza hacia el hombre.

El cauquén común, para el cazador, es una pieza que no presenta demasiadas dificultades. Todo lo más, la resistencia ante la munición, debido a la intensa densidad de su plumaje.

Bolsas de plástico como cimbeles
Dicha munición, por lo general del número 1 ó 2, debe impactar en zonas muy vulnerables del animal para derribarlo. Por lo demás, las artes empleadas para su caza, no son en especial complicadas. Como cimbeles para atraerlo bastan unas simples bolsas de plástico blancas dispuestas en el suelo, o bien los ejemplares abatidos colocados erguidos mediante pequeñas ramas ancladas en el terreno.

Así, es posible disfrutar de, a lo sumo, cuatro o cinco lances, con los que el cazador puede encontrarse satisfecho. Continuar con la matanza me parece improcedente, y sin el más mínimo atractivo. Y, por supuesto, entiendo que la carne de los ejemplares cobrados debe ser, necesariamente, consumida.

En cuanto al problema de la plaga que representa para ciertas regiones, entiendo también que debería ser cuidadosamente analizada por los respectivos servicios administrativos, tanto estatales como provinciales y locales, de los dos países, Argentina y Chile, al objeto de diseñar actuaciones comunes y sensatas, que no pongan en peligro a estas aves tan extraordinarias.

Y digo esto porque la introducción del zorro gris (Lycalopex gymnocercus) en Tierra del Fuego durante 1951 ha hecho descender considerablemente la población del zorro colorado (Lycalopex culpaeus lycoides), aproximadamente en un 10 a 1 –tuve la ocasión de comprobarlo personalmente–, y está demostrado que ese zorro colorado, en estudios llevados a cabo en Torres del Paine, se alimenta, en un 13 por ciento, del cauquén común.

No son precisamente gansos
El término cauquén es usado en Argentina, mientras que en Chile es sustituido por el de caiquén para algunas especies y por el de canquén para otras. Es éste último término, canquén –o calquén–, el que parece más apropiado para designar a estos animales, puesto que proviene de la palabra del idioma mapache kagnkeñ, que significa ganso silvestre.

Y la verdad es que, si bien puede parecer por su forma a un ganso, desde el punto de vista taxonómico está bastante alejado: los denominados gansos sensu stricto están incluidos en la Tribu Anserini de la Subfamilia Anserinae y los cauquenes forman parte de la Subtribu Chloephagina,Tribu Tadornini de la Subfamilia Tadorninae. Y en este contexto, la Subtribu Chloephagina incluye los géneros Cyanochen, Alopochen, Neochen y Chloephaga, repitiéndose aquí el mismo tratamiento semántico que puede inducir al error taxonómico, ya que los tres primeros géneros citados toman como apelativos vulgares ganso aliazul de Etiopía, ganso del Nilo y ganso del Orinoco, respectivamente.

La suerte quiso que mis ojos disfrutaran de las imágenes ofrecidas por individuos de cuatro especies de cauquenes: Chloephaga picta, C. poliocephala, C. rubidiceps y C. hybrida.

Los Chloephaga picta –del griego khloe: hierba, y phagos: comer, y picta, del latín pictus: pintado–, son los más abundantes y adoptan los nombres de cauquén común, de caiquén, de avutarda y de ganso magallánico. Al C. poliocephala –del griego polios: gris y kephalos: cabeza–, le llaman cauquén cabecigris, canquén, canquén común, avutarda de cabeza gris, gansillo, avutarda y cauquén real.

El C. rubidiceps –del latín rubidus: rojo y ceps: cabeza–, es denominado cauquén colorado, canquén colorado, avutarda, avutarda colorada y avutarda de cabeza colorada.

El C. hybrida –del latín hybrida: híbrido, mestizo–, toma los apelativos de cauquén caranca, caranca, cagüe, avutarda blanca, caranco, ganso del cachiyuyo, avutarda de mar y avutarda de las rocas.

El cauquén común
El cauquén común presenta dos subespecies: leucoptera, que habita en las Islas Malvinas, cuyos machos tienen siempre la parte ventral de color blanco; y picta, un poco más pequeño que el anterior, en la que los machos presentan un claro polimorfismo, en el sentido de que hay unos de mayor tamaño, con blanco en pecho y vientre, y otros barrados de blanco y negro en ese mismo pecho y vientre. Y en cuanto a las hembras, las isleñas tienen una cabeza de color pardo pálido y las continentales varían del pardo pálido arenoso al pardo intenso hasta el gris sucio. Es endémico de Patagonia e Islas Malvinas, siendo residente en Chile desde Linares (Maule) hasta Los Lagos, Aysén y Magallanes, y en Argentina hasta la porción sur de Isla Grande de Tierra de Fuego, Archipiélago de Las Wollaston (Cabo de Hornos) e Isla de Los Estados.

Parte de su población nidifica hacia el norte hasta el centro de Chile y hasta Mendoza en Argentina. Los ejemplares de Tierra de Fuego llevan a cabo la migración invernal a finales de abril, y algunos otros que habitan más al norte son sedentarios y se dirigen hacia Punta Arenas hacia la mitad de invierno huyendo de las grandes ventiscas; el resto de la población, la más numerosa, viaja hacia el sur de la provincia de Buenos Aires.

Cauquén Real
El cauquén real, especie monotípica, con cabeza y cuello gris, presenta una característica morfológica que lo hacen inconfundible: el color intenso castaño en el pecho del macho y el color café rojizo finamente barrado en la hembra. Por su porte y por estos colores, me atrevería a asegurar que es el cauquén más parecido a la denominada en España avutarda.

Endémico de Patagonia, nidifica desde Ñuble (Bío-Bío) en Chile y oeste de Neuquén y Río Negro en Argentina, hasta Isla Grande de Tierra de Fuego e Islas Australes del Canal Beagle, incluyendo el Archipiélago de Las Wollaston (Cabo de Hornos) e Islas Noir y de Los Estados.

Las poblaciones más australes migran en invierno hacia el norte a los Estuarios del sur de Chile (Los Lagos) y a Mendoza y centro de Buenos Aires de Argentina. Tiende a frecuentar las zonas boscosas, de manera que, además de construir los nidos entre pastos altos, también lo hace en los huecos de los árboles, en especial Notophagus sp.; e incluso ocasionalmente reposa, a considerable altura, en las ramas de dichos árboles.

El colorado
El cauquén colorado, especie monotípica, de dimensiones más reducidas que los dos anteriores, puesto que su peso medio es de dos kilos y su longitud de entre 45 a 52 cm frente a los casi tres kilos y de entre 60 a 72 cm. del cauquén común y frente a 2300 gramos y de entre 50 a 60 cm. del cauquén real, no tiene dimorfismo sexual, con cabeza y cuello pardo acanalado y con pecho y parte superior del abdomen de color castaño.

Endémico de Patagonia Oriental e Islas Malvinas, se distribuye ampliamente por éstas últimas. Los individuos de las Malvinas no se consideran incluidos en una subespecie, aunque varían ligeramente de colorido con respecto a los individuos continentales. Muy raro o localmente escaso desde el este de Aysén y sureste de Santa Cruz hasta el centro- este de Magallanes y porción centro- norte de Isla Grande de Tierra de Fuego; más accidental por el sur hasta el Canal Beagle (Islas Navarino y de Los Estados). Las poblaciones continentales realizan la migración invernal hasta las provincias argentinas de Río Negro y sur de Buenos Aires.

El caranca
El caranca, de 2.320 gramos de peso medio y de entre 55 a 65 cm. de longitud, presenta un claro dimorfismo sexual: mientras que el macho es por completo de color blanco, la hembra, con pico rosado, tiene una coloración general café negruzco con barrado blanco en pecho, abdomen, lados y flanco. Probablemente, por este dimorfismo sexual tome el nombre específico de hybrida).

Endémico de Patagonia e Islas Malvinas, en éste último caso la subespecie malvinarum, con pico, pata y ala ligeramente más largas que la subespecie típica, hybrida).

Residente localmente común a abundante desde la costa exterior de Isla Grande de Chiloé, por los canales patagónicos y fueguinos hasta el sur de Isla Grande de Tierra de Fuego, Archipiélago de Las Wollaston (Cabo de Hornos) e Islas Diego Ramírez y de Los Estados. En los meses otoñales efectúa cortas migraciones por la costa del Pacífico llegando hasta Corral (Los Lagos) y Cautín (Araucanía) y por la costa del Atlántico hasta Chubut, pero en este caso muy ocasionalmente.

Régimen alimenticio
En cuanto al régimen alimentario, el cauquén común en Patagonia aprovecha fundamentalmente especies pratenses, mientras que en sus cuarteles de invierno ubicados en la provincia bonaerense come trigo, maíz, sorgo y girasol. Esta última circunstancia hace que se le considere plaga, estando su caza permitida durante todo el año. Me comentaba un excelente cazador de Punta Arenas, Pedro Pericic, alias “Pello”, que sus deyecciones, muy ácidas, impiden la brotación de ciertas plantas.

Hay indicios de que todos los cauquenes, junto con otras especies de Anátidas, podría estar siendo objeto de matanzas indiscriminadas en zonas agrícolas, mediante la fumigación con pesticidas. Un error imperdonable, ya que esta forma de actuar puede provocar incluso la extinción de especies. Recuérdese la mortandad de Dendrocygna arborea, la yaguaza, en la Isla de Cuba al emplear tan perverso procedimiento.

Curiosamente, la dieta del cauquén real en verano aún no está estudiada, mientras que durante el invierno se nutre de los mismos vegetales que el cauquén común, hecho que le es adverso, ya que, al mezclarse con éste último, es abatido por los cazadores.

Me refiero a este contratiempo porque sus poblaciones, en la actualidad, al parecer están descendiendo de forma alarmante.Y aunque el cupo de ejemplares está muy limitado, sobre todo en Chile, sigue siendo perseguido, aunque de forma involuntaria, por esa costumbre de acompañar a sus “primos”.

Conocerlos para conservarlos
También es cierto que el cazador, a fin de respetarlo, debería conocer al cauquén real en vuelo, pero sus características morfológicas, sobre todo la envergadura, es bastante similar. Y si esto lo extrapolamos a un cazador extranjero, sin el más mínimo conocimiento de las distintas especies y disparando al amanecer o atardecer, la cuestión se complica al máximo.

Una posible solución podría ser la que me apuntaba Pello, y que consiste en disparar únicamente a los machos de cauquén común, fácilmente identificables por su color blanco.

El cauquén colorado en las zonas chilenas magallánicas forrajea en los humedales de la pampa, mientras que en los cuarteles invernales de la provincia de Buenos Aires lo hace sobre el maíz, trigo, sorgo y girasol, es decir, lo mismo que hacen el real y el común. Por tanto, el problema es similar, pero sumamente agravado por el hecho de que este cauquén está prácticamente en peligro de extinción en el continente austral.

Al parecer, sólo quedan en la Tierra de Fuego 900 ejemplares, aún cuando en las Islas Malvinas sobrevivan de 42.000 a 81.000 individuos.

Obviamente, su captura está absolutamente prohibida en las legislaciones chilena y argentina –en Argentina está declarado por la Ley 12.250 “Monumento Natural Provincial”–, pero la casuística de ser derribado cuando se mezcla con los cauquenes común y colorado sigue siendo alta.

Aunque sea el más pequeño de ellos, la longitud de su ala, de 330 a 350 cm. en el macho y de 310 a 320 en la hembra, no es lo suficientemente clara para definir una envergadura diferenciadora con las de aquellos. Mi amigo Pello, en la misma línea de consejos prácticos, me sugería que el cazador debe estar atento al color de las patas, ya que el colorado las tiene por completo rojas, a diferencia de los demás, pero, con todos mis respetos, pienso que no es nada fácil el llevar a cabo con éxito esta observación. Lo digo por propia experiencia, porque, aún con prismáticos, me fue complicado distinguir una pareja de estas soberbias aves, las únicas que detecté durante mi estancia en Patagonia.

La alimentación del caranca difiere notablemente de sus congéneres. Visitante habitual de las costas rocosas, se nutre de las algas que crecen en la zona intermareal, tales como Enteromorpha spp., Ulva spp. y Porphyra umbilicalis, y también, aunque de forma accidental, de pequeños invertebrados que se encuentran entre dichas algas. No precisa, por ahora, una especial atención. Sus poblaciones se cifran entre 25.000 y 100.000 individuos, no teniendo, previsiblemente, que descender estas cantidades, ya que su persecución por parte de los cazadores es mínima al tener una carne poco apetecible.

Posiblemente esto pueda hacerse extensivo al resto de los cauquenes, pues aunque no tuve la ocasión de degustar el común, sí puedo asegurar que el olor no es muy agradable.

En una zona situada en la costa de Punta Delgada, justo en la Primera Angostura del Estrecho de Magallanes, con la marea baja, observé cinco parejas de carancas que convivían plácidamente con un numeroso grupo de patos crestones. Desde mi punto de vista, espectaculares.
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