Hemeroteca :: 01/10/2006
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Entrevistas

Caza menor Un veterano cazador opina sobre la situación de la codorniz

Última actualización 01/10/2006@00:00:00 GMT+1
El autor lleva muchos años cazando la codorniz en terrenos sorianos, que ya no son los que eran, y analiza las razones del declive desde su experiencia personal. Otra voz que reclama la vuelta a una agricultura menos agresiva.
Los árboles más madrugadores comienzan a vestirse y han empezado a pasar hacia el norte las primeras golondrinas y aviones, emisarios de la primavera.

Hoy, en un paseo matinal por los campos, que ya llevan puestas las alfombras de margaritas y flores de dientes de león, he visto volar la primera abubilla, y cuando recorro una vereda que montea por la umbría, escucho el canto rítmico e insistente del cuclillo que busca pareja incansablemente.

Aunque ya hace años que por estos lares no llegan codornices ni tórtolas, estos presagios nos hacen suponer que estas otras aves viajeras ya estarán aposentadas entre nosotros en la Península. También acuden a mi mente recuerdos de tiempos pasados por los rastrojos sorianos.

Este año, con los malos recuerdos de la nefasta sequía de la temporada pasada y el fantasma de la gripe aviar, la moral es baja.

Ante tales perspectivas, este pobre cazador, más agobiado cada año, se sumerge en un mar de dudas y sus pensamientos no tienen más opción que recorrer toda su trayectoria codornicera para encontrar el consuelo y alivio pertinente en algún rincón de sus recuerdos.

Cambios bruscos
Parece extraño cómo la caza puede evolucionar tanto, y no por culpa precisamente de los cazadores.

Era a finales de la década de los 70 cuando empecé mis andanzas cinegéticas, tras la codorniz, por tierras sorianas. No fue ésta una elección meditada, sino propiciada por mi matrimonio con una soriana, aunque antes tuve que encontrar cazadero.

En gran parte de la provincia se alzaban altaneramente las tablillas de cotos particulares, arrendados por cuadrillas o grupos de cazadores, municipales, y otros regentados por la Sociedad de Cazadores y Pescadores San Saturio.

Para poder cazar, o te hacías de alguno de estos cotos o de la sociedad o te ibas a lo “libre”. Por aquellos años, existían todavía muchos términos municipales sin acotar. La relación de todos éstos aparecía en una lista que podías recoger en ICONA días antes de que empezara la media veda, aunque después de hacer largas colas.

Creía que en los cotos era donde únicamente estaban las codornices. Pues no, estas aves, lógicamente, nos buscaban sus cuarteles de verano sólo entre tablillas, lo que ocurría es que en los cotos había menos cazadores que en “lo libre”–donde éramos la marabunta– y por lógica tocábamos a menos pájaros por escopeta.
¿Cómo estaba entonces el campo, cuáles eran sus cultivos y que sistema agrario predominaba? La parcelación era en extremo minifundista, con piezas pequeñas, rodeadas de extensos linderos con mucha vegetación en sus márgenes, con pequeñas acequias para desaguar el líquido retenido en esos terrenos, muchos sumamente arcillosos. Los cultivos generalmente de cereales de invierno: trigo, cebada, algo de avena y centeno, comenzando a aparecer el triticale. Aún no se habían inventado las subvenciones para otro tipo de cultivos, que vendrían más tarde.

Una vez que las cosechadoras, venidas casi siempre de otras regiones, se habían llevado el grano, la abundante paja quedaba sobre el terreno para ser quemada o enterrada a final del invierno, según a lo que se iba a dedicar la parcela al año siguiente.

Debido a la falta de uniformidad del terreno, el corte se hacía muy alto para no perjudicar los peines de las máquinas. Generalmente se alternaba cultivo con barbecho.

En estos hábitats idílicos tenían las codornices de entonces unos lugares ideales para pasar sus vacaciones estivales y procrear, y los cazadores, menos numerosos que ahora, podían apañar unas perchas más que aceptables, dependiendo lógicamente de donde cazaran y de la competencia, mucha en “lo libre”.

Pero llegó la concentración parcelaria, la gran solución para los pequeños propietarios de muchas diminutas parcelas repartidas por el municipio, pero primera catástrofe para la proliferación de la codorniz. Juntaron las parcelas de los diferentes propietarios en una sola. De este modo desaparecieron linderos, se construyeron grandes acequias, se nivelaron los campos, pudiéndose aprovechar de esta manera la paja al máximo.

Si antes la paja tenía poco valor, y por esto no se recogía, ahora tiene un precio más que aceptable, se aprovecha al máximo y corta a ras de suelo. Pasan detrás de las cosechadoras las empacadoras, y si aquéllas ya perjudican la integridad de muchos pájaros y sus nidos, éstas acaban por embalar también gran cantidad de codornices. Si todos estos contratiempos aún no persuaden a las codornices a cambiar de aires, el paso por los rastrojos polvorientos de los rebaños de ovejas trashumantes, para aprovechar los pocos granos que han dejado las cosechadoras, seguramente lo conseguirán. Este sistema agroganadero actual es el más efectivo para dejar grandes extensiones huérfanas de pájaros.

Como ejemplo, puedo decir que cuando aún podías sacar los perros al campo para su entrenamiento antes de la desveda, en una ocasión, recolectada una parcela, mi perro “echó” 65 codornices, pero al día siguiente, después de empacarse la paja, ya sólo quedaban 13, y una vez se llevaron la paja, únicamente quedó un pájaro despistado.

Llegó el día que en la Comunidad Castellano-Leonesa, por ley, se acabó el terreno libre. De esta manera, los que veníamos cazando en estos terrenos, nos encontramos sin superficie alguna para poder seguir practicando nuestra afición. Cada uno se tuvo que ir solucionando su situación como pudo para seguir cazando, haciéndose socio de algún coto determinado o de una sociedad, encontrándonos, eso sí, que además de representar un aumento considerable del gasto dedicado a la caza, no cazábamos más piezas que en temporadas anteriores en terreno libre.

Motivos: además de la disminución del censo de aves que venían de África, pues parece que comenzaron a quedarse en Marruecos, el aumento del número de aficionados ha crecido considerablemente año tras año. ¿Por qué? Creo que la media veda ha sido el último refugio que ha encontrado el cazador de menor tras los graves problemas que padecen el resto de especies: perdiz, conejo y liebre.

A los cultivos tradicionales de toda la vida se unieron otros, atraídos por las subvenciones, como el girasol. Hoy en día en la provincia de Soria la superficie que se siembra de girasol es considerable. Dependiendo de zonas, puede superar el 30 por ciento. Para la codorniz, este tipo de cultivo representa un perdedero magnífico, pues las aves que se habitúan a resguardarse en su interior, después de escaparse de las primeras salvas fallidas, si no es al anochecer o al clarear, difícilmente se les tira en los rastrojos. Este refugio inexpugnable, con la utilización de determinadas razas de perro, pierde todo su valor. Cada vez más, y sobre todo en los pueblos, se ven cazadores que además de los clásicos perros para la pluma, les acompañan perros de rastro y cualquier clase de podenco, que haciéndoles trabajar los campos de girasol, vacían de vida estos refugios seguros para la codorniz.

Menos humedad
La climatología es otro factor muy importante que ha influido a lo largo de los años en el censo de aves que encontramos cada temporada por los rastrojos. Si ésta es variable en cada temporada, tanto en temperatura como en precipitaciones, hay una tendencia muy marcada hacia el descenso de la pluviometría anual. Y sabemos que el agua es necesaria para la vida, siempre en su justa medida, pues el exceso también la aniquila.

Para comprobar la importancia del factor climatológico compararemos dos temporadas, la l997-98 y la 2004-05. En la primera, tanto el otoño como el principio del invierno fueron muy lluviosos; el resto del invierno y la primavera las lluvias escasearon para volver a ser abundantes en verano, coincidiendo que los mercurios no subieron mucho, incluso hubo la impresión de que no había habido verano. Cuando el 17 de agosto se abrió la veda, la cosecha de los cereales iba un mes retrasada, tanto por el ciclo vegetativo de éstos como por lo impracticable del terreno. También hubo bastantes granizadas, que en muchas zonas, para peritar los daños, quedaron en los campos grandes hileras de cereal sin recoger, la espiga en pie pero el grano en el suelo. Al tener las codornices alimento y protección, siguieron asentadas en los campos y no efectuaron micro-migraciones. Esto hizo que las polladas salieran adelante. Como consecuencia, un número importante de pájaros en el campo, en todas las fases de reproducción posible, a finales de agosto, primeros de septiembre, protegidos y haciendo su ciclo vital.

Esto lo puedo afirmar por lo oído y visto en aquellos días, tanto por los cantos como al ver codornices seguidas de polladas de pocos días o encontrar, al eviscerar aves, sus ovarios en plena producción. Fue la mejor temporada codornicera de mi vida, incluso el último día que cacé, ya a primeros de septiembre, después de que el día anterior acabaran de cosechar unas parcelas, en ellas me hice con 14 pájaros en algo más de una hora.

Si analizamos a su vez la pasada temporada 2004-05, con una sequía extrema que duró más de un año, aunque muchas codornices hicieran sus puestas, los huevos, por falta de humedad, difícilmente pudieron eclosionar, y las codornices, al no tener prole ni cobijo por falta de cobertura, efectuaron micro-migraciones tempranas y la temporada fue nefasta para casi todos los cazadores, para mí la peor de mi vida cinegética.

Conclusiones
Antes entraban en primavera más codornices por el Estrecho; hay referencias de pueblos costeros que durante la migración la gente se dirigía a la playa provista de un saco para irlo llenando con las aves que venían “nadando” al habérseles acabado las fuerzas antes de llegar a la Península y tener que amerizar; incluso se habla que llegaban con un ala levantada en posición de vela para que el viento las acercara a la costa. Ahora parece que los contingentes de entrada han disminuido, y difícilmente podrá ocurrir lo que relata un artículo aparecido en La Ilustración Venatoria el 10 de junio de 1880, “una lluvia de codornices sobre Valencia”.

Llegan menos codornices, las condiciones climatológicas empeoran, la sequía es cada vez más cotidiana y la desertización de parte de la Península avanza debido al cambio climático, condiciones que empeoran el establecimiento de la codorniz.

La concentración parcelaria, junto con los actuales sistemas de cultivo y el pastoreo masivo, han acabado con extensas zonas antes idílicas para que la codorniz se asentara y reprodujera. Y para finalizar, aunque cada temporada los resultados son más negativos, el número de cazadores no disminuye, sino que aumenta. ¿Será, como decía anteriormente, por ser el último reducto que a muchos nos queda de esa caza menor natural, antes tan prolífica?
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