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Gestión

Última actualización 01/11/2006@00:00:00 GMT+1
Los pastos constituyen la principal fuente de alimento para la caza menor, pero también le proporcionan refugio y lugares apropiados para la reproducción. Por ello, una buena gestión de pastos constituye una magnífica herramienta para incrementar la abundancia de especies de caza menor, mejorar sus parámetros reproductivos y, en definitiva, acrecentar las posibilidades cinegéticas de un territorio y la calidad y estabilidad de sus ecosistemas. Este artículo resume los aspectos de la gestión de los pastos que pueden tener mayor interés para propietarios y gestores de fincas de caza menor.
En un artículo aparecido recientemente (Trofeo nº 432, mayo de 2006) analizamos la importancia de la gestión de los pastos para la caza mayor y describimos algunas actuaciones o tratamientos que pueden beneficiar tanto a las reses como a todo el ecosistema cinegético. ¿Sucede lo mismo con la caza menor? ¿Son válidos para ella los planteamientos descritos para la caza mayor? ¿Se puede planificar y llevar a cabo una gestión de pastos orientada a favorecer específicamente a la caza menor? En este artículo trataremos de responder a esas preguntas y, como hicimos en el anterior y siguiendo un esquema similar, trataremos de resumir los aspectos de la gestión de pastos que creemos pueden tener mayor interés para propietarios y gestores de fincas de caza menor.

¿Qué tipos de pastos puede
haber en una finca de caza menor?

A efectos de este artículo seguiremos la propuesta de la Sociedad Española para el Estudio de los Pastos, que define pasto como cualquier recurso vegetal que sirve de alimento al ganado o la fauna silvestre, bien en pastoreo o bien como forraje. Esa idea coincide con la que tenemos casi todos cuando asociamos los pastos con plantas o comunidades herbáceas, naturales –no sembradas– o artificiales –sembradas–. Sin embargo, si afinamos un poco más, nos daremos cuenta de que un cultivo agrícola –por ejemplo, una siembra de avena– que puede cosecharse o ser consumido por la caza es, si sucede lo segundo, un pasto. En ese sentido, la mayoría de los cultivos agrícolas pueden ser contemplados también como pastos, al menos desde el punto de vista de la gestión cinegética.

Dentro de los pastos herbáceos artificiales, o sembrados, conviene distinguir los que tienen una duración corta, de menos de tres años –temporales– de los que persisten durante muchos años –permanentes–, llegando a naturalizarse por la incorporación de especies espontáneas cuyas semillas se encuentran presentes en el suelo.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que no todos los pastos son herbáceos; que existen otros, los leñosos, generalmente naturales aunque también pueden haber sido plantados o sembrados, que contribuyen a la alimentación del ganado y la caza por medio de sus hojas y ramitas –conjunto que suele recibir la denominación de ramón–, sus frutos o sus flores y que tienen una enorme importancia cinegética, sobre todo en el ámbito mediterráneo.

Para aclarar ideas, se puede resumir la situación en el esquema que aparece a pie de página.

¿Qué ofrecen los pastos a la caza menor?
Teniendo en cuenta su definición, es evidente que una de las principales funciones de los pastos, desde el punto de vista cinegético, es servir de alimento a la caza. Sin embargo, esa oferta de alimento,
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