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Ojeo a la investigación La enfermedad, que afecta especialmente a venados y jabalíes, está muy asociada al manejo intensivo de las fincas

Última actualización 01/05/2007@00:00:00 GMT+1
En anteriores entregas de “Ojeo a la investigación” ya hemos tratado el tema de la tuberculosis, presentando un estudio en el que se evidenciaban las altas prevalencias en nuestros ciervos y jabalíes del centro y sur de España, y unos interesantes resultados sobre la resistencia genética a la misma. Gracias a diferentes proyectos de investigación –avalados por los ministerios de Educación, de Medio Ambiente y de Agricultura, el Grupo Santander y otras entidades–, el IREC ha podido continuar profundizando en su conocimiento para poder frenar su avance.
Para poder luchar contra cualquier enfermedad una de las principales herramientas es la investigación. Es necesario conocer bien su distribución, sus mecanismos de persistencia en las poblaciones y los principales factores de riesgo que se asocian con los actuales modelos de gestión.

En este sentido, Joaquín Vicente, Ursula Höfle, Joseba M. Garrido, Isabel G. Fernández de Mera, Pelayo Acevedo, Ramón Juste, Marta Barral y Christian Gortazar están a punto de publicar en la revista Veterinary Research el trabajo Risk factors associated with the prevalence of tuberculosis-like lesions in fenced wild boar and red deer in South Central Spain (Factores de riesgo asociados a la presencia de lesiones macroscópicas compatibles con infección por el complejo Mycobacterium tuberculosis en el ciervo y en el jabalí en el centro sur de España). En el citado trabajo se analiza, de una manera muy pormenorizada, la asociación de los potenciales factores de riesgo con la prevalencia de lesiones macroscópicas compatibles con tuberculosis en ciervos y jabalíes.

Este estudio se llevó a cabo en 19 fincas de caza mayor, distribuidas por Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura, en las que se obtuvieron datos de 570 ciervos y 407 jabalíes cazados en montería. En todas estas fincas, representativas de todos los tipos de manejo –no sólo fincas valladas– que podemos encontrar en el área de estudio, se caracterizaron los principales factores de riesgo.

Para ello, se determinaron las abundancias de ciervo y jabalí, su agregación espacial en torno a las fuentes de alimentación y agua; y se caracterizaron las variables de hábitat y de manejo más importantes.

Puntos de agua y alimento
El análisis del amplio conjunto de variables evidenció hechos con importantes connotaciones para la gestión. Así, los índices de agregación de animales en puntos de agua y de alimento, que se calcularon para cada finca, resultaron ser de gran relevancia a la hora de explicar el patrón de distribución de la enfermedad en las poblaciones estudiadas. Concretamente, se encontró que la congregación de jabalíes en puntos de agua se asoció estadísticamente con la probabilidad de presentar lesiones compatibles con tuberculosis tanto en el jabalí como en el ciervo. Probablemente, las tasas de contacto y la probabilidad de transmisión directa entre los jabalíes aumentan en los puntos de agua, especialmente durante el verano.

También la transmisión indirecta, debida a las condiciones favorables del barro y de la humedad de las orillas para preservar las micobacterias excretadas por los jabalíes –y otras especies que se viesen afectadas–, contribuya a la transmisión de la enfermedad. Los jabalíes no sólo hozan e interaccionan socialmente, sino que también beben, defecan y orinan en estos puntos de agua o charcas, pudiendo contaminar el medio y favorecer la transmisión. Estos puntos de agua están igualmente disponibles para el uso por parte de los ciervos.

Desde el jabalí a los ciervos
Los resultados de los modelos epidemiológicos estudiados para ambas especies sugieren que la transmisión indirecta interespecífica es más probable desde el jabalí al ciervo que a la inversa. Se encontró también un riesgo creciente en la prevalencia de tuberculosis en el ciervo asociado positivamente con el índice de agregación de jabalíes por punto de alimentación. Esto puede ser explicado por la transmisión indirecta asociada al consumo de alimento destinado a los jabalíes.

Parece más probable, a la vista de los sistemas más comunes de alimentación vistos en las fincas, que el ciervo acceda más fácilmente a los recursos destinados para el jabalí que a la inversa, lo que podría influir en el sentido de la transmisión. En todo caso, las micobacterias de la tuberculosis pueden sobrevivir durante largos periodos de tiempo en los diferentes tipos de alimentos para los animales.

En relación a las variables medioambientales, la disponibilidad de hábitats forestales de quercíneas –principalmente encinas– se asoció con un mayor riesgo de presentar tuberculosis en ambas especies, mientras que la cobertura de matorral se asoció negativamente.

Las áreas boscosas mediterráneas son usadas intensamente por los ungulados silvestres durante el otoño como fuente principal de recursos energéticos en forma de bellota, incluso cuando se suplementa artificialmente alimento. En caso de que exista contaminación en el medio ambiente por micobacterias, la alimentación en tales áreas por el ciervo y jabalí –hozando, mordiendo, lamiendo durante la búsqueda y consumo de bellotas– podría ser una fuente de ingestión de micobacterias.

Contrariamente, se encontró una menor prevalencia en jabalíes y ciervos de fincas con mayores porcentajes medios de cobertura de matorral. El matorral ofrece principalmente oportunidad de ramoneo, pero no es una fuente tan importante de frutos otoñales. Ya que el jabalí no es una especie ramoneadora, es esperable que éstos no inviertan mucho tiempo de su periodo de actividad o que no se produzcan muchas interacciones tróficas en tales lugares. A escala de poblaciones, el tiempo que había permanecido vallada la población se asoció positivamente y estadísticamente con la prevalencia de lesiones tuberculosas en jabalíes.

Ampliar los puntos de agua y comida
A la vista de estos resultados, para controlar la diseminación de esta enfermedad sería recomendable diversificar lo máximo posible el número de puntos de agua y de alimentación suplementaria, a la vez que controlar las densidades de ungulados y reducir los contactos interespecíficos.

El consumo de carroña de animales infectados por parte del jabalí puede tener también graves consecuencias epidemiológicas. Por lo tanto, sería deseable la correcta eliminación de las vísceras y otros restos de las monterías, que normalmente son abandonadas en la propia finca.

El aporte de alimento suplementario en la fauna silvestre es un tema controvertido, que guarda relación con el proceso de intensificación del manejo de la fauna silvestre y sus posibles efectos sobre el mantenimiento y difusión de las enfermedades. También hay que considerar los efectos ecológicos de la alimentación sobre la productividad y procesos naturales en las poblaciones de ungulados silvestres. Pero además hay que tener en cuenta consideraciones éticas sobre el uso del alimento con el único fin de atraer a la caza.

Este debate deberá de ser abordado por las autoridades sanitarias, las de medio ambiente, conservacionistas, ganaderos y cazadores, para lo cual será necesaria una base científica objetiva para cada situación particular. Si bien los hábitats mediterráneos presentan una marcada estacionalidad en la disponibilidad de recursos, también son capaces de alcanzar elevadas densidades de forma natural. En cualquier caso, y desde el punto de vista estrictamente sanitario, el empleo de estos manejos en áreas marginales dónde la caza supone prácticamente la única fuente generadora de rentas, debería de estar condicionado a un correcto seguimiento sanitario. Algunos sistemas de manejo cinegético basados en el aporte de suplemento alimentario pueden generar poblaciones de ungulados capaces de albergar agentes patógenos de interés sanitario, lo cual puede obligar a modificar los planes de las autoridades sanitarias incluyendo a estas especies.

En resumen, este trabajo ha evidenciado los posibles efectos contraproducentes de ciertos manejos cinegéticos intensivos en la transmisión y persistencia de ciertas enfermedades que pueden afectar no sólo a la caza, sino también al ser humano, al ganado y a especies de interés que aún campean en nuestras áreas monteras. En la mano de los gestores están las herramientas para impedir que ello ocurra.
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