Entrevistas
Gestión práctica
Una fórmula sencilla y eficaz para repoblar perdices
Última actualización 01/04/2004@00:00:00 GMT+1
Las repoblaciones de perdiz roja deben hacerse cuando la escasa población natural no puede recuperarse por sí sola. En este artículo el equipo del Proyecto LAIA explica cómo llevarlas a cabo de forma sencilla y práctica. Además otros expertos opinan sobre esta actuación que no termina de convencer a todo el mundo.
La controversia existente alrededor de las repoblaciones de perdiz roja no hace más que confundir al cazador-gestor, cuya única intención es mejorar la situación actual de su coto, caracterizada en muchísimos casos por la mayor abundancia de depredadores oportunistas –zorros y córvidos– que de especies cinegéticas. La controversia produce confusión, ésta a su vez conlleva desidia y la consecuencia final es el abandono. A esto hay que sumar el nulo apoyo que recibimos por parte de las administraciones competentes empeñadas en realizar una gestión caracterizada por un “no tocar”.
Si no hay perdices, conejos y liebres en el campo es imposible que tengamos especies protegidas. Qué casualidad, los terrenos en los que se realiza una buena gestión cinegética ordenada son los que cuentan con mayor número de especies protegidas.
Les voy a contar una anécdota que vivimos hace dos años en uno de esos cotos de nuestra geografía: 4.000 hectáreas bien gestionadas, comederos, bebederos, control de predadores, siembras para la fauna, guardería, normativas, cupos, etcétera. Era época de cría y se localizan tres nidos de aguilucho cenizo entre los cultivos de cereal de una zona del coto. No tardan en llegar los forestales acompañados de un equipo formado de dos “personajes” perfectamente equipados con todo tipo de material científico. La guardería del coto se ofrece voluntariamente a ayudar en lo posible, pero la respuesta por parte de los recién llegados nos deja a todos helados: “Por aquí ni aparecer y suspended el control de depredadores en esta zona”. Los guardas de nuestro coto continúan sus labores habituales manteniéndose alejados de las zonas de cría en las que permanece el equipo de “personajes” haciendo no sé qué. Acotan las zonas de cría, indemnizan al agricultor para que no coseche, entran y salen continuamente a realizar mediciones. Resultado final: los tres nidos terminan predados por zorros y urracas. Ahora me surgen varias preguntas: ¿Cuánto dinero costó a los contribuyentes dicha actuación? ¿No hubiera sido mejor premiar al coto e invertir el dinero en mejoras de hábitat para la fauna, dejando a los verdaderos conocedores del terreno hacer su trabajo o al menos prestar su ayuda? ¿Por qué ese excesivo celo contra todo lo que tiene que ver con la actividad cinegética?
Pero vayamos al tema. ¿Son viables la repoblaciones de perdiz? Sí, pero si se realizan adecuadamente. Según la filosofía de nuestro proyecto, las repoblaciones de perdiz roja son justificables siempre que las poblaciones autóctonas no tengan una abundancia suficiente como para conseguir proliferar y recuperarse. Es decir, si en un coto no queda madre suficiente, por mucho que hagamos, incluso dejando de cazar en temporadas venideras, no conseguiremos aumentar las poblaciones autóctonas de perdiz roja, viendo como se mantienen esos dos o tres bandetes de siempre, pero incomprensiblemente sin aumentar su número, temporada tras temporada. Si esto sucede, debemos repoblar.
Para que las repoblaciones de perdiz roja sean viables se ha de tener en cuenta diversos factores básicos previos a la realización de cualquier actuación:
•La procedencia de la perdiz a repoblar es un factor fundamental y determinante para conseguir el éxito: pureza genética, instinto de salvajismo, sangre de campo, perfecto estado sanitario. Si no garantizamos todos y cada uno de estos puntos, es mejor no plantearnos una repoblación ya que tiraremos el dinero e incluso contaminaremos las pocas perdices autóctonas que quedan en nuestros campos –ver el artículo del mes pasado sobre granjas de perdices–.
•Es importantísimo realizar un acondicionamiento previo del terreno en el que se va a repoblar, es decir, se ha de colocar abundantes comederos y bebederos cuidando de que siempre se encuentren en funcionamiento y de que tanto comida como agua estén perfectamente tratadas contra posibles parásitos o carencias de los individuos repoblados. Lo ideal sería colocar un comedero y bebedero cada cinco hectáreas, por supuesto en zonas en las que durante el estío haya carencia de recursos hídricos. Sería recomendable realizar refugios cerca de los comederos y bebederos si el terreno no los tuviera naturales. Esto lo conseguimos colocando un montón de ramas de modo piramidal en torno a un eje central: palo, rama o varilla de metal. Por otro lado se debe prestar especial atención al control de predadores, siempre contando con las pertinentes autorizaciones y métodos autorizados
•La elección de la zona a repoblar y su amplitud se realizará en función de la orografía del terreno, de los usos del suelo, de la configuración y límites del acotado y, por supuesto, del presupuesto con el que contemos y queramos destinar a la repoblación
•Buscaremos siempre las zonas céntricas del coto, en las que los límites con cotos vecinos queden lo más alejado posible, pues no se trata de repoblar el del vecino. El hábitat y usos del suelo en estas zonas han de ser propicios para la perdiz ya que una vez realizada la repoblación, ellas buscarán las zonas de mayor querencia, como cultivos cerealistas, olivares, girasoles, colzas, alternados con márgenes, sierras y zonas de monte bajo. Por otro lado la preparación previa del terreno afianzará esa querencia y en un futuro –meses después de la repoblación– observaremos a las perdices rondando los comederos y bebederos, llegando incluso a construir sus nidos cerca de estos lugares y evitando así grandes desplazamientos peligrosos y muchas veces fatales para los pollos.
•La superficie a repoblar es también una cuestión clave. Vamos a cambiar el chip. Tradicionalmente se han realizado repoblaciones en grandes extensiones de terreno con pocos medios, lo cual de entrada conduce a un rotundo fracaso. Es cotidiano encontrarnos estas situaciones: pocos comederos y bebederos para un amplio territorio que terminan quedándose vacíos; pérdida de mucho tiempo en desplazamientos; imposibilidad de realizar un buen control de depredadores en semejante extensión, etcétera.
La solución es clara: reducir la escala geográfica de actuación adaptándola a la posibilidad de nuestros bolsillos.
Un ejemplo práctico
Contamos con un acotado de 2.000 hectáreas. Buscamos una zona céntrica del coto, con buen hábitat para la perdiz, y señalizamos 500 hectáreas sobre las que vamos a concentrar todo el esfuerzo y la repoblación. Realizamos las pertinentes mejoras de hábitat en estas 500 hectáreas: 100 comederos y 100 bebederos –1 por cada 5 hectáreas–, alguna siembra para la fauna y refugios en función de la vegetación existente.
El control de depredadores se ha de intensificar en esta zona manteniendo los límites “a raya”, ya que posiblemente éstos se verán atraídos por el aumento de “comida”.
Es relativamente fácil llevar el mantenimiento de comederos y bebederos, control de depredadores y vigilancia en una zona de tales dimensiones debido a que reduciremos en gran medida los largos desplazamientos y la pérdida de tiempo dedicada en ellos. Estas zonas constituirán núcleos de expansión para el resto del acotado y ya se encargarán las propias perdices con el tiempo de ir explorando y colonizando los territorios adyacentes. En años posteriores iremos agrandando esta zona o incluso creando otras y conseguir en sucesivas temporadas buenos resultados, palpables desde el primer día.
Cómo soltar las perdices
Existen multitud de métodos más o menos efectivos y costosos para realizar la suelta en campo de las perdices. Nosotros nos centraremos en el método, a nuestro juicio, más práctico, sencillo, barato y que mejores resultados ofrece, según nuestra experiencia.
Una vez acondicionado el terreno y realizado el pertinente control de predadores –tranquilos, lo peor ya ha pasado, ahora ya es cosa de coser y cantar–, a mediados del mes de agosto-septiembre recibimos las perdices y esa misma noche realizamos la suelta. Nos tocará una noche en vela, pero merece la pena.
Ésta la realizamos de modo directo, es decir, sin jaulas de aclimatación ni otros inventos. Durante la noche vamos repartiendo las cajas en las que se transportan las perdices en la zona elegida, siempre al lado de un comedero y bebedero, dejando abierta una portezuela lateral de las que disponen estas cajas para que al llegar el día vayan saliendo tranquilamente de ellas, desperezándose, comiendo, bebiendo y explorando su nuevo hábitat.
Se ha de evitar por todos los medios que salgan en estampida, no molestándolas ni dejando que nadie las moleste. Esa noche permaneceremos atentos a la posible entrada de depredadores tanto de cuatro patas como de dos.
Al cabo de un par de días pasaremos a recoger las cajas, ya que las perdices ya han reconocido su hábitat y sorprendentemente se han aquerenciado. Por supuesto este consejo se ha de realizar según las estrictas indicaciones que hemos relatado. Variantes de la suelta directa como coger las perdices y lanzarlas desde la caja o incluso tirarlas desde el coche son barbaridades que no sirven más que para dar de comer a los depredadores.
Ahora tan sólo se ha de realizar un mantenimiento de las mejoras de hábitat, control de depredadores y cierta vigilancia de la zona.
Entendemos que este artículo va principalmente enfocado a sociedades de cazadores o titulares de terrenos cinegéticos “de los de a pie”, o sea, de la gran mayoría de cazadores de nuestro país, por lo cual las soluciones o consejos que hemos planteado hemos querido que sean eminentemente prácticos, claros, además de útiles y funcionales.