Entrevistas
II Conferencia Nacional sobre la Caza
Última actualización 01/04/2004@00:00:00 GMT+1
Durante los días 25, 26 y 27 de febrero se celebró en Lugo la
II Conferencia Nacional sobre la Caza, continuación de aquélla celebrada también en tierras gallegas en 1999. Durante tres días, periodistas, sociólogos y directores generales de Medio Ambiente, muchos de ellos nada cazadores, reflexionaron, entre otras cosas, sobre la poca presencia de la caza en los medios de comunicación generalistas, de la imagen distorsionada que la sociedad tiene de la actividad cinegética y explicaron la razones. Una de ellas, quizá la fundamental, es que los cazadores no sabemos comunicar nuestra verdad.
La II Conferencia Nacional sobre la Caza prometía ser la continuación de aquélla primera celebrada en 1999, pero algo había cambiado. Esta vez no se trataba de que los cazadores contaran cosas a quienes quisieran escucharles, fundamentalmente otros cazadores, sino que algunos agentes sociales –administración, periodistas y sociólogos– contaran cómo veían ellos la caza, con el fin de que los cazadores tomásemos nota y remediásemos nuestro autismo con la sociedad.
El marco, la Facultad de Veterinaria de Lugo, engalanada con parte de la estupenda colección de animales naturalizados de Eduardo Romero y colas de mucha gente joven –en su mayoría estudiantes–, además de federativos y cazadores. Desde la primera conferencia, el auditorio estuvo a rebosar.
Manuel Fraga inauguraba avanzando ya algunas ideas sobre las que versarían los tres días de actividades: la necesidad de la conservación del medio, la vinculación de la caza con el medio ambiente y la repercusión económica de la actividad venatoria.
El bloque “Caza y Conservación” comenzaba con la intervención del secretario general de Medio Ambiente, Juan del Álamo, que volvió a presentar el sistema de calidad cinegética y ambiental (SCCA), que “hará compatible, en el marco de las acciones de desarrollo sostenible, la conservación de la naturaleza y la actividad cinegética”, sistema que explicamos en este mismo número.
Posteriormente llegaba uno de los más aplaudidos, Guillermo Palomero. Con una exposición ágil acompañada de un vídeo hizo las delicias del auditorio. “Por fin el del oso pardo, un verdadero conservacionista”, afirmaban dos estudiantes de veterinaria. Y es que tras su exposición se abrieron muchas mentes que vieron la caza de otra manera.
El contar desde su perspectiva de ecologista que tiene que tratar con cazadores para que una especie sobreviva, quien habla de los cazadores como amigos y que de verdad colaboran con fundaciones como la del Oso Pardo, fue todo un acierto. La gente buscaba ejemplos vivos que confirmara la relaciones entre caza y conservación.
Su exposición dejó al descubierto algo más. Que Palomero, que la Fundación Oso Pardo, sabe utilizar los mecanismos de la moderna sociedad de la información para darse a conocer y darse a querer. Prueba de ello fue un vídeo en el que salen más paisajes de las increíbles montañas cantábricas que los buscados osos. ¿No fue lo de Palomero una indirecta, una pista, a sus amigos cazadores, sobre cómo deben comunicarse con el resto de la sociedad?
Las ponencias de los directores generales de varias autonomías fueron, como siempre, meramente administrativas. Cada uno habló de su ley, de sus características y de sus necesidades. La mesa redonda posterior se salvó por la actuación de Juan Delibes, que vino a recalcar que para moderar una mesa redonda, sea de lo que sea, hay que saber comunicar y saber de lo que se habla. Otra vez el poder de transmitir, de la palabra y de la comunicación entraba en la sala como la sombra de la conferencia.
Los periodistas hablaron de caza
Pero la verdadera dimensión de lo que estaba pasando se pudo medir en el verdadero bloque de la discordia y del aprendizaje. Bajo el título “Caza y medios de comunicación”, la organización acercó el mundo de la prensa generalista gallega al mundo de la caza.
Fueron los ponentes de la mesa redonda del mediodía los que tomarían la palabra del mercado de la información. El director del Ideal Gallego, Manuel Enrique Ferreiro; el redactor jefe de Faro de Vigo, Juan Carlos Recondo; el subdirector de El Correo Gallego, Víctor Tobío; el director de La Voz de Galicia, Bieito Rubido; el subdirector de La Región, Miguel Sánchez, y el redactor jefe de El Progreso José María Vilabrille, que moderó la mesa, centraron todas las miradas y abrieron un debate del que cazadores y asistentes fueron partícipes.
En el debate surgieron luces y sombras de la actualidad cinegética en los medios. Los representantes de los medios señalaron la dificultad de tener especialistas en caza dentro de las redacciones, el poco interés que suscita entre mucha gente y los prejuicios que la gente tiene ante la caza como razones para que la actividad venatoria no se reflejara en sus publicaciones diarias. Razones que fueron entendidas y criticadas por mucho público del auditorio, en su mayoría el que se declaraba cazador, que además reivindicaba que no se tachara a los cazadores de “asesinos”, que no se vincularan acciones concretas al sector sin contrastarlas anteriormente y sobre todo reprochaban a los dirigentes de las publicaciones diarias la poca atención que dedicaban a la caza.
Y aquí es donde la gente empezó a hablar. Estudiantes que se dividían entre el razonamiento del director de la Voz de Galicia, que defendía los criterios económicos por los que se rige la información hoy en día y que defendía la teoría –muy cierta– de que la caza en sí misma no vende, aunque sea una fuente de riqueza para mucha gente, y cazadores confesos, que animaban cada vez que se le hacía un reproche a los representantes de los medios.
Qué tristeza ver que los cazadores estaban ante un público receptivo e interesado en aprender y ellos seguían discutiendo por unas líneas arriba o abajo. Este debate dio mucho que hablar.
Encuestas
Carlos Malo de Molina, presidente de Sigma Dos, y Antonio Pérez Henares, no tuvieron reparos en mostrar un trozo de la realidad con una encuesta y con una serie de puntos claves para la caza.
Malo de Molina sorprendía con una encuesta realizada para la ocasión en la que se tasaba un poco “el concepto de la caza en la sociedad”. Entre los datos que expuso, un 13 por ciento de encuestados afirmaba haber cazado alguna vez, un 39,7 consideraba la caza como un “deporte”, un 53,2 como un negocio y un 71,1 como una alternativa de ocio y turismo que genera negocio para las zonas rurales en abandono.
Pérez Henares subrayó la existencia del homo urbanus que hoy en día vive en las ciudades y que critica sin saber lo que realmente es la naturaleza ni el significado de la caza. Animó a los asistentes y en especial a los cazadores, a luchar contra el furtivismo y a afianzar su presencia en los medios usando los verdaderos mecanismos de la sociedad de la información en la que vivimos. “Es necesario que nos hagamos un hueco en los medios dando información atractiva y sobre todo teniendo mecanismos para que nos tengan en cuenta sin los prejuicios ni las lacras a los que nos someten actualmente”, señalaba Pérez Henares convirtiéndose en la voz de muchas conciencias.
Una bajada a la realidad para muchos, una verdadera conclusión que ya florecía y que el último día se puso de manifiesto cuando Javier Ruiz de Almirón, Director Xeral de Conservación da Naturaleza de la Xunta de Galicia, leyó las conclusiones de este encuentro.
Dentro del bloque “Caza y conservación” se destacaron: la necesidad de conservación de los espacios naturales y de las especies que en ellos habitan mediante una adecuada gestión cinegética; contribuir a que España siga liderando la biodiversidad en Europa; fomentar que los cazadores no sé involucren sólo en la gestión y en el aprovechamiento cinegético, sino en el diseño y en la aplicación de las medidas de conservación del territorio; necesidad de definir y divulgar prácticas agrarias compatibles con la fauna silvestre; importancia de la formación de cazadores y profesionales del sector para garantizar la sostenibilidad del recurso cinegético y que el SCCA se plantea como un aval de la adecuada gestión cinegética de los territorios.
En cuanto al grupo que se refería a “La caza, el entorno social y la comunicación”, se planteó que la sociedad no conocía el importante papel de los cazadores en la conservación de los valores medioambientales; que no se había conseguido que la sociedad superara los mitos y los tópicos habituales que sitúan a la caza como una actividad atávica y destructiva.
Para finalizar, en el bloque de “Caza y economía” se señaló que la caza genera empleo y que es una alternativa a la agricultura tradicional; que las perspectivas del sector pasan por una definición suficiente de los usos del territorio y que la repercusión de la caza en la economía rural es muy diferente dependiendo de la idiosincrasia propia del lugar.
Un sinfín de conclusiones que se constataron a lo largo de tres días de animados coloquios, de reflexiones y sobre todo de reunión para un sector que busca hacerse un hueco en la sociedad, que intenta llegar a todos los públicos, a todos los niveles sin tener que esconderse ni avergonzarse por practicar una actividad realmente sostenible si, como todo, es bien gestionada.
Hay que agradecer que este tipo de conferencias se realicen en el marco de la universidad, pues los jóvenes vieron y disfrutaron sabiendo lo que piensan la mayoría de los cazadores del oso pardo. Pero Lugo también fue una cuestión de autocrítica. El sector de la caza debe aprender que para ser tomado en cuenta debe dar ejemplo de conservación, de información interesante y vendible y sobre todo de unión ante el resto de la sociedad en la que todos no son cazadores.