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Gestión, nacimiento y primeros días de vida

Última actualización 01/07/2004@00:00:00 GMT+1
Con el fin de observar el comportamiento de madres y crías durante la temporada de partos, los autores realizaron este estudio con animales en semilibertad en un cercado de la provincia de Cáceres que arroja interesantes datos sobre el nacimiento y los primeros días de vida del ciervo ibérico.
En el ciclo biológico del ciervo ibérico, la primavera es el momento en el que los animales suelen pasar más inadvertidos. Al contrario que en el celo o berrea, período durante el cual abandonan su proverbial timidez y pueden ser observados cómodamente, la época del año en la cual su retraimiento es mayor va desde abril a junio, cuando los machos están indefensos desarrollando sus nuevas cuernas y las hembras se disponen a traer al mundo a sus retoños.

Son el momento del parto y los días posteriores a él, los de mayor vulnerabilidad para las hembras y los chivarros recién nacidos, por lo que ambos toman muchas precauciones para pasar desapercibidos. Al tratarse además de un período en el que el alimento es abundante, los animales pueden permanecer tranquilamente en las zonas más protegidas. Todo esto hace que la época de la paridera sea uno de los momentos más desconocidos de la biología de esta especie.

La mayor parte de los conocimientos que poseemos sobre el comportamiento alrededor del parto en el ciervo provienen del estudio de poblaciones de otras subespecies, así como de la cría en cautividad en granjas cinegéticas.

Con el fin de observar el comportamiento de madres y crías durante la temporada de partos, así como obtener datos morfométricos de los cervatillos recién nacidos, comenzamos durante el año pasado el estudio en un grupo de ciervos que se mantiene en condiciones de semilibertad en un cercado de 40 hectáreas al norte de la provincia de Cáceres.

La cerca está dividida en tres áreas interconectadas. La vegetación es la típica dehesa de encinas y alcornoques con amplias praderas herbáceas, existente en la mayor parte de las áreas donde el ciervo se encuentra de modo natural en el mitad suroccidental de España, contando además con una gran parte de la superficie cubierta de matorral mediterráneo a base principalmente de jaras. La población al inicio de nuestras observaciones –en abril– estaba compuesta por siete machos adultos, treinta hembras –veinte adultas y diez jóvenes de algo menos de dos años–, cinco hembras y seis machos nacidos en la temporada anterior –los machos ya con sus característicos “pivotes”–.

Con el fin de localizar a las crías recién nacidas, realizamos recorridos diarios por la zona, lo cual nos permitió asistir en directo al momento del parto de varias de las hembras. Durante dichos recorridos tratamos de interferir lo menos posible en el desarrollo natural de los acontecimientos, evitando cualquier molestia tanto a la madre como a la cría, y tratando siempre de manejar a los cervatillos de la forma más tranquila y silenciosa posible. Los cervatillos capturados fueron pesados y medidos, y una vez marcados con un crotal numerado, los depositamos exactamente en el mismo lugar donde los habíamos encontrado. Tras alejarnos, continuamos observando a distancia hasta comprobar que la madre visitaba de nuevo a la cría o bien volvíamos al mismo lugar una vez transcurrido el tiempo apropiado para comprobar que la cría se había marchado con su madre. Sólo hubo un caso de muerte por abandono materno, considerándose habitual hasta un 5 por ciento de mortalidad debido a esta causa –Clutton-Brock, 1982–.

Fechas de nacimiento
Las hembras de ciervo alcanzan la madurez sexual generalmente en su segundo año de vida, aunque puede ocurrir que durante el primer año queden preñadas si las condiciones ambientales han sido buenas. Dan a luz generalmente a una sola cría por parto, durando el periodo de gestación entre 230 y 240 días. Dependiendo del sexo de la cría que lleve en su interior, dicho periodo de gestación varía entre una media de 236 días para las crías macho y de 234 días para las crías hembra según Clutton-Brock (1982). El periodo de gestación va a determinar por tanto la fecha de nacimiento, la cual a su vez está relacionada con la probabilidad de supervivencia de la cría, ya que se ha demostrado en otros estudios que las más tardías son las que tienen mayores posibilidades de morir.

Nuestro periodo de nacimientos se localizó desde mediados del mes de mayo hasta finales de junio. Las fechas de la primera y última cría capturadas correspondieron al 18 de mayo y al 12 de junio respectivamente, sin embargo pudimos observar con posterioridad cinco crías de sexo desconocido cuya fecha de nacimiento pudimos estimar entre el 20-30 de junio.

Encontramos que en nuestra población, fueron los primeros días del mes de junio los que registraron el mayor número de nacimientos por día. Por tanto, podemos decir que siendo el verano la época limitante en nuestras latitudes en cuanto a comida se refiere, el periodo de partos debería coincidir con la primavera, ya que será esencial para la supervivencia de la cría que ésta nazca en el momento adecuado y con el peso suficiente. Para la mayoría de los mamíferos que viven en hábitats con variaciones estacionales marcadas, hay un momento adecuado para nacer y ese será aquel en el cual las crías tengan más posibilidades de sobrevivir, es decir, cuando la comida sea abundante, el clima sea favorable y la cobertura vegetal les permita protegerse de los depredadores.

El momento del parto
Pero, ¿cómo reconocer un parto inminente? Existen signos externos que nos permitieron conocer la proximidad del futuro alumbramiento. Una visible hinchazón de la vulva y una dilatación abdominal, el aumento de tamaño de las mamas, un ligero enrojecimiento de la zona perianal, incluso cambios en el comportamiento de las hembras, tales como volverse más inquietas, la interrupción temporal de su alimentación y el apartarse ligeramente del grupo familiar, nos permitió reconocer que se acercaba el momento del parto.

En el momento del alumbramiento, pudimos observar cómo la futura madre se apartaba a pocos metros del grupo, se echaba a la sombra de un alcornoque y después paría de pie a una sola cría. Varios estudios han demostrado que la mayoría de los ungulados tienden al aislamiento del grupo familiar en el momento del alumbramiento (Kiley-Worthington, M., 1977). Sin embargo este tipo de comportamiento podría verse afectado por el hecho de encontrarse dentro de un cercado. Pudimos observar cómo las hembras abandonaban temporalmente el grupo familiar, y mientras que algunas se mantenían en la misma cerca a sólo unos pocos metros del grupo, otras se alejaban más y llegaban a trasladarse a otro de los cercados a la hora de parir.

La hembra volvía a echarse una vez expulsada la cría, siendo ésta lamida por su madre para evitar cualquier posible pista que pudiera indicar a los depredadores la posibilidad de conseguir una presa fácil. Aproximadamente al cabo de una hora, la placenta era expulsada y comida también por la hembra con el fin de limpiar cualquier resto de sangre. Es en estos momentos, en los que ambas resultan demasiado vulnerables, cuando se ocultan aun más entre la vegetación, agazapándose sobre ella sin moverse, como mecanismo de defensa frente a los depredadores. Asimismo, la cría permanece oculta e inmóvil durante la primera semana de vida antes de incorporarse progresivamente a la vida del grupo, siendo su cuerpo moteado de pequeñas manchas blancas el que la mimetiza casi por completo entre las sombras de la vegetación.

Fase de reconocimiento mutuo
El comportamiento de la madre hacia la cría es uno de los aspectos menos conocidos en el ciervo común. Muchos estudios experimentales parecen indicar que son dos los factores principales que determinan un comportamiento maternal adecuado. Por un lado existe un control hormonal –principalmente a través de estrógenos, prolactina y progesterona–, y por otro lado e igualmente importante un estímulo externo por parte de la cría. El fallo de cualquiera de ellos provocaría un comportamiento maternal deficiente y con ello un aumento de la mortalidad infantil al no reconocer a su propia cría.

El reconocimiento inicial del cervatillo por parte de la madre es el momento crucial denominado impronta, es decir, un periodo de tiempo crítico o “sensible” durante unas pocas horas tras el nacimiento durante el cual la madre aprende a reconocer a su cría y viceversa (Blauvelt, 1954). Por esta razón siempre que encontramos un cervatillo recién nacido con su madre, esperamos un tiempo razonable para que ésta lo limpiara y lamiera –la impronta se realiza a través del olfato, vista y oído– con el fin de crear los vínculos necesarios entre ambos y así evitar futuros problemas de reconocimiento. Posiblemente, una vez que la cría tiene más edad, es el sentido de la vista el utilizado para reconocerse mutuamente, siendo además las llamadas de contacto entre madre e hijo bastante frecuentes en ungulados. Aún así, no se conoce todavía bien el mecanismo por el cual la madre llega a reconocer a su hijo.

Tras esos primeros contactos con su madre, el cervatillo permanecía en el mismo lugar del parto, completamente agazapado e inmóvil hasta que conseguía caminar sin dificultad, lo cual podía ocurrir a las pocas horas de nacer. Pudimos comprobar cómo durante aproximadamente los tres primeros días de vida, la cría desarrollaba un comportamiento antipredatorio de camuflaje durante el cual mostraba una tendencia a permanecer aplastada contra la vegetación sin moverse. A medida que la cría iba creciendo, sus orejas empezaban a levantarse, su pelaje perdía toda la humedad y los restos de su cordón umbilical se secaban completamente, pistas que utilizamos para estimar las horas de vida que tenían las crías.

Durante estos primeros momentos, el cervatillo únicamente se desplazaba con su madre a pocos metros del lugar de nacimiento, cambiando frecuentemente de lugar para despistar a los posibles depredadores.

La primera toma de leche materna tenía lugar cuando tan sólo habían pasado unos cuarenta minutos desde el nacimiento. Posteriormente el cervatillo permanecía escondido y reclamaba el alimento de su madre mediante llamadas cortas y agudas. Su madre acudía entonces a darle de mamar cada tres o cuatro horas, siendo esta frecuencia reducida gradualmente a medida que iba creciendo. Cada vez que la hembra se reunía con su pequeño trataba de evitar que los depredadores le encontraran, comiéndose todo resto fecal y de orina del cervatillo.

La vuelta al grupo
Después de dos o tres semanas la madre y su cría se unían al grupo familiar. El cervatillo será alimentado por su madre hasta que llegue diciembre con cinco, seis e incluso siete meses de edad, si bien, en caso de que la hembra no quedara cubierta en el siguiente celo, el retoño podría continuar mamando hasta los dieciocho meses. Las crías ganan peso rápidamente durante los meses de otoño posteriores al nacimiento, habiéndose observado en otras poblaciones de ciervo un incremento de hasta cuatrocientos gramos por día (Albon, 1983). Sin embargo, durante los meses de invierno, dicho aumento de peso se encuentra ralentizado ya que el cervatillo necesita toda su energía para mantener la temperatura corporal.

La proporción de sexos al nacimiento en nuestro estudio resultó desviada hacia machos, sin que las diferencias puedan ser estadísticamente significativas debido al escaso número total. Nacieron 7 crías macho y 5 crías hembras, lo cual puede estar relacionado con una mayor tasa de mortalidad para los machos durante los primeros días de vida como se ha descrito para otras poblaciones de ungulados. Para esta muestra de 12 cervatillos que pudieron ser medidos y pesados, no encontramos diferencias según el sexo de la cría, ni en el peso, ni en ninguno de los caracteres morfológicos medidos. Los pesos oscilaron entre 10,2 y 6, 6 kilogramos para los machos y entre 9.5 y 7, 2 kilogramos para las hembras. El macho que pesó 6, 6 kilogramos presentaba signos evidentes de encontrarse en muy malas condiciones, por lo que consideramos que ese peso es anormalmente bajo.

Las crías llevaban tiempos diferentes desde su nacimiento hasta que pudieron ser capturadas y pesadas. Realizamos una estima de la edad, basada en índices tales como el estado del cordón umbilical, las orejas, el pelo, la agilidad general, etcétera. Utilizando esa estima en una regresión lineal para las crías de cada sexo obtuvimos unos pesos orientativos al nacimiento de unos 7, 9 kilogramos para los machos y unos 7, 5 kilogramos para las hembras. Si en lugar de eso hacemos la media de los pesos pero sólo para aquellos cervatillos que asumimos se encuentran dentro de su primer día de vida, los pesos medios que resultan son de 8, 2 kilogramos para los machos y 8, 1 kilogramos para las hembras.

Muchas son las variables que pueden influir en el peso de las crías al nacer: la edad de la madre, su condición física, la fecha de nacimiento e incluso se ha demostrado que el peso de los cervatillos al nacer está correlacionado con la temperatura media durante la primavera. A mayor temperatura, la hierba de la cual va a alimentarse la madre ha crecido con mayor rapidez y como ocurre en otros mamíferos, el estado nutricional de la hembra en la última fase de la gestación es esencial para el crecimiento del feto.

Debemos aumentar nuestro esfuerzo para conseguir paliar la clara falta de información existente acerca del nacimiento de las crías de ciervo en condiciones naturales, conocimientos que son esenciales para entender su fenología reproductiva y dinámica poblacional, ambos aspectos fundamentales para la adecuada gestión de sus poblaciones. En este sentido, los estudios en condiciones controladas de cautividad junto con las observaciones en situaciones lo más similares posibles a las que tienen lugar en las áreas de distribución natural de la especie, son esenciales para avanzar en nuestro conocimiento de las peculiaridades reproductivas de esta especie central en la caza mayor en España.
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  • La paridera del ciervo ibérico

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    978 | estudiante - 27/08/2011 @ 18:29:32 (GMT+1)
    Se puede saber el apellido del autor de este articulo? Estoy una estudiante y me gustaria usar los informaciones desde esa noticia en mi trabajo. Me podras recomendar la otra bibliografia sobre biologia, reprodución y conservación de los ciervos ibericos?
    Un saludo cordial,
    Asia
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