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Un buen año para los aficionados

Última actualización 01/08/2004@00:00:00 GMT+1
Con el estío llega el calor y el campo deja de ser un paraíso recién florecido lleno de contrastes y agradable temperatura para transformarse en un medio hostil. Un territorio nada hospitalario con el visitante, que sólo tiene pases para la primera y última sesión del día, y que sin embargo se siente privilegiado. No es para menos. Después de algunos meses de sequía venatoria los cazadores tienen ahora la oportunidad de volver a desenfundar sus escopetas y calzarse las botas para disfrutar de una caza reservada a pocos: el ‘descaste’.
A los conejos en España les pasa lo que a la humanidad con los recursos: están mal repartidos. Mientras que algunos cotos tienen verdaderos quebraderos de cabeza para mantener la población en una proporción que no dañe a los cultivos, en otros comienza a ser una especie en extinción.

Madrid, Toledo, Ciudad Real, Albacete, Cádiz, Málaga y algunos términos de Navarra, Baleares y Valencia suelen disfrutar en esta época de permisos para la práctica del descaste. Son, sin duda, entornos privilegiados para el aficionado al lagomorfo. Y es que la caza del conejo en esta época está reservada sólo para los verdaderos amantes del rececho de menor.

La normativa prohíbe la utilización de perros, y el inconveniente deja de ser tal para transformarse en reto. Los pollos de perdiz y las crías de otras especies agradecen esta medida que el cazador entiende. Ahora, sin perro, tendrá que poner a prueba su intuición y los cinco sentidos para localizar a los escurridizos conejos.

¿Porqué se caza el conejo?
Todos los años, al llegar la época del descaste, algunos cazadores y sobre todo los neófitos en la materia se preguntan cómo es que se autoriza la caza del conejo en esta época con los problemas que tiene la especie.

Para Antonio Arenas, profesor del Departamento de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de Córdoba, la caza en descaste tradicionalmente tenía como función regular la población de conejos antes de que la mixomatosis hiciera estragos a partir de julio. Un excedente de ejemplares hacía transmitir más rápido la enfermedad. Además los ejemplares cazados en su gran mayoría son del año, precisamente los que tienen un riesgo mayor de contraer la mixomatosis. Aquellos conejos que superen con éxito este periodo serán más inmunes a los contagios en la edad adulta.

Por lo tanto, no parece, según esta teoría, que el descaste suponga un serio problema a la pervivencia del lagomorfo en aquellos cotos que hayan solicitado permiso por daños a los cultivos. Eso si, según Arenas, “lo ideal sería intentar saber qué incidencia hay de enfermedad. Yo no permitiría el descaste hasta que la enfermedad comenzara a expandirse”.

Según algunas estimaciones, en caso de que se dé la enfermedad, el índice de mortalidad en el verano puede alcanzar del 40 al 50 por ciento de los ejemplares. Así que para estos casos el descaste proporciona un beneficio doble: por un lado, al eliminar parte de la población, la distribución de la enfermedad se reduce, y por otro se obtiene un beneficio cinegético.

Perfil cinegético
El cazador de descaste no tiene por qué coincidir con el aficionado a los conejos de la temporada general. El hecho de cazar sin perros supone un cambio de disciplina y no todos están familiarizados con esta caza.

Para Rafael Risueño, de la organización Verdecaza, el arquetipo de cazador de descaste es el de una persona relativamente joven de clase media, muy buen tirador y gran conocedor de la modalidad.

En cuanto a la procedencia del cazador de descaste sorprende el hecho de que un alto porcentaje proviene de Galicia y País Vasco. Según varios organizadores son verdaderos apasionados a esta caza y unos clientes que bajan todos los años sin excepción. Castilla y León, Madrid, Barcelona y Murcia son otras de las zonas con más aficionados.

En las regiones del norte, donde el conejo es prácticamente un desconocido, se valoran más si cabe los lances que proporciona esta época. No importan los kilómetros que haya que recorrer y mucho menos el número de ejemplares que se vaya a tirar, lo verdaderamente esencial es estar ahí arañando los momentos del día con menos luz para sorprenderse cuando menos se espera.

Treinta años de espera
Un ejemplo vivo de la sensación transmitida por el lance del conejo a un cazador poco acostumbrado a su presencia es la de Roberto González Menéndez, de 63 años de edad, que aunque no es gallego ni del País Vasco, si es asturiano y por lo tanto comparte orografía y tipo de enclave con sus vecinos y nos relata emocionado su experiencia: “soy cazador de toda la vida, disfruto con mis perros, con la caza de mi tierra, pero hace treinta años que no se ven por aquí y al bajar al sur siento una emoción indescriptible al abatir uno”.

Fuera de nuestras fronteras, los portugueses son también grandes aficionados al descaste, y verano tras verano dejan su país para adentrarse en nuestros campos aunque, según la organización Hermanos Tomás Cantos, “éstos son menos selectivos a la hora de disparar que los españoles”.

Y es que tal vez teniendo en cuenta el rumbo que está tomando la caza menor habría que cambiar la filosofía, que por otro lado, ya muchos han perfilado. En un rececho, después de dos días pateando monte, el cazar el ejemplar es el mejor logro. No se trata de abatir más piezas, sino sólo un ejemplar y si éste resulta complicado de localizar, más buen sabor dejará el lance. Entonces, ¿por qué no entender también así la caza menor?
Tradicionalmente la menuda constituía una buena forma de hacer despensa en épocas donde comer carne de caza sólo estaba reservado a los cazadores y las piezas abatidas amortizaban los gastos ocasionados en la jornada.

Hoy en día no se puede decir lo mismo y nuestras pequeñas especies, en general, parecen estar en declive. Si hay una especie donde se puede comenzar a ver su caza con esta psicología venatoria es sin duda el conejo en descaste. Al no ayudarse del can, el cazador debe cambiar la forma de caza; ésta se hace más personal y el perro no perderá la ilusión por la pieza huida ni tendrá que ejercitar el cobro, porque simplemente no estará a nuestro lado.

Tampoco estará al lado la famosa y mentada hasta la saciedad vacuna recombinante. Como ya informó Trofeo en el mes de mayo, después de problemas con el laboratorio que la desarrollaba, de nuevas negociaciones, de tener que realizar varios experimentos para su comercialización, lo mejor es contar con los ejemplares que tenemos hoy en día. Nadie puede asegurar que la vacuna pueda salir a la luz finalmente, y menos en un período de tiempo corto. Si todo fuera perfecto se podría comercializar como pronto en dos años.

‘Descaste ’excepcional
Hasta la fecha de cierre de esta revista las jornadas se suceden con éxito y el régimen de lluvias de la primavera ha repercutido en unas buenas densidades. Las generosas lluvias de abril vinieron continuadas con copiosas precipitaciones en mayo y el calor ha llegado tarde. No se puede pedir más, por tanto, para que las poblaciones crezcan a sus anchas. La mixomatosis no provocará brotes hasta avanzado el verano y por ese motivo no podemos asegurar que en otoño el conejo continúe la buena racha. De momento y a la espera de acontecimientos, estamos de suerte.
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