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Debate
Última actualización 01/09/2004@00:00:00 GMT+1
El alma de montería tradicional española es la rehala, sin ésta no existiría. De los problemas actuales de las rehalas y del oficio de rehalero, trató el programa “Hablemos de Caza y Pesca “que todos los meses organizan la cadena Cope y la revista TROFEO.
Les hago una propuesta. Cierren los ojos, mientras caminan en sentido descendente a lo largo de los siglos. Bien. Nos detenemos en la Edad Media. Imagínense, tan sólo unos segundos, poder ver unos jarales y acudir a un remate de puerco en la dehesa de Fuente Carral o en los montes del Alhamin, o por qué no, situarnos en aquella Sierra Morena por tierras de Jaén, en donde monteaba el cura de Arjona. Y si agudizan el oído, también podrán escuchar, la “dicha de una rehala de fondo”.
Las rehalas
Y es, en este punto, escuchando a las rehalas, donde nos detenemos. Porque es precisamente, esta jauría formada por entre 20 y 30 perros, utilizada en la caza más tradicional y arraigada de nuestro país, la protagonista del especial de julio, que como cada primer domingo de mes, realiza el programa de la Cadena COPE “Hablemos de Caza y Pesca” en el restaurante madrileño “Príncipe y Serrano”, C/ Serrano, 240, en colaboración con la revista TROFEO.
No se piensen que les he obligado a hacer esta regresión por el túnel del tiempo en balde. Todo tiene su porqué y, en este caso, Antonio López, director y presentador de este programa matinal de la Cadena COPE, lo dejó más que claro. “La montería a la española, como modalidad más tradicional de nuestra venatoria, ha tenido siempre un protagonismo arraigado, siendo la rehala el alma de esas secuencias de caza, eso sin olvidar a los responsables de su conservación, los rehaleros”. Y es que, hoy en día, mantener viva esta semblanza histórica es todo un reto, difícil de llevar a cabo ya que “requiere del esfuerzo de muchos de estos hombres que dedican su tiempo y su dinero a hacerlo posible, apoyando, defendiendo y potenciando las razas caninas más representativas para esta acción de la caza, sin recibir ninguna ayuda de organismos o estamentos oficiales”.
Y para hablar de esta realidad histórica, de su situación en nuestro días y de ese oficio, a veces tan poco reconocido, como es el de rehalero, estuvieron presentes en el restaurante del Grupo “Arturo Cantoblanco”, Andrés Gutiérrez Lara, presidente de la Real Federación Española de Caza y presidente de la Oficina Nacional de la Caza, Lorenzo de Grandes, periodista, cazador, rehalero y vicepresidente de la Asociación Nacional de Rehaleros, Ángel Serrano, cazador y rehalero, al igual que su hijo Javier Serrano, Pedro Castejón, cazador, rehalero y autor del libro “La Rehala”, Eduardo Coca Vita, colaborador habitual del programa, cazador, escritor y asesor en el ministerio de Medio Ambiente, Manuel Llamas, Doctor en Medicina, pintor y admirador de la estética de la caza y Juan Francisco París, redactor jefe de esta publicación.
Compromiso federativo
El primero en intervenir, al igual que en el debate anterior, fue Andrés Gutiérrez Lara, que aseguró que el compromiso de la Federación que preside, con el mundo de las rehalas “es total”. De hecho en sucesivas reuniones con la Junta Directiva, la Comisión Delegada, incluso en la última asamblea de la Real Federación Española de Caza, “se propuso crear la Comisión Nacional de Rehalas. Es más, aseguró, “su presidencia ya tiene un nombre, el de José Luis Domínguez”. Un gran paso, en opinión de Lara, “que sin duda beneficiará a la rehala” ya que será el punto de arranque para zanjar “todos los problemas que está habiendo con las diferentes valoraciones de este tema por parte de las autonomías, y que se encargará, no sólo de las rehalas que estén dentro de la Asociación sino de todas las que se encuentren incluidas en la Real Federación Española de Caza”. Algo que sin duda beneficiará a todos, directa o indirectamente, ya que las rehalas, además de formar parte de la esencia de la caza en España “generan una riqueza importantísima para nuestro país “, señaló el vicepresidente de la Asociación Nacional de Rehaleros, Lorenzo de Grandes. De todas maneras, y a pesar de esta importancia, la Asociación “no cuenta con más ayuda que la voluntad de los asociados que pelean, día a día por conservar unas tradiciones que tienen siglos y que contribuyen a la conservación de especies, lejos de las críticas que lo consideran una manera más de pasar un domingo”. Y no lo es, porque el tener una rehala “requiere una enorme vocación, gran dedicación y por supuesto muchos cuidados de tipo veterinario, seguros, alimentación o materiales”, señaló Pedro Castejón, cazador y propietario nada menos que de 80 perros. “Tampoco se trata de una afición exclusiva para gente rica, más bien, los rehaleros nos conformamos con ver los gastos compensados”, aseguró Castejón. Algo en lo que no estuvo en absoluto de acuerdo el también rehalero Ángel Serrano, más conocido en círculos venatorios como “El Lince”, y propietario de la nada desestimable cifra de 90 perros, que aseguró que tener hoy en día una rehala, “además de un vicio, es una ruina”.
Correa pantalonera
y perros asilvestrados
“Hay personas que para esas monterías turísticas de oportunismo, cogen perros con la llamada correa pantalonera, con el fin de improvisar rehalas que una vez concluida su función, se sueltan”, aseguró el conductor del debate Antonio López. Un problema de difícil solución ya que estos animales “con el tiempo se asilvestran y, acostumbrados a morder ciervos y jabalíes buscan comida y acaban atacando al ganado. Por eso, “es labor de las autoridades y de la propia Asociación Nacional de Rehaleros, el controlar que esas personas, que no tienen ni afición, ni profesión y que desconocen lo que supone la caza en la montería, estén en regla con la legislación”.
Pero éste no deja de ser uno mas de los “muchos” problemas con los que se encuentran los propietarios de estas jaurías. “El hecho de poner las leyes cada vez más difíciles y de exigir llevar a sus propietarios una cantidad excesiva de papeles en las monterías, es una manera más de atacar a las rehalas”, señaló “El Lince”. Un serio problema para los propietarios de estos perros, que también se encuentran con la amenaza de “las nuevas directivas que se están planteando en Europa y que pretenden prohibir la caza con perros de acoso, y que de llevarse a cabo, haría desaparecer la montería española con todas la implicaciones económicas que pudiera tener”, señaló Pedro Castejón. Y es precisamente si sale adelante esta directiva, “cuando se va a necesitar el apoyo de la Federación, de todos los orgánicos y de todas aquellas personas amantes de la caza”. De no hacer causa común, “en poco tiempo, a los propietarios de fincas, campos y reses, no les va a quedar mas remedio que dedicar sus propiedades a otro tipo de caza”, concluyó el vicepresidente de la Asociación Nacional de Rehaleros.
Una situación que sería “menos grave” y a la que no se habría llegado, si “las fincas siguieran siendo abiertas y la caza escasa”, puntualizó Coca Vita. Una aserción que abrió de nuevo debate al considerar Lorenzo de Grandes, que no se trata de una situación extrapolable a todo el territorio español, “ya que nada menos que el 80 por ciento de las fincas en nuestro país, son abiertas”.
Y los cercones...
Continuando con la problemática en torno a los cercones y desmitificando el aura de romanticismo ancestral que la rodea, el asesor del ministerio de Medio Ambiente, Eduardo Coca Vita, tildó a la caza moderna de “ganadería”. En la actualidad, asegura Coca, “las fincas están hechas corrales con rebaños de reses que producen una mezcla antiestética de manadas de diferentes animales como muflones, gamos o ciervos. Estos cercones son los que desvirtúan el sentido de la rehala y su necesidad ancestral para levantar las pocas reses que había”. Algo que no tiene nada que ver con lo que sucede hoy en día en las monterías comerciales donde las reses más que levantarse se espantan y se cruzan en los cercones provocando un espectáculo, que en opinión de Coca Vita, “produce grima”. Opinión que corroboró Ángel Serrano asegurando que “la caza en un cercón no es caza, sobre todo si ese cercón se ha rellenado de antemano”
Rifles, escopetas y accidentes
Todos estuvieron deacuerdo en la responsabilidad que deben de tener los organizadores de monterías a la hora de ordenar los puestos. Las monterías que realiza la R. F. E. C en Hornachuelos se hacen en fincas abiertas de entre 10 y 15 mil hectáreas. Llevamos entre 20- 25 rehalas”, aseguró su presidente, “con sus 25 perros cada una. Se montean hasta 1.500 hectáreas y si quedan animales para el año que viene, estupendo, es lo que queremos”, terminó Gutiérrez Lara.
Preguntado por Antonio López, sobre si no habría que utilizar escopetas en las monterías tradicionales, Juan Francisco París contestó rotundamente que no, “que el rifle de caza es un arma diseñada para cazar con bala y lo que hay que hacer es utilizarlo bien y situar los puestos de modo que su uso no sea peligroso”. Por eso, los accidentes, tal y como aseguró Lorenzo de Grandes, “dependen de la persona, no del instrumento”.
Perros para
el consumo
Pero un problema sin duda que afecta a la conservación de esta tradición, es el tema de la legislación y el desconocimiento por parte de la Administración de lo que supone la caza con rehalas”. “Los últimos escritos del ministerio de Agricultura reflejan que el perro no es un animal domestico, sino que está destinado al consumo”, lo que exige, según Lorenzo de Grandes, “una serie de garantías que impiden que los dueños de las rehalas puedan cumplir unas normas que ellos estarían dispuestos a respetar al máximo”. Una legislación que para Coca Vita “resulta curiosa ya que considera a las rehalas como animales estabulados o de matadero, mientras que pasa por alto a las reses que hay en fincas y que son totalmente artificiales”.
Mantener la montería tradicional
En algo estuvieron de acuerdo todos los presentes, tal y como señaló Javier Serrano, hijo de “El Lince”, “hay que mantener la montería a la antigua”. Palabras que para el presidente de la Federación son más que significativas “ya que, que sea precisamente, la juventud, la que reconozca que hay que defender la tradición, es excepcional”.
Un debate, en definitiva, en el que como aseguró Manuel Llamas, desde su perspectiva de observador y admirador de la caza, se ha visto “una contraposición de dos fuerzas muy importantes; por un lado lo políticamente correcto y por otro lo vernáculo, lo antiguo”. “La lucha de estas dos fuerzas puede ser esterilizante y peligrosa, ya que los términos medios que pudieran surgir tienden a acabar con la afición. Un asunto muy delicado de tratar”, recalcó Llamas, en el que “las autoridades competentes tienen que tener mucha vista para poner las cosas en su punto justo”.