Entrevistas
Gestión práctica en media veda (I)
Última actualización 01/09/2004@00:00:00 GMT+1
Primera parte de un artículo que proporciona consejos prácticos importantes a seguir a la hora de acometer la gestión y la caza de las especies de media veda. Comenzaremos por la gestión práctica y caza de la codorniz.
La gestión de las especies migratorias como la codorniz o la tórtola, se encuentra en las manos de las administraciones que parecen no ver la importancia de realizar ciertos cambios o limitaciones en los actuales usos agrícolas –sí ven, pero es más fácil girar la cabeza hacia otro lado cuando las decisiones pueden reducir el número de votos– cada día más destructivos con nuestro entorno natural y las especies que lo pueblan, en especial para las especies que nidifican o crían en estepas cerealistas. Entre estas espcies encontramos a cinegéticas, como la codorniz, la perdiz roja, la liebre, y también a especies protegidas como la alondra, el aguilucho pálido y cenizo. Así, se estima que el 14 por ciento de los pollos de aguilucho pálido en zonas cerealistas morirían durante la cosecha en ausencia de medidas de conservación –Arroyo & García, 1999; Campaña nacional 1999-2002, datos propios– y que el 60 por ciento de los pollos de aguilucho cenizo en zonas cerealistas no han volado aún en el momento de la cosecha, lo que provocaría un declive no sostenible de las poblaciones –Arroyo et al., 2002–.
No creemos necesario volver a realizar un profundo análisis de las principales causas del descenso de nuestras poblaciones animales, tanto de las cinegéticas como de las protegidas, pero haciendo una rápida recopilación mental de éstas y como si de un ranking se tratara, observamos que a la cabeza de la lista se encuentra la actividad agrícola: transformación de los terrenos en monocultivos, desaparición de márgenes y ribazos, acortamiento del ciclo productivo de los cultivos, cosechadoras que trabajan a destajo sin limitación de horarios, con grandes focos y a ras de suelo, recogida inmediata de la paja, utilización sin control en el campo de auténticos venenos como herbicidas e insecticidas, construcción de inmensas barreras físicas mortales por necesidad para los desaprensivos animales que se atrevan a acercarse a ellas como son las acequias de riego. Ejemplo de estas barreras físicas mortales podríamos mencionar muchos, pero sólo comentaremos uno que conozco muy bien y que parece gracioso a priori, pero que no lo es tanto para el que lo tuvo que sufrir: mi querido tío Valentín, gran aficionado a la caza menor, el cual caza gran parte de la media veda en un pueblecito de Palencia llamado Rivas de Campos. Pues resulta que en el citado término se ha cimentado recientemente la acequia de riego y la pendiente de las paredes de dicha acequia es prácticamente vertical, lo que hace que mi tío, aparte de ir provisto de la escopeta, cartuchos, cantimplora y resto del equipo para las salidas cinegéticas, tenga que llevar colgado al hombro todo el día un incomodo gancho y estar siempre ojo avizor debido a que durante las horas de calor los perros se tiran a la acequia y no hay otra forma de sacarlos de ella sino con el gracioso invento, incómodo por necesidad y peligroso de manejar. Además, un elevadísimo número de jabalíes aparecieron ahogados las primeras semanas tras la cimentación de la acequia. Por supuesto, conviene de dejar claro que el agricultor de todo esto no tiene la culpa ya que tan sólo sigue las pautas que le marcan. La verdadera responsable es la administración y está claro que no conseguiremos nada hasta que no ponga cartas en el asunto.
La reina de nuestra media veda
La codorniz es realmente la reina de nuestra media veda, pero lo cierto es que no pasa por sus mejores momentos ya que actualmente es difícil conseguir una percha medianamente decente cuando hace poco más de una década se trataba de una especie que aseguraba las jornadas con total garantía. Esta especie acude a España desde el continente africano, en el cual pasa la temporada invernal, emigrando al nuestro para criar aprovechando mejores condiciones climáticas y el apogeo de los cultivos, sobre todo los cerealistas, presentando especial predilección hacia los trigales frente a otros cereales como la cebada o el centeno. También es frecuente encontrarlas en campos de alfalfa, girasoles e incluso en el interior de maizales.
Actualmente se caracteriza por la irregularidad en cuanto a su presencia. Sus entradas son buenas y con la llegada de la primavera las oímos por todos lados, haciéndonos pensar que la media veda se presenta prometedora. Sin embargo el día de la apertura parece que se las ha tragado la tierra. Por otro lado puede suceder que allá donde no las hubo en temporadas pasadas o incluso en la misma temporada, aparezcan con relativa abundancia. Se trata de una especie muy difícil de predecir en cuanto a su abundancia, al contrario de la creencia popular que se deja llevar por el número de cantos.
Este fenómeno se explica por dos hechos que, como hemos dicho, hacen impredecibles las estimas poblacionales de estas pequeñas gallináceas. Primero, existe un flujo de entrada y salida de machos de las zonas de reproducción que provoca una renovación del 95 por ciento de los efectivos en un periodo de sólo 15 días (Rodríguez-Teijeiro et al.,1992). Por consiguiente el número de machos cantores localizados en una determinada zona a lo largo de la época de cría, no refleja los individuos de la población.
Segundo, las hembras pueden aparearse secuencialmente con varios machos en el mismo intento de cría y, simultáneamente, una fracción de machos exhibe poliginia secuencial en el tiempo –J.D. Rodríguez-Tejeiro, M. Puigcerver y S. Gallego, datos propios–. El número de machos cantores tampoco refleja las parejas existentes.
Con todo lo anteriormente expuesto podemos concluir que las codornices entran anualmente en nuestros campos. Lo que sucede es que con la llegada de la cosecha y posterior recogida inmediata de la paja –entre otros factores como la pérdida de márgenes frescos o la plantación predominante de cereales menos apetecibles, como la cebada frente al trigo– se pierden sus hábitats obligando a las codornices que no fueron engullidas por la cosechadora o la empacadora a buscar nuevas zonas con mejores condiciones en las que encuentren comida, refugio y frescura.
Gestión de la codorniz
Como ya se ha dicho, poco puede hacer el cazador-gestor para mejorar las poblaciones de codornices y por supuesto del resto de especies cinegéticas y protegidas en sus campos, ya que debería ser la administración la que regule el actual sistema agrícola, teniendo en cuenta no sólo factores productivos sino también el factor fauna. Esto puede parecer una utopía pero actualmente se replantean y aplican obligatoriamente medidas correctoras a impactos ambientales provocados por la construcción de carreteras, autopistas y grandes infraestructuras debido a que alteran el hábitat de ciertas especies. Lo cierto es que hasta el momento en agricultura no hay nada de esto y es obligación de todo cazador y de todo ciudadano ser crítico ante esta situación y no adoptar la cómoda postura de ir de víctima y lamentarse en círculos cerrados.
Es importante tener en cuenta ciertas regulaciones y normativas internas en el acotado a la hora de acometer la media veda. Nunca se ha de sobrepasar el número de escopetas por jornada de caza, lo cual viene determinado por la extensión del terreno apto para cada tipo de caza y por las condiciones de éste. Se ha de respetar los horarios de caza y no es mala idea establecer unos cupos –hay comunidades que ya establecen cupos diarios de codorniz–. Los cupos asegurarán unas mayores oportunidades a todos los cazadores del acotado así como más días de caza.
Consejos prácticos sobre su caza
Se trata de una especie que a priori parece fácil de cazar, pero realmente esta afirmación no es del todo cierta. Si no se cuenta con un buen perro, no hay nada que hacer. Es tal su mimetismo que muchas veces pasa desapercibida aunque literalmente la pisemos.
Conviene cazar despacio, dejando al perro dosificar sus fuerzas –recordar que no vamos a la perdiz–, permitiéndole buscar y dar repetidas pasadas al terreno. Durante las primeras horas del día las encontraremos internadas en los rastrojos preferiblemente en trigales, pasando más tarde a ocupar zonas más frescas como los linderos o acequias, márgenes de tierras, alfalfas y en definitiva zonas frescas en las que soportan las horas de calor. Al ir remitiendo el calor vuelven a salir a los rastrojos para alimentarse del cereal que queda en el suelo y de algún que otro insecto. Las mejores horas para su caza son las primeras de la mañana y las últimas de la tarde ya que son más móviles y por lo tanto fáciles de localizar. Debemos retirarnos durante las horas de máximo calor ya que durante estas los resultados no van a ser muy satisfactorios, si bien conseguiremos agotarnos nosotros mismos, agotar a nuestros perros e incluso poner en peligro su integridad debido a un posible golpe de calor.
El tiro no es especialmente dificultoso, pero los más noveles suelen fallar a menudo con la consiguiente rabieta y desesperación propia del fracaso. Perdigón fino, choques abiertos y dejarlas salir. Calma, mucha calma y tirar en el momento y nunca poniendo en peligro la integridad de nuestro perro. Es mejor dejar ir a una codorniz que tener un desafortunado accidente con nuestro mejor aliado y compañero.