Hemeroteca :: 01/09/2004
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Perros de caza

Veterinaria

Última actualización 01/09/2004@00:00:00 GMT+1
Para que un cachorro llegue a convertirse en un perro de caza sano y equilibrado resulta crucial prestar una especial atención a su salud y a su desarrollo físico y mental.
Las perras son hembras con ciclos reproductivos estacionales, es decir, entran en celo dos veces al año en unas fechas muy concretas. Los celos se suelen producir a finales del invierno-inicio de la primavera y a finales del verano-inicio del otoño. La mayoría de los cazadores-criadores optan por cubrir las perras en el celo de principios de año, por razones lógicas. Las perras en este periodo están fuera de la temporada cinegética, en periodo de reposo por la veda de la caza, y es la estación –de cara al verano– con mejores temperaturas y más horas de luz solar. Además es frecuente que los dueños, durante el verano, dispongan de más tiempo libre para la perra y los cachorros.

Factores básicos
Los conocimientos sobre la especie canina se han desarrollado más en los últimos años, que en los milenios anteriores que humanos y caninos llevamos conviviendo, y han cambiado sustancialmente el enfoque de la cría de cachorros y su manejo. Pero antes de pormenorizar estos cambios vamos a contemplar de manera genérica los aspectos que hay que considerar a la hora de enfocar la crianza de una camada de cachorros. Vamos a fijarnos en tres puntos fundamentales para la conformación de un buen perro de caza, sano y equilibrado. Estos son: desarrollo físico, desarrollo mental y la salud del animal.

Desarrollo físico
Se basa en dos aspectos: dieta equilibrada y ejercicio físico. Recuerdo que cuando comencé a criar cachorros, hace unos 30 años, sacarlos a adelante no era tan sencillo como ahora. Para complementar la lactación materna teníamos que hacer mezclas con leches para niños, yemas de huevo, miel, etcétera. A la dieta de arroz, carne y verduras, había que complementarla con calcio, fósforo y vitamina D, además de otros complejos vitamínicos para ayudar al crecimiento. Todo ello había que hacerlo a diario y, en muchas ocasiones, varias veces al día. La industria del pienso para los perros estaba empezando, y los resultados con este tipo de alimentación no eran todo lo bueno que nos hubiese gustado.

En la actualidad es extremadamente sencillo conseguir una dieta equilibrada a la edad y tipo de perro que estamos criando. Equilibrada significa que recibe los nutrientes necesarios en la cantidad que necesita, y éstos varían con las razas y las edades. Para ello, nada mejor y más sencillo que un buen pienso, y en nuestro país –uno de los mayores consumidores de piensos de Europa, por encima del Reino Unido– existen numerosos tipos de piensos que cubren todas las necesidades de nuestros cachorros. Tenemos que ser más escrupulosos en el equilibrio de la dieta, cuanto mayor en tamaño sean los perros que criamos, ya que en razas grandes, el crecimiento se produce de manera más rápida, y cualquier carencia aparece de manera brusca. Sin lugar a dudas, el veterinario debe ser nuestro consejero a la hora de determinar el tipo de pienso. Nunca debemos complementar con calcio o vitaminas, a menos de que el veterinario nos lo aconseje.

El ejercicio es la otra columna sobre la que se sostiene un buen desarrollo. Un cachorro tiene que correr, jugar y “enredar” todo lo posible, al aire libre y al sol. Los huesos y articulaciones son algo vivo, en desarrollo, cambiantes. Los músculos, durante el ejercicio, tiran de las inserciones en los huesos y los moldean correctamente. Por ello, es aconsejable criar varios cachorros juntos, ya que se estimulan mucho a correr y a jugar. Y si no lo hacen, es que hay algún problema.

Desarrollo mental
El equilibrio mental de un perro se forja en estas edades, por lo que conforme avanzan los estudios en etología –conducta canina–, más nos damos cuenta de la importancia de esta etapa de la vida del cachorro. Hemos tratado en numerosas ocasiones en esta sección la enorme importancia que tiene la fase de impronta, sociabilización o imprinting –se conoce con estos nombres– en el desarrollo de un perro adulto equilibrado y dispuesto a aprender y ser educado. Recordar que esta fase comienza a los 21 días –aproximadamente– y finaliza entorno a los tres meses. Por lo tanto en este periodo de tiempo deben entra en contacto lo más posible con personas, niños –los niños para los perros son “seres” diferentes a las personas adultas–, otros perros, coches, bicicletas, etcétera. Esta es la fase idónea para educar a un cachorro a no asustarse de los disparos, por lo que expondremos a los cachorro a ruidos fuertes, para que se empiecen a acostumbrar.

Salud del animal
Punto clave del desarrollo del cachorro, ya que por mucha alimentación e impronta que hagamos, si el cachorro contrae un parvovirus o un moquillo, probablemente lo perdamos. Por ello, desparasitaciones y vacunaciones son de extrema importancia, aunque este punto la mayoría de los cazadores-criadores lo tienen muy asumido, y suelen cumplir las pautas de aplicación de manera rigurosa. Pero ello no garantiza que no vamos a tener problemas. Existen un número de patógenos que pueden actuar y frente a los que no tenemos vacunas.

Hay que tener en cuenta que los cachorros carecen de protección inmunitaria cuando nacen, es más, su sistema inmunitario es inmaduro y hasta los tres meses no comienza a actuar de manera eficiente. Tan sólo el calostro materno –la primera leche que da la perra– está cargado de inmunoproteinas que van a transferirse al cachorro en los primeros día y le aportan una protección pasiva durante unas semanas. Esta protección pasiva va disminuyendo hasta desaparecer hacia las 8 a 12 semanas. Como el sistema inmunitario del cachorro no ha comenzado a funcionar a pleno rendimiento, se produce un vacío de defensas que facilita el que enfermen. Los veterinarios siempre hemos aconsejado el aislamiento de los cachorros en esta fase, es decir que no entrasen en contacto con otros perros, pero esto está en contra de los objetivos de la impronta. Una solución intermedia sería criar los cachorros en entornos aislados –por ejemplo, una casa con un jardín– y con un número de perros limitado –los de la propia casa–, donde pueden hacer ejercicio, adquirir una buena sociabilización y están relativamente aislados de agentes externos.
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