Última actualización 01/10/2004@00:00:00 GMT+1
El Castañar, la emblemática finca de los Montes de Toledo, fue el lugar elegido por la Fundación Amigos del Águila Imperial para celebrar su II Convención Anual.
Esta Fundación se creó hace un par de años por una serie de propietarios rurales que tienen el privilegio de tener en sus fincas alguna de estas joyas aladas, aunque está abierta a cualquier persona que desee pertenecer a la misma. Nació con la idea de ser el interlocutor entre los propietarios rurales y la administración, para que exista un diálogo cordial y permamente entre ambas partes del que salgan beneficiadas las imperiales, únicas en el mundo.
A nadie escapa que estas relaciones hasta hace bien poco han sido muy tensas, cargadas de reproches. Esto afortunadamente parece que pasó a la historia y la Fundación hoy apuesta decididamente por el diálogo respetuoso. Asimismo, la Fundación Amigos del Águila Imperial quiere contribuir a la mejora de la imagen de la caza como actividad que crea riqueza y ayuda a conservar la naturaleza. No en vano, tres cuartas partes de la población de águilas imperiales vive en grandes fincas de caza.
Posiblemente este nuevo clima de entendimiento sea en parte culpable de que la población de águilas imperiales se esté recuperando. Hoy tenemos 195 parejas reproductoras, de las cuales dos se han instalado por primera vez en Portugal, cerca de la frontera con Sierra de San Pedro.
Tres ponencias tuvieron lugar en esta II Convención. La primera trató sobre la biología del águila imperial y los beneficios que su presencia podía tener para las fincas. Corrió a cargo del capataz forestal Jesús Gómez, gran conocedor de la especie.
La segunda ponencia fue mucho más técnica, en concreto sobre “La problemática fiscal actual de la caza”, a cargo de Vicente Marín Vacas, inspector jefe del equipo ONI.
La tercera y última, de Robert Balfour, tenía por título “Experiencias de un propietario en Escocia” y generó un debate interesante en torno a las ayudas ambientales. Las experiencias de los propietarios rurales europeos, en cuanto a estas ayudas, son muy gratificantes, mientras que en España brillan por su ausencia. Al parecer el problema radica en que las administraciones estatal y autonómicas destinan casi todo el dinero que viene de Europa a las subvenciones agrícolas y ganaderas, y muy poco a conservación.
En uno de los debates alguien hizo un comentario que puede resumir mucho la situación actual y cómo deben seguir siendo las relaciones entre las imperiales y los propietarios: “El águila imperial debe seguir siendo el “huésped de honor” de las grandes fincas de caza, la mejor garantía para su conseración, porque si llegara a convertirse en el “propietario” –llamada de atención a la administración y determinados grupos conservacionistas–, tendría más complicado su futuro”.