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William Hutton Riddell pintor, cazador y naturalista

Última actualización 01/10/2004@00:00:00 GMT+1
William H. Riddel fue uno de esos naturalistas y aventureros ingleses que a lo largo de los siglos XIX y XX llegaron a tierras gaditanas. Pero Riddell, además de cazador y naturalista, era pintor, y como era de esperar el entorno de Doñana y su fauna fueron su constante inspiración.
Para una serie de súbditos británicos con espíritu de aventura y debilidad por la caza y las ciencias naturales la colonia de Gibraltar y el comercio de los vinos del marco de Jerez han significado, durante los dos últimos siglos, la vía de acceso hacia los variados y ricos espacios salvajes andaluces.

Soldados destinados en el Peñón y negociantes del sherry, el vino más universal del mundo, se dedicaron en su tiempo libre a explorar sierras, costas y marismas, a cazar en ellas y a estudiar su fauna, su flora y su geología.

Eran dignos seguidores de la educación y la herencia victorianas que habían puesto de moda el interés por la naturaleza, convirtiendo su estudio en el pasatiempo favorito de un alto porcentaje de la población educada.

La condición de esta región como punto obligado de paso para las miríadas de aves migratorias que viajaban y viajan entre el continente africano y el europeo, era un factor añadido a la atracción que ya de por sí tenían nuestros espacios abiertos.

Uno de los primeros tratados que se conocen sobre la ornitología de la región, Ornithology of the Straits of Gibraltar, del Teniente Coronel Irby, se había publicado en la segunda mitad del siglo XIX. Abel Chapman y Walter John Buck, asentados en Jerez por sus intereses vinateros, nos legaron las muy conocidas obras Wild Spain (1893) y Unexplored Spain (1910), acerca de la ornitología, la caza y otros aspectos de la vida en el campo andaluz, como la agricultura, los toros y el bandolerismo.

Otro tratado ornitológico no menos extenso que los anteriores y con anotaciones sobre los equipos necesarios y las fórmulas para acceder a los nidos de las aves rapaces, bien en árboles o en acantilados, fue My Life among the Wild Birds in Spain, del coronel Willoughby Verner, publicado en 1909. De este mismo autor se acaba de publicar ahora una recopilación de sus diarios de historia natural entre los que se incluyen interesantísimas expediciones de caza y ornitología a La Janda y a Los Alcornocales (Peregrine Books, Leeds, 2002).

Se casó con la hija de Buck
William Hutton Riddell fue uno más en este desfile de visitantes procedentes de Gran Bretaña, que se quedaron a vivir en la zona. Había nacido en 1880 en Northamptonshire, en el centro de Inglaterra, en una tradicional casa de campo habitada por una familia también tradicional y estudió en el Colegio de Rugby y en la Universidad de Cambridge, donde se graduó en Letras. Luego vivió en África Oriental y pintó muchos animales de caza mayor y también pasó algún tiempo en Chipre donde se instruyó y practicó la cetrería.

De su época africana editó una colección de veinte obras sobre los animales de caza reproducidas en la imprenta sin color de aquélla época con el objeto de regalarla a sus amigos en un portafolio donde se incluye una introducción y la información correspondiente a cada animal con su nombre en swahili.

Lo que trajo a Bill Riddell a vivir a la Baja Andalucía fue su boda con Violet Buck (1928), hija de Walter J. Buck y ahijada de Abel Chapman. Bill era gran amigo de Chapman, a quien consideraba su maestro en ornitología y conoció a Violet precisamente en la finca de aquél, Houxty, en el norte de Inglaterra. Después de la boda el matrimonio se instalaría en el Castillo de Arcos de la Frontera del que los Buck eran propietarios y allí Riddell pintaría muchos cuadros sobre la avifauna local hasta su muerte, acaecida en 1946.

Una acertada exposición
Muchas de las pinturas de Riddell se encuentran diseminadas en la actualidad por un buen número de casas. En septiembre de 2002, la Asociación de Amigos del Parque Natural de los Alcornocales decidió organizar una exhibición de sus cuadros, gentilmente cedidos por sus propietarios para la ocasión. Para ello contó con el patrocinio de la Diputación Provincial de Cádiz y de la Caja San Fernando.

Para la exposición se hizo un catálogo, bajo la coordinación de Mauricio González-Gordon Díez y Olegario del Junco, ambos figuras veneradas de la ornitología española, donde se recogen las reproducciones de los cuadros exhibidos.

Cuenta además el catálogo con una magnífica semblanza biográfica del artista, a cargo de su sobrino-nieto Luis de Mora Figueroa y con una entrañable nota, “Recuerdos de Bill”, escrita por el mencionado Mauricio para quien Bill fue su amigo y preceptor en ornitología. En ella, Mauricio, que bien puede ser considerado como un elemento más en esa cadena de cazadores-naturalistas activos en la región, cuenta divertidas anécdotas de su amistad con Bill, a quien continuamente abastecía de las plumas del pintor que se obtienen de las alas bastardas de la becada y de la becacina.

Durante el tiempo que vivió en Arcos, casi 20 años, Riddell cazaba con sus amigos jerezanos, frecuentemente en Doñana, se dedicó al estudio de los cernícalos primillas que vivían y viven en la peña y escribió, entre otros, un artículo sobre la capacidad de razonar de las aves basado en las reacciones que los cernícalos experimentaban ante la presencia de otras aves rapaces superiores: buitres, alimoches, ratoneros, águilas calzadas, halcones peregrinos, etc., todos ellos de apariciones frecuentes en el lugar.

Este artículo, al parecer inédito, facilitado por Santiago de Mora Figueroa, también sobrino-nieto del pintor y actual Embajador de España en la corte de San Jaime, ha sido incluido en el catálogo, una vez traducido por quien esto suscribe. En él Bill llega a la conclusión de que efectivamente las aves razonan, “Si podemos definir el razonar como una capacidad para extraer de la observación conclusiones correctas”.

Los Riddell se hicieron construir una casa en la playa de La Barrosa (Chiclana), en esa época un reducto de serenidad bien diferente de lo que después las modernas urbanizaciones han hecho de ella. Allí Bill descubrió y pintó una especie rara para su tiempo, la golondrina daúrica, que luego se ha expandido por todo el sur de España. Muchas de sus obras de ambientes costeros y especies limícolas fueron inspiradas aquí durante las temporadas de verano en que huyendo de la canícula arcense Bill y Violet se instalaban en su casa de la playa.

La obra de Riddell no sólo incluye animales y pájaros sino también estudios sobre objetos de arte y reproducciones de pinturas prehistóricas halladas en cuevas como las de Altamira. Publicó muchos artículos en revistas tales como The Ibis, Antiquity, Blackwood Magazine o The Cyprus Agricultural Journal e ilustró varios libros de su amigo Chapman y de algún otro autor.

La exposición mencionada constituyó todo un éxito, cuyo mérito hay que reconocer a la Asociación de Amigos del Parque Natural de los Alcornocales y especialmente al comité organizador del evento, capaz de reunir un ciento de las obras de Riddell que hoy están en manos privadas. La publicación del catálogo representa toda una contribución hacia el conocimiento del artista y de la ornitofauna de la zona.
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