Perros Asilvestrados, enemigos de la caza
27 Febrero, 2017 Trofeocaza . 341 Visualizaciones

Reportajes perros de caza

Perros Asilvestrados, enemigos de la caza

¬ŅQu√© es un cazador sin su perro? Para una inmensa mayor√≠a de cazadores no se puede concebir la caza sin su compa√Ī√≠a. Incluso algunos aprecian m√°s la faena del perro que el n√ļmero de piezas cobradas, sin importarles el volverse bolo si han sido testigos de una muestra espectacular o de un cobro imposible de su fiel compa√Īero. Sin embargo, si se asilvestran, los perros pueden volverse peligros√≠simos enemigos para la caza‚Ķ y para las personas, pues en este estado suelen mostrar una gran agresividad.

Se entiende que el proceso de asilvestrarse (volverse inculto, agreste o salvaje) es justo lo contrario que el de domesticación. Este proceso normalmente ocurre a nivel de poblaciones, lo que implica cierto grado de comportamiento social y cooperativo, aunque se han propuesto teorías que explican por qué y cómo puede ocurrir también a nivel de un solo individuo.

Normalmente, el asilvestrarse depende mucho de la historia pasada del animal. En el caso concreto de los perros, tienen muchas m√°s opciones de sobrevivir en la naturaleza los que poseen experiencia previa en la caza que aquellos cuya historia personal ha estado m√°s ligada a un papel como animal de compa√Ī√≠a. Incluso los perros de compa√Ī√≠a tienen sus opciones, si sus due√Īos los han acostumbrado a salir a pasear y a correr libremente por el campo.

perros-asilvestrados-detalle-3No obstante, la experiencia no lo es todo. Existe también un componente genético importante (la raza) que permite que ciertas clases de perros tengan más habilidad que otros para sobrevivir cazando. Algo similar ocurre con los gatos, que por su naturaleza, normalmente más arisca o más independiente, conservan mucho de su instinto cazador.

Cuando un perro se escapa o se queda perdido en el monte comienza un proceso de desocialización progresivo hacia el hombre. También puede ocurrir que el animal, por su propia naturaleza, nunca haya sido demasiado sociable.

En cualquier caso, el animal empieza a comportarse como un perro no doméstico e independiente de forma progresiva.

Su principal preocupaci√≥n para sobrevivir es la de buscar alimento. En los pueblos y ciudades las basuras suponen un recurso f√°cil y casi inagotable. En el campo esto es m√°s dif√≠cil y es ah√≠ donde resurge el instinto del cazador. La gran capacidad de desplazamiento de los perros les lleva a recorrer grandes distancias, en las cuales acaban encontrando a otros compa√Īeros de viaje con los cuales se sociabilizan pronto, formando grupos que pueden acabar en manadas, como las de los lobos, con una jerarqu√≠a y unas funciones perfectamente establecidas que les permiten solucionar sus problemas de forma cooperativa. En los vertederos de Marruecos he llegado a ver grupos de perros de entre 50 y 100 individuos viviendo en colonias y funcionando como una verdadera manada, y muy agresivos con el hombre.

El impacto sobre la caza menor

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Los perros asilvestrados forman grupos que pueden desembocar en manadas, con unas jerarquías y unas funciones definidas.

Pocas dudas hay sobre la importancia de controlar los perros errantes o asilvestrados en los coto de caza menor. Su impacto es variable seg√ļn la especie que analicemos. Dado que el instinto de cazador y su capacidad de desarrollarlo dependen mucho de la vida anterior del perro, es muy probable que un galgo sea capaz de capturar una liebre o un conejo; o que un perro de madriguera consiga hacer un desastre en una hura de conejos.

Sin embargo, hay pocos datos que permitan confirmar esto.

Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que hay factores que facilitan la depredación de los perros, por ejemplo, sobre los conejos. La densidad de los mismos, la escasez de presas alternativas, su desarrollo corporal o el estado fisiológico y sanitario, son algunos de estos factores.

Es evidente que cuando los conejos est√°n sufriendo la mixomatosis o su estado est√° debilitado por alguna otra enfermedad, son m√°s f√°ciles de capturar.

También es de pura lógica que los gazapos son más vulnerables que los adultos. De lo que sí hay datos es del impacto de los perros sobre los nidos de perdiz (y por extensión de otras aves que aniden en el suelo). El comportamiento errático y divagante de los perros les lleva a recorrer grandes distancias. Durante estos recorridos suelen utilizar carriles, arcenes, linderos o bordes de cultivos como vías de desplazamiento.

Aprovechan esos desplazamientos para prospectar el medio. No hay que ser muy perspicaz para adivinar que, si encuentran un nido, el hambre les har√° aprovechar los huevos. Como todos sabemos, los nidos de perdiz suelen estar ubicados en los bordes y linderos, por lo que a los perros este tipo de comportamiento les viene muy bien para dar con ellos.

Se estima que casi un 30% de los nidos de perdiz depredados en medios agr√≠colas son responsabilidad de los perros, por encima incluso de los zorros. Este porcentaje puede variar seg√ļn la estructura del medio. Si el medio es m√°s complejo (entendido como que las estructuras vegetales que hay no son exclusivamente lineales), los perros tienen m√°s dificultad para encontrar los nidos y su impacto es menor.

Como ejemplo hay que resaltar los estudios sobre depredaci√≥n con nidos falsos en monte mediterr√°neo, en los cuales las autor√≠as de perros no llegan a superar el 10%. Pero si el medio es simple, por ejemplo porque, como ocurre en los cultivos le√Īosos, se haya eliminado la vegetaci√≥n del suelo y s√≥lo permanezca en los linderos, se estar√° facilitando el trabajo a los perros y su impacto ser√° mayor.

Aunque este artículo va de perros, no me resisto a comentar que el patrón de depredación de los gatos es totalmente opuesto. La capacidad de desplazamiento y el área de campeo de los gatos es mucho menor que la de los perros. Su comportamiento no es tan errante, sobre todo en las hembras, y eso les lleva a ser responsables de la depredación de nidos, sobre todo cerca de los cortijos y las casas de campo.

Y sobre la caza mayor

¬ŅPueden los perros asilvestrados suponer una amenaza en un coto de caza mayor? Probablemente algunos de los lectores lo duden y otros crean que s√≠, pensando en su capacidad de coger alg√ļn gabato o una cr√≠a durante la √©poca de la paridera, algo parecido a lo que hacen los zorros o los jabal√≠es. Que, por cierto, los jabal√≠es llegan a desarrollar un comportamiento cooperativo para hacerse con los chivos reci√©n paridos en los reba√Īos de cabras que pastan libremente en el monte. Lo que probablemente no acierten a sospechar los lectores es hasta qu√© punto son capaces los perros de impactar sobre una poblaci√≥n de ungulados.

Durante seis meses he tenido la oportunidad de seguir a una manada de perros asilvestrados en una finca con especies de caza mayor (ciervos, gamos y muflones). El grupo de perros lo compon√≠an entre tres y cuatro animales de tama√Īo mediano y aspecto de perros escapados de una rehala. Durante el tiempo de seguimiento (junio a diciembre) los perros capturaron un total de 57 presas, todas ellas ungulados silvestres. Hay que hacer constar que en la finca no hab√≠a ganado, ni estabulado ni en extensivo.

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Los perros asilvestrados recorren grandes distancias utilizando carriles, arcenes, linderos o bordes de cultivos.

El grupo de perros captur√≥ 21 ciervos, 27 gamos y nueve muflones. Aunque parezca que capturaron muchos ciervos, considerando la densidad de los mismos en la finca y la densidad de las otras presas, los perros mostraron un claro patr√≥n de preferencia hacia los gamos y muflones, las presas de menor tama√Īo disponibles. De hecho, en el caso de los ciervos capturaron sobre todo cr√≠as y algunas hembras, nunca machos adultos.

No hicieron distinci√≥n en cuanto al sexo, pero s√≠ en cuanto a la edad, excepto en los muflones. Al igual que los ciervos, los gamos capturados eran sobre todo cr√≠as (tanto machos como hembras) y algunas hembras adultas. Pero con los muflones, probablemente debido al menor tama√Īo de los adultos, cr√≠as y adultos eran capturados en igual proporci√≥n.

Los perros segu√≠an la misma estrategia de captura que la de los lobos. El grupo funcionaba como una manada bien estructurada, acosando a las presas y cans√°ndolas, hasta arrinconarlas en alg√ļn sitio, sobre todo contra la valla perimetral de la finca.

Una vez agarrada y arrinconada la presa, era abatida echándose todo el grupo sobre ella. La mordían preferentemente en los cuartos traseros y en la garganta y se comían sobre todo las vísceras, dejando el cadáver cuando se sentían satisfechos, para volver a él en días venideros. La tasa de éxito de los perros capturando ungulados fue de casi un 31%.

¬ŅEs necesario controlarlos?

Con los datos expuestos creo que queda claro que no conviene dejar a los perros sueltos en el campo. El control es fundamental, tanto a nivel preventivo (que no se escapen, no queden sin vigilancia, que se recuperen todos en las rehalas) como ejecutivo. Aunque todav√≠a hay quien lo duda, entre la comunidad cient√≠fica no hay incertidumbre de ning√ļn tipo acerca de que la depredaci√≥n sobre las especies cineg√©ticas es mucho m√°s intensa por parte de las especies ligadas al hombre, tanto directa como indirectamente (por medio de la alteraci√≥n del h√°bitat).

El control debe realizarse tanto mediante m√©todos selectivos como tambi√©n indirectos, mejorando las condiciones del medio: poni√©ndoselo dif√≠cil a los depredadores generalistas. Esto √ļltimo incluye respetar a depredadores silvestres que funcionan como antagonistas y llegan hasta a capturar a los que m√°s afectan a las especies cineg√©ticas.

Me permito hacer una √ļltima reflexi√≥n. Si un grupo de perros es capaz de capturar medio centenar de ungulados silvestres, mucho m√°s capaces de huir y defenderse que el ganado, ¬Ņcu√°ntos ataques al ganado est√°n siendo injustamente atribuidos al lobo?

No quiero insinuar que lobo no sea responsable de ataques, pero sí que lo sea de todos y cada uno de los que se denuncian. Dejando al margen las tramas organizadas de cobro de subvenciones, que en nada benefician ni a la caza ni a la conservación, está demostrado que en muchos ataques las pruebas forenses (como análisis de ADN de pelos y excrementos) apuntan a los perros y no a los lobos.

En las monta√Īas del sur de Espa√Īa, donde no hay lobos a√ļn, los perros cobran un papel casi de superdepredadores. Esto lo saben bien los celadores y guardas de la Reserva de Caza de la Serran√≠a de Ronda, donde se ha comprobado que los perros acosan y capturan cabras monteses.

Jes√ļs Duarte

Doctor en Biología Grupo de Investigación Biogeografía, Diversidad y Conservación  del Dpto. de Biología Animal de la Universidad de Málaga

jddofitecma@gmail.com

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