Cuando los primeros rayos de sol de la primavera parece que comienzan a calentar de verdad la tierra y estamos dejando atrás el invierno con grandes esperanzas puestas en la media veda y en la próxima temporada general por las abundantes lluvias recogidas en nuestros cotos, tengo que dirigirme a ustedes, por primera vez en esta página, como director de TROFEO.
“No soy de despedidas”, escribía Israel Hernández Tabernero en el Editorial del número anterior de esta revista, y lo comprendo muy bien porque yo tampoco lo soy. Me ponen tristes las despedidas, tampoco me gustan mucho los saludos innecesarios e incluso me resulta a veces difícil adaptarme a los cambios importantes, sobre todo cuando éstos implican perder o alejarse de un buen amigo.