Adiós, querido Rafael
Fue sin duda uno de los funcionarios con más poder cinegético hasta que las autonomías se quedaron, en 1984, con las competencias de caza. Pero siempre fue justo, equilibrado y servicial, con una admirable vocación de servicio público. Cazador, muy buena persona y técnicamente muy bien preparado, éstas podían ser sus credenciales.
Texto: José Ignacio Ñudi
Fotos: Alberto Nevado