Febrero 2012    5 de febrero de 2012
Opinión
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Eduardo Coca Vita Cazador y Escritor

No trataré de todos los tipos de accidentes y eventos dañosos capaces de afectarnos por activa o por pasiva a quienes cazamos. Ni de la variedad de riesgos para morir por razón de la caza y con ocasión de la misma durante el tiempo y en el lugar de su práctica. Accidentes del cazador los hay directos y explícitos o tan meramente contingentes y personales que el arma ni está presente, tomándose para calificarlos como de caza el escenario o viaje, la condición o la afición del protagonista. Para mí no cabe hablar propiamente de “accidente de caza” si no se mueve el gatillo. Cuestión distinta es lo que digan las pólizas y los reglamentos en orden a responsabilidades e indemnizaciones.

Hoy la caza es una actividad lúdica porque en su práctica no nos jugamos la supervivencia pero sin embargo cazamos “como si así fuera”, con el mismo interés, pasión, atención e inversión en energía física e intelectual.

Ramón J. Soria Breña

Tico Medina

Me explico, aunque no tendría que hacerlo porque este titular responde a la realidad más absoluta. Vas a una fiesta, pues ahí están los cuernos. Digo en las joyas que acompañan los escotes de las damas, en las muñecas de los caballeros, porque los pelos de elefante han dado paso a lo que son los colmillos grandes de animales en los pañuelos de escenas de caza, a ser posible de seda. En las casas, en los lienzos ingleses cinegéticos, en los desfiles de moda, cada día hay más, me refiero a los que se ven en las maniquíes.

Jabalíes, en piaras, o algún macho solitario son frecuentes, como también las corzas y sus recentales y desde luego no es raro ver asomar al furtivo “maese zorro” que me ha visitado esta mañana.

Antonio Pérez Henares
phenares@teleline.es

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